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El nigeriano N`Benve y el diario Olé

Miércoles, Septiembre 30th, 2009

Olé el pedo que me tiréCorría el año 1996 y en TyC , pequeña empresa en proceso de gran expansión en ese momento, se empezó a idear la posibilidad de jugar semanalmente un partido de “ Papi fútbol “ en las instalaciones de Open Gallo, en el barrio del Once. Toda el área de producción estaba entusiasmada con la posibilidad de demostrar sus dotes futbolísticos y dejar en claro que si trabajaban en una empresa dedicada a los eventos deportivos, y mayoritariamente de fútbol, tenían fundamentos de sobra para estar en ese lugar.

A pesar de la hora ( 9 de la mañana ) todos iban felices al lugar establecido. Algunos viajaban en condiciones deplorables desde la zona oeste del conurbano en un tren repleto de trabajadores que con sus miradas los puteaban por esos bolsos que quitaban aún más el poco lugar que ya existía. Sin embargo todos estaban en el estadio a la hora establecida. La puntualidad sólo era comparable al inicio de cualquier partido de Champions League. Todos llevaban sus mejores camisetas, o las más queridas. Cada tanto aparecía alguien con un joya del tipo “ la del Barça que usa Ronaldo“ .

Willy, Rafa, Heladito, Lionel, Santiago, Saferstein, Cachilo, Walterio, Salata Jr., Mozes, el Gato Domizi , entre otros, eran los habituales participantes del fulbito. Y fue en ese lugar en donde me convertí en N´ Benve, aquel jugador llegado de Nigeria que no tenía el porte físico habitual de los oriundos de ese país, en donde el hambre pega fuerte entre sus habitantes y son todos muy flacos y desnutridos en muchos de los casos. Más bien todo lo contrario. Excedido de peso, tosco con el balón , pero con cierta capacidad para saber sus limitaciones y jugar de manera apenas decorosa. Entregando la pelota en el momento adecuado y salvándose así del insulto general.

Previo armado de los equipos se empezaba el juego y quedaban expuestas las (in)habilidades de cada uno. Sólo algunos tenían el don de poder entregar con cierta claridad el balón. Por supuesto que nadie aceptaba esa limitación y todos se creían con derecho a putear al compañero por un pase mal dado o alguna definición defectuosa frente al arco y con el arquero ya jugado al otro palo.

Pero lo más atractivo era el después. Todos esperaban la edición del diario deportivo interno “ Olé “ en donde se juzgaba con gran frialdad y excesiva dureza a los participantes del encuentro. Calificaciones que no pasaban del 6 (dichoso tenía que sentirse quién lo recibía) y comentarios ácidos eran el toque de distinción del pasquín.

Por supuesto que esto generaba airadas protestas de los participantes e incluso se llegaron a comprobar casos de soborno del tipo “Si no me matas te invito un par de gaseosas “, con una tarjeta que nos daba la empresa. Los casos mas graves de corrupción se cobraban con una terrible picada en la “Tapera”, histórico bodegón que se encontraba a la vuelta de TyC.
El “Olé” interno de Torneos fue un hallazgo y marcó un punto de inflexión en el periodismo deportivo. Ya nada volvería a ser igual en aquellas oficinas. El humor de los participantes dependía de esas calificaciones y de las crónicas llenas de términos duros para referirse al juego de los futbolistas. Sin embargo, nunca nadie podrá olvidar esos meses en los cuales el fútbol y el diario deportivo interno formaron parte de nuestras vidas.