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Independiente conquista el Nacional 1977 con una hazaña inolvidable

Lunes, Enero 25th, 2010

independiente78
Pasan los años, cambian las modas y los estilos, pero cada vez que un equipo logra remontar un resultado con menos jugadores que su rival, la referencia a aquella noche del 25 de enero de 1978 se hace ineludible.

Fue un mes muy destacado en el ámbito deportivo. El día 5, Guillermo Vilas disputó uno de los mejores partidos de la historia del tenis al superar a Jimmy Connors en tres sets, por el Masters, jugado en el Madison Square Garden de Nueva York. El fin de semana siguiente fue inolvidable: el sábado, en los salones del Teatro San Martín, se desarrolló el sorteo del Mundial y el domingo, en el autódromo de la ciudad de Buenos Aires, comenzó el campeonato de Fórmula, con el triunfo del Lotus de Mario Andretti.

Mientras todos estos acontecimientos se sucedían, el torneo Nacional de 1977 desandaba sus instancias finales, pese a estar ya en los primeros días de 1978. El Metropolitano había sido el más extenso de la historia (46 fechas) y por ello el Nacional arrancó en noviembre. Se jugó miércoles y domingo durante dos meses, para arribar a la fase decisiva.

En una de las semifinales, Independiente venció a Estudiantes y en la otra Newell´s fue superado por el equipo que mejor fútbol había disputado y que era el preferido del público: Talleres de Córdoba.

La primera final tuvo como escenario el estadio de Avellaneda. En un partido parejo y con escasas llegadas a los arcos, el resultado fue un empate en un tanto con goles de Trossero y Cherini, ambos de penal.

Como el gol en calidad de visitante tenía doble valor, un cierto clima de triunfalismo anticipado fue ganando a los simpatizantes de Talleres. La igualdad en Buenos Aires, habiendo conseguido un tanto y la posibilidad de cerrar la serie de local, alimentaban la ilusión.

Los hinchas de otros equipos de las provincias se veían identificados, porque la victoria de la “T” podía significar el primer título de un equipo del interior indirectamente afiliado a la AFA.

Con un lleno total y un enorme clima de final comenzaron las acciones en el Barrio Jardín. A los 29 minutos, un centro enviado desde la izquierda por Omar Larrosa, fue bajado por Enzo Trossero y enviado a la red por un certero cabezazo de Norberto Outes. Pese a la desventaja, los locales no se apartaban de su estilo de juego de pelota al piso y bien jugada, a partir del genio creativo de José Daniel Valencia.

A los 15 minutos del complemento el juez Barreiro sancionó un penal para Talleres que Cherini, al igual que cuatro días antes, cambió por gol. El marcador empatado en uno dejaba las cosas iguales pero a los 74 llegó la jugada que marcó un antes y un después en este match: Ángel Boccanelli saltó rodeado de dos defensores de Independiente y envió la pelota al fondo de la valla defendida por Rigante. Para el árbitro había sido con la cabeza, para los jugadores “rojos”, claramente había sido impulsada con la mano.

Las protestas subían de tono y entonces Barreiro expulsó a Enzo Trossero, Omar Larrosa y Rubén Galván. Los dirigentes querían retirar el equipo de la cancha, pero la frialdad y experiencia de José Omar Pastoriza fueron decisivas. Calmó a todos e hizo dos cambios vitales, ya que mantuvo el esquema de tres delanteros, poniendo a Bertoni y Biondi por los punteros Brítez y Magallanes.

A partir de esa convicción, sus hombres fueron al ataque, sin importar la inferioridad numérica. Emocionaba ver el esfuerzo de esos ocho que parecían once, contra once que parecían un poco menos. A siete del final, llegó una monumental pared entre Biondi, Bertoni y Bochini, que este último, con su categoría acostumbrada, depositó en la red de Guibaudo con un toque corto.

Delirio de un lado, impotencia del otro. Quedaban seis minutos, que fueron de un ataque desesperado de los locales y de una heroica defensa de la visita. El pitazo final provocó la locura de los hinchas y jugadores de Independiente, que acababan de concretar una hazaña inédita.

