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Inolvidables partidos olvidados (Capítulo 4)

Martes, Enero 12th, 2010

ComasRacing
El mapa futbolero nacional de principios de 1988 se mostraba con varios cambios en su geografía. El más resonante de los casos fue el fin del ciclo de José Omar Pastoriza al frente de Independiente, luego de varias temporadas, para convertirse en entrenador de Boca Juniors, que había tenido un año muy convulsionado.

A comienzos de 1987 había contratado a César Menotti, quien luego de un espectacular comienzo y muy buenas actuaciones, dejó el cargo con una mezcla de misterio y falta de compromiso con su palabra. Sin reponerse de ese impacto, los dirigentes llevaron a Roberto Marcos Saporiti, quien apenas estuvo cinco partidos en el cargo, que fue ocupado por Juan Carlos Lorenzo. Este tuvo un opaco ciclo, muy lejano del exitosísimo de otrora. Ahí le llegó el turno a Pastoriza.

El lugar del “pato” fue para Jorge Solari en el banco de los “rojos”. Tremendamente resistido en el inicio, fue férreamente apoyado por la dirigencia encabezada por Pedro Iso y en la temporada 1988/89 obtuvo el certamen en forma brillante.

En enero de 1988 se disputó la tradicional Copa de Oro en la ciudad de Mar del Plata. La casualidad quiso que Boca e Independiente se enfrentaran en la jornada inicial y el resultado fue un empate en 2.

El jueves 14, Boca y Racing animaron el tercer match de la competencia, luego de otra igualdad, en este caso, entre la “academia” y River. El elenco de Avellaneda tenía un gran equipo (el mejor, a mi juicio de los últimos 40 años del club) y estaba puntero en el torneo local.

A los 14, con su clásica pericia para aprovechar cada situación propicia en el área rival, Jorge Comas marcó la apertura del marcador para el equipo “xeneize”. Cinco minutos más tarde, Humberto “coyita” Gutiérrez le cometió una dura infracción a Miguel Colombatti, quien reaccionó y Abel Gnecco le mostró la tarjeta roja a ambos.

Sobre la media hora de juego, José Raúl Iglesias, en evidente posición adelantada, marcó el empate, que fue convalidado por el árbitro. Esto desató la furia de los futbolistas de Boca, que se abalanzaron sobre el juez. Por la protesta fue expulsado Enrique Hrabina y amonestado Hugo Gatti quien, molesto por la sanción, empujó a Gnecco, quien no dudó en mostrarle la roja.

Quedaba una hora de juego y el partido ya no era tal, porque estaban 10 contra 8. Pastoriza tranquilizó a sus jugadores, ordenó las piezas mandando a Fabián Carrizo a la línea de fondo y tratando de controlar la pelota, aprovechando algún pique solitario de Comas, única punta, ya que Graciani debió dejarle su lugar al arquero suplente Sergio Genaro.

El primer tiempo ya se iba y allí llegó la gran sorpresa de la noche marplatense. Se produjo un corner para Boca sobre la derecha y, como era costumbre, Jorge Comas se dirigió a ejecutarlo. Lo hizo con tanta calidad y precisión, que su remate se incrustó junto al poste izquierdo de un sorprendido Ubaldo Fillol. Gol olímpico festejadísimo por un equipo que parecía sacar fuerzas de flaquezas.

A los 10 minutos del complemento, un defectuoso saque de arco de Genaro fue capitalizado por el “toti” Iglesias que la envió al fondo del arco. Lo que siguió fue una enorme impotencia de Racing, que no podía hacer valer sus dos hombres de más y la grandeza de los ocho futbolistas rivales, que cuidaron cada pelota y la jugaron con criterio y decisión.

Jorge Rinaldi y Milton Melgar fueron los abanderados de esto, contagiando a sus compañeros. Llegó el pitazo final de Gnecco y el repleto estadio mundialista de Mar del Plata le brindó una merecida ovación a esos jugadores, que habían sacado un buen resultado, que unos días más tarde le permitiría ganar el certamen, al vencer a River por 1 a 0 con gol de Graciani, en la fecha final del cuadrangular.

