La jornada en que Vélez y Racing jugaron dos partidos en el mismo día


No leíste mal. Fue tal como lo cuenta el título de la nota, aunque parezca increíble. El fútbol, en los últimos años y por esta parte del planeta, se ha caracterizado por su desorganización y por sus calendarios poco precisos, pero lo que ocurrió el domingo 2 de marzo de 1997 superó todo lo imaginado.

Esa tarde, Racing venció a Vélez por 2 a 0 en Avellaneda con goles de Claudio Marini y Marcelo Delgado en un partido correspondiente a la segunda fecha del Torneo Clausura. Hasta ahí, todo normal, nada fuera de los común. Pero el detalle curioso y, quizá, poco recordado es que, en ese mismo día, ambos equipos jugaron en Ecuador por la Copa Libertadores de América.

El cronograma de esa jornada de “locos” para ambos equipos fue así: a las 14 horas, Racing enfrentó a El Nacional de Ecuador en el estadio olímpico Atahualpa. Tres horas más tarde, se dio el choque mencionado en el “cilindro” y a las 20 horas, Vélez visitó a Emelec en el estadio Modelo de Guayaquil.

A primer turno, la “Academia” presentó un equipo alternativo con apenas tres suplentes en el banco y cayó, sin atenuantes, por 2 a 0 con tantos de Simón Ruíz y Cléber Chalá. Alfio Basile dispuso a Walter Cáceres; Héctor González, Brusco, Serrizuela, Zanetti; Netto, Michelini, De Vicente, Nicolás Diez; Centeno y Saavedra.

Apenas 60 minutos después de terminado este partido se inició el correspondiente al Torneo Clausura. El local, con mayoría de titulares y la visita con suplentes, además de ser dirigidos por técnicos alternos: Rubén “panadero” Díaz y Alberto “pampa” Jorge, respectivamente.

Transcurrió poco más de una hora desde finalizado este choque, y quizá a muchos hinchas de Vélez no les dio tiempo para volver a sus casas desde Avellaneda para colocarse frente a los televisores, para que llegaran las imágenes de sus futbolistas saliendo al campo de juego en Guayaquil.

En un partido parejo y disputado, se quedó con una muy buena victoria por 3 a 2 con las conquistas de Patricio Camps en dos ocasiones y Martín Posse para los argentinos, mientras Ariel Graziani y Carlos Juárez anotaban para los locales. Osvaldo Piazza puso en cancha a: Chilavert; Zandoná, Méndez, Pellegrino, Cardozo; Moriggi, Claudio Husaín, Marcelo Gómez, Bassedas; Posse y Camps.

Nombres, apellidos, fechas, ciudades, torneos, goles y varios etcéteras más que se juntan para enmarcar aquella insólita jornada de fútbol. Mitad torneo local, mitad certamen internacional pero, completamente, irrepetible. ¿Irrepetible? En nuestro fútbol, nunca se sabe…

Inolvidable 22 de febrero de 1981

Son contados los casos donde varios factores se unen para generar una jornada inolvidable. En cualquier ámbito, esta es una situación poco común, pero en el deporte, más precisamente en el fútbol, ocurrió el domingo 22 de febrero de 1981.

Esa tarde, Diego Armando Mardadona hizo su debut oficial con la camiseta de Boca y Víctor Hugo Morales hizo lo propio en la radiofonía argentina. El ámbito que los juntó fue la “bombonera” con motivo de la primera fecha del torneo metropolitano, donde el local se enfrentaba con Talleres.

Los caminos de ambos iban a estar invisiblemente unidos desde allí, a partir de un respeto mutuo y con la voz del relator describiendo todas y cada una de las maravillas de Diego dentro de una cancha. Con el ápice, obviamente, en aquella corrida extraordinaria ante los ingleses en México, que a esta altura parece inconcebible sin las palabras de Víctor Hugo, para darle un mayor brillo aún.

Maradona era la más grande figura del fútbol local desde hacía dos temporadas y había sido pretendido por varios clubes. Un año antes, Barcelona estuvo a punto de llevárselo y a comienzos de aquel 1981 el mismísimo River Plate, por medio de su Presidente Rafael Aragón Cabrera, se había sentado con el representante del astro para intentar sumarlo a la constelación de estrellas que anidaban en el cielo de Núñez.

En una intrincada y extensa operación, los dirigentes de Boca consiguen el pase de Diego en la madrugada del viernes 20 de febrero. Ese fue un día bien “maradoniano”: por la mañana se enteró del pase concretado, por la tarde firmó el contrato en la sede del club y en horas de la noche, disputó un amistoso que enfrentó a su ex y a su nuevo equipo. Jugó el primer tiempo para Argentinos y el segundo para Boca. El club de la ribera pagó por el préstamo casi cuatro millones de dólares y la cesión de seis futbolistas: Randazzo, Bordón, Rotondi, Santos, Salinas y Zanabria.

