Archive for Octubre, 2009

El fútbol en los tiempos del regreso de la democracia

Sábado, Octubre 31st, 2009

eleccionesEran otras épocas, nadie puede dudarlo. En todos los estamentos de la sociedad mundial en general y argentina en particular, las cosas eran bien diferentes, allá por fines de octubre de 1983. Luego de siete años y siete meses de gobierno militar, nuestro país volvió al ejercicio de la democracia, con un notable apego popular y gran cantidad de personas afiliadas a los partidos políticos. Claramente en las antípodas de lo que ocurre por estos días.

El domingo 30 de octubre, el radical Raúl Alfonsín superó en la elección al justicialista Ítalo Luder y se convirtió en el Presidente de la República. En esa jornada, obviamente, no hubo fútbol, pero apenas 48 horas más tarde, se inició la 27ª fecha del torneo de primera división (ex metropolitano) con un resultado sorprendente: Nueva Chicago 5 – Boca Juniors 0.

El estadio de Vélez fue el escenario para aquel inolvidable partido para todo el pueblo de Mataderos en la noche del martes 1 de noviembre. Se recaudaron 108.201 pesos argentinos y los goles fueron marcados por Claudio Otermín y Carlos Acuña en dos ocasiones cada uno y Vera Benítez. Con el marcador 2-0, Hugo Gatti le detuvo un penal a Acuña.

Toda la ciudadanía todavía comentaba la, para algunos, inesperada victoria de la Unión Cívica Radical en la primera elección a Presidente desde la muerte de Juan Domingo Perón. Un importante caudal de indecisos despejó sus dudas en el cierre de la campaña justicialista, cuando su candidato a gobernador de la provincia de Buenos Aires, Herminio Iglesias, incendió un féretro con el nombre de Alfonsín y los colores de su partido.

Del resto de esa jornada del certamen de primera división se destacaron la victoria de San Lorenzo ante Independiente como visitante por 2 a 0 con goles de Jorge Higuaín y José Raúl Iglesias (a la postre, al única derrota del elenco de Avellaneda campeón en condición de local), que le permitió alcanzar a su vencido en el segundo puesto con 31 puntos, uno menos que el líder, Ferro Carril Oeste, vencedor de Argentinos por 2 a 0 con tantos de Claudio Crocco y Oscar Acosta.

Un día después de la victoria de Chicago, la cancha de Vélez fue escenario de un cotejo de alternativas insólitas. El cuadro local vencía a Central por 2 a 0 con las conquistas de Claudio Lucadamo y Alejandro Nannini y pudo aumentar esa ventaja cuando Carlos Bianchi erró un penal. En los últimos 10 minutos, tres goles de José Omar “pepona” Reinaldi le dieron una increíble e inesperada victoria a los rosarinos.

Los densos nubarrones que habían cubierto el cielo argentino con forma de dictadura, recién empezaban a despejarse. Había un largo camino por recorrer, pero el sol de la democracia comenzaba a asomarse, para seguir alumbrando, con defectos y virtudes, 26 años después.

Hace 31 años: Quilmes se mete en la historia con su grito de campeón

Jueves, Octubre 29th, 2009

diario popular - 30 10 78El campeonato metropolitano de 1978 fue particular, dentro de un año inolvidable para el fútbol argentino, por la obtención del título mundial.

En el mes de febrero se inició el torneo, que iba a ser muy extenso, ya que finalizó en el último domingo de octubre, con un interregno de un mes y medio (entre mitad de mayo y principios de junio) por la disputa del campeonato del mundo.

Quedará por siempre en el recuerdo, porque aquel metropolitano le dio al viejo Quilmes Athletic Club, la chance del festejo más grande de su historia, al consagrase como legítimo campeón de la competencia el domingo 29 de octubre de 1978.

La historia no había comenzado del todo bien para Quilmes y en la 9ª fecha, cuando marchaba en el puesto 12 de las posiciones y luego de una derrota por 2 a 1 con Estudiantes de Buenos Aires en la cancha de Chacarita, se produjo un cambio en la dirección técnica: Oscar López y Oscar Cavallero dejaron su lugar y el mismo fue ocupado por José Yudica, que conocía el plantel, porque lo habían dirigido en la temporada anterior.

Desde allí y hasta el parate por el campeonato del mundo se jugaron seis fechas más, donde ganó cuatro y empató las dos restantes, ubicándose a sólo tres puntos de Boca, el líder.

Muchos planteles se tomaron algunos días de vacaciones durante el mundial, pero los hombres de Yudica siguieron trabajando como si tuvieran que jugar cada domingo. Esa contracción al trabajo y esa humildad, serían los pilares del gran éxito final.

