Archive for Noviembre, 2009

Hace 30 años, el gasómetro decía adiós para siempre

Lunes, Noviembre 30th, 2009

GasómetroFue en la tarde del domingo 2 de diciembre de 1979. San Lorenzo recibió a Boca en la fecha final del Nacional y el viejo gasómetro de Avenida La Plata dio su última función. Los dos equipos llegaban con chances de poder avanzar a los cuartos de final, pero no dependían de si mismos. En Rosario, se medían Central e Instituto y si estos empatan, ambos pasaban de fase. ¿Qué ocurrió? Si, igualaron sin abrir el marcador.

Pero aquella tarde de densos nubarrones sobre el cielo de Buenos Aires, fue el marco de una despedida. Con toda la nostalgia posible, el gasómetro de Avenida La Plata abrió sus puertas por última vez para un partido oficial de fútbol profesional. Fue un empate en cero y el “ciclón” lo pudo ganar, de no haber malogrado Hugo Coscia un penal ante Hugo Gatti.

Pasaron 30 años y los recuerdos de propios y extraños, aún se mantienen por esos terrenos. Fue un pedazo enorme de la historia de nuestro deporte más popular, cobijó a la selección nacional en más de una ocasión y sus arcos gozaron de los cuatro goles del histórico debut del “vasco” Isidro Lángara, en las postrimerías de la década del `30.

Sus gradas sintieron como sus habitantes estaban más parados que sentados, por aplaudir las maniobras lujosas del trío más mentado, que alguna vez haya pisado ese pasto, como lo fueron Armando Farro – René Pontoni y Rinaldo Martino.

El derrotero de las décadas seguía y con los años `50, se apareció por esas áreas, el terror de las defensas rivales. Alguien a quien apodaban el “nene”, pero que desde su primera aparición, demostró tener la sagacidad y la capacidad de un veterano: José Francisco Sanfilippo, el máximo goleador de la historia del club.

La década del `60 fue única e irrepetible en múltiples aspectos. La moda, la música, el arte y el estilo de vida cambiaron con su llegada. El viejo gasómetro se sumó a esta vertiente y alumbró dos grupos de jugadores que deleitaron su césped. Primero los “carasucias” de Veira, Areán, Doval, Casa y compañía y luego los “matadores”, campeones invictos, con la conducción del brasileño “Tim” un formidable elenco con Buttice, Villar, Albretch, Rendo, Cocco, Telch, Veglio y Fischer, entre los más destacados.

Llegaron los `70 y con ellos el bi campeonato con Juan Carlos Lorenzo en el banco e Irusta, Rezza, Heredia y Ayala en el campo, para pintar de azul y grana el almanaque de 1972. El último título fue un par de años después, en el Nacional, con la letal dupla de ataque que conformaron Héctor Scotta y Oscar Ortíz.

Como una vela que se consume indefectiblemente, así se le fueron pasando los años posteriores al gasómetro. El equipo estaba en una manifiesta pendiente, que lo llevó a naufragar, temporada tras temporada, en las aguas de la mitad de la tabla.

La situación económica del club era pésima por 1979. Una de las medidas, fue la venta de varias de las propiedades que le pertenecían. Así se llegó al cierre del gasómetro. La tarde del 2 de diciembre de 1979, quedó perpetuada en los archivos de los estadígrafos, pero su muerte ya estaba decretada desde hacía tiempo.

Quizás, con la sabiduría que dan los años, el gasómetro fue queriendo desaparecer. Porque luego de tantas y tantas jornadas de gloria, no quería ser el testigo y la sede de la penuria que se avecinaba. Y tuvo razón. Mientras comenzaba a ser sólo un recuerdo de hierro y madera, San Lorenzo realizó una muy mala campaña en 1980 y se salvó del descenso a dos fechas del final. Pero en 1981, cuando en Avenida La Plata sólo había fantasmas de los tiempos pasados, estos se apoderaron del equipo, que perdió la categoría por primera y única vez en su vida.

Sus tablones mudos testigos de la historia grande, fueron retirados lentamente, lo mismo que la estructura que los cobijaba. Sin embargo, jamás el dulce sabor de los lindos recuerdos, se fue de allí. Por eso, no le llame la atención si al pasar por la vereda de Avenida La Plata, escucha un extraño grito de gol, o los cantos de la hinchada o la voz del estadio. Son de verdad, porque todo lo agradable, vive por siempre.

Hace 20 años, Boca ganaba la segunda edición de la Supercopa

Viernes, Noviembre 27th, 2009

GiuntaAquella no había sido una buena década para el equipo “xeneize”. Quizás por ese motivo, festejó tanto ese logro, obtenido el 29 de noviembre de 1989, por penales ante Independiente, que le sirvió para cortar una racha de ocho años sin títulos.

