
Ya se ha escrito, y mucho, sobre la final del Mundial de Clubes en la cual Estudiantes perdió ante el Barcelona por 2 a 1.
Se habló sobre si la táctica del Pincha fue la acertada. Si se replegó por demás en el segundo tiempo o si fue el Barça el que se lo llevó por delante y obligó al conjunto de La Plata a jugar cerca de su arco. Si Lionel Messi debió ser expulsado o el árbitro le perdonó la vida por ser la figura que es. En fin, infinidad de palabras escritas y escuchadas por estos días.
Estudiantes no llegó a la final de este mundial de casualidad. Este trabajo comenzó hace ya un tiempo largo. Tuvo una coherencia que incluyo a los dirigentes de antes y a los actuales. A los jugadores, con Juan Sebastián Verón como líder y a los técnicos que pasaron o están.
Primero fue el campeonato ganado desde atrás ante Boca en 2006. Luego fue llegar a instancias importantes en los torneos sudamericanos
( Libertadores 2007, Sudamericana 2008 ) y finalmente con la consagración en la Libertadores de 2009 ante el Cruzeiro, como visitante y jugando un gran partido.
Sin embargo, la historia más reciente del Pincha ( desde 1967 hasta la fecha ) hizo que se hablara de una escuela y de una línea de fútbol de Estudiantes. Esa que hace hincapié en la mística copera, en la táctica como base fundamental del juego, en llevar al límite las reglas de este deporte. Y fue Carlos Bilardo, ganador como jugador y técnico en el club y amado hasta el infinito por los hinchas, el que generó polémicas con algunas frases que aún hoy siguen dando tela para cortar.
Una de ellas fue la archiconocida: “Del segundo nadie se acuerda, sólo sirve ganar”. Esta afirmación fue tomada por muchos hinchas y por demasiados periodistas como una verdad absoluta. Sería de necios negar que cualquiera que empieza a practicar un deporte, jugar al T.E.G., o decide “encarar” a una chica para conquistarla le da lo mismo ganar que perder. Es tan obvio como poner un negocio y decir “no me importa si gano dinero o no recupero lo invertido”.
Pero de ahí a decir que del segundo nadie se acuerda, hay un trecho muy largo. Hagan un poco de memoria, y pónganse la mano en el corazón y digan si no recuerdan mas a la Holanda de Cruyff del `74 en lugar del campeón Alemania. Y a la Hungría de Puskas del `54, también ante Alemania otra vez campeón?. Y a Brasil del `82, que perdió ante Italia, finalmente campeón?.
Luego de la final perdida por Estudiantes se escucharon varias voces de periodistas que avalan esta teoría de que sólo sirve ser primero, hablar del heroico equipo Pincha que puso en aprietos al todopoderoso Barcelona. Al conjunto que estuvo a sólo dos minutos de la gloria y que luego fue perjudicado por la tarea del arbitro que debió expulsar a Messi, autor del segundo gol del equipo catalán. Como al pasar dijeron que el Barça había sido un justo ganador, pero por muy poco. Algunos desviaron la discusión diciendo que los dirigidos por Josep Guardiola no eran tan líricos como decían y que no habían dado el espectáculo que pregonan en sus discursos. Que se la pasaron tirando pelotazos y que terminaron empatando el partido con un gol de carambola, ya que Verón desvió un pase y con dos cabezazos en el área (que ironía, justo a Estudiantes) empató Pedro. Por supuesto que este discurso fue comprado por los hinchas pincharratas y demostraron todo su amor y orgullo por lo que el equipo había dado.
Me siento totalmente identificado con el fútbol que intenta (y por lo general logra) jugar el Barça. Puede ser que no haya jugado del todo bien esta final, pero siempre intenta llegar y ganar de una manera que a mi entender es brillante y estéticamente agradable para quien lo ve. No siempre sale, pero la idea no se renuncia. Y el ejemplo mas claro fue el gol del empate, mas allá de que algunos periodistas se empecinan en decir que fue un pelotazo. Faltaba casi nada para que termine el partido y sin embargo tocaron la pelota y cuando vieron que por abajo no podían entrar lo intentaron por arriba. Tuvieron suerte y se desvió en Verón y pasó lo que todos ya saben. Pero por lo que se vio, en ningún momento Puyol pateó desde su área para la de Estudiantes para ver que salía.
