Inolvidables partidos olvidados (Capítulo 5)

por Eduardo Bolaños, el 01/02/2010 a las 15:32

PerazzoEl sábado 4 de febrero de 1984, San Lorenzo e Independiente disputaron en el estadio mundialista de Mar del Plata, en uno de los mejores partidos de la historia de los torneos de verano.

Aquello no fue una casualidad, ya que apenas 40 días antes había finalizado el certamen de Primera División, donde el cuadro de Avellaneda se consagró campeón aventajando por apenas un punto al elenco de Boedo.

Los dos equipos tenían como principal virtud, una extrema vocación ofensiva y excelentes jugadores para implementarla, como Ricardo Bochini, Jorge Rinaldi, Claudio Marangoni, Rubén Insúa, Jorge Burruchaga y Wálter Perazzo, entre los más destacados.

Precisamente este último fue lo mejor de aquellos 30 minutos iniciales en Mar del Plata, marcando dos tantos: el primero al conectar con una volea un centro lanzado por Insúa desde la derecha y el segundo, con una brillante definición, “empalando” la pelota ante la salida de Goyén, luego de una perfecta habilitación de Coudannes.

Con vergüenza, Independiente fue hacia delante y en escasos cinco minutos, igualó el marcador. A los 34 con un clásico tiro libre de Enzo Trossero, violento y de zurda, al palo derecho de Oscar Quiroga y a los 40, con una exacta definición de José Luis Clara, ingresando por la izquierda, luego de superar en velocidad a Hernán Sosa.

José Omar Pastoriza y Héctor Veira eran los entrenadores de esos equipos y tenían como sello distintivo, el ataque, la inspiración de sus futbolistas y pocos resguardos en la faz defensiva.

En esa tónica siguió el partido en la segunda parte y los “rojos” completaron su remontada: Trossero ejecutó un tiro libre, pero no lo hizo hacia el arco, sino que tocó a Bochini, parado en el vértice del área, quien habilitó a Percudani, pero el pase fue interrumpido por un defensor rival y el rebote le cayó nuevamente al “bocha”, que con un zurdazo, puso el 3 a 2.

Con más vergüenza que fútbol, con más ganas que precisión, el “ciclón” adelantó sus líneas, al tiempo que su rival comenzó a acusar el cierto cansancio. Pastoriza no hizo cambios y el empate parecía inminente.

A los 83, Coudannes puso un pase en cortada para Perazzo, este la bajó con el pecho y se le fue un poco larga y allí apareció Rubén Insúa para rematar con violencia por debajo del cuerpo de Goyén, colocando la tercera paridad de la noche. Ya era un partidazo, pero faltaba más.

A tres minutos del final, nuevamente Coudannes con las “pilchas” de armador habilitó a Crespín sobre la izquierda. Se metió en el área, sorteó la salida de Goyén con gambeta hacia fuera y cuando parecía que se le terminaba la cancha, giró al revés y sacó un derechazo que impactó en el hombro de Trossero, para meterse en la valla y decretar el 4 a 3 final.

Fue una verdadera fiesta de fútbol, protagonizada por los dos mejores equipos del torneo del año anterior, que fue un certamen vibrante y poco recordado, donde además de Independiente y San Lorenzo, también se habían destacado Ferro Carril Oeste (tercero a tres puntos) y Vélez (cuarto a cuatro unidades).

Tres días después, San Lorenzo repitió la historia, ya que perdía 2 a 1 con Racing y finalmente se impuso por 3 a 2. Vaya este recuerdo para una memorable noche de las muchas que hubo en el fútbol de verano en la década del `80.

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