Era un grupo de jugadores con experiencia, tales los casos de Claudio Marangoni, José Luis Cuciuffo, Juan Simón y Wálter Perazzo, entre otros, habían sufrido una gran desilusión al comenzar 1989. En el primer semestre, dirigidos por José Omar Pastoriza, intentaron afrontar dos certámenes al mismo tiempo: el torneo local y la Copa Libertadores.

En el primero llegó a situarse en el liderazgo con cinco puntos de ventaja, pero esa diferencia se fue acortando con el paso de las fechas, al punto de ser alcanzando y luego superado con claridad por Independiente, a la postre el campeón del torneo 1988/89. Al mismo tiempo, quedó fuera de la máxima competencia continental, en una inolvidable serie con Olimpia de Paraguay en los octavos de final.

Dichas frustraciones decantaron el final del ciclo del “pato” de la dirección técnica y su reemplazo por Carlos Aimar. Con el llegaron algunos refuerzos que le dieron identidad al equipo, como Blas Giunta y José Daniel Ponce, más la confirmación como titular de Diego Latorre.

Recordemos que la Supercopa había nacido en 1988, como torneo complementario de la Copa Libertadores y la disputaban todos los clubes campeones de esta última. Boca inició su campaña en los cuartos de final, ante Racing, el defensor del título. En la ida, igualaron sin abrir el marcador en la “bombonera”, pero en la revancha los hombres de Aimar se impusieron por 2 a 1 con goles de Cuciuffo de cabeza y Ponce de penal.

En las semifinales, lo esperaba el Gremio de Brasil. El primer partido, disputado en Porto Alegre dejó un empate en cero que abría buenas perspectivas para el desquite. Allí, la “bombonera” fue una fiesta, a estadio repleto, con una victoria por 2 a 0 con las conquistas de Cuciuffo (nuevamente de cabeza) y un golazo de fuera del área de Marangoni, coronado con el canto del felíz cumpleaños de todo el estadio, ya que “Maranga” cantaba sus 35 noviembres pocas horas después.

La final lo puso cara a cara con Independiente, que era el mejor equipo del fútbol local sin discusión. Pacientemente, Jorge Solari había armado un cuadro sólido, parejo y contundente que, como citamos líneas arriba, era el último campeón argentino. Desarrollando por momentos con un muy buen fútbol, los “rojos” eran los grandes candidatos, a partir de un mediocampo muy bien equilibrado con Ricardo Giusti o José María Bianco, Miguel Ludueña, Rubén Insúa y Ricardo Bochini.

Como en las dos ocasiones anteriores, Boca igualó sin goles el encuentro de ida, pero en este caso ocurrió lo mismo con la revancha, disputada el 29 de noviembre en el estadio de la “doble visera”. Allí, entonces, llegó el turno de los penales.

Los primeros siete remates fueron de una gran efectividad, ya que convirtieron Ponce, Bianco, Marchesini, Altamirano, Latorre, Insúa y Stafuzza. Con el score 4-3 para Boca, Luis Artime acomodó el balón y sacó un disparo sobre la izquierda de Navarro Montoya, que con gran intuición voló hacia allí para desviar el envío y dejar a su equipo a las puertas de la consagración.

El turno era para Blas Giunta. Y el combativo volante no dudo: ejecutó con seguridad a la derecha de Eduardo Pereira, que fue hacia el otro sector y allí si, llegó el desahogo. La mitad más uno, pudo darse el gusto de gritar esa palabra que estaba atragantada desde hacía ocho años: Campeón. Desde el título del `81 con Diego, que no se daba el gusto de la vuelta olímpica.

Fue el primer logro de la buena gestión de Carlos Aimar al frente de Boca, donde también ganó la Recopa y la liguilla del año 1990, pero la falta de un título en el ámbito local, le jugaron en contra para su continuidad. Festejada en gran forma, la Supercopa 1989 habita la ahora poblada vitrina de Brandsen 805, pero que en esos años, tenía muchos lugares vacíos, esperando por lo trofeos que comenzarían a llegar una década después.

Hace 34 años, Héctor Scotta establecía un record aún vigente

Lunes, Noviembre 23rd, 2009

ScottaFue en la tarde del domingo 23 de noviembre de 1975. A escasas dos fechas de la finalización de la fase de grupos del torneo Nacional, Boca recibía a San Lorenzo y necesitaba ganar para llegar con chances de clasificación a la última jornada, mientras que el equipo de Boedo con solo empatar, ya estaba en la rueda final.

Pero aquella tarde tenía algo más, ya que estaba la posibilidad vigente que Héctor Horacio Scotta pudiese batir el record de cantidad de goles en un solo año por torneos de AFA. Esa marca era de 47 tantos y le pertenecía (nada menos) que a Arsenio Erico, el máximo artillero del profesionalismo nacional.

El delantero paraguayo la estableció en 1937 y en los 38 años posteriores, nadie la había podido batir. Desde aquel día hasta hoy, han transcurrido 34 abriles y tampoco ningún futbolista la ha podido superar.

