Archive for the ‘Sin categoría’ Category

Una jornada final para el recuerdo

Martes, Mayo 4th, 2010

La temporada 1986/87 del fútbol argentino se había iniciado apenas dos semanas después de la histórica consagración de la selección en el Mundial de México. Varios de los futbolistas campeones tomaron parte de aquel certamen, que tuvo una paridad poco común, por tratarse de una competencia de 38 fechas.

Muchos equipos se alternaron en la punta a lo largo del campeonato, que mostró muy poca diferencia entre los competidores. El caso más emblemático fue el de Boca, que pasada la mitad se encontraba en el puesto 14ª y con la llegada de César Menotti a la dirección técnica, tuvo una extraordinaria remontada, que lo llevó a encabezar las posiciones.

El sábado 2 de mayo de 1987 tuvo lugar la última fecha, con un dato destacado: en ocho de los diez partidos había algo en juego. La lucha por el título entre Rosario Central, Newell´s e Independiente, el ingreso a la liguilla que clasificaba un segundo equipo (además del campeón) a la Copa Libertadores, con dos plazas en disputa entre Racing, Ferro y San Lorenzo y la pelea por no descender con Platense y Temperley como actores exclusivos.

Instituto 2 – Boca 2 y Estudiantes 1 – Racing de Córdoba 0 fueron los cotejos que no definían nada. Ferro Carril Oeste consiguió su lugar en la liguilla al empatar en cero en su estadio y el mismo objetivo alcanzó Racing, el igualar en uno con Deportivo Español en la cancha de Vélez, con una agónica conquista de Daniel Severiano Pavón a cinco del final. Pese a golear por 5 a 2 a Talleres en la “bombonera”, donde hacía de local, San Lorenzo quedó fuera, pese a que seis fechas atrás era el único líder del certamen.

Central llegó a esa jornada final con dos puntos de ventaja sobre Newell´s e Independiente, sabiendo que un empate con Temperley en el Sur, lo consagraba campeón. Los “celestes” se pusieron en ventaja con gol de Dabrowski, pero luego Omar Palma convirtió un penal, que le dio el título a su equipo y a el le adjudicó el cetro de máximo artillero de la competencia con 20 tantos. El elenco rojinegro fue sub campeón al golear 4 a 1 a Deportivo Italiano (que se despidió esa tarde de la máxima categoría) y el cuadro de Avellaneda fue tercero, luego de igualar en tres en su cancha con Vélez.

Antes de comenzar aquella fecha, Temperley superaba por un punto a Platense. El equipo de Vicente López visitó a River en el monumental, en el partido que marcó el final del exitoso ciclo de Héctor Veira en Núñez. Los locales se colocaron en ventaja de dos tantos, pero a los 60 minutos ingresó Miguel Ángel Gambier, que en una iluminada tarde, marcó tres veces, para un nuevo milagro del “marrón”, que se completó cuatro días más tarde, cuando superó a Temperley en un desempate en terreno de Huracán.

Inolvidables partidos olvidados (Capítulo 7)

Martes, Abril 27th, 2010

Hace unas horas, el 26 de abril, se cumplieron 23 años de un encuentro vibrante y definitorio, en el marco de uno de los torneos más parejos y apasionantes del fútbol argentino.

Aquella tarde de 1987, una “bombonera” colmada fue el escenario ideal para un duelo en el que, en 90 minutos, los contrincantes se iban a jugar todo, a escasas dos fechas del epílogo de la competencia.

Es bueno recapitular y poner en contexto a ambos contendientes. Luego de una primera parte de temporada irregular bajo la conducción de Mario Zanabria, Boca había sacudido el ambiente con la contratación de César Menotti a comienzos de año. En momentos de su asunción los xeneizes se encontraban en el 14ª puesto, a 8 puntos de los líderes.

En una arremetida espectacular, ganó los siete primeros partidos con Menotti en el banco y se situó en lo más alto. Aquella 37ª fecha lo encontraba segundo, a un punto de Rosario Central. Su rival estaba apenas una unidad por debajo y era nada menos que Independiente. Para quien esto escribe y para la gran mayoría del ambiente futbolístico, aquel era el mejor plantel de Argentina.

El choque estaba planteado. Todos descontaban que Central iba a vencer a Unión en Rosario (cosa que finalmente ocurrió), por lo que el que perdía se quedaba sin chances de pelear por el título en la fecha final, mientras que el empate, dejaba a los “rojos” con las manos vacías.

Se dio como todos los imaginaban: de ida y vuelta, sin especulaciones y muchas situaciones frente a los arcos. A los 27 llegó la apertura del marcador: luego de una serie de rebotes y tras una gran tapada de Gatti, Barberón llegó al fondo y envió un centro que fue conectado de cabeza por Bochini, para colocarla con su precisión habitual, en el ángulo superior derecho del arco que da al Riachuelo.