Pero eso no me hace perder de vista que lo de Estudiantes fue muy bueno y que es el mejor equipo argentino de los últimos 4 años, haya sido o no campeón.
Lo importante de Estudiantes en este torneo fue que demostró que al Barça se le puede ganar. Que es difícil, pero no imposible.
No entiendo a Verón cuando declara antes del partido que”esto no es un espectáculo. Si quieren uno que vayan al teatro” y después, cuando habla con los medios periodísticos analiza que fue muy bueno el trabajo del equipo y que estuvieron muy cerca y que el Barcelona estuvo preocupado. Todas palabras muy lindas y que le suenan hermosas a los hinchas pero que no sirven, según su punto de vista, porque al fin y al cabo fueron subcampeones.
Lamento decirles, señores hinchas y periodistas, que si tienen las convicciones y el orgullo bien arriba, no deberían haber alabado esta final perdida por Estudiantes. Fueron subcampeones. Y eso, para lo que piensan que ganar es lo único, no se festeja. Fueron ustedes mismos los que defenestraron a Huracán por haber perdido el partido decisivo ante Vélez y no ser campeón. Y todo por una cuestión de estilos diferentes.
Es una lástima que un discurso fundamentalista y de barricada sostenido en el tiempo logre que los que no son hinchas de Estudiantes se hayan alegrado, en su mayoría, por la manera en que perdió.
Imperdonable en el decálogo Pincharrata que le hayan convertido un gol con dos cabezazos en el área y a sólo dos minutos de terminar el partido y coronarse campeones. Y que de paso el gol del triunfo barcelonista lo haya echo Messi, quien debió ser expulsado minutos antes por el arbitro. Si estos acontecimientos hubiesen sido al revés se estaría hablando del gran trabajo táctico y estratégico y no podrían para de reírse porque un jugador que tendría que haber sido expulsado convirtió el gol del triunfo.
Por eso no entiendo que festejan los Pinchas, si lo único que sirve es ganar.

Charly García editó, 28 años atrás, el disco Peperina, con su grupo de ese momento, Serú Girán, y que tenía como primer
tema precisamente el que le dio nombre al disco. La canción trata sobre la historia de una periodista que realizaba críticas sobre el rock. Serú Girán la cuestionaba por su manera de ser. Ella escribía según como la trataban. Te podía amar si estaba todo bien, o te podía odiar si las cosas no eran como a ella le gustaban.
Igualmente, siempre te pedía más.
Lo mismo pasa con Diego Maradona. El periodismo se pone a favor o en contra de acuerdo a los intereses que represente en ese momento. Como bien dijo Diego “yo no soy gris. Soy blanco o negro”. Y es la historia de la Argentina misma. O sos de Boca o de River. Peronista o antiperonista. Ford o Chevrolet. Soda Stereo o Los Redondos.
TE AMO
Luego del affaire Montevideo, en donde Maradona propuso que varios periodistas le practiquen sexo oral de manera contundente, empezaron las opiniones (y operaciones) de los medios. Los amigos y aquellos que se deleitan con su sola presencia, y que le tiran más centros que Comas, Graciani, Corbatta, Caniggia y otros punteros históricos del fútbol argentino, hacen entrevistas desprovistas de toda crítica.
Crítica que no necesariamente tiene que tener mala fe, pero que sí debería preguntar para poder conocer detalles del porque de algunas decisiones. Claro que es más fácil tener una charla relajada y decirle que si a todo lo que dice sin necesidad de repreguntar, una premisa básica del periodismo. Son esos mismos periodistas, pseudo periodis-tas en varios casos que llegaron a los medios por su habilidad para hacerse amigos de los protagonistas y tener una tremenda efectividad para pagar sus impuestos y realizar trámites que alivien a la figura, los que quedan como unos lamebotas y que terminan realizando un papel triste frente a sus lectores, televidentes o radio oyentes. Prefieren asentir todo y seguir con las exclusivas. Serán muy bien vistos por sus superiores y seguirán manteniendo sus puestos de trabajo. Ejemplos de esos hay miles. Con solo revisar internet se podrá ver como periodistas que cuestionan todo lo dicho por algún político (en general políticos perejiles), o algún protagonista fácil de “pegarle” terminan quedando como entrevistadores sagaces y punzantes. Pero ante Maradona son mansos corderos subyugados por su encanto.