Para quienes no lo vieron, vale recordar que Héctor Scotta era un potente delantero, que se caracterizaba por la violencia de sus remates, sin importarle mucho el destino de los mismos. Si estos terminaban lejos del arco, el “gringo” no se amedrentaba y seguía insistiendo. Un caso similar, cercano en el tiempo, sería Ramón Medina Bello.

En el Metropolitano, San Lorenzo había tenido una opaca tarea, finalizado en el 11ª lugar, pero Scotta había sido el goleador del certamen con 32 conquistas (el 57% de su equipo que señaló 56). A continuación comenzó la disputa del Nacional y allí las cosas fueron un poco mejor para el elenco “azulgrana” y de la misma manera para su goleador: siguió rompiendo redes en cada cancha del país que pisó.

Con 14 fechas disputadas, el “gringo” tenía esa cantidad de tantos y se encontraba a uno de igualar la marca de Erico. Así fue a la “bombonera”, con toda la expectativa sobre sus espaldas. ¿Miedos? ¿Dudas? ¿Presión? Nada de eso, esas eran cartas que no estaban en el mazo de Scotta. Con apenas un minuto de juego, tomó una pelota a 35 metros del arco y con un disparo esquinado, venció la resistencia de Carlos Biasutto.

Un rato más tarde, a los 34, con el partido favorable al “ciclón” por 3 a 1, llegó el gol del record: avanzó de derecha a izquierda en diagonal y cuando se encontraba sobre el límite del área grande rival, la pelota se le abrió un poco hacía su pierna menos hábil. Pero nada le importó, ya que sacó un violento zurdazo que se incrustó juntó al poste derecho de Biasutto y se quedó a vivir en la historia.

Finalmente, San Lorenzo se clasificó al triunfar por 5 a 3, dejando a Boca fuera de las finales y decretando el fin del ciclo de Rogelio Domínguez como entrenador “xeneize”.

Lejos de conformarse, Scotta siguió metiendo goles, para estirar su marca. Hizo uno en la fecha final de la fase de grupos ante Atlético Juventud Alianza de San Luis y señaló nada menos que 11 en los 7 partidos de la rueda final, redondeando la escalofriante cifra de 60 tantos en un solo año.

Con el paso de los años y la pronta emigración de los jóvenes y buenos valores de nuestro fútbol, uno estima que aquella marca permanecerá por siempre. Señalado muchas veces en forma burlona por cierta torpeza, Scotta fue un goleador excepcional, que merece un justo lugar dentro del profesionalismo argentino, ya que en la máxima categoría dejó su sello con 152 tantos, más otros 63 en el fútbol del ascenso y muchos en el fútbol español. Se lo ganó y de la mejor manera. Haciendo gritar gol.

20 de noviembre de 1988: Una jornada para el recuerdo

Jueves, Noviembre 19th, 2009

goyenpenales
Por aquellos días, el fútbol argentino de primera división experimentaba por primera y única vez en su historia, un especial cambio en el reglamento: se le otorgaban tres puntos al vencedor de un partido, pero si el cotejo finalizaba igualado, este debía tener una definición por penales, para otorgar una unidad más al triunfador, a la que ya tenía los conjuntos que habían igualado.

Con 10 fechas disputadas, el líder era Racing, seguido a dos puntos por la gran revelación de la competencia: el Deportivo Español dirigido por Carlos Aimar. En aquella tarde del 20 de noviembre, la “academia” visitó a Argentinos Juniors en campo de Ferro Carril Oeste, con una promesa de buen fútbol que se plasmó el césped.

A los nueve minutos ya igualaban en uno por las conquistas de Wálter Fernández y Carlos Ereros. A los 24, Carlos Espósito mostró dos tarjetas rojas por agresión, que dejaron al espectáculo sin dos grandes animadores: Fernando Redondo y Rubén Paz.

Apenas iniciado el complemento, Ramón Medina Bello puso en ventaja a la visita, pero inmediatamente niveló Silvio Rudman. El marcador no se modificó hasta el final y entonces fue necesaria la ejecución de tiros desde el punto del penal para determinar quien se quedaba con el punto extra.

Las nubes que encapotaban el cielo de la Capital Federal llevaron a encender las luces artificiales del estadio de caballito. Y fue una buena medida, porque aún quedaban muchos minutos por delante. Los dos primeros remates fueron malogrados, por Wálter Fernández y Oscar Dertycia, pero a partir de ese instante se observó una singular eficacia, con conversiones por parte de todos los futbolistas, incluidos los arqueros uruguayos Carlos Goyén y Julio Balerio.

