Una de Bruce Lee

denilsonveronSeré breve por respeto a tanta gente que gusta de la cosa concreta, al menos en el comentario deportivo. Ocurre lo siguiente, todo un paradigma: Pohang – Estudiantes fue visto en la cancha por 4.500 argentinos, como mucho. Los otros, o sea, todos nosotros –extraterritoriales, confinados al país– vimos es espectáculo por la señal de Fox Sports. O sea, vimos una reproducción de las imágenes captadas por las cámaras de la televisión del país organizador. Una transmisión deficitaria, con microcortes, demasiado centrada en dónde está la pelota y no en la disposición táctica de los jugadores. Quiere decir que lo visto careció de lo más rico que tiene el fútbol: apreciar el movimiento orgánico de un equipo. Pero esa transmisión restrictiva hizo notable dos cosas: 1) la marca personal de los coreanos que utilizaron verdaderas técnicas de taekwondo; 2) el comentario y relato de la dupla Closs-Niembra (sí con a, como Presidenta, senadora, diputada, como sublimación de género).

1) Fue sin querer

Los primeros veinte minutos Estudiantes pudo jugar al fútbol, hasta que los golpes recibidos por parte de los coreanos produjo un repliegue lógico: con lesionados no terminás el partido, ni mantenés un equipo para la final. ¿Querés la pelota? Tomá, ahora jugá. Y los coreanos no jugaron, sólo tiraron la pelota para arriba, para afuera, sin hilvanar dos pases seguidos. Al final del primer tiempo demostraron su inocencia en la marca y gol. Al segundo se llegó por la misma vía, el mismo método. Pero con un agregado: al menos tres patadas descalificadoras dejaron al Pohang con tres hombres menos y Denilson en el arco, con guantes. Todo terminó en un picado, a un toque y recuperar.
Quería resaltar las tres patadas sancionadas, más las otras quince que no merecieron más que amarillas o advertencias. La forma en que los jugadores coreanos fueron a disputar la pelota es la de aquél que pierde no sólo la distancia, sino el estribo respecto a lo que se debe hacer en el fútbol. Rara mezcla de rugby y pogo, el equipo coreano no hizo más que deslucir el espectáculo de lo posible. Y con un resultado en el bolsillo, produjo el lógico repliegue del ganador. Sin piernas no se puede jugar fútbol.

2) Closs-Niembra

Estos dos idiotas (sumados al impresentable cerca del terreno de juego) no hicieron más que emitir juicios desaforados, sin lógica con respecto al juego, intercambiando bromas de bajo recurso y código encriptado en cierta convivencia por las tierras organizadoras. Es más, ante el gol en offside de Denilson se alegraron como niños vengativos. No sólo ello, también Niembra emitió una de las burradas más sonoras ni bien comenzó el encuentro. Dijo el ignorante supremo: “Ésta es la capital de las mil y una noches”. Todos sabemos que tal capital está en Irak, ocupada por el ejército norteamericano luego de una salvaje destrucción por aire y tierra. Ya no habrá mil y una noches en Bagdad luego del saqueo de su patrimonio histórico, ocupada por empresas privadas de seguridad (eufemismo de parapoliciales y mercenarios validados por la CIA).
Dirán: la próxima, ponga mute. Pero saben qué pasa, estos tipos merecen el severo mute de la realidad. ¿Cuándo acompañará a las imágenes una transmisión profesional, sin clishés, ni bajezas y vulgaridades de pésimo gusto? ¿Cuándo será que el periodismo deportivo reconozca que lo importante es lo que ocurre EN la cancha y no en el pequeño kiosco coimero que los promociona? Esos dos relajos merecerían un mute de protesta, pero no, hay que señalarlos. Ellos no tienen nada que ver con lo que hacen los deportistas, éllos son el lastre del intermediario, el símbolo mismo de la profesionalidad como distancia entre la práctica deportiva y el éxito mediático.

Corazón rojo, corazón sangrante

Foto de Luis Bardamu

Foto de Luis Bardamu

Hoy se cumplen 100 años del atentado que realizara Simón Radowitzky contra el Cnl. Ramón L. Falcón, jefe de la policía federal, quien días antes de su muerte ordenara a sus tropas de asalto disparar contra una manifestación anarquista desarmada.

A Radowitzky, de 18 años, le valieron penosas condiciones de detención durante 21 años (en un principio fue condenado a muerte y al demostrar que era menor de edad, encarcelado en el penal de Usuahia con perpetua, luego conmutada por Yrigoyen), la expulsión del país, iniciando un derrotero por Uruguay y Brasil, que lo llevó a servir del lado de la República en la Guerra Civil española, para terminar sus días trabajando en México, en una fábrica de juguetes. Siempre fue anarquista, y murió como tal.