Diez minutos más tarde, Ricardo Calabria mostró las dos primeras tarjetas rojas de la tarde y fueron para Hugo Villaverde y Jorge Rinaldi, por agresión mutua, a la espera de un corner.

Apenas iniciado el complemento, Enrique Hrabina envió un centro desde la izquierda, que Carlos Tapia envió al fondo del arco, con un golpe de cabeza, ante la estática mirada de la última línea visitante.

A los 70 llegó la primera gran polémica de la jornada. Desde su llegada, Menotti había aplicado sistemáticamente la ley del off side en su defensa y este encuentro no fue la excepción. Percudani arrancó por la izquierda y cedió de taco a Giusti, quien avanzó hasta el área y cuando le salió Gatti, la tocó hacía su derecha. Por allí apareció Percudani, para marcar el segundo gol.

La soledad de los hombres de Independiente motivó airadas protestas del público y jugadores locales, pero tanto Giusti como el goleador, siempre estuvieron detrás de la línea de la pelota y, por ende, habilitados. Luis Abramovich se fue expulsado y el clima, ya de por si con tintes de final, siguió creciendo.

Tres minutos más tarde, quedaron nueve contra nueve, porque Ricardo Giusti vio la roja por tirar lejos la pelota, luego de una nueva sanción por posición adelantada. El dramatismo aumentaba en las tribunas, ya que la enorme ilusión de la gente de Boca, creada en pocas fechas, se desvanecía inexorablemente.

Hasta que a los 88 minutos, Claudio Dykstra tomó la pelota dentro del área rival y comenzó a girar, buscando el penal. Nadie lo quería tocar, pero Osvaldo Ingrao estiró su pierna y lo derribó. Calabria marcó el penal y esta decisión motivó la ira del entrenador visitante, José Omar Pastoriza que, en una actitud poco convencional, se levantó de su lugar y se retiró de la cancha.

Jorge Comas tomó a su cargo la ejecución y con remate certero, a la derecha de Vargas, anotó su gol número 18 del torneo. Sobre el epílogo, Boca vivía e Independiente parecía definitivamente resignado a dejar escapar nuevamente el título.

Ya no quedaba más tiempo, todos creían que no podía pasar más nada, pero había espacio para algo más. Claudio Marangoni tomó la pelota en su campo y avanzó hasta su hábitat natural, que era el círculo central. Cruzó la mitad de la cancha con pelota dominada y allí le salieron Higuaín y Hrabina, tirándosele a los pies. Con una maniobra digna de su infinita calidad, se pasó el balón de un pie a otro y ambos defensores pasaron de largo. Enfrentó a Gatti y, en lugar de rematar al arco, cedió con un toque corto a Percudani.

Este la envió a la red, en una análoga situación a la vivida en el segundo gol: estaba perfectamente habilitado por estar detrás de la línea de la pelota. La locura invadió a todos en el local, incluso al siempre medido (en sus protestas) Gatti, que se abalanzó sobre Calabria, viendo una de las escasas tarjetas rojas de su extensa carrera.

Llegó el pitazo final. Independiente había ganado un partido inolvidable y seguía con vida. Boca perdió en 90 minutos, la enorme ilusión cimentada en cuatro meses. La semana que viene, el desenlace del certamen…

El fútbol en los tiempos del golpe

Martes, Marzo 23rd, 2010


Desde el inicio se llevaron muy bien, como buenos amigos. El gobierno militar que asaltó el poder el 24 de marzo de 1976 y el fútbol mantuvieron un excelente trato desde que aquel le dio el puntapié inicial al más grande genocidio de nuestra historia.

El máximo exponente de esta idílica relación fue el mundial `78, pero antes y después, hubo más, mucho más. No hay que alejarse mucho. A los pocos minutos de haberse hecho cargo del “control operacional de la nación”, tal como rezaba el comunicado número 1, los militares hablaron de fútbol.

Fue el comunicado número 23, donde se dejaba en claro que iba a haber sólo una excepción a lo impuesto con respecto a las restricciones en la programación televisiva y, obviamente, tenía que ver con el deporte más popular: ese día, pudo verse en vivo el encuentro en el que la selección nacional derrotó a su similar de Polonia por 2 a 1 como visitante en la ciudad de Chorzow con goles de Héctor Scotta y René Houseman.

Así como gran parte de la sociedad se mantuvo al margen de lo que comenzaba a suceder (en muchos casos por desconocimiento, en otros por complicidad), el fútbol mantuvo su vida habitual, sin modificar en nada sus estructuras.