Wálter Fernández inició una nueva tanda en forma exitosa poniendo el 10-9 y todos siguieron su camino hasta el penal número 32, igualados en 15. Recién allí llegó el primer remate atajado, por parte de Goyén a José “chupete” Vásquez, dándole la chance a Ereros de convertir para ganar, pero su débil disparo se encontró con el pie izquierdo de Balerio. El agotamiento de todos era denominador común. Nadie se movía de sus lugar, más por el hecho de estar presenciando un acontecimiento histórico, que por lo que efectivamente sucedía en el arco que da a la Avenida Avellaneda.

Wálter Fernández fue por tercera vez y puso a Racing 19-18, pero Sergio González niveló con el siguiente. Parecía que iban a patear hasta el lunes, pero los reflejos de Carlos Goyén lo hicieron moverse hacia su derecha y contener el disparo de Mario Videla. Ahora parecía que si, que se definía la historia. Y fue así, cuando Jorge Gáspari, colocó con precisión el balón lejos de Balerio, con la noche ya instalada en el cielo porteño.

Las radios transmitían el triunfo de los “bichitos” por 20 a 19 y confirmaban que era el partido más largo de la historia del fútbol argentino, pero al mismo tiempo que se definía en caballito, terminaban de salir del vestuario visitante de la “bombonera” los jugadores de San Martín de Tucumán, que en una memorable actuación, había goleado a los locales por 6 a 1.

Boca pretendía llegar a la punta y el hecho de ser local ante el irregular elenco tucumano, le abría una gran posibilidad. La correcta expulsión de Juan Simón a los 24 minutos, por una violenta infracción sobre Troitiño, trastocó todos los planes. San Martín se fue animando y los goles llovieron uno tras otro en la red de Carlos Navarro Montoya.

Jorge López de penal, Dante Unali en dos oportunidades y Antonio Vidal González en tres ocasiones, dejaron sus nombres y apellidos en la historia. Wálter Perazo fue el autor del único del equipo dirigido por José Omar Pastoriza.

En medio de una jornada con tantos hechos relevantes, el hincha de fútbol se hizo un alto para festejar por otro deporte. Al promediar los primeros tiempos, en todas las canchas se escucharon aplausos, cuando las radios informaron del primer gran título de Gabriela Sabatini. Fue en el Madison Square Garden, al superar en la final del Masters a Pam Shriver por 7-5 6-2 6-2.

Una fecha que tuvo de todo: sorpresa, record, actuaciones memorables y hasta el festejo del futbolero por lo que pasaba en otro deporte. Sin dudas, una jornada para el recuerdo.

En una polémica y dramática definición, Platense se salva del descenso ante Lanús

Martes, Noviembre 17th, 2009
Platense

Platense

El 16 de noviembre de 1977, Platense y Lanús dirimieron el tercer descenso del Metro luego de 120 minutos y 22 penales ejecutados. Noche histórica en el viejo gasómetro.

El campeonato Metropolitano de 1977 fue el de mayor cantidad de fechas del profesionalismo. A lo largo de 46 jornadas y nueve meses River fue el campeón y Ferro Carril Oeste y Temperley perdieron la categoría. Pero el reglamento establecía tres descensos y por eso el último casillero se debía determinar en un desempate entre Platense y Lanús, que habían igualado en 38 puntos.

El match debía disputarse en terreno neutral y el viejo estadio de San Lorenzo fue el elegido. La batalla comenzó a las 21 horas y luego de los 90 minutos reglamentarios, más los 30 de tiempo suplementario, las vallas permanecieron invictas. Con el pitazo final del juez Barreiro, llegó la hora de los penales.

Era un momento sublime, donde el cansancio y la tensión serían protagonistas al igual que cualquiera de los 22 futbolistas. La serie la inició con certeza Miguel Arturo Juárez, poniendo a los “calamares” en ventaja. Orlando Cárdenas, delantero de Lanús rezaba de rodillas frente a una imagen de la Virgen de Luján en el centro del campo. Debió dejar esa mística postura para dirigirse al punto de sentencia. Lentamente llegó y anotó: 1-1.

A partir de ahí y con gran eficacia, ejecutaron Belloni, Pachamé, Osvaldo Pérez, Ribecca y Ulrich. Siete pateados con la misma cantidad de convertidos y la chapa con Platense arriba 4-3. El remate de Coria es detenido por Osmar Migelucci, dejando al “marrón” en la antesala de quedarse en primera. Gianetti toma carrera, llega y su ejecución se encuentra con las manos de Rubén Sánchez. El llanto de Gianetti se mezcla con la incipiente tormenta que cubre el cielo de Boedo. Ahora es Moralejo el encargado y su conquista pone paridad y un alivio para Lanús: 4-4 y tanda de dos por bando.

El otro Juárez de Platense, Miguel Ángel anota y a continuación nuevamente se luce Migleucci conteniendo en envió de Benejú. Algunos avezados ya festejan la salvación “calamar”, la mayoría prefiere esperar el disparo de Niro… y lo bien que hicieron, porque éste lo desvía. El drama crece hasta límites insospechados. ¿Quién se queda en primera? ¿Quién vuelve a los sábados? Guillermo Zárate la coloca con calidad y la chapa marca 5-5.