Fue un buen comienzo para Pastoriza en el banco de Boca. Parecían hechos el uno para el otro, pero el tiempo, la falta de resultados y algunas decisiones del entrenador, hicieron que dicha historia no tuviera el felíz final que tuvo el inicio del ciclo.

Aquella tarde de diciembre de 1982, de penal: NO

Lunes, Diciembre 7th, 2009

Munutti
No fue una jornada más, dentro de un campeonato parejo y con muchas aristas para el recuerdo. La tarde del domingo 5 de diciembre de 1982 contenía la disputa de los 9 partidos de la 27ª fecha del torneo de Primera División y allí se dio la situación que ninguno de los cinco penales sancionados fuesen convertidos.

El detalle que hace más sobresaliente el recuerdo, es que todos los ejecutantes eran especialistas y normalmente, remataban esas faltas en sus equipos.

Estudiantes llegó a esa fecha con un punto de ventaja sobre Independiente. El cuadro de La Plata, en un excelente partido, se impuso como local a Ferro por 2 a 0 y estiró su distancia, ya que los “rojos” apenas empataron sin abrir el marcador en su estadio frente al débil Sarmiento de Junín. A los 44 minutos, Enzo Trossero malogró la posibilidad más clara al desviar un tiro penal.

Boca era el tercero en discordia en esta pelea. Su campaña era desconcertante, ya que había vencido en fila a los tres mejores equipos de ese momento (Independiente – Estudiantes y Ferro) y acto seguido cayó en Junín con Sarmiento, que no había ganado ningún partido en el certamen.

Una semana después, en la citada tarde del 5 de diciembre, fue local con Instituto. Buena ocasión para seguir en la pelea. A los 11, Gareca fue derribado en el área por Beccerica y Juan Bava sancionó el penal. El encargado, como siempre, fue Miguel Brindisi, pero su disparo sobre la izquierda de Carlos Munutti fue desviado por el arquero.

Los “xeneizes” fueron un aluvión sin claridad, que chocó una y otra vez con el guardavalla rival, hasta que a los 79, un remate de Mario Zanabria se encuentra con la mano de Oscar Dertycia y nuevo penal para los locales. Otra vez los mismos actores frente a frente y, como en una escena calcada, Brindisi tiró a la izquierda y allí fue Munutti para detenerle el segundo de la tarde.

Los memoriosos enseguida recordaron que en 1973, jugando para Huracán, “Miguelito” había protagonizado la misma situación ante “perico” Pérez de River. La gris tarde de Boca se volvió definitivamente oscura cuando Oscar Dertycia venció a Gatti con un tiro bajo a cuatro del final, decretando la impensada victoria de los cordobeses.

Quilmes venía de ser sub campeón en el Nacional, pero estaba realizando un mal certamen y se encontraba acuciado por el descenso. Visitó a Vélez, equipo que estaba entreverado en la pelea por los primeros puestos. A los 22 minutos, el equipo local tuvo la chance de abrir el marcador, pero el siempre efectivo Carlos Bianchi, falló un penal que fue atajado por Hugo Tocalli.

El partido parecía morir en cero. Faltaban apenas dos minutos y un mal pase atrás de Lépore fue interceptado por “Carlitos”, que con un remate bajo doblegó a Tocalli para tomarse revancha de lo ocurrido en el primer tiempo y darle la victoria a su equipo.

River Plate, de muy mala campaña, viajó a Córdoba en la, por entonces, siempre difícil visita a Racing de esa provincia. Perdía 1 a 0 y sobre el final, el cuadro local dispuso de un penal. Se paró frente al balón Roberto Gasparini, un verdadero especialista y todos pensaron que con el se cortaba la racha de remates desde los doce pasos malogrados, pero no. Gabriel Puentedura le detuvo su remate, para que aquella jornada del 5 de diciembre de 1982, quedara en la historia. Esa tarde, de penal: NO.

Hace 20 años, Boca ganaba la segunda edición de la Supercopa

Viernes, Noviembre 27th, 2009

GiuntaAquella no había sido una buena década para el equipo “xeneize”. Quizás por ese motivo, festejó tanto ese logro, obtenido el 29 de noviembre de 1989, por penales ante Independiente, que le sirvió para cortar una racha de ocho años sin títulos.