El domingo 22 amaneció luminoso y en la sección deportiva de los diarios, se destacaba un aviso con fondo negro, letras blancas y donde se recortaba la figura de un hombre que, micrófono en mano, miraba confiado: era Víctor Hugo Morales, quien con el apoyo de Julio Moyano Producciones, desembarcaba en nuestro país en Radio El Mundo.

Pero no fue una aparición más. Su forma de relatar, su voz inigualable, su personalidad, sus inalterables convicciones y su pasión por la subjetividad, revolucionaron la manera de hacer periodismo deportivo en Argentina. Rodeado de un extraordinario equipo (el mejor de la historia), desde Sport 80, comenzó a cambiar los hábitos de una sociedad que lo esperaba con los brazos y oídos abiertos. Ni hablar de las nuevas generaciones, que nos decidimos a este apasionante camino del periodismo deportivo gracias a el.

Una “bombonera” colmada como pocas veces, disfrutó del triunfo por 4 a 1, con dos goles de Diego y dos de Miguel Ángel Brindisi, que tuvo una brillante tarea, tal como serían sus desempeños en la primera rueda. Su nivel decayó en las revanchas, pero allí surgió Maradona con todas sus luces, para sumar otra estrella al escudo boquense.

Diego y Victor Hugo, cada uno en lo suyo, han sido los mejores. Iniciaron una parte importante de sus vidas, aquel 22 de febrero de 1981. Pasaron 29 años, pero el recuerdo se mantiene inalterable. Y el agradecimiento, también.

La inolvidable chilena uruguaya en Argentina.

EnzoValga el juego de palabra para presentar uno de los mejores y más recordados partidos que se hayan disputado en el Estadio de Mar del Plata. Este tuvo lugar el sábado 8 de febrero de 1986 y allí River se impuso a la selección de Polonia por 5 a 4.

El encuentro correspondía a la segunda fecha de un triangular que, además, tenía a Boca como protagonista. El equipo europeo le había ganado cuatro días antes a los “xeneizes” por 1 a 0 con gol de Dziekanowski y, de vencer a River, se quedaría con la Copa de Oro 1986.

Héctor Veira puso en la cancha lo mejor que tenía, que era mucho. Un cuadro equilibrado y potente de mitad de cancha hacia delante, con la enorme categoría de Enzo Francescoli para la puntada final.

Norberto Alonso fue el autor del único gol de la primera parte, que no tuvo mayores emociones, como para ocultar el extraordinario segundo tiempo que se avecinaba en la cálida noche marplatense.

A los 4 del complemento, Dziekanowski igualó el score, pero dos minutos más tarde, una brillante jugada puso el 2 a 1 para los “millonarios”: Francescoli tomo la pelota y cedió a Alonso, que se la devolvió de taco. Enzo jugó a Alfaro y picó buscando la devolución, que llegó precisa para que el uruguayo convirtiese ingresando por la izquierda.

Al mismo tiempo que River comenzaba a regular, Polonia se fue con todo al ataque y sorprendió a los hombres de Veira, anotando tres goles en 20 minutos, con una formidable performance ofensiva: Dziekanowski (53´ de penal), Wojcicki (68´) y Buncol (73´) colocaron la chapa de 4-2 que parecía lapidaria para las ilusiones del elenco de Núñez. En los cinco minutos siguientes Abel Gnecco expulsó a tres jugadores: Jorge Borelli, Przybys y Zgutczynski.

A los 83, Ramón Centurión encaró hacia el área por el centro y en el vértice cedió de taco a Alonso. Este con un sutil toque extendió a Francescoli, quien nuevamente ingresando por la izquierda, sacó un violento disparo que se clavó arriba junto al travesaño.

Quedaba un puñado de minutos para intentar la hazaña dentro de lo que ya era un partidazo. A los 89, Jorge Villazán lanzó un centro desde la izquierda y Ramón Centurión, anticipándose de cabeza a la floja salida del arquero Wandzik, estableció el empate en cuatro y la locura total en el estadio.

Quedaba el tiempo adicional, pero nadie pensaba que todavía faltaba lo mejor. Alonso tomó el balón en el medio, tirado sobre el costado derecho y lanzó un centro pasado, que cayó sobre el segundo palo. Allí, con su clásica capacidad aérea, Oscar Ruggeri la bajó de cabeza y la pelota fue a morir en el pecho de Enzo, que con la velocidad de un rayo, se tiró hacia atrás y conectó una media chilena inolvidable, que se clavó en el poste más lejano del atónito arquero polaco.

Fue un instante mágico, una fracción de segundo donde el estadio y los miles que lo seguían por televisión no gritaron, sino que hicieron un silencio de asombro y admiración, para luego si, entregarse al festejo y la algarabía desenfrenada.