A continuación, vuelve la eficacia: Rivero, Barrera, Pinasco y Giachello marcan para establecer el 7 iguales. Es el turno de Peremateu, pero el zaguero de Platense está en una camilla. Los jugadores, el técnico Juan Manuel Guerra y el árbitro deliberan, mientras las agujas de los relojes se van acercando a la medianoche. Como puede, el defensor se incorpora y camina hacia el punto penal. Su cabeza indica, pero las piernas están en otro lado. Su tiro se estrella con el poste derecho de Sánchez y golpea el alma calamar.

Por fin, ahora es Lanús el que dispone por primera vez de su chance. Quien toma la responsabilidad es su arquero, Rubén Omar Sánchez, pero su remate débil y al medio, es fácil para Migelucci. Parece que esto no va a terminar nunca. El turno ahora es para el guardameta “marrón”, pero se altera el orden y vuelve a ejecutar Miguel Arturo Juárez, sin que Migelucci lo haya hecho. Esta situación no es advertida por el árbitro y posteriormente derivaría en un juicio que la entidad del Sur le ganaría a la AFA.

El “negro” Juárez revienta las redes y pone el 8-7. ¿Definitivo? Si, increíblemente definitivo, porque el disparo de Cárdenas va sobre la derecha de Migelucci, que se estira hacia allí cuan largo es, para aferrarse a esa pelota y decretar el final. Lágrimas de un lado y del otro, como en la comedia y la tragedia, porque este partido tuvo de todo. Migelucci toma la pelota y se golpea el pecho de cara a su tribuna. Es su revancha, porque la noche anterior, en la casa del técnico Guerra habían recibido un llamado intimidatorio: “Migelucci se vendió contra Chacarita, si mañana juega, les quemamos la casa”. Ante tanta cobardía, sobresalió la hombría con mayúsculas de Guerra para ponerlo y del arquero para sobreponerse a todo.

Lanús se fue a la B, más tarde a la C y recién regresó a primera en 1990. Platense fue la contratara, ya que a partir de aquella noche de Boedo, inició una serie histórica de salvadas del descenso, que recién se cortó en 1999, cuando perdió la categoría.

Alegría, tristeza, 120 minutos, 22 penales para una noche ya lejana, pero eterna en el recuerdo del futbolero argentino.

La tarde que el “gordito” se comió la cancha

Viernes, Noviembre 13th, 2009

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Hace 29 años, Hugo Gatti respondió a una pregunta sobre Diego Maradona y sus palabras quedaron en la historia. Si eso mismo hubiese pasado en la actualidad, el “circo mediático” hubiera sido interminable.

9 de Noviembre de 1980. El campeonato nacional arribaba a sus instancias decisivas con un equipo que era la gran revelación y el de mejor rendimiento: Argentinos Juniors. La explicación era que contaba con el as de espadas, un Diego Armando Maradona en un nivel superlativo, quizás el mejor de toda su carrera, comparable al de Nápoli y al de los gloriosos días de México `86.

Boca Juniors era la contratara. En el metropolitano, luego de haber disputado una pésima primera rueda, levantó sus acciones en la segunda parte, para ponerse a cubierto de un descenso que en varios momentos, se asomó con una posibilidad demasiado cercana. En el Nacional tenía una versión levemente mejorada, pero igual no le alcanzaba para estar en la pelea.

El periodista santafesino Oscar Bergesio le había realizado una entrevista a Hugo Gatti en aquella provincia para el diario “El Litoral”, que el vespertino “La Razón” reprodujo el sábado 8 de noviembre, en la víspera del choque Argentinos – Boca. En esa nota, interrogado sobre la gran figura del fútbol argentino del momento, el “loco” respondió: “Maradona es un muy buen jugador, el mejor de la actualidad, a quien se está inflando de una manera increíble. Me preocupa su estado físico, porque tengo la sensación de que en pocos años no va a poder controlar su tendencia a ser un gordito”.

con-gatti-1980Para la historia quedó como que el arquero había dicho que Diego era un “gordito”. Jorge Cysterzpiler, por entonces representante del astro, le tocó el amor propio a su amigo: “Después de estas declaraciones le vas a meter dos goles, no?”. “No Jorge, sentenció Maradona, le voy a meter cuatro”.

La tarde sobre Liniers se mostraba nublada y extrañamente fría por tratarse de noviembre. Pero el calor de las tribunas le ponía clima a la previa del match. Boca se jugaba una de sus últimas fichas intentando seguir con chances, mientras que Argentinos sabía que si se quedaba con los dos puntos, se clasificaba para la fase final.