Era un grupo de jugadores con experiencia, tales los casos de Claudio Marangoni, José Luis Cuciuffo, Juan Simón y Wálter Perazzo, entre otros, habían sufrido una gran desilusión al comenzar 1989. En el primer semestre, dirigidos por José Omar Pastoriza, intentaron afrontar dos certámenes al mismo tiempo: el torneo local y la Copa Libertadores.

En el primero llegó a situarse en el liderazgo con cinco puntos de ventaja, pero esa diferencia se fue acortando con el paso de las fechas, al punto de ser alcanzando y luego superado con claridad por Independiente, a la postre el campeón del torneo 1988/89. Al mismo tiempo, quedó fuera de la máxima competencia continental, en una inolvidable serie con Olimpia de Paraguay en los octavos de final.

Dichas frustraciones decantaron el final del ciclo del “pato” de la dirección técnica y su reemplazo por Carlos Aimar. Con el llegaron algunos refuerzos que le dieron identidad al equipo, como Blas Giunta y José Daniel Ponce, más la confirmación como titular de Diego Latorre.

Recordemos que la Supercopa había nacido en 1988, como torneo complementario de la Copa Libertadores y la disputaban todos los clubes campeones de esta última. Boca inició su campaña en los cuartos de final, ante Racing, el defensor del título. En la ida, igualaron sin abrir el marcador en la “bombonera”, pero en la revancha los hombres de Aimar se impusieron por 2 a 1 con goles de Cuciuffo de cabeza y Ponce de penal.

En las semifinales, lo esperaba el Gremio de Brasil. El primer partido, disputado en Porto Alegre dejó un empate en cero que abría buenas perspectivas para el desquite. Allí, la “bombonera” fue una fiesta, a estadio repleto, con una victoria por 2 a 0 con las conquistas de Cuciuffo (nuevamente de cabeza) y un golazo de fuera del área de Marangoni, coronado con el canto del felíz cumpleaños de todo el estadio, ya que “Maranga” cantaba sus 35 noviembres pocas horas después.

La final lo puso cara a cara con Independiente, que era el mejor equipo del fútbol local sin discusión. Pacientemente, Jorge Solari había armado un cuadro sólido, parejo y contundente que, como citamos líneas arriba, era el último campeón argentino. Desarrollando por momentos con un muy buen fútbol, los “rojos” eran los grandes candidatos, a partir de un mediocampo muy bien equilibrado con Ricardo Giusti o José María Bianco, Miguel Ludueña, Rubén Insúa y Ricardo Bochini.

Como en las dos ocasiones anteriores, Boca igualó sin goles el encuentro de ida, pero en este caso ocurrió lo mismo con la revancha, disputada el 29 de noviembre en el estadio de la “doble visera”. Allí, entonces, llegó el turno de los penales.

Los primeros siete remates fueron de una gran efectividad, ya que convirtieron Ponce, Bianco, Marchesini, Altamirano, Latorre, Insúa y Stafuzza. Con el score 4-3 para Boca, Luis Artime acomodó el balón y sacó un disparo sobre la izquierda de Navarro Montoya, que con gran intuición voló hacia allí para desviar el envío y dejar a su equipo a las puertas de la consagración.

El turno era para Blas Giunta. Y el combativo volante no dudo: ejecutó con seguridad a la derecha de Eduardo Pereira, que fue hacia el otro sector y allí si, llegó el desahogo. La mitad más uno, pudo darse el gusto de gritar esa palabra que estaba atragantada desde hacía ocho años: Campeón. Desde el título del `81 con Diego, que no se daba el gusto de la vuelta olímpica.

Fue el primer logro de la buena gestión de Carlos Aimar al frente de Boca, donde también ganó la Recopa y la liguilla del año 1990, pero la falta de un título en el ámbito local, le jugaron en contra para su continuidad. Festejada en gran forma, la Supercopa 1989 habita la ahora poblada vitrina de Brandsen 805, pero que en esos años, tenía muchos lugares vacíos, esperando por lo trofeos que comenzarían a llegar una década después.