Poco minutos antes del golpe, en la noche del 23 de marzo, y con los tanques ya en la calle, River recibió en su estadio a Portuguesa de Venezuela por el grupo 1 de la Copa Libertadores. Lo venció por 2 a 1, con dos conquistas de José Omar Reinaldi.

Un día después de la llegada de los militares y como para no perder tiempo y ni andar deteniéndose en cosas menores, la pelota siguió rodando por el césped de nuestro país. Con apenas 48 horas de descanso, el modesto equipo venezolano visitó a Estudiantes en La Plata y cayó por 3 a 0 con tantos de Milano, Cabezas y Benito.

Claro, uno puede pensar que los dos últimos encuentros citados, como eran una competencia internacional, quizás no se pudieron suspender. ¿El fútbol local se detuvo? Adivine la respuesta: No. El viernes 26 arrancó la 9ª fecha del metropolitano con la victoria de River en el monumental sobre Temperley por 2 a 0 (Reinaldo Merlo – Pedro González).

De más está consignar que el domingo 27 se disputó con absoluta normalidad el resto de esa jornada, continuando esa idílica relación señalada al comienzo, entre los militares y el fútbol. Desde sus primeros pasos, el gobierno de facto se aseguró tenerlo como aliado decisivo, para distraer a la sociedad, hasta llegar al mundial.

A 34 años de la fecha más nefasta, queda el deseo que el fútbol alguna vez se sume al anhelo de gran parte de nuestro pueblo de tomar ese día como de reflexión sincera, sin partidismos ni de derecha ni de izquierda, sin ánimos de revancha, por una memoria completa. Paremos todos la pelota, para que las nuevas generaciones puedan jugar, como sociedad, el mejor de los partidos.

Inolvidables partidos olvidados (Capítulo 6)

Viernes, Marzo 12th, 2010

Quedó en la historia como una de esas jornadas soñadas por todo equipo chico. En la noche del 9 de marzo de 1988, el inmenso estadio monumental quedó empequeñecido ante la enorme hazaña de Deportivo Armenio, que derrotó a River por 3 a 2.

El equipo de Núñez, como fue habitual en casi todos los pasajes de su historia, revistaba una constelación de estrellas en sus filas, pero no lograba estructurarse como equipo. Cabe recordar que luego de haber ganado todo con la conducción de Héctor Veira, este fue cesanteado a mediados de 1987 y su lugar fue ocupado por Carlos Griguol.

El cambio de estilo, futbolístico y de conducción, no estaba dando los resultados esperados. Pese a ello, River se encontraba con 31 puntos a 3 del líder Newell´s en momentos de disputar la 27ª fecha, cuando el panorama se le presentaba óptimo, al tener que recibir a Deportivo Armenio, que luchaba por mantener la categoría.

El inicio del match se emparentó claramente con lo que se esperaba: un River dominante, ofensivo y con enorme efectividad, y que a los 18 minutos ya estaba en ventaja de dos goles por las conquistas de Claudio Caniggia y Omar Palma.

Quizás por tener esa diferencia o porque las cosas se plantearon demasiado fáciles, el cuadro local se relajo y cedió campo y pelota a su rival. A los 23, en su primera llegada a fondo, Armenio descontó con un remate bajo de Wensel que doblegó a Pumpido.

El partido se hizo parejo y la visita se fue adueñando de a poco de la mitad de la cancha, ya que en River apenas estaba la solitaria lucha de Enrique Corti para la recuperación. A falta de tres minutos para concluir la etapa inicial, en un rápido contragolpe, Sergio Maciel habilitó a Wensel y este marcó por segundo vez, silenciando al monumental.

Con el empate en dos se fueron a los vestuarios. La reprobación del público hacia los jugadores y el técnico no se hizo esperar. Griguol nunca “entró” en la gente de River y los magros rendimientos, aumentaban esa distancia.

Armenio salió al complemento con la idea de mantener las cosas como estaban y esperar la chance de alguna contra. Un acertado cambio de su entrenador, Alberto Parsechián, haciendo ingresar a José Alejandro Villarreal por Pedro Vega, le hizo ganar definitivamente la decisiva disputa del centro del campo, cortando el circuito creativo del rival, que nacía en Omar Palma, para abastecer a Alzamendi, Da Silva y Caniggia.

La impaciencia de los parciales locales iba creciendo e hizo su explosión cuando Wensel se calzó en forma definitiva el traje de héroe, al vencer por tercera vez en la noche a Nery Pumpido. Resultaba increíble, pero la experimentada línea de fondo de los “millonarios”, integrada por cuatro marcadores centrales (Borelli, Gutiérrez, Ruggeri y Erbín) no pudo detener en toda la noche al sagaz delantero.