Diego demostró ser un hombre de palabra, porque con una actuación descomunal, propia de su magia incomparable, convirtió cuatro goles, uno mejor que el otro, para una inolvidable victoria por 5 a 3. Fue el último en irse del campo de juego y cuando se retiraba, escuchó como la hinchada de Boca lo ovacionaba. Fue una premonición, porque ese día comenzaron a sentarse las bases de un romance, que al año siguiente, llegaría a lo más alto, cuando Maradona se calzó la casaca azul y oro, para conquistar el título de campeón

A 10 del 100

Jueves, Noviembre 12th, 2009

Palermo_100Mañana se cumplen 10 años. El sábado 13 de noviembre de 1999 en la cancha de Colón de Santa Fe, Martín Palermo marcó su gol número 100 por torneos de AFA. Pero fiel a su estilo, a su incomparable historia, no fue un partido ni una conquista más en su vida.

En aquella 14ª fecha del Torneo Apertura 1999, Boca visitó a Colón cuando estaba en el segundo puesto, tres puntos detrás de River. El equipo de Carlos Bianchi, por esos días, sufría dos bajas muy importantes por lesiones: las de Mauricio Serna y de Guillermo Barros Schelotto. Pese a ello mantenía el andar y la estructura que lo había llevado a ser bi campeón de la temporada anterior.

En la noche santafesina se habían disputado apenas 15 minutos, cuando Palermo intentó interceptar en forma vehemente un rechazo del defensor Pablo Ricchetti. Luego del choque, la pierna derecha delantero cayó y al pisar mal en el irregular suelo del “cementerio de los elefantes”, se produjo la torcedura en la rodilla.

A pesar de esto y con evidentes molestias para correr y para trasladarse, Martín sigió en el campo de juego, quizás con el secreto anhelo de poder hacer realidad su grito número 100. Y el deseo se hizo realidad ocho minutos más tarde: Gustavo Barros Schelotto avanzó por la derecha y habilitó a Diego Cagna, quien llegó hasta el fondo y envió un centro, que fue rechazado en forma defectuosa por la defensa local.

El balón le cayó a Sebastián Battaglia y este cedió de primera a Juan Román Riquelme, quien habilitó de manera estupenda a Palermo. Superando la mala aplicación de la ley del off side de la zaga, Martín se acomodó y en forma heterodoxa sacó un esquinado remate que superó la resistencia de Leonardo Díaz y se convirtió en gol.

Pero no era uno más. Era el esperado gol número 100 de su ya exitosa carrera. Era el 14ª tanto en 13 partidos disputados en ese certamen, con una media superior a 1 por encuentro. Fue saludado alborozadamente por sus compañeros, pero el rostro del artillero era la mezcla exacta de lo que pasaba por su cabeza: una inmensa felicidad por la marca alcanzada y un infinito dolor, por esa lesión que el ya suponía delicada.

Boca finalmente se impuso por 2 a 1 y llegó momentáneamente a la punta, pero por apenas 24 horas, porque al día siguiente River venció a Gimnasia 2 a 0 y se instaló nuevamente en lo más alto de las posiciones.

Mientras el club de Núñez ganaba en su estadio, el cuerpo médico de Boca daba a conocer en las instalaciones de Brandsen 805 el diagnóstico definitivo: “Martín Palermo ha sufrido el desgarro del ligamento cruzado anterior de la pierna derecha. La operación se hará lo más pronto posible, en cuanto se desinflame la rodilla. Su recuperación demandará entre 6 y 9 meses”.

En silencio, el goleador trabajó con los kinesiólogos y médicos para volver a las canchas de la mejor manera. La continuación de la historia es bien conocida: poco más de 6 meses más tarde, en la noche del 24 de mayo de 2000, se produjo el ansiado regreso y fue a la manera de la vida de Palermo: con un golazo inolvidable a River en la “bombonera”, que selló el 3-0 y el pasaporte a las semifinales de una Copa Libertadores que marcó el inicio de una brillante serie de éxitos internacionales de Boca Juniors.

Los años que siguieron fueron fieles a la historia de Martín: situaciones extremas, momentos buenos y malos dentro y fuera de las canchas, pero siempre detrás de un denominador común, de ese alimento que los delanteros de raza necesitan y que tiene apenas tres letras, pero que saben como ningún otro: GOL.

Los recuerdos que trajo el triunfo de Banfield en cancha de San Lorenzo

Martes, Noviembre 10th, 2009

BanfieldCada partido es una historia nueva y distinta a las demás. Pero en algunos casos, ciertos resultados dejan elementos para el análisis y en otros, disparan varios recuerdos. Es el caso de la victoria de Banfield en cancha de San Lorenzo, un hecho que no se producía desde hacía 13 años. Aquella de agosto de 1996 fue una jornada con muchas cosas para rememorar.

