La inolvidable chilena uruguaya en Argentina.
Lunes, Febrero 8th, 2010
Valga el juego de palabra para presentar uno de los mejores y más recordados partidos que se hayan disputado en el Estadio de Mar del Plata. Este tuvo lugar el sábado 8 de febrero de 1986 y allí River se impuso a la selección de Polonia por 5 a 4.
El encuentro correspondía a la segunda fecha de un triangular que, además, tenía a Boca como protagonista. El equipo europeo le había ganado cuatro días antes a los “xeneizes” por 1 a 0 con gol de Dziekanowski y, de vencer a River, se quedaría con la Copa de Oro 1986.
Héctor Veira puso en la cancha lo mejor que tenía, que era mucho. Un cuadro equilibrado y potente de mitad de cancha hacia delante, con la enorme categoría de Enzo Francescoli para la puntada final.
Norberto Alonso fue el autor del único gol de la primera parte, que no tuvo mayores emociones, como para ocultar el extraordinario segundo tiempo que se avecinaba en la cálida noche marplatense.
A los 4 del complemento, Dziekanowski igualó el score, pero dos minutos más tarde, una brillante jugada puso el 2 a 1 para los “millonarios”: Francescoli tomo la pelota y cedió a Alonso, que se la devolvió de taco. Enzo jugó a Alfaro y picó buscando la devolución, que llegó precisa para que el uruguayo convirtiese ingresando por la izquierda.
Al mismo tiempo que River comenzaba a regular, Polonia se fue con todo al ataque y sorprendió a los hombres de Veira, anotando tres goles en 20 minutos, con una formidable performance ofensiva: Dziekanowski (53´ de penal), Wojcicki (68´) y Buncol (73´) colocaron la chapa de 4-2 que parecía lapidaria para las ilusiones del elenco de Núñez. En los cinco minutos siguientes Abel Gnecco expulsó a tres jugadores: Jorge Borelli, Przybys y Zgutczynski.
A los 83, Ramón Centurión encaró hacia el área por el centro y en el vértice cedió de taco a Alonso. Este con un sutil toque extendió a Francescoli, quien nuevamente ingresando por la izquierda, sacó un violento disparo que se clavó arriba junto al travesaño.
Quedaba un puñado de minutos para intentar la hazaña dentro de lo que ya era un partidazo. A los 89, Jorge Villazán lanzó un centro desde la izquierda y Ramón Centurión, anticipándose de cabeza a la floja salida del arquero Wandzik, estableció el empate en cuatro y la locura total en el estadio.
Quedaba el tiempo adicional, pero nadie pensaba que todavía faltaba lo mejor. Alonso tomó el balón en el medio, tirado sobre el costado derecho y lanzó un centro pasado, que cayó sobre el segundo palo. Allí, con su clásica capacidad aérea, Oscar Ruggeri la bajó de cabeza y la pelota fue a morir en el pecho de Enzo, que con la velocidad de un rayo, se tiró hacia atrás y conectó una media chilena inolvidable, que se clavó en el poste más lejano del atónito arquero polaco.
Fue un instante mágico, una fracción de segundo donde el estadio y los miles que lo seguían por televisión no gritaron, sino que hicieron un silencio de asombro y admiración, para luego si, entregarse al festejo y la algarabía desenfrenada.
Quedó en la historia. Francescoli ha hecho muchos goles espectaculares, pero aquel fue único, más allá de que se tratase de un simple encuentro amistoso.
Pasan los años y hasta los que no son simpatizante del club de Núñez, en cualquier charla futbolera, siempre que se unan esas dos palabras River y Polonia, alguno dirá: claro, el de la chilena de Enzo. Si, la chilena uruguaya en argentina más famosa de la historia.