Llegó el pitazo final de Juan Carlos Demaro y trajo consigo una enorme silbatina del 95% del estadio, sobre esas once figuras que buscaban rápidamente el vestuario. Esas imágenes poco le importaban al puñado de heroicos hinchas de Armenio, que se animaron a ir al monumental, para ver la primera visita oficial de su equipo a River.

Con el paso de los años, Raúl Wensel se convirtió en un gran goleador de los torneos de ascenso, siendo uno de los escasos futbolistas en actuar en todas las categorías del fútbol argentino, desde la D hasta la A. Los citados, son logros importantes en su carrera, pero quizás ninguno como aquella inolvidable noche de los tres gritos en el monumental.

La jornada en que Vélez y Racing jugaron dos partidos en el mismo día

Martes, Marzo 2nd, 2010


No leíste mal. Fue tal como lo cuenta el título de la nota, aunque parezca increíble. El fútbol, en los últimos años y por esta parte del planeta, se ha caracterizado por su desorganización y por sus calendarios poco precisos, pero lo que ocurrió el domingo 2 de marzo de 1997 superó todo lo imaginado.

Esa tarde, Racing venció a Vélez por 2 a 0 en Avellaneda con goles de Claudio Marini y Marcelo Delgado en un partido correspondiente a la segunda fecha del Torneo Clausura. Hasta ahí, todo normal, nada fuera de los común. Pero el detalle curioso y, quizá, poco recordado es que, en ese mismo día, ambos equipos jugaron en Ecuador por la Copa Libertadores de América.

El cronograma de esa jornada de “locos” para ambos equipos fue así: a las 14 horas, Racing enfrentó a El Nacional de Ecuador en el estadio olímpico Atahualpa. Tres horas más tarde, se dio el choque mencionado en el “cilindro” y a las 20 horas, Vélez visitó a Emelec en el estadio Modelo de Guayaquil.

A primer turno, la “Academia” presentó un equipo alternativo con apenas tres suplentes en el banco y cayó, sin atenuantes, por 2 a 0 con tantos de Simón Ruíz y Cléber Chalá. Alfio Basile dispuso a Walter Cáceres; Héctor González, Brusco, Serrizuela, Zanetti; Netto, Michelini, De Vicente, Nicolás Diez; Centeno y Saavedra.

Apenas 60 minutos después de terminado este partido se inició el correspondiente al Torneo Clausura. El local, con mayoría de titulares y la visita con suplentes, además de ser dirigidos por técnicos alternos: Rubén “panadero” Díaz y Alberto “pampa” Jorge, respectivamente.

Transcurrió poco más de una hora desde finalizado este choque, y quizá a muchos hinchas de Vélez no les dio tiempo para volver a sus casas desde Avellaneda para colocarse frente a los televisores, para que llegaran las imágenes de sus futbolistas saliendo al campo de juego en Guayaquil.

En un partido parejo y disputado, se quedó con una muy buena victoria por 3 a 2 con las conquistas de Patricio Camps en dos ocasiones y Martín Posse para los argentinos, mientras Ariel Graziani y Carlos Juárez anotaban para los locales. Osvaldo Piazza puso en cancha a: Chilavert; Zandoná, Méndez, Pellegrino, Cardozo; Moriggi, Claudio Husaín, Marcelo Gómez, Bassedas; Posse y Camps.

Nombres, apellidos, fechas, ciudades, torneos, goles y varios etcéteras más que se juntan para enmarcar aquella insólita jornada de fútbol. Mitad torneo local, mitad certamen internacional pero, completamente, irrepetible. ¿Irrepetible? En nuestro fútbol, nunca se sabe…

Inolvidable 22 de febrero de 1981

Miércoles, Febrero 24th, 2010

Son contados los casos donde varios factores se unen para generar una jornada inolvidable. En cualquier ámbito, esta es una situación poco común, pero en el deporte, más precisamente en el fútbol, ocurrió el domingo 22 de febrero de 1981.

Esa tarde, Diego Armando Mardadona hizo su debut oficial con la camiseta de Boca y Víctor Hugo Morales hizo lo propio en la radiofonía argentina. El ámbito que los juntó fue la “bombonera” con motivo de la primera fecha del torneo metropolitano, donde el local se enfrentaba con Talleres.

Los caminos de ambos iban a estar invisiblemente unidos desde allí, a partir de un respeto mutuo y con la voz del relator describiendo todas y cada una de las maravillas de Diego dentro de una cancha. Con el ápice, obviamente, en aquella corrida extraordinaria ante los ingleses en México, que a esta altura parece inconcebible sin las palabras de Víctor Hugo, para darle un mayor brillo aún.