TE ODIO
Por el otro lado están los periodistas y las corporaciones periodísticas que hacen de Maradona una cacería sin cuartel. Todo lo que diga el “Diez” será cuestionado sea como sea. No importa analizar nada. Sólo vale la crítica despiadada, descarnada. En este caso sí hay exceso de mala leche. Triste es el papel que cumplen que van opinando de acuerdo a sus intereses o a la de los medios que representan ocasionalmente.
De esos ejemplos también sobran. Porque no le dan una nota ya pasa a ser un enemigo declarado. No importa. Hay que darle como sea. Y lo peor es que se escudan en la doble moral que por lo general tiene el argentino. Ese tipo común que termina idolatrando al genio futbolístico por que le hace un gol con la mano a los ingleses. O que le dice a Toresani que lo espera en “La Habana y Segurola…no me duras un round”. Que deja en ridículo a cualquiera diciéndole que se le “escapó la tortuga”. Es el mismo que putea al Papa, al presidente de U.S.A., o a quien se le cruce en ese momento y no le cae nada bien. Pero es ese mismo argentino que después se escandaliza ante las palabras de Diego y empieza a derrochar todo su escalada verbal discriminatoria: Negro de mierda. Villero. “Pero quién se cree que es este drogadicto”.
Este argentino no se escandaliza por la cantidad de gente que vive en la indigencia o por la cantidad de chicos que trabajan en la calle. O por el trabajo en negro que pade-cen muchos de ellos. O, en términos deportivos, poco le interesa lo que hacen los presidentes de sus clubes o si el domingo utilizaron alguna ilegalidad para ganar. Lo importante es ganar. Y si fue con una acción antideportiva, mejor. Ante eso no se pone mal. Disfruta.
Es verdad que Maradona no ayuda ni un poco con sus dichos y sus actitudes. Y también es cierto que durante toda su vida tuvo una constante actitud panqueque. La misma actitud que él cuestiona ferozmente. Fue antimenemista y tras la muerte del hijo del ex presidente se solidarizó y terminó siendo menemista apoyándolo antes de las elecciones de 1995. Adoró a Bilardo y peleó codo a codo en el mundial 1986 contra aquellos que los criticaban y lo defenestró tiempo más tarde, cuando estuvieron en Sevilla. Y ahora también. Odia con todo su corazón a Pelé pero lo invitó a “La noche del Diez” y le regaló una florería entera. Le tiró más centros que garrincha. Ejemplos sobran de sus constantes idas y vueltas.
Pero viendo y escuchando a los que critican a Maradona, en la mayoría de los casos, te dan ganas de tomar la comunión en la Iglesia Maradoniana de manera veloz y urgente.
Te haces sí o sí Sidieguista.
DAME MAS…

Pocos son los periodistas que logran mantener un equilibrio y pueden hacer un análisis sin necesidad de golpes bajos ni de alcahueterismo. Son esos mismos los que podrán mantener su credibilidad ante el público. A los otros, el tiempo los pondrá en su lugar.
Serán objeto de burla por parte de los espectadores y del medio en el cuál se mueven.
Pasarán a formar parte del equipo de los indeseables, de los que se sabe que clase de personas son. Corruptos operadores de la información y sin un dejo de dignidad. Alcahuetes tiradores de centros y empleados serviles de los protagonistas.
Mientras tanto todos seguirán pidiendo que Diego nos siga dando más porque el show debe continuar.
Sí, soy ochentoso. Y me siento muy cómodo con esa definición. ¿Por qué no habría de estarlo?
Soy ochentoso porque viví mi adolescencia en esa década. Y porque también me sentí parte de toda la movida musical, cinéfila y futbolística de esos años. Imposible olvidar todo lo que me sucedió en esos 10 años.
Aprendí a bailar en los asaltos que se organizaban en las casas, en donde los chicos llevábamos la bebida y las chicas se encargaban de la comida. En esos bailes aprendí a elegir los lentos que te acercaban a la chica que te gustaba y te daba la posibilidad de tenerla un poco más cerca que de costumbre. Sentir el aroma de su colonia “coqueterías” y pensar que ella era solamente para vos. Aprendí a elegir el color rojo en el “verdad o consecuencia” para poder besar por primera vez en los labios a alguna chica. Obviamente que siempre recibíamos el rechazo de ellas y apenas lográbamos que dijeran si le gustabas o no.