Las fechas pasaban y el invicto con el entrenador se mantenía, para sorpresa de extraños, porque los propios sabían del potencial con el que contaban. Cuando llegó la recta final, la historia pasó a ser un apasionante mano a mano con el Boca multiganador de Juan Carlos Lorenzo.

A diez jornadas del epílogo, los “xeneizes” le llevaban 5 puntos, pero tenían por delante la definición del grupo semifinal de la Copa Libertadores, con Atlético Mineiro y River Plate. Esto lo llevó al “Toto” a poner suplentes en el torneo local y en la 36ª, Quilmes le dio alcance, porque Boca cayó con Gimnasia en La Plata y Quilmes se impuso a Independiente como local sobre la hora con gol de Juan Carlos Merlo.

Quedaron en la misma línea por varias semanas y así llegaron a las dos fechas finales. La penúltima, jugada entre semana, dejó a los “cerveceros” a las puertas de la gloria, al superar a Chacarita por 2 a 1 en campo de Banfield, mientras Boca, en forma inesperada, igualó en cero con Estudiantes de Buenos Aires en cancha de los “funebreros”.

Con un punto de ventaja, Quilmes viajó a Rosario, para medirse con Central en el último partido, al tiempo que Boca era local de Newell´s. Una impresionante caravana azul y blanca inundó desde temprano las calles rosarinas, detrás de la quimera que estaba a 90 minutos de dejar de serlo.

En el “gigante de Arroyito” se dio un partido emocionante, con permanentes cambios en el marcador. Los hombres dirigidos por José Yudica triunfaron por 3 a 2, con un golazo de Jorge Gáspari, que viajó desde su botín zurdo, para clavarse en el ángulo de Ferrero y en el corazón de todos esos hinchas quilmeños, que disfrutaron la emoción de poder gritar campeón.

La alegría desbordó a Quilmes y la hizo propia gran parte de un país, que vio como un club humilde, tocaba el cielo con las manos. Los responsables fueron Adolfo Palacios, Guillermo Zárate, Horacio Milozzi, Alberto Fanesi, Pedro Gaño, Horacio Bianchini, Jorge Gáspari, Horacio Salinas, Miguel Filardo, Héctor Milano y Luis Andreuchi. Este último, además, uno de los goleadores del torneo, con 21 tantos, igualado con un tal Diego Armando Maradona.

Las idas y vueltas del fútbol llevaron al club del Sur a no poder estabilizarse por esos años muchas temporadas en primera, pero aquella epopeya de 1978 quedó perpetuada por siempre en el sentimiento “quilmeño”.

N. de la R.: Foto: Gentileza del Blog de Quilmes campeón 1978.
Más fotos e información: http://quilmesac1978.blogspot.com/

¿Y si a octubre se lo rebautiza Maradona?

Martes, Octubre 27th, 2009

diego_armando_maradona_ocaA diario nos enteramos de noticias de todas partes del planeta que no dejan de sorprendernos. Por eso, no debería llamarnos la atención, si un día descubrimos que a alguien se le ocurre rebautizar a los doce meses del año. De once no tengo idea, pero a octubre se lo podría llamar Maradona, por todas las cosas que le ocurrieron a Diego en ese mes. Desde nacer, hasta el exabrupto desafortunado de la conferencia post clasificación en Montevideo. A saber:

1960: Nace el día 30 en el Policlínico de Lanús

1976: El 20 debuta oficialmente en primera división. Con apenas 15 años, hace su presentación en un partido correspondiente al torneo nacional en el que Argentinos Juniors pierde con Talleres de Córdoba en La Paternal por 1 a 0.

1978: El 29 finaliza el torneo y se consagra por primera vez goleador de un campeonato. Iguala la posición con Luis Andreuchi de Quilmes, con 21 tantos cada uno.

1980: Marca su primer gol de tiro libre en la selección mayor. El 12 ante Polonia en la cancha de River, en una victoria por 2 a 0 por un cotejo amistoso.

1984: El 7 gana su primer partido oficial con la camiseta de Nápoli. Fue por 3 a 0 a Como en el Estadio San Paolo

1992: Vuelve a marcar un gol oficial, luego de su primera suspensión por doping. Fue el domingo 11, de tiro penal, con la camiseta de Sevilla ante Zaragoza.

1993: El domingo 10, luego de 11 años y 10 meses, vuelve a jugar un partido oficial por torneos de AFA. Fue en Avellaneda, con la casaca de Newell´s, en una derrota frente a Independiente por 3 a 1.