Maradona era la más grande figura del fútbol local desde hacía dos temporadas y había sido pretendido por varios clubes. Un año antes, Barcelona estuvo a punto de llevárselo y a comienzos de aquel 1981 el mismísimo River Plate, por medio de su Presidente Rafael Aragón Cabrera, se había sentado con el representante del astro para intentar sumarlo a la constelación de estrellas que anidaban en el cielo de Núñez.

En una intrincada y extensa operación, los dirigentes de Boca consiguen el pase de Diego en la madrugada del viernes 20 de febrero. Ese fue un día bien “maradoniano”: por la mañana se enteró del pase concretado, por la tarde firmó el contrato en la sede del club y en horas de la noche, disputó un amistoso que enfrentó a su ex y a su nuevo equipo. Jugó el primer tiempo para Argentinos y el segundo para Boca. El club de la ribera pagó por el préstamo casi cuatro millones de dólares y la cesión de seis futbolistas: Randazzo, Bordón, Rotondi, Santos, Salinas y Zanabria.

El domingo 22 amaneció luminoso y en la sección deportiva de los diarios, se destacaba un aviso con fondo negro, letras blancas y donde se recortaba la figura de un hombre que, micrófono en mano, miraba confiado: era Víctor Hugo Morales, quien con el apoyo de Julio Moyano Producciones, desembarcaba en nuestro país en Radio El Mundo.

Pero no fue una aparición más. Su forma de relatar, su voz inigualable, su personalidad, sus inalterables convicciones y su pasión por la subjetividad, revolucionaron la manera de hacer periodismo deportivo en Argentina. Rodeado de un extraordinario equipo (el mejor de la historia), desde Sport 80, comenzó a cambiar los hábitos de una sociedad que lo esperaba con los brazos y oídos abiertos. Ni hablar de las nuevas generaciones, que nos decidimos a este apasionante camino del periodismo deportivo gracias a el.

Una “bombonera” colmada como pocas veces, disfrutó del triunfo por 4 a 1, con dos goles de Diego y dos de Miguel Ángel Brindisi, que tuvo una brillante tarea, tal como serían sus desempeños en la primera rueda. Su nivel decayó en las revanchas, pero allí surgió Maradona con todas sus luces, para sumar otra estrella al escudo boquense.

Diego y Victor Hugo, cada uno en lo suyo, han sido los mejores. Iniciaron una parte importante de sus vidas, aquel 22 de febrero de 1981. Pasaron 29 años, pero el recuerdo se mantiene inalterable. Y el agradecimiento, también.

La noche que River se consagró campeón sin jugar y por televisión

Martes, Diciembre 15th, 2009

River_94
El fútbol argentino, a lo largo de sus 78 años de profesionalismo, ha tenido las más diversas situaciones con respecto a la definición de los campeonatos, pero la del Torneo Apertura 1994 fue realmente singular.

Dirigido por Américo Gallego, River había realizado una brillante campaña y se mantenía invicto con 16 fechas disputadas al iniciarse el mes de diciembre. El San Lorenzo del “bambino” Veira no le iba en zaga y se ubicaba tres puntos detrás, también sin haber perdido ningún encuentro.

La 17ª fecha se disputó entre semana. River, con 26 unidades, fue local de Talleres de Córdoba, mientras que San Lorenzo, con 23 y un partido menos, recibió en su estadio a Vélez Sarsfield, recién llegado de Tokio, donde se había consagrado campeón Intercontinental al doblegar al Milan.

En una excelente tarde, el cuadro de Boedo se impuso por 3 a 1 y estaba achicando la distancia a tan solo dos puntos, ya que River apenas igualaba en uno en su estadio con el cuadro cordobés que tenía dos jugadores menos. Pero en el instante final, un cabezazo de Enzo Francescoli puso fuego en el monumental y hielo en el Bajo Flores.

La siguiente fue una jornada casi decisiva, porque mientras los hombres de Américo Gallego obtenían una excelente victoria ante Boca en la “bombonera” por 3 a 0, el “ciclón” dejaba escapar una inmejorable oportunidad ante Lanús en el Sur. A los 30 minutos estaba en ventaja de dos tantos, por las conquistas de Biaggio y Monserrat, pero se quedó y los “granates” se lo igualaron con los tantos de Di Carlo y Rodolfo García.

De este modo, River quedó en la punta con 30 y San Lorenzo con 26, teniendo que jugar cuatro días más tarde, el partido pendiente con Newell´s en Rosario. El cuadro de Boedo viajó a Rosario con la obligación de ganar, para llegar con mínimas chances a la fecha final. Cualquier otro resultado, consagraba a los “millonarios”.

Era tanta la trascendencia del match que, en algo poco frecuente hace 15 años, pero habitual en la actualidad, el mismo fue emitido en directo por Canal 13, con un móvil en duplex en la concentración del estadio monumental.