Quedó en la historia. Francescoli ha hecho muchos goles espectaculares, pero aquel fue único, más allá de que se tratase de un simple encuentro amistoso.

Pasan los años y hasta los que no son simpatizante del club de Núñez, en cualquier charla futbolera, siempre que se unan esas dos palabras River y Polonia, alguno dirá: claro, el de la chilena de Enzo. Si, la chilena uruguaya en argentina más famosa de la historia.

Inolvidables partidos olvidados (Capítulo 5)

PerazzoEl sábado 4 de febrero de 1984, San Lorenzo e Independiente disputaron en el estadio mundialista de Mar del Plata, en uno de los mejores partidos de la historia de los torneos de verano.

Aquello no fue una casualidad, ya que apenas 40 días antes había finalizado el certamen de Primera División, donde el cuadro de Avellaneda se consagró campeón aventajando por apenas un punto al elenco de Boedo.

Los dos equipos tenían como principal virtud, una extrema vocación ofensiva y excelentes jugadores para implementarla, como Ricardo Bochini, Jorge Rinaldi, Claudio Marangoni, Rubén Insúa, Jorge Burruchaga y Wálter Perazzo, entre los más destacados.

Precisamente este último fue lo mejor de aquellos 30 minutos iniciales en Mar del Plata, marcando dos tantos: el primero al conectar con una volea un centro lanzado por Insúa desde la derecha y el segundo, con una brillante definición, “empalando” la pelota ante la salida de Goyén, luego de una perfecta habilitación de Coudannes.

Con vergüenza, Independiente fue hacia delante y en escasos cinco minutos, igualó el marcador. A los 34 con un clásico tiro libre de Enzo Trossero, violento y de zurda, al palo derecho de Oscar Quiroga y a los 40, con una exacta definición de José Luis Clara, ingresando por la izquierda, luego de superar en velocidad a Hernán Sosa.

José Omar Pastoriza y Héctor Veira eran los entrenadores de esos equipos y tenían como sello distintivo, el ataque, la inspiración de sus futbolistas y pocos resguardos en la faz defensiva.

En esa tónica siguió el partido en la segunda parte y los “rojos” completaron su remontada: Trossero ejecutó un tiro libre, pero no lo hizo hacia el arco, sino que tocó a Bochini, parado en el vértice del área, quien habilitó a Percudani, pero el pase fue interrumpido por un defensor rival y el rebote le cayó nuevamente al “bocha”, que con un zurdazo, puso el 3 a 2.

Con más vergüenza que fútbol, con más ganas que precisión, el “ciclón” adelantó sus líneas, al tiempo que su rival comenzó a acusar el cierto cansancio. Pastoriza no hizo cambios y el empate parecía inminente.

A los 83, Coudannes puso un pase en cortada para Perazzo, este la bajó con el pecho y se le fue un poco larga y allí apareció Rubén Insúa para rematar con violencia por debajo del cuerpo de Goyén, colocando la tercera paridad de la noche. Ya era un partidazo, pero faltaba más.

A tres minutos del final, nuevamente Coudannes con las “pilchas” de armador habilitó a Crespín sobre la izquierda. Se metió en el área, sorteó la salida de Goyén con gambeta hacia fuera y cuando parecía que se le terminaba la cancha, giró al revés y sacó un derechazo que impactó en el hombro de Trossero, para meterse en la valla y decretar el 4 a 3 final.

Fue una verdadera fiesta de fútbol, protagonizada por los dos mejores equipos del torneo del año anterior, que fue un certamen vibrante y poco recordado, donde además de Independiente y San Lorenzo, también se habían destacado Ferro Carril Oeste (tercero a tres puntos) y Vélez (cuarto a cuatro unidades).

Tres días después, San Lorenzo repitió la historia, ya que perdía 2 a 1 con Racing y finalmente se impuso por 3 a 2. Vaya este recuerdo para una memorable noche de las muchas que hubo en el fútbol de verano en la década del `80.

Independiente conquista el Nacional 1977 con una hazaña inolvidable

independiente78
Pasan los años, cambian las modas y los estilos, pero cada vez que un equipo logra remontar un resultado con menos jugadores que su rival, la referencia a aquella noche del 25 de enero de 1978 se hace ineludible.

Fue un mes muy destacado en el ámbito deportivo. El día 5, Guillermo Vilas disputó uno de los mejores partidos de la historia del tenis al superar a Jimmy Connors en tres sets, por el Masters, jugado en el Madison Square Garden de Nueva York. El fin de semana siguiente fue inolvidable: el sábado, en los salones del Teatro San Martín, se desarrolló el sorteo del Mundial y el domingo, en el autódromo de la ciudad de Buenos Aires, comenzó el campeonato de Fórmula, con el triunfo del Lotus de Mario Andretti.