Luego llegó la vuelta olímpica, coronada por el respetuoso aplauso del público cordobés. Era 25 de enero, el día que Bochini cumplía sus 24 años. Pero el “bocha” siempre fue muy especial y para confirmar eso, el día de su cumpleaños, en lugar de recibir los regalos, el le hizo uno maravilloso a todo el pueblo de Independiente.

El histórico pase de Gareca y Ruggeri de Boca a River

Miércoles, Enero 20th, 2010

Gareca Ruggeri
Un cuarto de siglo ya. El caluroso enero de 1985 trajo altas temperaturas y copiosas tormentas, pero no sólo en el aspecto climático. En el ámbito del fútbol, aquellos días transcurrieron de igual manera, con la controvertida transferencia que involucró a Ricardo Gareca y Oscar Ruggeri, dos de las máximas figuras que tenía Boca, nada menos que a River.

El club “xeneize” había atravesado en 1984 el peor año de su rica historia. A los graves problemas económicos que sufría desde la época de la compra de Maradona, se le sumó una enorme crisis política, que pronto sacó de su sitio a Domingo Corigliano (Presidente electo a fines de 1983). Como lógica consecuencia de ello, la labor futbolística fue muy pobre, al punto de finalizar entre los últimos de la tabla.

La falta de respuestas por parte de la dirigencia ante los reclamos de los futbolistas para actualizar o renovar sus contratos, fue llevando la situación hasta un punto sin retorno y hacia octubre de 1984, aquellos se declararon en huelga, teniendo que afrontar el club diez fechas con un equipo integrado por juveniles, que no estaban preparados para esa situación.

Ricardo Gareca y Oscar Ruggeri, junto a Hugo Gatti, eran las figuras más destacadas de ese plantel. Al no llegar a un acuerdo, los dos primeros firmaron su renovación contractual por el 20% y por ello, a fines de aquel año, debían quedar en libertad de acción. Pero como el club les había hecho un aumento de sueldo, sus dirigentes se ampararon en esto para no darles el pase en blanco.

Intervino Futbolistas Argentinos Agremiados y como no hubo acuerdo, se decretó una huelga, que se inició en la tarde del viernes 18 de enero de 1985, apenas cuatro horas antes del inicio del torneo de verano en Mar del Plata entre Boca e Independiente.

Luego de dos semanas de intensas negociaciones, finalmente el viernes 1 de febrero, se selló la doble transferencia, una de las más importantes en la historia del fútbol argentino. Como compensación y en un acuerdo entre los directivos, River le cedió a Boca los pases de Julio Olarticoechea y Carlos Tapia.

El domingo 19 de febrero, con el inicio del último torneo nacional de la historia, Gareca y Ruggeri debutaron oficialmente en River, en una victoria en el estadio Monumental por 3 a 1 ante Cipolletti de Río Negro.

Las historias de ambos con la banda roja fueron bien distintas. Gareca apenas disputó ese torneo y luego fue transferido al América de Cali, donde cumplió excelentes faenas, en un equipo múltiple campeón local y tres veces sucesivas finalista de la Copa Libertadores. Ruggeri, por su parte, estuvo en el club de Núñez hasta mediados de 1988, cuando pasó al Logroñés. Fue parte fundamental de la estructura del inolvidable cuadro que en 1986 ganó todo: torneo local, Copa Libertadores y Copa Intercontinental.

Las vueltas del fútbol los volvería a juntar con la camiseta de Vélez, en los inicios de la década siguiente. Ambos seguirían tan ganadores como siempre, consagrándose campeones en San Lorenzo (Ruggeri) y en Independiente (Gareca), pero sin dudas que aquel paso de Boca a River fue uno de los momentos más significativos de sus carreras.

Inolvidables partidos olvidados (Capítulo 4)

Martes, Enero 12th, 2010

ComasRacing
El mapa futbolero nacional de principios de 1988 se mostraba con varios cambios en su geografía. El más resonante de los casos fue el fin del ciclo de José Omar Pastoriza al frente de Independiente, luego de varias temporadas, para convertirse en entrenador de Boca Juniors, que había tenido un año muy convulsionado.