Fue un choque parejo y trabado hasta los 27 minutos, cuando Claudio Biaggio fue expulsado. Los nervios de San Lorenzo afloraron de la peor manera y sobre la hora del primer tiempo, Iván Gabrich abrió el marcador para los locales. Con más fe que fútbol, con más ganas que prolijidad, la visita se fue al ataque jugándose el resto y exponiéndose a las contras letales de su rival.

A falta de tres minutos para el epílogo, una de estas fue aprovechada por Fabián Garfagnoli, que derrotó a Oscar Passet, para colocar la chapa final de 2-0 y desatar la fiesta en Núñez. Tres días después, River igualó con Vélez y se consagró por primera y única ocasión en su rica historia, campeón invicto.

Ese fue el cuarto título en las cinco temporadas del binomio Passarella – Gallego al mando del equipo. Antes habían obtenido el de la Temporada 1989/90, el Apertura 1991 y el Apertura 1993. Tiempos bien lejanos y de gran contraste con la actualidad riverplatense. Épocas en que los “millonarios” se daban todos los gustos, hasta el de salir campeón sin jugar y viéndolo por televisión.

Hace 30 años, el gasómetro decía adiós para siempre

Lunes, Noviembre 30th, 2009

GasómetroFue en la tarde del domingo 2 de diciembre de 1979. San Lorenzo recibió a Boca en la fecha final del Nacional y el viejo gasómetro de Avenida La Plata dio su última función. Los dos equipos llegaban con chances de poder avanzar a los cuartos de final, pero no dependían de si mismos. En Rosario, se medían Central e Instituto y si estos empatan, ambos pasaban de fase. ¿Qué ocurrió? Si, igualaron sin abrir el marcador.

Pero aquella tarde de densos nubarrones sobre el cielo de Buenos Aires, fue el marco de una despedida. Con toda la nostalgia posible, el gasómetro de Avenida La Plata abrió sus puertas por última vez para un partido oficial de fútbol profesional. Fue un empate en cero y el “ciclón” lo pudo ganar, de no haber malogrado Hugo Coscia un penal ante Hugo Gatti.

Pasaron 30 años y los recuerdos de propios y extraños, aún se mantienen por esos terrenos. Fue un pedazo enorme de la historia de nuestro deporte más popular, cobijó a la selección nacional en más de una ocasión y sus arcos gozaron de los cuatro goles del histórico debut del “vasco” Isidro Lángara, en las postrimerías de la década del `30.

Sus gradas sintieron como sus habitantes estaban más parados que sentados, por aplaudir las maniobras lujosas del trío más mentado, que alguna vez haya pisado ese pasto, como lo fueron Armando Farro – René Pontoni y Rinaldo Martino.

El derrotero de las décadas seguía y con los años `50, se apareció por esas áreas, el terror de las defensas rivales. Alguien a quien apodaban el “nene”, pero que desde su primera aparición, demostró tener la sagacidad y la capacidad de un veterano: José Francisco Sanfilippo, el máximo goleador de la historia del club.

La década del `60 fue única e irrepetible en múltiples aspectos. La moda, la música, el arte y el estilo de vida cambiaron con su llegada. El viejo gasómetro se sumó a esta vertiente y alumbró dos grupos de jugadores que deleitaron su césped. Primero los “carasucias” de Veira, Areán, Doval, Casa y compañía y luego los “matadores”, campeones invictos, con la conducción del brasileño “Tim” un formidable elenco con Buttice, Villar, Albretch, Rendo, Cocco, Telch, Veglio y Fischer, entre los más destacados.

Llegaron los `70 y con ellos el bi campeonato con Juan Carlos Lorenzo en el banco e Irusta, Rezza, Heredia y Ayala en el campo, para pintar de azul y grana el almanaque de 1972. El último título fue un par de años después, en el Nacional, con la letal dupla de ataque que conformaron Héctor Scotta y Oscar Ortíz.

Como una vela que se consume indefectiblemente, así se le fueron pasando los años posteriores al gasómetro. El equipo estaba en una manifiesta pendiente, que lo llevó a naufragar, temporada tras temporada, en las aguas de la mitad de la tabla.

La situación económica del club era pésima por 1979. Una de las medidas, fue la venta de varias de las propiedades que le pertenecían. Así se llegó al cierre del gasómetro. La tarde del 2 de diciembre de 1979, quedó perpetuada en los archivos de los estadígrafos, pero su muerte ya estaba decretada desde hacía tiempo.

Quizás, con la sabiduría que dan los años, el gasómetro fue queriendo desaparecer. Porque luego de tantas y tantas jornadas de gloria, no quería ser el testigo y la sede de la penuria que se avecinaba. Y tuvo razón. Mientras comenzaba a ser sólo un recuerdo de hierro y madera, San Lorenzo realizó una muy mala campaña en 1980 y se salvó del descenso a dos fechas del final. Pero en 1981, cuando en Avenida La Plata sólo había fantasmas de los tiempos pasados, estos se apoderaron del equipo, que perdió la categoría por primera y única vez en su vida.

