Inolvidables partidos olvidados (Capítulo 7)
Martes, Abril 27th, 2010
Hace unas horas, el 26 de abril, se cumplieron 23 años de un encuentro vibrante y definitorio, en el marco de uno de los torneos más parejos y apasionantes del fútbol argentino.
Aquella tarde de 1987, una “bombonera” colmada fue el escenario ideal para un duelo en el que, en 90 minutos, los contrincantes se iban a jugar todo, a escasas dos fechas del epílogo de la competencia.
Es bueno recapitular y poner en contexto a ambos contendientes. Luego de una primera parte de temporada irregular bajo la conducción de Mario Zanabria, Boca había sacudido el ambiente con la contratación de César Menotti a comienzos de año. En momentos de su asunción los xeneizes se encontraban en el 14ª puesto, a 8 puntos de los líderes.
En una arremetida espectacular, ganó los siete primeros partidos con Menotti en el banco y se situó en lo más alto. Aquella 37ª fecha lo encontraba segundo, a un punto de Rosario Central. Su rival estaba apenas una unidad por debajo y era nada menos que Independiente. Para quien esto escribe y para la gran mayoría del ambiente futbolístico, aquel era el mejor plantel de Argentina.
El choque estaba planteado. Todos descontaban que Central iba a vencer a Unión en Rosario (cosa que finalmente ocurrió), por lo que el que perdía se quedaba sin chances de pelear por el título en la fecha final, mientras que el empate, dejaba a los “rojos” con las manos vacías.
Se dio como todos los imaginaban: de ida y vuelta, sin especulaciones y muchas situaciones frente a los arcos. A los 27 llegó la apertura del marcador: luego de una serie de rebotes y tras una gran tapada de Gatti, Barberón llegó al fondo y envió un centro que fue conectado de cabeza por Bochini, para colocarla con su precisión habitual, en el ángulo superior derecho del arco que da al Riachuelo.
Diez minutos más tarde, Ricardo Calabria mostró las dos primeras tarjetas rojas de la tarde y fueron para Hugo Villaverde y Jorge Rinaldi, por agresión mutua, a la espera de un corner.
Apenas iniciado el complemento, Enrique Hrabina envió un centro desde la izquierda, que Carlos Tapia envió al fondo del arco, con un golpe de cabeza, ante la estática mirada de la última línea visitante.
A los 70 llegó la primera gran polémica de la jornada. Desde su llegada, Menotti había aplicado sistemáticamente la ley del off side en su defensa y este encuentro no fue la excepción. Percudani arrancó por la izquierda y cedió de taco a Giusti, quien avanzó hasta el área y cuando le salió Gatti, la tocó hacía su derecha. Por allí apareció Percudani, para marcar el segundo gol.
La soledad de los hombres de Independiente motivó airadas protestas del público y jugadores locales, pero tanto Giusti como el goleador, siempre estuvieron detrás de la línea de la pelota y, por ende, habilitados. Luis Abramovich se fue expulsado y el clima, ya de por si con tintes de final, siguió creciendo.
Tres minutos más tarde, quedaron nueve contra nueve, porque Ricardo Giusti vio la roja por tirar lejos la pelota, luego de una nueva sanción por posición adelantada. El dramatismo aumentaba en las tribunas, ya que la enorme ilusión de la gente de Boca, creada en pocas fechas, se desvanecía inexorablemente.
Hasta que a los 88 minutos, Claudio Dykstra tomó la pelota dentro del área rival y comenzó a girar, buscando el penal. Nadie lo quería tocar, pero Osvaldo Ingrao estiró su pierna y lo derribó. Calabria marcó el penal y esta decisión motivó la ira del entrenador visitante, José Omar Pastoriza que, en una actitud poco convencional, se levantó de su lugar y se retiró de la cancha.
Jorge Comas tomó a su cargo la ejecución y con remate certero, a la derecha de Vargas, anotó su gol número 18 del torneo. Sobre el epílogo, Boca vivía e Independiente parecía definitivamente resignado a dejar escapar nuevamente el título.
Ya no quedaba más tiempo, todos creían que no podía pasar más nada, pero había espacio para algo más. Claudio Marangoni tomó la pelota en su campo y avanzó hasta su hábitat natural, que era el círculo central. Cruzó la mitad de la cancha con pelota dominada y allí le salieron Higuaín y Hrabina, tirándosele a los pies. Con una maniobra digna de su infinita calidad, se pasó el balón de un pie a otro y ambos defensores pasaron de largo. Enfrentó a Gatti y, en lugar de rematar al arco, cedió con un toque corto a Percudani.
Este la envió a la red, en una análoga situación a la vivida en el segundo gol: estaba perfectamente habilitado por estar detrás de la línea de la pelota. La locura invadió a todos en el local, incluso al siempre medido (en sus protestas) Gatti, que se abalanzó sobre Calabria, viendo una de las escasas tarjetas rojas de su extensa carrera.
Llegó el pitazo final. Independiente había ganado un partido inolvidable y seguía con vida. Boca perdió en 90 minutos, la enorme ilusión cimentada en cuatro meses. La semana que viene, el desenlace del certamen…