A comienzos de 1987 había contratado a César Menotti, quien luego de un espectacular comienzo y muy buenas actuaciones, dejó el cargo con una mezcla de misterio y falta de compromiso con su palabra. Sin reponerse de ese impacto, los dirigentes llevaron a Roberto Marcos Saporiti, quien apenas estuvo cinco partidos en el cargo, que fue ocupado por Juan Carlos Lorenzo. Este tuvo un opaco ciclo, muy lejano del exitosísimo de otrora. Ahí le llegó el turno a Pastoriza.

El lugar del “pato” fue para Jorge Solari en el banco de los “rojos”. Tremendamente resistido en el inicio, fue férreamente apoyado por la dirigencia encabezada por Pedro Iso y en la temporada 1988/89 obtuvo el certamen en forma brillante.

En enero de 1988 se disputó la tradicional Copa de Oro en la ciudad de Mar del Plata. La casualidad quiso que Boca e Independiente se enfrentaran en la jornada inicial y el resultado fue un empate en 2.

El jueves 14, Boca y Racing animaron el tercer match de la competencia, luego de otra igualdad, en este caso, entre la “academia” y River. El elenco de Avellaneda tenía un gran equipo (el mejor, a mi juicio de los últimos 40 años del club) y estaba puntero en el torneo local.

A los 14, con su clásica pericia para aprovechar cada situación propicia en el área rival, Jorge Comas marcó la apertura del marcador para el equipo “xeneize”. Cinco minutos más tarde, Humberto “coyita” Gutiérrez le cometió una dura infracción a Miguel Colombatti, quien reaccionó y Abel Gnecco le mostró la tarjeta roja a ambos.

Sobre la media hora de juego, José Raúl Iglesias, en evidente posición adelantada, marcó el empate, que fue convalidado por el árbitro. Esto desató la furia de los futbolistas de Boca, que se abalanzaron sobre el juez. Por la protesta fue expulsado Enrique Hrabina y amonestado Hugo Gatti quien, molesto por la sanción, empujó a Gnecco, quien no dudó en mostrarle la roja.

Quedaba una hora de juego y el partido ya no era tal, porque estaban 10 contra 8. Pastoriza tranquilizó a sus jugadores, ordenó las piezas mandando a Fabián Carrizo a la línea de fondo y tratando de controlar la pelota, aprovechando algún pique solitario de Comas, única punta, ya que Graciani debió dejarle su lugar al arquero suplente Sergio Genaro.

El primer tiempo ya se iba y allí llegó la gran sorpresa de la noche marplatense. Se produjo un corner para Boca sobre la derecha y, como era costumbre, Jorge Comas se dirigió a ejecutarlo. Lo hizo con tanta calidad y precisión, que su remate se incrustó junto al poste izquierdo de un sorprendido Ubaldo Fillol. Gol olímpico festejadísimo por un equipo que parecía sacar fuerzas de flaquezas.

A los 10 minutos del complemento, un defectuoso saque de arco de Genaro fue capitalizado por el “toti” Iglesias que la envió al fondo del arco. Lo que siguió fue una enorme impotencia de Racing, que no podía hacer valer sus dos hombres de más y la grandeza de los ocho futbolistas rivales, que cuidaron cada pelota y la jugaron con criterio y decisión.

Jorge Rinaldi y Milton Melgar fueron los abanderados de esto, contagiando a sus compañeros. Llegó el pitazo final de Gnecco y el repleto estadio mundialista de Mar del Plata le brindó una merecida ovación a esos jugadores, que habían sacado un buen resultado, que unos días más tarde le permitiría ganar el certamen, al vencer a River por 1 a 0 con gol de Graciani, en la fecha final del cuadrangular.

Fue un buen comienzo para Pastoriza en el banco de Boca. Parecían hechos el uno para el otro, pero el tiempo, la falta de resultados y algunas decisiones del entrenador, hicieron que dicha historia no tuviera el felíz final que tuvo el inicio del ciclo.

El día que la Selección Argentina jugó un 1 de enero

Viernes, Enero 1st, 2010

FillolSin dudas que es una fecha poco habitual por estas latitudes para la disputa de encuentros oficiales y mucho menos, de selecciones. Sin embargo, el 1 de enero de 1981, Argentina y Alemania se enfrentaron en el Estadio Centenario de Montevideo.

