Diario de una entrega – Día del Hincha
Lunes, Noviembre 30th, 2009
El 30 de noviembre de 2000 la gente de San Lorenzo impidió el gerenciamiento encubierto que promovían Fernando Miele y su honorable Comisión Directiva. Bajo la presión económica que asfixiaba al club, el oficialismo intentó una posible salida al endeudamiento cediendo la imagen de San Lorenzo por un largo período a ISL (empresa que cumplía el mismo rol para la FIFA y que poco tiempo después se fundió y desapareció) pero La Gloriosa se plantó y al grito de SAN LORENZO NO SE VENDE impidió que se llevara a cabo una asamblea decisiva en pos del gerenciamiento. Los policías que custodiaban los portones del Pedro Bidegain reprimieron a los socios auto-convocados que insistían en detener la votación. Ganaron los hinchas. Ese 30 de noviembre el Padre Lorenzo fue uno más de los casi doscientos cuervos que se bancaron los palos y las balas de goma, su espíritu flotó glorioso sobre las gorras de quienes sólo pueden cumplir órdenes. Miele no pudo realizar su jugada, poco tiempo después fue enjuiciado y echado del club. Aquellos “loquitos” que se plantaron contra la que venga hoy levantan otra bandera revolucionaria: QUIEREN VOLVER A BOEDO.
El Día del Hincha recuerda aquella tarde en que culmina una serie de marchas a la AFA y reclamos en contra de un gerenciamiento que, salvando realidades, ni la Guardia Imperial pudo resistir. San Lorenzo es de su gente gracias a su gente. Ese 30 de noviembre de 2000 nace el nuevo hincha de San Lorenzo, se reconoce una génesis dentro de la tribuna: se refunda La Gloriosa. Nace el compromiso, una manera diferente de pensar a San Lorenzo. Con ambiciones, con objetivos de grandeza y a futuro, pensando en nuevas revoluciones, pensando en el retorno al lugar de pertenencia y orgullo. Si esa tarde no se plantaba la Hinchada, hoy el objetivo sería otro: recuperar el club de las manos privadas. Si hoy hablamos de Volver a Boedo se lo debemos a ese grupo de “zurditos” que buscaron la verdad apoyados en un compromiso que acaso nunca jamás tuvo la gente de San Lorenzo.
Torcieron la historia y le abrieron una ventana al futuro.
La historia de San Lorenzo habla de entregas internas donde el hincha tuvo mucho que ver. Un breve repaso…
Finalizando la década del ’40 el Gasómetro pudo dejar de ser un estadio de madera para convertirse en un monstruo de cemento. Sólo había que llamarlo Estadio Eva Perón. Cuentan que mediante un plebiscito el socio, tal vez identificado ideológicamente con el partido radical, le dijo que no a esa posibilidad. Además, se adujo que el estadio era prácticamente nuevo al contar sólo con catorce años de vida. Tiempo después, poco tiempo después, se lo comenzó a llamar “Viejo” con la intención de desprestigiarlo para dar paso a una entrega que se terminó de concretar en el año ’79.
Durante las décadas que siguieron a esa negativa y tratando de reparar el error cometido, las nuevas dirigencias comenzaron a planear un estadio modelo de cemento en los terrenos que cedería el gobierno entre las avenidas Perito Moreno, Cruz y Varela. La gente compró bonos patrimoniales, se construyó una hermosa maqueta, y finalmente nada más ocurrió. Hasta que en el año ’79 ya presionados por el gobierno nacional se cerraron las puertas del estadio tras un empate sin goles con Boca. San Lorenzo descendió de categoría dos años más tarde y gracias a la revolución de masas que produjo su tribuna, copando estadios y batiendo récords de convocatoria no pudo ver los problemas que se avecinaban: el desarraigo, la falta de identidad, la pérdida de un orgullo palpable. Por esos días, uno de los hinchas emblemáticos de la barra cuerva declaraba para la revista “El Ciclón”: “Hay que vender el estadio para retener a Rinaldi, el Gasómetro es viejo, da tristeza, la Chancha es alegría”. Está claro que las palabras de “Madera” no representaban a la mayoría de los hinchas, pero son esos gestos los que determinan la historia, cuando se comenzó a desmantelar el Gasómetro mucha gente pasó por Avenida la Plata para llevarse algún que otro “recuerdo”. Nadie se plantó para impedir que la entrega se efectuara. Nadie.
Por eso, el 30 de noviembre es mucho más que un gerenciamiento anulado. Es la refundación de La Gloriosa. Es la génesis del compromiso que todos los hinchas de San Lorenzo tienen con el club y le permiten mirar al futuro pensando en Boedo. Es un día que encierra la esencia del sentimiento que les inculcó el Padre Massa a los Forzosos de Almagro cuando se fusionó la batalla de San Lorenzo con el mártir religioso en el nombre del club: “…Y me agrada además ese nombre con su doble significado, porque me parece que en esta época de cobardía en la manifestación de los propios ideales y de las propias creencias, pone en la bandera del nuevo club la nota robusta que proclama los dos ideales mas nobles que puede abrigar el hombre: RELIGIÓN Y PATRIA”.

NUESTRA RELIGION ES SAN LORENZO, NUESTRA PATRIA BOEDO, VAMOS A VOLVER.
Foto: De Boedo Vengo
Me contaba un amigo que hace unos días se topó en la tribuna del Pedro Bidegain con un pibe de no más de veinte años y se cruzaron en una discusión de aspecto casi filosófico. Llegaron a una conclusión que amerita un comentario en este Diario de una entrega.



El 30 de octubre de 1949 El Ciclón recibió a Huracán en el Gasómetro. Cuando Salinas marcó el único gol del partido el Padre Lorenzo hizo una mueca, pensó en las bromas que tendría que soportar al día siguiente. Es que algunos de los muchachos que acudían al Oratorio San Antonio, en el difuso límite entre los barrios de Almagro y Boedo, eran hinchas del Globito. Esa noche se acostó y luego de sus oraciones concilió el sueño. Seguramente se habrá dormido pensando en San Lorenzo… En ese club de fútbol que él apadrinó en 1908, en aquellos pibes que a cambio de un lugar para jugar a salvo de los tranvías se acercaban a escuchar misa cada domingo. Habrá recordado aquel día en que le contaron la novedad, el equipo del barrio se llamaría San Lorenzo en honor a él y en agradecimiento a su apoyo. Seguramente antes de dormirse, ya ganado por el cansancio habrá repasado los campeonatos amateurs, el primer campeón profesional en el año 1933 y también habrá pensado en esa máquina que desparramó rivales en España y Portugal de la mano de Farro, Pontoni, Martino y Silva en 1946. 