También compré mis primeros discos. A los diez años me llevó mi madrina y me dijo “elegí los dos que quieras”. Agarré Dinasty de K.I.S.S. y Zeniatta Mondatta de The Police.
A partir de ese momento no paré más de comprar vinilos. Long play o simples. Queen, Serú Girán, Spinetta Jade, Supertramp, Pink Floyd (a pesar de que se habían editado en los `70 sus mejores discos) Deep Purple (idem a Floyd). También compré cada bazofia insoportable. Y me hago cargo. Piero, Cesar “Banana” Pueyrredon, Marilina Ross, Wham!, pero no llegó a empañar mi gran colección de discos entre los que se destacan “Piano Bar” de Charly (el mejor disco de su historia) y “Giros” de Fito Páez.
Por esa época empecé a ir a las canchas. Recuerdo haber escuchado mi primer partido por radio en el debut de Diego con la camiseta de Boca en el `81, con los relatos de Víctor Hugo.
Pero el primer partido que vi en una cancha fue en un Nacional del `83 en dónde Boca e Instituto de Córdoba empataron 2-2. Atajaba el “Loco” Gatti y J.J. López era el ocho del equipo a pesar de haber sido emblema de River. Me sorprendieron varias cosas. Cómo gritaba la gente todo el tiempo, la cantidad de banderas que tenía “La Doce”, y por qué no podía escuchar los relatos y ver las repeticiones de las jugadas como en la TV.
Rápidamente fui aprendiendo como se manejaban las cosas en las canchas. Era más hincha de la barra que del equipo. Tampoco ayudaba la realidad futbolera de Boca de esos días. Sin embargo fui socio durante muchos años y de local casi nunca faltábamos con mi viejo y algunos amigos.
Cómo olvidar esas camisetas de diseños insuperables hasta hoy con las primeras publicidades como las de caramelos “Mú – Mú” que tenía San Lorenzo o la de “Vinos Maravilla” que llevaba Boca. O esa camiseta verde con el escudo bien grande de Ferro en el pecho de Topper. O la roja con escote en V blanco del “Diablo” de Avellaneda que lucía Bochini. La de Vélez Sportlandia que usaban Bianchi y Bujedo. Y los pantalones bien cortitos y apretados que daban la sensación que al mínimo esfuerzo se rompían al medio.
Me compré las figuritas y no pude llenar el álbum pero no me importó porque me la pase cambiando y jugando todas las tardes en el colegio hasta que a un hijo de puta se le ocurrió sacaru unas figus de chapa y nos arruinó el juego del espejito. Lo intentamos, pero nos dimos cuenta de que era imposible, al ver nuestros dedos llenos de sangra. También tuve la “Bola Loca del Loco Gatti” y me compré el buzo de arquero firmado por el “Pato” Fillol.
También soy ochentoso porque apenas cumplí los trece fui y me compré una camisa “Sun Surf” y los pantalones “Dealers” nevados junto a la infaltable campera de jean con cuerito.
Y no sólo eso. Le puse a la campera aplíques que se mofaban de las grandes marcas. “ Malbocho”, “Camelo”, “Cocaína” y otras. Y porque empecé a ir a bailar a las matinés de los boliches de Ramos Mejía. Porque pude entrar al casino a los 15 años (gracias a mi contextura y al saco que le robe a mi viejo) y por pensar que era todo un winner que había cagado al sistema. Y porque volví a cagar al sistema entrando a ver “Las Esclavas” al cine con Camila Perisse y Susana Romero haciendo su primer desnudo con media teta al aire. Teta que me sirvió durante muchos años, junto a la revista Libre, en mis largas tardes de meditación en el baño.
Jugué al Atari y fui al Italpark. Comí en Pumper Nick y tomé TAB. Me llevaron a la Plaza de Mayo para escuchar que la casa estaba en orden. Y fui campeón del mundo en el `86.
Bailes, cancha, fútbol, música, Queen, Police, Maradona, Sun Surf, Camila Perisse y Susana Romero, revista Libre, casino, pantalones nevados, temas lentos, verdad o consecuencia, Atari,
Pumper Nick, Italpark, Charly y Fito. Campeón del mundo.