Mientras todos estos acontecimientos se sucedían, el torneo Nacional de 1977 desandaba sus instancias finales, pese a estar ya en los primeros días de 1978. El Metropolitano había sido el más extenso de la historia (46 fechas) y por ello el Nacional arrancó en noviembre. Se jugó miércoles y domingo durante dos meses, para arribar a la fase decisiva.

En una de las semifinales, Independiente venció a Estudiantes y en la otra Newell´s fue superado por el equipo que mejor fútbol había disputado y que era el preferido del público: Talleres de Córdoba.

La primera final tuvo como escenario el estadio de Avellaneda. En un partido parejo y con escasas llegadas a los arcos, el resultado fue un empate en un tanto con goles de Trossero y Cherini, ambos de penal.

Como el gol en calidad de visitante tenía doble valor, un cierto clima de triunfalismo anticipado fue ganando a los simpatizantes de Talleres. La igualdad en Buenos Aires, habiendo conseguido un tanto y la posibilidad de cerrar la serie de local, alimentaban la ilusión.

Los hinchas de otros equipos de las provincias se veían identificados, porque la victoria de la “T” podía significar el primer título de un equipo del interior indirectamente afiliado a la AFA.

Con un lleno total y un enorme clima de final comenzaron las acciones en el Barrio Jardín. A los 29 minutos, un centro enviado desde la izquierda por Omar Larrosa, fue bajado por Enzo Trossero y enviado a la red por un certero cabezazo de Norberto Outes. Pese a la desventaja, los locales no se apartaban de su estilo de juego de pelota al piso y bien jugada, a partir del genio creativo de José Daniel Valencia.

A los 15 minutos del complemento el juez Barreiro sancionó un penal para Talleres que Cherini, al igual que cuatro días antes, cambió por gol. El marcador empatado en uno dejaba las cosas iguales pero a los 74 llegó la jugada que marcó un antes y un después en este match: Ángel Boccanelli saltó rodeado de dos defensores de Independiente y envió la pelota al fondo de la valla defendida por Rigante. Para el árbitro había sido con la cabeza, para los jugadores “rojos”, claramente había sido impulsada con la mano.

Las protestas subían de tono y entonces Barreiro expulsó a Enzo Trossero, Omar Larrosa y Rubén Galván. Los dirigentes querían retirar el equipo de la cancha, pero la frialdad y experiencia de José Omar Pastoriza fueron decisivas. Calmó a todos e hizo dos cambios vitales, ya que mantuvo el esquema de tres delanteros, poniendo a Bertoni y Biondi por los punteros Brítez y Magallanes.

A partir de esa convicción, sus hombres fueron al ataque, sin importar la inferioridad numérica. Emocionaba ver el esfuerzo de esos ocho que parecían once, contra once que parecían un poco menos. A siete del final, llegó una monumental pared entre Biondi, Bertoni y Bochini, que este último, con su categoría acostumbrada, depositó en la red de Guibaudo con un toque corto.

Delirio de un lado, impotencia del otro. Quedaban seis minutos, que fueron de un ataque desesperado de los locales y de una heroica defensa de la visita. El pitazo final provocó la locura de los hinchas y jugadores de Independiente, que acababan de concretar una hazaña inédita.

Luego llegó la vuelta olímpica, coronada por el respetuoso aplauso del público cordobés. Era 25 de enero, el día que Bochini cumplía sus 24 años. Pero el “bocha” siempre fue muy especial y para confirmar eso, el día de su cumpleaños, en lugar de recibir los regalos, el le hizo uno maravilloso a todo el pueblo de Independiente.

El histórico pase de Gareca y Ruggeri de Boca a River

Gareca Ruggeri
Un cuarto de siglo ya. El caluroso enero de 1985 trajo altas temperaturas y copiosas tormentas, pero no sólo en el aspecto climático. En el ámbito del fútbol, aquellos días transcurrieron de igual manera, con la controvertida transferencia que involucró a Ricardo Gareca y Oscar Ruggeri, dos de las máximas figuras que tenía Boca, nada menos que a River.

El club “xeneize” había atravesado en 1984 el peor año de su rica historia. A los graves problemas económicos que sufría desde la época de la compra de Maradona, se le sumó una enorme crisis política, que pronto sacó de su sitio a Domingo Corigliano (Presidente electo a fines de 1983). Como lógica consecuencia de ello, la labor futbolística fue muy pobre, al punto de finalizar entre los últimos de la tabla.

La falta de respuestas por parte de la dirigencia ante los reclamos de los futbolistas para actualizar o renovar sus contratos, fue llevando la situación hasta un punto sin retorno y hacia octubre de 1984, aquellos se declararon en huelga, teniendo que afrontar el club diez fechas con un equipo integrado por juveniles, que no estaban preparados para esa situación.