Sus tablones mudos testigos de la historia grande, fueron retirados lentamente, lo mismo que la estructura que los cobijaba. Sin embargo, jamás el dulce sabor de los lindos recuerdos, se fue de allí. Por eso, no le llame la atención si al pasar por la vereda de Avenida La Plata, escucha un extraño grito de gol, o los cantos de la hinchada o la voz del estadio. Son de verdad, porque todo lo agradable, vive por siempre.

En una polémica y dramática definición, Platense se salva del descenso ante Lanús

Martes, Noviembre 17th, 2009
Platense

Platense

El 16 de noviembre de 1977, Platense y Lanús dirimieron el tercer descenso del Metro luego de 120 minutos y 22 penales ejecutados. Noche histórica en el viejo gasómetro.

El campeonato Metropolitano de 1977 fue el de mayor cantidad de fechas del profesionalismo. A lo largo de 46 jornadas y nueve meses River fue el campeón y Ferro Carril Oeste y Temperley perdieron la categoría. Pero el reglamento establecía tres descensos y por eso el último casillero se debía determinar en un desempate entre Platense y Lanús, que habían igualado en 38 puntos.

El match debía disputarse en terreno neutral y el viejo estadio de San Lorenzo fue el elegido. La batalla comenzó a las 21 horas y luego de los 90 minutos reglamentarios, más los 30 de tiempo suplementario, las vallas permanecieron invictas. Con el pitazo final del juez Barreiro, llegó la hora de los penales.

Era un momento sublime, donde el cansancio y la tensión serían protagonistas al igual que cualquiera de los 22 futbolistas. La serie la inició con certeza Miguel Arturo Juárez, poniendo a los “calamares” en ventaja. Orlando Cárdenas, delantero de Lanús rezaba de rodillas frente a una imagen de la Virgen de Luján en el centro del campo. Debió dejar esa mística postura para dirigirse al punto de sentencia. Lentamente llegó y anotó: 1-1.

A partir de ahí y con gran eficacia, ejecutaron Belloni, Pachamé, Osvaldo Pérez, Ribecca y Ulrich. Siete pateados con la misma cantidad de convertidos y la chapa con Platense arriba 4-3. El remate de Coria es detenido por Osmar Migelucci, dejando al “marrón” en la antesala de quedarse en primera. Gianetti toma carrera, llega y su ejecución se encuentra con las manos de Rubén Sánchez. El llanto de Gianetti se mezcla con la incipiente tormenta que cubre el cielo de Boedo. Ahora es Moralejo el encargado y su conquista pone paridad y un alivio para Lanús: 4-4 y tanda de dos por bando.

El otro Juárez de Platense, Miguel Ángel anota y a continuación nuevamente se luce Migleucci conteniendo en envió de Benejú. Algunos avezados ya festejan la salvación “calamar”, la mayoría prefiere esperar el disparo de Niro… y lo bien que hicieron, porque éste lo desvía. El drama crece hasta límites insospechados. ¿Quién se queda en primera? ¿Quién vuelve a los sábados? Guillermo Zárate la coloca con calidad y la chapa marca 5-5.

A continuación, vuelve la eficacia: Rivero, Barrera, Pinasco y Giachello marcan para establecer el 7 iguales. Es el turno de Peremateu, pero el zaguero de Platense está en una camilla. Los jugadores, el técnico Juan Manuel Guerra y el árbitro deliberan, mientras las agujas de los relojes se van acercando a la medianoche. Como puede, el defensor se incorpora y camina hacia el punto penal. Su cabeza indica, pero las piernas están en otro lado. Su tiro se estrella con el poste derecho de Sánchez y golpea el alma calamar.

Por fin, ahora es Lanús el que dispone por primera vez de su chance. Quien toma la responsabilidad es su arquero, Rubén Omar Sánchez, pero su remate débil y al medio, es fácil para Migelucci. Parece que esto no va a terminar nunca. El turno ahora es para el guardameta “marrón”, pero se altera el orden y vuelve a ejecutar Miguel Arturo Juárez, sin que Migelucci lo haya hecho. Esta situación no es advertida por el árbitro y posteriormente derivaría en un juicio que la entidad del Sur le ganaría a la AFA.