Soy OCHENTOSO….y estoy orgulloso de serlo.

Año 2006, mes de julio. Más de 70 personas trabajando en distintas ciudades de Alemania
Por el Mundial de Fútbol. Muchos lo hacían para Fox Sports, otros para los distintos canales de t.v. abierta ( el 13, Telefe, canal 9, América ), varios para Direct. T. V. y apenas tres productores y un director de cámaras para la señal de TyC Sports. Bajo las órdenes de Willy estabamos Juan Pablo, el Turu y yo. Fabio era el director y Fabbri y Nelson eran los periodistas
que estaban a cargo de relatar y comentar el mundial por esa pantalla para toda Argentina.
Munich era nuestro lugar en ese país. Una ciudad increíble en donde el respeto entre sus ciudadanos, la limpieza y el orden estaban entre lo más destacado. Todas estas cosas por supuesto que sorprenden a cualquier turista, pero en especial al argentino que vive en un eterno quilombo de tránsito, con las calles llenas de mugre, un maltrato general por parte de sus mismo pares y encima con la preocupación permanente de saber si a fin de mes tendrá todos los gastos al día y podrá ahorrar un poquito para irse de vacaciones.
Por suerte los que trabajábamos paraTyC Sports teníamos horarios flexibles y podíamos arreglar para conocer otras ciudades y distintos puntos de Munich. Uno de esos lugares era la cervecería Hofbräuhaus , a escasos metros de la Marienplatz, la plaza céntrica más importante de Munich. El lugar turístico por excelencia de la ciudad. Solamente teníamos que agarra el auto que la empresa había alquilado para nosotros (un hermoso Renault Laguna con una “gallega” como voz del G.P.S. que nos rompía las pelotas con sus indicaciones) y en menos de diez minutos ya estábamos ahí. Fuimos con el Turu y Fabio una par de veces y disfrutamos de las cervezas que servían en unos chops gigantes. Creo que tenían casi 1 litro por cada uno. Realmente impresionante. El único detalle negativo era que la tiraban semifría, por lo que había que tomarla rápido para que no se tornara imbebible. Imaginaran uds. Que luego de dos tremendas cervezas de esas, el estado de equilibrio no era el mejor.
Todos los hinchas se juntaban en el lugar. Era increíble ver como podían convivir sin pelear ingleses borrachos entonando sus canciones al lado de alemanes, italianos, holandeses y brasileños que estaban igualmente de borrachos que los hinchas del Reino Unido. Realmente pintoresco el clima que se vivía ahí. Todos se divertían y nadie molestaba al otro.
A pocos días de volvernos para Argentina, varios integrantes de TyC decidimos ir a celebrar el final de la copa del mundo. Cada uno en su área había cumplido un buen trabajo y eso merecía un festejo. Productores, directores, periodistas. Varios integrantes estábamos allí.
La noche transcurría tranquilamente y empezamos a entonar canciones típicamente futboleras.
De esas que se escuchan todos los domingos en nuestras canchas y que sorprenden a los europeos. Realmente éramos la atracción del lugar. Apenas 30 argentinos cantando y gritando cada vez más fuerte y revoleando servilletas, pañuelos y camisetas como si estuviéramos en una popular de la cancha de Boca, Racing, River o en cualquier estadio del ascenso. Todos empezaron a mirar para nuestra mesa y varios se acercaron para vivir esa “argentinidad al palo “ como diría el pelado Cordera de la Bersuit.
Todo iba muy bien hasta que decidimos entonar canciones que hablaban de nuestros hermanos brasileños.
Al grito de “Maradona es más grande, es más grande que Pelé” fue que empezó el momento del caos total. Enardecidos, varios “torcedores” se acercaron hacía nuestra mesa y comenzaron a cantar en contra de nuestro “Pibe de Oro”. Alusiones a la adicción del “10” empezaron a ser frecuentes. Todo iba bien. Nos teníamos que bancar las cargadas. Era parte del juego. Sin embargo, un brasuca en terrible estado de ebriedad se acercó a nuestro grupo y tiró en una revista un poco de sal, simulando ser cocaína, al grito de “Maradroga, Maradroga “. El problema para todos fue que se lo tiró a la persona más calentona y fastidiosa de toda producción : Daniel, el director.