Ricardo Gareca y Oscar Ruggeri, junto a Hugo Gatti, eran las figuras más destacadas de ese plantel. Al no llegar a un acuerdo, los dos primeros firmaron su renovación contractual por el 20% y por ello, a fines de aquel año, debían quedar en libertad de acción. Pero como el club les había hecho un aumento de sueldo, sus dirigentes se ampararon en esto para no darles el pase en blanco.

Intervino Futbolistas Argentinos Agremiados y como no hubo acuerdo, se decretó una huelga, que se inició en la tarde del viernes 18 de enero de 1985, apenas cuatro horas antes del inicio del torneo de verano en Mar del Plata entre Boca e Independiente.

Luego de dos semanas de intensas negociaciones, finalmente el viernes 1 de febrero, se selló la doble transferencia, una de las más importantes en la historia del fútbol argentino. Como compensación y en un acuerdo entre los directivos, River le cedió a Boca los pases de Julio Olarticoechea y Carlos Tapia.

El domingo 19 de febrero, con el inicio del último torneo nacional de la historia, Gareca y Ruggeri debutaron oficialmente en River, en una victoria en el estadio Monumental por 3 a 1 ante Cipolletti de Río Negro.

Las historias de ambos con la banda roja fueron bien distintas. Gareca apenas disputó ese torneo y luego fue transferido al América de Cali, donde cumplió excelentes faenas, en un equipo múltiple campeón local y tres veces sucesivas finalista de la Copa Libertadores. Ruggeri, por su parte, estuvo en el club de Núñez hasta mediados de 1988, cuando pasó al Logroñés. Fue parte fundamental de la estructura del inolvidable cuadro que en 1986 ganó todo: torneo local, Copa Libertadores y Copa Intercontinental.

Las vueltas del fútbol los volvería a juntar con la camiseta de Vélez, en los inicios de la década siguiente. Ambos seguirían tan ganadores como siempre, consagrándose campeones en San Lorenzo (Ruggeri) y en Independiente (Gareca), pero sin dudas que aquel paso de Boca a River fue uno de los momentos más significativos de sus carreras.

Inolvidables partidos olvidados (Capítulo 4)

ComasRacing
El mapa futbolero nacional de principios de 1988 se mostraba con varios cambios en su geografía. El más resonante de los casos fue el fin del ciclo de José Omar Pastoriza al frente de Independiente, luego de varias temporadas, para convertirse en entrenador de Boca Juniors, que había tenido un año muy convulsionado.

A comienzos de 1987 había contratado a César Menotti, quien luego de un espectacular comienzo y muy buenas actuaciones, dejó el cargo con una mezcla de misterio y falta de compromiso con su palabra. Sin reponerse de ese impacto, los dirigentes llevaron a Roberto Marcos Saporiti, quien apenas estuvo cinco partidos en el cargo, que fue ocupado por Juan Carlos Lorenzo. Este tuvo un opaco ciclo, muy lejano del exitosísimo de otrora. Ahí le llegó el turno a Pastoriza.

El lugar del “pato” fue para Jorge Solari en el banco de los “rojos”. Tremendamente resistido en el inicio, fue férreamente apoyado por la dirigencia encabezada por Pedro Iso y en la temporada 1988/89 obtuvo el certamen en forma brillante.

En enero de 1988 se disputó la tradicional Copa de Oro en la ciudad de Mar del Plata. La casualidad quiso que Boca e Independiente se enfrentaran en la jornada inicial y el resultado fue un empate en 2.

El jueves 14, Boca y Racing animaron el tercer match de la competencia, luego de otra igualdad, en este caso, entre la “academia” y River. El elenco de Avellaneda tenía un gran equipo (el mejor, a mi juicio de los últimos 40 años del club) y estaba puntero en el torneo local.

A los 14, con su clásica pericia para aprovechar cada situación propicia en el área rival, Jorge Comas marcó la apertura del marcador para el equipo “xeneize”. Cinco minutos más tarde, Humberto “coyita” Gutiérrez le cometió una dura infracción a Miguel Colombatti, quien reaccionó y Abel Gnecco le mostró la tarjeta roja a ambos.

Sobre la media hora de juego, José Raúl Iglesias, en evidente posición adelantada, marcó el empate, que fue convalidado por el árbitro. Esto desató la furia de los futbolistas de Boca, que se abalanzaron sobre el juez. Por la protesta fue expulsado Enrique Hrabina y amonestado Hugo Gatti quien, molesto por la sanción, empujó a Gnecco, quien no dudó en mostrarle la roja.

