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Inolvidables partidos olvidados (Capítulo I)

Jueves, Diciembre 3rd, 2009

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Aunque el título suene reiterativo, vale el juego de palabras. En este espacio vamos a evocar algunos encuentros destacados que, por diversos motivos, no son muy recordados por el simpatizante del fútbol en general.

En la última parte de 1980, como era tradicional en argentina, se llevaba a cabo el torneo nacional. La fase final del certamen iba a tener lugar en el mes de diciembre, pero los equipos que tuviesen jugadores en la selección nacional, no podrían contar con ellos para esa instancia, ya que el entrenador César Menotti había dispuesto que todo ese mes iba a ser de concentración de cara al “mundialito” a jugarse en Uruguay en enero de 1981.

De los clasificados para la rueda decisiva, los dos elencos que más sintieron esta medida fueron Argentinos Juniors (que perdió nada menos que a Diego Maradona) y River Plate, que no pudo tener en sus filas a cinco futbolistas titulares (Ubaldo Fillol, Daniel Passarella, Alberto Tarantini, Ramón Díaz y Leopoldo Luque).

Con medio equipo alternativo, los hombres dirigidos por Ángel Labruna enfrentaron por los cuartos de final a Newell´s. El cotejo de ida en el estadio monumental fue parejo y vibrante, ya que los visitantes estuvieron dos veces en ventaja, pero los “millonarios” se impusieron por 3 a 2 con dos goles de un joven delantero que tuvo en esa, su tarde de gloria: Roberto Gordon. Autor de los dos goles finales de la victoria por 3 a 2.

Pero el partido que vamos a recordar es el de la revancha, jugada en el Parque de la Independencia, el 3 de diciembre de 1980. Cuando apenas se había disputado el primer minuto de juego y como una virtual continuación de las acciones de cuatro días antes, Roberto Gordon abrió el marcador. A los 15, Norberto Alonso marcó el 2-0, colocando un cómodo global de 5-2. Había sorpresa y estupor en Rosario y un River que parecía encaminarse a seguir en carrera rumbo a su cuarto título consecutivo en el fútbol local.

A los 22 minutos, Enzo Búlleri descontó y 10 más tarde se produjo una jugada que fue muy importante en el desarrollo posterior del juego. Luis Landaburu, arquero titular del club de Núñez se retiró lesionado y en su lugar ingresó el juvenil Miguel Ángel Torres, que hizo esa noche su debut en la máxima categoría.

Apenas 60 segundos después, el paraguayo Hugo Talavera igualó en dos y a los 38, Santiago Santamaría puso el 3-2 para Newell´s. Por protestarle al juez Alberto Ducatelli, fue expulsado Pedro González.

Finalizó el primer tiempo y a River se le había dado vuelta la historia en un puñado de minutos: de tener la serie controlada, esta pasó a estar empatada, se quedó con 10 futbolistas y en el arco con un joven debutante de apenas 17 años.

En el complemento Newell´s, que era un muy buen equipo, fue un vendaval de fútbol, ataque y llegadas. Héctor Yazalde a los 63, Daniel Camilo Pérez a los 66 y Acosta a los 74 completaron la inolvidable goleada por 6 a 2. La oscura noche de River se completó con el penal de que Víctor Civarelli le contuvo a De los Santos a los 85.

Nunca fue habitual que River recibiera seis goles, en una instancia final y mucho menos por aquellos años. Pero todas las circunstancias antes citadas confluyeron para conformar un score atípico y una muy festejada victoria “leprosa”.

Para Newell´s la historia no continuó de manera muy felíz, ya que en las semifinales fue eliminado nada menos que por Rosario Central que, a la postre, fue el campeón del certamen.

El de aquella aciaga noche, fue el único partido en primera división en nuestro país de Miguel Ángel Torres. Era integrante de un destacado plantel juvenil argentino (Burruchaga, Tapia, Martino, Clausen, Goycochea, Ruggeri, Jorge Rinaldi, entre otros), que disputaría pocos meses después el sudamericano de Ecuador, clasificatorio para el mundial de Australia. En un amistoso previo sufrió una grave lesión y luego quedó libre, sin que nadie lo contratase. Emigró a Chile, donde pudo mostrar sus buenas condiciones en la valla del Temuco.

Pasaron 29 años de un partido poco recordado, pero con demasiados ingredientes como para quedar en el olvido.