Al grito de “te voy a matar, negro de mierda, brasuca del orto “ se empezaron a juntar los cuerpos de uno y otro lado. Cada vez más y más cerca. Se vivieron momentos memorables como ver a “Mamina Gabriela” gritándole a un urso de casi 2 mts. “Salí de acá que te mato”.
O cuando de manera sigilosa se vio salir a dos reconocidos periodistas balbuceando unas palabras que pocos alcanzaron a escuchar pero que decían algo así como “chau, domingo”.
Por suerte los ánimos se empezaron a calmar y todo volvió a la normalidad, previa intervención de la seguridad del local.
Juro que temí por un momento en quedar en la historia como los “Primeros argentinos presos en Munich por alteración del orden en lugar de esparcimiento “.
Solamente una clásica pelea sudamericana podía romper la paz de la ciudad.
Corría el año 1996 y en TyC , pequeña empresa en proceso de gran expansión en ese momento, se empezó a idear la posibilidad de jugar semanalmente un partido de “ Papi fútbol “ en las instalaciones de Open Gallo, en el barrio del Once. Toda el área de producción estaba entusiasmada con la posibilidad de demostrar sus dotes futbolísticos y dejar en claro que si trabajaban en una empresa dedicada a los eventos deportivos, y mayoritariamente de fútbol, tenían fundamentos de sobra para estar en ese lugar.
A pesar de la hora ( 9 de la mañana ) todos iban felices al lugar establecido. Algunos viajaban en condiciones deplorables desde la zona oeste del conurbano en un tren repleto de trabajadores que con sus miradas los puteaban por esos bolsos que quitaban aún más el poco lugar que ya existía. Sin embargo todos estaban en el estadio a la hora establecida. La puntualidad sólo era comparable al inicio de cualquier partido de Champions League. Todos llevaban sus mejores camisetas, o las más queridas. Cada tanto aparecía alguien con un joya del tipo “ la del Barça que usa Ronaldo“ .
Willy, Rafa, Heladito, Lionel, Santiago, Saferstein, Cachilo, Walterio, Salata Jr., Mozes, el Gato Domizi , entre otros, eran los habituales participantes del fulbito. Y fue en ese lugar en donde me convertí en N´ Benve, aquel jugador llegado de Nigeria que no tenía el porte físico habitual de los oriundos de ese país, en donde el hambre pega fuerte entre sus habitantes y son todos muy flacos y desnutridos en muchos de los casos. Más bien todo lo contrario. Excedido de peso, tosco con el balón , pero con cierta capacidad para saber sus limitaciones y jugar de manera apenas decorosa. Entregando la pelota en el momento adecuado y salvándose así del insulto general.
Previo armado de los equipos se empezaba el juego y quedaban expuestas las (in)habilidades de cada uno. Sólo algunos tenían el don de poder entregar con cierta claridad el balón. Por supuesto que nadie aceptaba esa limitación y todos se creían con derecho a putear al compañero por un pase mal dado o alguna definición defectuosa frente al arco y con el arquero ya jugado al otro palo.
Pero lo más atractivo era el después. Todos esperaban la edición del diario deportivo interno “ Olé “ en donde se juzgaba con gran frialdad y excesiva dureza a los participantes del encuentro. Calificaciones que no pasaban del 6 (dichoso tenía que sentirse quién lo recibía) y comentarios ácidos eran el toque de distinción del pasquín.
Por supuesto que esto generaba airadas protestas de los participantes e incluso se llegaron a comprobar casos de soborno del tipo “Si no me matas te invito un par de gaseosas “, con una tarjeta que nos daba la empresa. Los casos mas graves de corrupción se cobraban con una terrible picada en la “Tapera”, histórico bodegón que se encontraba a la vuelta de TyC.
El “Olé” interno de Torneos fue un hallazgo y marcó un punto de inflexión en el periodismo deportivo. Ya nada volvería a ser igual en aquellas oficinas. El humor de los participantes dependía de esas calificaciones y de las crónicas llenas de términos duros para referirse al juego de los futbolistas. Sin embargo, nunca nadie podrá olvidar esos meses en los cuales el fútbol y el diario deportivo interno formaron parte de nuestras vidas.