El “negro” Juárez revienta las redes y pone el 8-7. ¿Definitivo? Si, increíblemente definitivo, porque el disparo de Cárdenas va sobre la derecha de Migelucci, que se estira hacia allí cuan largo es, para aferrarse a esa pelota y decretar el final. Lágrimas de un lado y del otro, como en la comedia y la tragedia, porque este partido tuvo de todo. Migelucci toma la pelota y se golpea el pecho de cara a su tribuna. Es su revancha, porque la noche anterior, en la casa del técnico Guerra habían recibido un llamado intimidatorio: “Migelucci se vendió contra Chacarita, si mañana juega, les quemamos la casa”. Ante tanta cobardía, sobresalió la hombría con mayúsculas de Guerra para ponerlo y del arquero para sobreponerse a todo.

Lanús se fue a la B, más tarde a la C y recién regresó a primera en 1990. Platense fue la contratara, ya que a partir de aquella noche de Boedo, inició una serie histórica de salvadas del descenso, que recién se cortó en 1999, cuando perdió la categoría.

Alegría, tristeza, 120 minutos, 22 penales para una noche ya lejana, pero eterna en el recuerdo del futbolero argentino.

A 10 del 100

Jueves, Noviembre 12th, 2009

Palermo_100Mañana se cumplen 10 años. El sábado 13 de noviembre de 1999 en la cancha de Colón de Santa Fe, Martín Palermo marcó su gol número 100 por torneos de AFA. Pero fiel a su estilo, a su incomparable historia, no fue un partido ni una conquista más en su vida.

En aquella 14ª fecha del Torneo Apertura 1999, Boca visitó a Colón cuando estaba en el segundo puesto, tres puntos detrás de River. El equipo de Carlos Bianchi, por esos días, sufría dos bajas muy importantes por lesiones: las de Mauricio Serna y de Guillermo Barros Schelotto. Pese a ello mantenía el andar y la estructura que lo había llevado a ser bi campeón de la temporada anterior.

En la noche santafesina se habían disputado apenas 15 minutos, cuando Palermo intentó interceptar en forma vehemente un rechazo del defensor Pablo Ricchetti. Luego del choque, la pierna derecha delantero cayó y al pisar mal en el irregular suelo del “cementerio de los elefantes”, se produjo la torcedura en la rodilla.

A pesar de esto y con evidentes molestias para correr y para trasladarse, Martín sigió en el campo de juego, quizás con el secreto anhelo de poder hacer realidad su grito número 100. Y el deseo se hizo realidad ocho minutos más tarde: Gustavo Barros Schelotto avanzó por la derecha y habilitó a Diego Cagna, quien llegó hasta el fondo y envió un centro, que fue rechazado en forma defectuosa por la defensa local.

El balón le cayó a Sebastián Battaglia y este cedió de primera a Juan Román Riquelme, quien habilitó de manera estupenda a Palermo. Superando la mala aplicación de la ley del off side de la zaga, Martín se acomodó y en forma heterodoxa sacó un esquinado remate que superó la resistencia de Leonardo Díaz y se convirtió en gol.

Pero no era uno más. Era el esperado gol número 100 de su ya exitosa carrera. Era el 14ª tanto en 13 partidos disputados en ese certamen, con una media superior a 1 por encuentro. Fue saludado alborozadamente por sus compañeros, pero el rostro del artillero era la mezcla exacta de lo que pasaba por su cabeza: una inmensa felicidad por la marca alcanzada y un infinito dolor, por esa lesión que el ya suponía delicada.

Boca finalmente se impuso por 2 a 1 y llegó momentáneamente a la punta, pero por apenas 24 horas, porque al día siguiente River venció a Gimnasia 2 a 0 y se instaló nuevamente en lo más alto de las posiciones.

Mientras el club de Núñez ganaba en su estadio, el cuerpo médico de Boca daba a conocer en las instalaciones de Brandsen 805 el diagnóstico definitivo: “Martín Palermo ha sufrido el desgarro del ligamento cruzado anterior de la pierna derecha. La operación se hará lo más pronto posible, en cuanto se desinflame la rodilla. Su recuperación demandará entre 6 y 9 meses”.

En silencio, el goleador trabajó con los kinesiólogos y médicos para volver a las canchas de la mejor manera. La continuación de la historia es bien conocida: poco más de 6 meses más tarde, en la noche del 24 de mayo de 2000, se produjo el ansiado regreso y fue a la manera de la vida de Palermo: con un golazo inolvidable a River en la “bombonera”, que selló el 3-0 y el pasaporte a las semifinales de una Copa Libertadores que marcó el inicio de una brillante serie de éxitos internacionales de Boca Juniors.

Los años que siguieron fueron fieles a la historia de Martín: situaciones extremas, momentos buenos y malos dentro y fuera de las canchas, pero siempre detrás de un denominador común, de ese alimento que los delanteros de raza necesitan y que tiene apenas tres letras, pero que saben como ningún otro: GOL.