Fue la primera fecha del Torneo Apertura 1996, que tenía como gran atracción el hecho que por primera vez luego de haber sido ambos técnicos de la selección argentina, Carlos Salvador Bilardo y César Luis Menotti iban a dirigir en el mismo torneo. El “narigón” a Boca y el “flaco” a Independiente.

Como quedó dicho, Banfield se impuso a San Lorenzo por 1 a 0 con gol de Mariano Campodónico, en la que había sido la última victoria del “taladro” como visitante del “ciclón” hasta el domingo pasado. Pero el detalle curioso, es que estos adversarios se habían enfrentado en esa misma cancha, apenas 13 días antes y el score había sido similar, en ese caso con gol de Andrés Malvestiti. Banfield estuvo 13 años sin ganar en el Nuevo Gasómetro, luego de haberlo hecho dos veces en dos semanas. Increíble.

Aquel partido del gol de Campodónico, marcó el final del segundo, extenso y exitoso ciclo de Héctor Veira como entrenador de San Lorenzo, donde había conseguido el título en el Clausura 1995. La fecha siguiente estuvo como interino Roberto Mariani y luego asumió el cargo Carlos Daniel Aimar.

Una curiosidad más de ese match consistió en que fue el último encuentro de Roberto Monserrat en el club de Boedo y de Julio Cruz en Banfield. A partir de la jornada posterior, ambos fueron compañeros en River y se consagraron campeones del certamen.

En cancha de Racing, Rosario Central superó por 2 a 0 a Racing con goles de Eduardo Bustos Montoya y Rubén Da Silva. Cuatro días antes, el elenco de Avellaneda había conseguido clasificarse a la Copa Liebrtadores del año siguiente, superando en un desempate a Gimnasia. Pese a este éxito, Miguel Brindisi dejó su cargo luego de la derrota con el cuadro rosarino y su lugar fue ocupado por Alfio Basile.

El esperado regreso de César Menotti al fútbol argentino no pudo ser mejor: en campo de Ferro, Independiente superó al local por 3 a 0 con las conquistas de Francisco Guerrero, Claudio Arzeno y Ángel “matute” Morales. Menotti realizaría una buena campaña, al punto de ser sub campeón de River Plate.

En las antípodas estuvo su archirival Carlos Bilardo, que tuvo un flojo desempeño a cargo de Boca Juniors, dejando su lugar antes del final del certamen. Para afrontar ese Torneo Apertura 1996 incorporó 14 futbolistas, 8 de los cuales debutaron en esa primera fecha, en una victoria ante Estudiantes en cancha de Vélez por 3 a 2. Ellos fueron: Néstor Lorenzo, Fernando Cáceres, Julio Toresani, Diego Cagna, Roberto Pompei, Néstror Cedrés, Sebastián Rambert y Diego Latorre, que retornaba al club.

Los otros 6 eran Sandro Guzmán, Cristian Dollberg, Mauricio Pineda, Facundo Sava, Silvio Carrario y Hugo Guerra.

Como apostilla final queda el excelente partido que disputaron los dos equipos recién ascendidos. En Corrientes, Huracán de esa provincia fue goleado 6 a 3 por Unión de Santa Fe. Todos los goles del local fueron marcados por un delantero uruguayo que debutó esa tarde en el fútbol argentino: Josemir Lujambio.

Una primera fecha con muchos matices. Quizás poco recordada, pero que el éxito de Banfield en el Bajo Flores, nos devolvió desde el olvido.

Hace 20 años terminaba el torneo más largo en la historia de primera división

Sábado, Noviembre 7th, 2009

batibk4A lo largo de sus 78 años de profesionalismo, el fútbol argentino ha pasado por todo tipo de sistemas, estructuras para el desarrollo de sus certámenes: torneos largos, cortos, por zonas, aperturas, clausuras, con una liguilla, con dos, sin descensos, con promociones y varios etcéteras más.

El pasado 31 de octubre se cumplieron 20 años de la finalización del campeonato de la temporada 1988/89, el más extenso de la historia de primera división, ya que había comenzado el 11 de septiembre de 1988, por lo que duro casi 14 meses.

Aquel día de octubre 1989, River y San Lorenzo igualaron en cero en el estadio monumental por la final de la liguilla y ese resultado le permitió al club de Núñez clasificarse para la Copa Libertadores 1990, ya que había triunfado en la ida por 1 a 0 con gol de Gabriel Batistuta en cancha de Huracán.

Recordemos de que manera se llegó a una duración tan extensa. El reglamento establecía que los 20 equipos iban a jugar todos contra todos: el que más puntos sumó (Independiente) fue el campeón y los dos peores promedios (Deportivo Armenio y San Martín de Tucumán), descendieron de categoría.

Los restantes 17 conjuntos, sumados a Chaco For Ever (ascendido por ganar el Nacional B), conformaron las dos liguillas: 8 en la principal o rueda de ganadores y 10 en la de perdedores. Los cuadros que perdían en la primera, pasaban a la segunda.