El mismísimo Falcón fue socio fundador del club Gimnasia y Esgrima de La Plata. Antes, formó parte de la oficialidad del General Roca en sus campañas de exterminio de lo que hoy se denominan pueblos originarios, pero a quienes sus contemporáneos llamaban salvajes, menos que animales.

Como hincha de Estudiantes de la Plata, el detalle anterior justifica la bandería de quien escribe, en ambos sentidos. Pero no puedo seguir escribiendo sobre ello. Hay algo que interrumpe la mansedumbre del acto de escribir, cierta interferencia estética, deportiva y casi endocrina. Señores, Argentina pierde 2-1 con España. Peor: perdió durante todo el partido y si no fuera por un penal de Messi, la cosecha deportiva era CERO.

El equipo rojo jugó manteniendo la estructura sólida de un mediocampo tan rápido como la delantera. Gente en el medio, y a salir jugando. Mientras el seleccionado del ex jugador (y nunca técnico de fútbol) Maradona vivió en el caos durante 90 minutos. Los idiotas que transmiten (TyC Sports) vieron (sólo ellos) una recuperación del juego argentino en el segundo tiempo. Magia, espejismo, alucinaciones por tomar mate amargo durante la transmisión. Mientras tanto, el rejunte deportivo patrio se fue de la cancha con toda la defensa amonestada (dos de ellas en tono naranja).

En sí, el equipo no aparece porque no está. Porque Maradona sabía con los botines, pero no desde el banco. Hay muchísimos factores que ignora el seleccionador, y uno determinante: no alcanza con la viveza o ver qué pasa, usar el olfato.

Argentina pierde el tiempo sin ideas futbolísticas, por más que el corazón de algunos de sus jugadores se ofrezca generoso, latiendo enrojecido, manando sangre. Y, para mejorar, ya no hay tiempo ni transfusión que alcance.

Que Maradona, Heinze y Bilardo se dediquen a otra cosa, menos a perjudicarle la vida a los nuevos jugadores. Si están obstinados en negar sus actualidades decadentes, que se queden en casa. Lo popular tuvo un brillo fugaz, como la fama, y eso en nada garantiza el manejo de una estrategia (qué concepto extraño, ¿no?). El fútbol argentino necesita gente inteligente, cuya integridad sepa poner distancia al negocio que todo lo mancha y deforma.

Ah, y las ideas… ¿quién tiene ideas para dirigir un amontonamiento de frustraciones?

La causa del significante

lamborghini222Hay muchas formas de entrar en la historia de un país. Pero supongamos que existen dos, generales, relacionadas con las circunstancias de la memoria: una, a través de la resonancia de la acción (héroes, estadistas, opositores, guerreros, criminales, caudillos…); otra, por el simbolismo del representado -en la síntesis suprema- en un nombre o apodo, donde confluyen la noción de lo contemporáneo y la carga simbólica de las características del sujeto, en ese plus nominal que lo representa, y a la vez flota -pervive- en el habla hasta el agotamiento del olvido. En el segundo caso, la permanencia pende de algunas abstracciones llamativas al momento de analizar las características de lo humano, llámense memoria popular, incorporación al habla vulgar como síntesis de una acción determinada, y demás casos producto del análisis de la lingüística y la sociología.

La literatura atraviesa varios siglos proponiendo ideas (o refutándose) entre las distintas circunstancias en que a tiempo se ufana y arrepiente del inevitable transcurrir. Pueden ensayarse varias sentencias similares, por ejemplo: la literatura es la forma inacabada en la que hace memoria el habla. Esa relación del hombre con el juego (representarse en la escena donde todavía no es), es donde varios estilos literarios trazan épocas, límites y desordenan las estructuras del pensamiento establecido como normal o necesario. El capricho de aproximaciones hacia lo que es la literatura puede extenderse en una escena simple y más que probable: tres escritores en la noche, embriagados de certezas, piensan en trascender aún cuando sus obras queden olvidadas en la última biblioteca del mundo.

A qué viene, dirá el lector. A qué vino, piensa el que escribe. Supongamos que lo escrito aquí no es más que la expresión de ciertas preferencias y ni siquiera eso. Apenas capricho. Y la dualidad asiste a la conformación de una visión del conjunto: lo escrito que se escribe y continúa en el que lee que a la vez comenta (otra vez se escribe) para deshacerse de lo que en él se inscribe. Otro juego, alegre y distendido, en un acto de conjunto, siempre listo a repetirse ni bien haga forma el texto en la imagen de una pantalla.