Quedaba una hora de juego y el partido ya no era tal, porque estaban 10 contra 8. Pastoriza tranquilizó a sus jugadores, ordenó las piezas mandando a Fabián Carrizo a la línea de fondo y tratando de controlar la pelota, aprovechando algún pique solitario de Comas, única punta, ya que Graciani debió dejarle su lugar al arquero suplente Sergio Genaro.

El primer tiempo ya se iba y allí llegó la gran sorpresa de la noche marplatense. Se produjo un corner para Boca sobre la derecha y, como era costumbre, Jorge Comas se dirigió a ejecutarlo. Lo hizo con tanta calidad y precisión, que su remate se incrustó junto al poste izquierdo de un sorprendido Ubaldo Fillol. Gol olímpico festejadísimo por un equipo que parecía sacar fuerzas de flaquezas.

A los 10 minutos del complemento, un defectuoso saque de arco de Genaro fue capitalizado por el “toti” Iglesias que la envió al fondo del arco. Lo que siguió fue una enorme impotencia de Racing, que no podía hacer valer sus dos hombres de más y la grandeza de los ocho futbolistas rivales, que cuidaron cada pelota y la jugaron con criterio y decisión.

Jorge Rinaldi y Milton Melgar fueron los abanderados de esto, contagiando a sus compañeros. Llegó el pitazo final de Gnecco y el repleto estadio mundialista de Mar del Plata le brindó una merecida ovación a esos jugadores, que habían sacado un buen resultado, que unos días más tarde le permitiría ganar el certamen, al vencer a River por 1 a 0 con gol de Graciani, en la fecha final del cuadrangular.

Fue un buen comienzo para Pastoriza en el banco de Boca. Parecían hechos el uno para el otro, pero el tiempo, la falta de resultados y algunas decisiones del entrenador, hicieron que dicha historia no tuviera el felíz final que tuvo el inicio del ciclo.

El día que la Selección Argentina jugó un 1 de enero

FillolSin dudas que es una fecha poco habitual por estas latitudes para la disputa de encuentros oficiales y mucho menos, de selecciones. Sin embargo, el 1 de enero de 1981, Argentina y Alemania se enfrentaron en el Estadio Centenario de Montevideo.

Con motivo de festejar el cincuentenario de la obtención del primer mundial de la historia, Uruguay decidió organizar un petit torneo denominado “Mundialito” con la idea que estén presentes las seis selecciones que hasta ese momento se habían consagrado campeones del mundo.

Cuatro le respondieron que si al anfitrión (Argentina – Brasil – Italia y Alemania) mientras que Inglaterra desechó la invitación. Su lugar fue ocupado por Holanda, que había sido sub campeón en las dos últimas ediciones del máximo torneo: Alemania 1974 y Argentina 1978, en ambas ocasiones, cayendo con el país organizador.

Ya le quedaban pocas hojas al almanaque de 1980, cuando se inauguró el certamen. El 30 de diciembre, Uruguay se impuso por 2 a 0 a Holanda con tantos de dos de sus delanteros: Venancio Ramos y Waldemar Victorino.

En el primer día de 1981 y ante un Centenario casi completo con 60.000 espectadores, se vieron las caras Argentina y Alemania. Los “albicelestes” tenían un plantel admirable, ya que a la base del campeón del mundo de 1978, se le habían sumado los tres mejores elementos del brillante juvenil de 1979: Juan Barbas, Ramón Díaz y, por supuesto, Diego Armando Maradona.

Sin embargo, el equipo ya comenzaba a mostrar algunos síntomas de falta de renovación y este Mundialito fue el principio de una curva descendente que se profundizaría a lo largo de ese año, desembocando en el gran fracaso de España 1982.

En aquella jornada alistó a Fillol; Olguín, Galván, Passarella, Tarantini; Ardiles, Gallego, Maradona; Bertoni (Luque), Díaz, Kempes (Valencia). Por Alemania lo hicieron: Schumacher; Kaltz, Förster, Briegel, Dietz; Müller, Bonhof, Magath, Allofs;
Hrubesch, Rummenigge.

Sin coordinación y con cierta lentitud, Argentina se vio superada desde el inicio por su rival que abrió el marcador a los 41 por medio del gigante Horst Hrubesch. Para esta competencia, Menotti dispuso que tres jugadores que actuaban en el exterior fuesen convocados: Mario Kempes (Valencia), Daniel Bertoni (Fiorentina) y Osvaldo Ardiles (Tottenham).

El rendimiento de los dos primeros no fue bueno y ambos fueron reemplazados, mientras que Ardiles aportó su acostumbrada dinámica. Como era habitual, los maravillosos reflejos de Fillol salvaron en más de una ocasión la caída de la valla.

Cuando parecía que el partido se iba irremediablemente con victoria alemana, un cabezazo de Daniel Passarella a los 84, fue desviado por Kaltz en la línea, descolocando a Schumacher y poniendo el empate en uno.