Pero octubre de 1993, le trajo una nueva convocatoria a la selección y el último día del mes, se calzó nuevamente la celeste y blanca, para enfrentar a Australia en el partido de ida por el repechaje hacia el mundial de los Estados Unidos

1994: Mientras transcurría la suspensión impuesta luego del mundial 1994, el domingo 9 hizo su debut como entrenador. En dupla con Carlos Fren dirigen a Deportivo Mandiyú de Corrientes en una derrota como loca ante Rosario Central por 2 a 1.

1995: Se cumple su viejo anhelo y el sábado 7, se calza otra vez en forma oficial la camiseta de Boca, que no lucía desde 1981. Fue en una agónica victoria como local ante Colón por 1 a 0 con gol de Darío Scotto.

1997: Final del cuento. Se cierra su etapa de futbolista. El sábado 25 disputa su último cotejo oficial, en una victoria de Boca sobre River en el estadio monumental por 2 a 1.

Este octubre de 2009 que está llegando a su fin, también le dejó un sello indeleble en su irrepetible vida. El miércoles 14, bajo su dirección técnica, la selección argentina se clasificó para el mundial 2010. Y el cierre fue a lo Maradona. Con una desafortunada aparición, con ese estilo tan particular que está y estará por siempre en su ADN.

Quedó claro que octubre no es un mes más en su vida. Por algo, es el mes 10.

Con su estilo histórico, Argentinos Juniors conquista América

Viernes, Octubre 23rd, 2009

argentinos campeon libertadores 1985
Habían pasado casi cinco minutos y la escena parecía más de un partido amistoso entre amigos que de una final por la Copa Libertadores. Discusiones, desconcierto y dudas, eran el marco de lo que ocurría en ese momento en el césped del estadio de los Defensores del Chaco.

Hasta allí habían llegado Argentinos Juniors y América de Cali, aquel 24 de octubre de 1985, para disputar el tercer y definitorio encuentro para determinar el ganador de la edición 1985 del máximo torneo continental. Los “bichitos” habían ganado la ida en cancha de River por 1 a 0 con gol de Emilio Commiso y los “diablos” habían hecho lo propio en el Pascual Guerrero con tanto de su ídolo, Willington Ortíz.

Apenas 48 horas después de este match, volvieron a verse las caras en Asunción. A los 37, Commisso marcó la apertura del marcador, igualando Ricardo Gareca con un golpe de cabeza apenas cuatro minutos después. Los 90 reglamentarios no tuvieron alteraciones en el score, ni tampoco los 30 del suplementario.

Entonces fue el turno de los penales. Con gran efectividad convirtieron Gareca, Olguín, Cabañas, Batista, Herrera, Pavoni, Soto y Borghi, dejando la definición igualada en cuatro. El quinto penal de la serie para los colombianos fue ejecutado por Anthony de Ávila sobre la derecha de Enrique Vidallé, quien voló sobre ese lado, desviado el remate.

Insólitamente, el árbitro chileno Hernán Silva hizo el gesto de dar por terminada la definición, cuando aún restaba el último penal de Argentinos. Hubo festejos cautos de un lado y reclamos airados del otro. Silva dudó, recontó en su libreta, recapacitó y al darse cuenta de su error, indicó lo que era lógico: que el elenco argentino debía un remate.

El encargado era Mario Henán Videla. Un excelente jugador y quizás el único que podía mantener la mente fría en un momento como ese. No sólo por estar ante la posibilidad de consagrar a su equipo campeón de América, sino por todo ese extraño momento vivido minutos antes.

Depositó la pelota con la tranquilidad que lo caracterizaba y tomó una corta carrera. Los simpatizantes de Argentinos contuvieron la respiración por unos segundos, algunos ni siquiera querían ver, porque era el instante más grande de sus vidas como hinchas de fútbol. La figura de Julio Falcioni se agrandaba en la valla para todos. Si para todos, menos para Mario Videla, que con un derechazo preciso y sobre la izquierda del arquero, puso el 5-4 final y a los “bichitos” definitivamente en la gloria.

La historia se había iniciado unos años antes, con la llegada de Ángel Labruna en 1983. El comenzó a forjar la mística y a armar lentamente ese plantel de buen pie. Luego de su fallecimiento, su lugar lo ocupó Roberto Marcos Saporiti, quien consolidó la línea y supo mezclar experiencia y juventud, para obtener el primer título en la historia del club, en 1984.