De este modo se iban eliminando y pasando de fase. San Lorenzo derrotó por 4 a 0 a Boca y fue el vencedor de la liguilla principal, quedando automáticamente clasificado para definir el segundo representante argentino en la Libertadoes 1990 con el ganador de la de perdedores. Este fue River Plate, que cambió de entrenador a mitad de camino, cuando César Menotti le dejó su lugar a Reinaldo Merlo, quien logró el objetivo.

Todo este enjambre de números, nombres, apellidos y datos, dio por resultado una frondosa, interminable y, por momentos, inentendible programación. La temporada siguiente (1989/90) comenzó su desarrollo, mientas la anterior no había finalizado.

Como quedó dicho, la definición entre River y San Lorenzo llegó a fines de octubre de 1989, cuando ya se llevaban jugadas 13 fechas de la temporada 1989/90. ¿Increíble? Quizás si para un país con reglas claras, pero para el fútbol argentino fue apenas una muestra más de su crónica desorganización.

La derrota ante River marcó el final del segundo ciclo de Héctor Veira en San Lorenzo, mientras que Reinaldo Merlo clasificó a River a la copa, pero allí el técnico fue Daniel Passarella, que había participado de la liguilla, pero como jugador “millonario”.

Idas y vueltas de nuestro fútbol. Pasaron 20 años y nada cambió. ¿Cambiarán alguna vez?

Con una campaña inolvidable, San Lorenzo recupera su lugar en primera

Miércoles, Noviembre 4th, 2009

n_san_lorenzo_la_hinchada-392110Rubén Insúa se paró frente al balón esperando la orden del árbitro para ejecutar el penal. Por su cabeza y por la de todo el pueblo “azulgrana” comenzaron a pasar miles de imágenes a gran velocidad de los últimos años en la historia del club.

El último partido en el gasómetro de Avenida La Plata , la pésima campaña del metro 1980, salvando la categoría a dos fechas del final, como preludio de lo inevitable: el temido descenso en el fatídico partido ante Argentinos Juniors en cancha de Ferro, el 15 de agosto de 1981.

Pero aquella tarde del sábado 6 de noviembre de 1982, Rubén Insúa estaba frente al balón, con la responsabilidad de convertir ese penal, para devolver a San Lorenzo a primera. Por un instante, las colmadas tribunas del estadio de Vélez Sársfield, quedaron en silencio. Llegó el pitazo de Rubén Torres y el potente derechazo del rubio mediocampista venció la resistencia de Scorza, arquero del El Porvenir, poniendo el 1-0, que a la postre sería el resultado final y el pasaporte a jugar nuevamente los domingos.

La historia de San Lorenzo en la Primera B había comenzado el domingo 7 de febrero en el campo de Ferro, con una victoria por 2 a 1 ante Gimnasia. Pero lo que más llamó la atención fue la extraordinaria respuesta del público, que no dejó ni un lugar libre en el estadio de caballito.

La escena de gradas atestadas de azul y grana se iba a repetir cada sábado y en todos los estadios. Las primeras cinco presentaciones dejaron la misma cantidad de victorias y la racha se cortó en la 6° ante Tigre en el estadio monumental con un empate en un tanto.

La campaña se inició con Juan Carlos Lorenzo en el banco de suplentes, quien fue reemplazado en el cargo por José Yudica en la 19ª fecha. La marcha efectiva se mantuvo, al tiempo que se consolidaban los reflejos de Rubén Cousillas en el arco, la dinámica de Rubén Insúa en el medio campo, la habilidad sin zona específica de Jorge Rinaldi y los goles de Héctor Raúl López.

La fiesta estuvo lista siete días antes de la consagración, pero un empate en cero con Deportivo Español la postergó una semana. Entonces llegó el momento. La tarde soñada y esperada durante un año, se hizo presente en el barrio de Liniers, que parecía Boedo y en los escalones y plateas del José Amalfitani que tenía enormes similitudes con los añorados tablones de Avenida La Plata.

El partido fue suspendido a los 87 minutos, por una incontenible invasión de público. Algunos aislados incidentes no pudieron opacar la legítima fiesta “sanlorencista”, que se extendió varias horas, hasta que las luces de un nuevo día ya alumbraban todo el barrio.

Esas luces iluminaban la esperanza de volver a ser de primera, luego de un año de sufrimientos por las canchas del ascenso. San Lorenzo se calzó la “pilcha” laburante durante toda la temporada y supo adaptarse a una categoría diferente a la que estaba acostumbrado. La gente dio todo, no pidió nada y agradeció con una respuesta que todavía hoy, 26 años después, sigue llenando de asombro.

Esas gargantas que entonaban un canto esperanzado y premonitorio: “que Boedo ya se va de la B, para nunca más volver”. Y así fue. Recuperó su lugar en la máxima categoría y se quedó para siempre. Porque era y es su lugar.