Cuando faltaban apenas dos minutos, en una jugada trabajada y que Menotti mostraba en sus micros televisivos (que evidentemente no llegaban a Alemania), Ramón Díaz tomó el balón sobre la derecha, cedió a Valencia y corrió por detrás de este. El volante de Talleres hizo la pausa y le colocó un excelente pase con ventaja, que el delantero de River concluyó con un potente remate por sobre la salida de Schumacher y que se clavó cerca del travesaño.

Fue victoria. Con angustia y sufrimiento. Tres días después, Argentina empató en uno con Brasil y luego debió esperar el resultado entre el “scratch” y los alemanes. Los primeros se impusieron con comodidad por 4 a 1 y avanzaron a la final.

En el cotejo decisivo, Uruguay triunfó por 2 a 1. Barrios abrió el marcador, igualó Sócrates de penal y desniveló Waldemar Victorino, a la postre el goleador del certamen. Dirigido por Roque Máspoli, la “celeste” se dio el gusto de un festejo grande en casa, pero pocos meses después, sufriría la gran desilusión de quedarse fuera de España `82, al caer con Perú en las eliminatorias.

La base de aquel muy buen equipo campeón fue con Rodolfo Rodríguez; Víctor Diogo, Wálter Olivera, Hugo De León, Daniel Martínez; Eduardo De La Peña, Ariel Krasouski, Rubén Paz; Venancio Ramos, Waldemar Victorino, Julio César Morales.

Aquellas jornadas de fútbol argentino con partidos entre navidad y año nuevo

Alonso
No es una novedad, lamentablemente para nuestro fútbol, que los torneos sean irregulares en su organización. Como ya hemos citado en este espacio en ocasiones anteriores, esta ha sido una constante en las competencias de AFA. En la década del `70 era habitual que los certámenes se extendiesen y hubiera fecha entre navidad y año nuevo.

El campeonato nacional de 1973 tuvo dos zonas de 16 equipos cada una. Sólo los dos primeros tendrían la chance de disputar el título en un cuadrangular, todos contra todos en canchas neutrales. El campeón recién se conoció en la jornada final de dicho petit torneo, lleva a cabo el 29 de diciembre y fue Rosario Central, que en el estadio monumental igualó en un tanto con San Lorenzo con goles de Roberto Cabral y Héctor Scotta.

River era el único que lo podía alcanzar, pero empató en el viejo Gasómetro de Avenida La Plata en dos goles con Atlanta, la gran revelación de la competencia. Esa conquista del popular conjunto de Arroyito, fue la primera de Carlos Timoteo Griguol como entrenador.

El de 1975 sin dudas fue un año teñido por el rojo y blanco de River Plate. Luego de 18 años sin ser campeón, cortó el maleficio al obtener el Torneo Metropolitano, con un elenco donde descollaban Norberto Alonso y Carlos Morete, bajo la dirección técnica de Ángel Labruna.

En el Nacional, hizo un inolvidable doblete, al quedarse con el título de manera agónica. La última fecha del octogonal final se jugó el 28 de diciembre y allí el club de Núñez llegó con un punto de ventaja sobre Estudiantes de La Plata. Los hombres dirigidos por Bilardo vencieron a Temperley por 2 a 0 en cancha de Racing y aguardaban el final en Rosario, donde Central y River igualaban en uno, score que permitía un encuentro de desempate.

En la última jugada del match en campo de Newell´s, José Omar Reinaldi, con un golpe de cabeza, superó a Ferrero y desató la locura en la gran masa de hinchas de la “banda roja” que se había trasladado hasta allí para festejar la segunda vuelta olímpica del año.

En 1976 la actividad estaba programada para finalizar el 22 de diciembre. Y efectivamente, ese día Boca fue campeón del Nacional al superar a River en cancha de Racing con gol de Rubén Suñé, en uno de los partidos más recordados del profesionalismo.

Como el cuadro de Juan Carlos Lorenzo también había ganado el metro, los dos sub campeones (Huracán y River) debieron jugar un desempate para determinar el segundo representante argentino en la Copa Libertadores de 1977. El mismo tuvo lugar el 29 de diciembre en la cancha de Boca y los “millonarios” se impusieron por 4 a 1.

La frondosidad del calendario de 1977 produjo cosas insólitas, como que el Metropolitano tuviera 46 fechas y el nacional se iniciase en la segunda semana de noviembre. Como era lógico, este último evento finalizó a fines de enero de 1978 y, por supuesto, tuvo una fecha entre navidad y año nuevo: el 28 de diciembre, donde se destacaron el triunfo de Estudiantes de Buenos Aires ante San Lorenzo por 2 a 1 y la goleada de Belgrano ante All Boys por 5 a 2.