Luego llegó José Yudica, pero nada cambió. La apuesta a un fútbol prolijo y bien jugado siguió en alto y la conquista del Nacional de 1985 fue la reafirmación. Pero la Copa Libertadores fue un éxito inolvidable. Superó la fase de grupos después de un desempate con Ferro y llegó al cotejo decisivo, luego de avanzar en la zona semifinal contra el Blooming e Independiente, con quien animó uno de los mejores partidos de la historia contemporánea del fútbol argentino.

Esa victoria por 2 a 1en Avellaneda fue la prueba de madurez. El equipo ya estaba listo para la gloria y esta le abrió sus puertas en esa noche de Asunción. Costó adentro y afuera también, porque por suspensiones y lesiones, la alineación fue en cierta manera improvisada, con Olguín en la mitad de la cancha y con Borghi como única punta.

Pero todo eso, 24 años después, es una feliz anécdota. Ese cuadro quedó instalado en el recuerdo y es uno de los últimos que le permite al futbolero, uno de sus ejercicios más queridos: el de recitar un equipo de memoria. Seguro que no hace falta que te lo escriba, porque vos que estás leyendo estas líneas, sabés perfectamente que después de Vidallé, vienen en cadena Villalba, Pavoni, Olguín y Domenech, Videla, Batista y Commisso, Castro, Pasculli o Borghi y Ereros.

Y un día dijo adiós

Martes, Octubre 20th, 2009

Chau DiegoSalió a la cancha encabezando a su equipo, con sus mejores ropas: la camiseta de Boca que era como su segunda piel, el brazalete, el pantalón con el número 10 y los botines encerrando toda la magia. Pero el genio estaba a punto de dar su última función. El próximo domingo, cuando River y Boca se enfrentaren en una nueva edición del “superclásico”, se van a cumplir 12 años del último partido oficial de Diego Armando Maradona.

Aquel sábado 25 de octubre de 1997, el repleto estadio monumental le daba el mejor marco posible. Ingresó al terreno de juego para disputar su séptimo superclásico oficial (sólo había perdido uno en 1981) y se dirigió hacia el banco de suplentes de River para estrecharle la mano al técnico rival, que no era uno más. Allí estaba sentado Ramón Ángel Díaz, otrora “compadre” suyo en las gloriosas épocas del mundial juvenil de Japón y con quien no mantenía contacto alguno desde hacía más de diez años. El “pelado” le estiró la diestra y la imagen quedó perpetuada en el archivo imborrable de la memoria futbolera.

El sol brillaba sobre el césped de River, pero Diego estaba en penumbras. Su estado físico no era el mejor y la inactividad de cuatro semanas convertían a su figura en una sombra de la que había llenado de fantasía los ojos de millones de fanáticos en todo el mundo.

Faltando poco para terminar el primer tiempo, Sergio Berti señaló la apertura del marcador para los locales, que eran los líderes del certamen. Cinco minutos después, Horacio Elizondo pitó el final y los jugadores de ambos equipos se fueron a los vestuarios. Entre ellos marchaba Diego. Quizás era el único que sabía, interiormente, que había llegado el final del cuento.

Los clásicos rivales retornaron para el complemento y los ojos de los hinchas de Boca observaban la fila de sus futbolistas: Córdoba, Bermúdez, Fabbri, Arruabarrena, Toresani, Cagna, Solano, Latorre y Palermo. Apenas nueve y no estaba Diego. Los dos que faltaban estaban al costado, esperando para ser autorizados para ingresar: eran Claudio Caniggia y Juan Román Riquelme, que reemplazaban a Nelson Vivas y Diego Maradona.

Como un designio del destino, como un traspaso del mando, Veira había decidido que Román tomase el lugar de Diego. E iba a ser así, no sólo en la cancha, sino en el corazón del hincha de Boca, desde ese momento y hasta nuestros días.

Todo cambió. El sol le dejó su lugar a una torrencial lluvia y la victoria parcial de River, se trastocó en un festejado triunfo de su rival, gracias a los goles de Julio Toresani y de Martín Palermo, quien en esa jornada le marcó su primer tanto oficial al club de Núñez con la casaca “xeneize”.

A los pocos días nos enteramos que había sido el último acto. Ya no habría más Diego jugador. Todas las páginas de su carrera, pintadas con los colores de Argentinos Juniors, Boca Juniors, Barcelona, Nápoli, Sevilla, Newell´s y la selección nacional, ingresaban definitivamente en la leyenda. La pelota, esa tarde, se permitió mancharse. Con una lágrima de hasta siempre. El maestro del fútbol más grande de la historia había dicho adiós.

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