Con motivo de festejar el cincuentenario de la obtención del primer mundial de la historia, Uruguay decidió organizar un petit torneo denominado “Mundialito” con la idea que estén presentes las seis selecciones que hasta ese momento se habían consagrado campeones del mundo.

Cuatro le respondieron que si al anfitrión (Argentina – Brasil – Italia y Alemania) mientras que Inglaterra desechó la invitación. Su lugar fue ocupado por Holanda, que había sido sub campeón en las dos últimas ediciones del máximo torneo: Alemania 1974 y Argentina 1978, en ambas ocasiones, cayendo con el país organizador.

Ya le quedaban pocas hojas al almanaque de 1980, cuando se inauguró el certamen. El 30 de diciembre, Uruguay se impuso por 2 a 0 a Holanda con tantos de dos de sus delanteros: Venancio Ramos y Waldemar Victorino.

En el primer día de 1981 y ante un Centenario casi completo con 60.000 espectadores, se vieron las caras Argentina y Alemania. Los “albicelestes” tenían un plantel admirable, ya que a la base del campeón del mundo de 1978, se le habían sumado los tres mejores elementos del brillante juvenil de 1979: Juan Barbas, Ramón Díaz y, por supuesto, Diego Armando Maradona.

Sin embargo, el equipo ya comenzaba a mostrar algunos síntomas de falta de renovación y este Mundialito fue el principio de una curva descendente que se profundizaría a lo largo de ese año, desembocando en el gran fracaso de España 1982.

En aquella jornada alistó a Fillol; Olguín, Galván, Passarella, Tarantini; Ardiles, Gallego, Maradona; Bertoni (Luque), Díaz, Kempes (Valencia). Por Alemania lo hicieron: Schumacher; Kaltz, Förster, Briegel, Dietz; Müller, Bonhof, Magath, Allofs;
Hrubesch, Rummenigge.

Sin coordinación y con cierta lentitud, Argentina se vio superada desde el inicio por su rival que abrió el marcador a los 41 por medio del gigante Horst Hrubesch. Para esta competencia, Menotti dispuso que tres jugadores que actuaban en el exterior fuesen convocados: Mario Kempes (Valencia), Daniel Bertoni (Fiorentina) y Osvaldo Ardiles (Tottenham).

El rendimiento de los dos primeros no fue bueno y ambos fueron reemplazados, mientras que Ardiles aportó su acostumbrada dinámica. Como era habitual, los maravillosos reflejos de Fillol salvaron en más de una ocasión la caída de la valla.

Cuando parecía que el partido se iba irremediablemente con victoria alemana, un cabezazo de Daniel Passarella a los 84, fue desviado por Kaltz en la línea, descolocando a Schumacher y poniendo el empate en uno.

Cuando faltaban apenas dos minutos, en una jugada trabajada y que Menotti mostraba en sus micros televisivos (que evidentemente no llegaban a Alemania), Ramón Díaz tomó el balón sobre la derecha, cedió a Valencia y corrió por detrás de este. El volante de Talleres hizo la pausa y le colocó un excelente pase con ventaja, que el delantero de River concluyó con un potente remate por sobre la salida de Schumacher y que se clavó cerca del travesaño.

Fue victoria. Con angustia y sufrimiento. Tres días después, Argentina empató en uno con Brasil y luego debió esperar el resultado entre el “scratch” y los alemanes. Los primeros se impusieron con comodidad por 4 a 1 y avanzaron a la final.

En el cotejo decisivo, Uruguay triunfó por 2 a 1. Barrios abrió el marcador, igualó Sócrates de penal y desniveló Waldemar Victorino, a la postre el goleador del certamen. Dirigido por Roque Máspoli, la “celeste” se dio el gusto de un festejo grande en casa, pero pocos meses después, sufriría la gran desilusión de quedarse fuera de España `82, al caer con Perú en las eliminatorias.

La base de aquel muy buen equipo campeón fue con Rodolfo Rodríguez; Víctor Diogo, Wálter Olivera, Hugo De León, Daniel Martínez; Eduardo De La Peña, Ariel Krasouski, Rubén Paz; Venancio Ramos, Waldemar Victorino, Julio César Morales.