Copiado en papel carbónico (para esa época) o como en un Ctrl. C + Ctrl V de estos tiempos, el Nacional de 1978 vivió la misma situación de su antecesor, y consagró a su campeón en pleno mes de enero de 1979. Obviamente hubo partidos entre las fiestas, pero en este caso, una doble jornada.

El 27 de diciembre, las revanchas de los cuartos de final, donde avanzaron Independiente, River, Talleres y Unión y el 30 los partidos de ida de las semifinales, donde los “rojos” superaron en Avellaneda a los cordobeses por 2 a 1 y el cuadro de Núñez venció en Santa Fe a los locales por 1 a 0.

Con algunas excepciones (la consagración de Racing el 28 de diciembre 2001), luego de los casos citados, muy esporádicamente ha habido fútbol entre las fiestas. Pero no lo recordemos mucho, a ver si en el corto plazo, tendremos en los televisores el fin del Apertura el mismo día de la llegada de Papá Noel.

Inolvidables partidos olvidados (Capítulo 3)

Central_1988-89
Fueron pocos los testigos de aquel encuentro. Quizás porque fue un día de semana por la tarde, o porque los dos implicados no estaban en la pelea grande del certamen. Pero lo cierto es que el pasado lunes se cumplieron 21 años de un match para el recuerdo.

La tarde del miércoles 14 de diciembre de 1988 se mostraba calurosa en la ciudad de Rosario y hacia allí había viajado Deportivo Armenio para enfrentar a Central. Luego de un muy buen comienzo, el cuadro dirigido por Alberto Parsechián estaba en plena debacle, al punto de ubicarse en el penúltimo lugar, superando sólo a Instituto.

Los locales, pese a tener un destacado plantel, no lograban volver a las glorias no tan lejanas y naufragaban en la mitad de la tabla, posición que no abandonarían en el resto del certamen.

La visita tenía las cosas bien claras desde el arranque: ser prolijo, cuidar la pelota y en cuanto tuviese la mínima chance, lanzar el pelotazo para que el solitario Sergio Maciel se las arreglase ante el fondo “canalla”. Pero este cuarteto, integrado por Hernán Díaz, Toscanelli, Bauza y Pedernera no tuvo su mejor jornada y en una escapada del citado delantero, Armenio abrió el marcador, score con el que se cerró la primera parte.

Como era de esperar, Central salió al complemento adelantándose en el terreno y dejando sólo tres hombres en la última línea, con el ingreso del mediocampista Andrade por Díaz. A los 54 Edgardo Bauza, casi siempre inefable desde los 12 pasos, fue contra su propia historia, malogrando un penal y su rebote también.

Armenio sintió que era una señal y presionó a la endeble defensa rival y en dos minutos (57 y 59) por intermedio de Maciel y Lorenzo Frutos se colocó 3-0 ante el estupor y el nerviosismo de los parciales del estadio de Arroyito.

Los hombres dirigidos por Ángel Zof se mostraban completamente desanimados y vencidos, mientras que sus oponentes manejaban el trámite a voluntad. El reloj corría y cuando este marcaba 85 minutos, muchos comenzaron a dejar sus lugares en las tribunas.

Deportivo Armenio tenía tres puntos decisivos en el bolsillo en su lucha por escapar a la zona del descenso. Quizás pensar en esto lo llevó a irse del partido. Dos apariciones punzantes y efectivas de Juan Antonio Pizzi, lo llevaron a marcar sendos goles a los 88 y 89, que abrieron una increíble esperanza.

Juan Carlos Biscay adicionó tres minutos y en ellos, la visita se abroqueló cerca de su arquero Gerbinocoff, al tiempo que Central era un tromba imparable. Cuando el juez ya miraba el cronómetro para pitar el final, llegó un excelente zurdazo de Jorge Díaz, que se clavó en el ángulo, para decretar la locura de un festejo con ribetes de hazaña.

Pocas veces un equipo logra remontar una desventaja semejante en los últimos cinco minutos de un cotejo. Pero la historia no terminó allí, porque mientras los locales festejaban alocadamente y los visitantes querían que se los tragase la tierra, Biscay les ordenaba que debían prepararse para la ejecución de los penales, tal como indicaba el reglamento de ese torneo 1988/89, para los partidos que finalizasen empatados.

Mucho tiene que ver el aspecto anímico en una definición por penales y esa máxima del fútbol se cumplió aquella tarde en Rosario, porque Central se quedó con el punto extra al imponerse por 5-3 en la definición.

Al terminar la temporada, Deportivo Armenio se fue al descenso y nunca más regresó a primera división. Es imposible trazar una hipótesis sobre algo que no sucedió, pero queda la duda de cuanto le hubiesen servido aquellos tres puntos, futbolística y anímicamente. Por el lado de Central, sólo resta decir que se regaló un hermoso presente navideño una semana antes de la fecha estipulada en todos los calendarios.