En la construcción de la ficción argentina -que sobrevive a todos los tirones y lastres de la realidad-  se aplicó un reducido grupo de escritores. Casi bicentenarios, en períodos que comprenden 50 ó 40 años, quedaron pocos hombres de letras como estigmas, cuyas voces atraviesan ése esfuerzo necio en la insistencia conocido como historia argentina, obstinada en encumbrar como éxito soluciones tardías a síntomas letales de lo que no remedia. Hay un pase de posta en el último período de esa narración involuntaria, y corresponde al traslado de lo poético a la prosa despiadada, un salto que va de Jorge Luis Borges a Osvaldo Lamborghini. Del salvaje desprecio por el reconocimiento popular a los ídolos deportivos del primero, siguió el trastocamiento de los valores académicos invadidos por el psicoanálisis lacaniano y su conjetura infinita, interminable -y también injusta-, que hace tierra en el segundo. En los dos, el corte “se hace” en malentendidos y resignificaciones. Ya Borges contestaba desconocer qué era Vilas, pateando el tablero de la supuesta sabiduría mediática. Mientras que Lamborghini fue el primero en dar lugar geométrico a ése otro nominado por hazañas de carambola y dinero: Maradona.

En el fin de semana, Perfil.com reproduce una columna de Martín Kohan titulada La causa justa (título de una novela breve de Lamborghini, escrita en Barcelona, 1983), dice el escritor y docente:

De estos mismos asuntos trata La causa justa, aquel cuento de Osvaldo Lamborghini: de un partido de fútbol, de chuparla o no chuparla, de llevar la palabra al acto, del carácter nacional y popular. Lo que a Maradona le ha estado faltando en todo esto es una especie de Tokuro, el japonés intransigente del cuento de Lamborghini, que impone la obligación de cumplir con la palabra dada más allá de la circunstancia de ser puto o no ser puto.

La referencia está ajustada a la escena del conferencista de fama notable, en esa puesta en juego de la oralidad y analidad periodística. Pero hay un algo, un plus, que Kohan no ha tenido en cuenta. El texto primitivo donde se concreta en lo literario el devenido seleccionador de dudosos talentos futbolísticos, es anterior, del año 1982, y escrito por Lamborghini en Mar del Plata. Se trata de la novela Las Hijas de Hegel, más precisamente en la subdivisión III del Capítulo I, titulado Pura mierda, putas cochinadas (pregunto, ¿la pre-visión del autor nos condenó con sutil ilusionismo a sostener sus palabras para construir esa historia siempre en derrota?), cito el párrafo:

La tarde caía, soberanamente esta vez. Cojeando, según su estilo típico (era un característico), el sacristán se dirigía hacia el bar del Cholo Catánzaro para tomar su copa habitual: era un bebedor moderado, aunque esto no venga al caso, salvo para avisar –como sutilmente lo hace Shakespeare en el comienzo de Hamlet- acerca del héroe y de la pureza de sus visiones, ayunas de alcohol. Golay compró la sexta en el kiosko de Fernández, justo enfrente del bar. Cruzó la calle. Cojeando. Entró al bar y cojeó, hasta la barra. Montó ágil, ágil para su pierna y edad, en un alto taburete hexagonal, y con sus manos fuertes, poderosas, desplegó el diario: directamente se enfrascó, en la página Deportes. El caso Maradona en Barcelona no lo dejaba vivir: él estaba contra el periodismo y la opinión general. Del otro lado del mostrador, el Cholo, que estaba con la opinión general (linchar a Maradona y chau), saludó al gorrón con la cabeza y, sin preguntarle nada (¡son años!) le sirivió un vaso de blanco frío de la casa. El Cholo, que honestamente, pero lo jura por su  madre, la pura verdad: el Cholo, que honestamente se había iprometido a sí mismo, por lo más sagrado, no tocar esa tarde el tema Maradona (en Barcelona) con el Ren-golay, va, se le pone enfrente al acercarle el vino, señala con su dedo gordo y cholo, sucio, las páginas del diario, las fotos del ídolo: va y mascando, mascando su escarbadientes de mediados de enero pasado, vay le dice al glorioso asesino impune, al Sacristán Golay:

-Con la guita que ha hecho correr ese guacho, se podría haber construido otro Hospital de Niños. Encima, va a Barcelona y hace un papelón. Encima, se la agarra con nosotros, con los argentinos, y con los periodistas: ¡una vez que dicen la verdad! Encima…

-Encima –le cortó el chorro, lívido, Mistah Ren Sácristah- encima yo te voy a poner las manos «encima», voy a traer el cordel de gasa suave (se le escapó: es la pasión), te voy a romper la jeta (corrigió al vuelo), vení, la puta que te parió, maricón de mierda (exageraba para hacerle olvidar lo del maldito «¡si seré animal!» cordel de gasa suave), salí pa’fuera, vamos, salí pa’fuera, cagón, la concha de tu hermana, «encima», «encima» me vas a chupar la pija «encima», gordo culón, por algo tenés más culo que cabeza, te la debés comer doblada ahí mismo, detrás del mostrador, y el que te garcha, porque no me digas: vos sos culastrón, de paso le hace el favor a tu mujer, pobre doña Clemencia venirse a casar con un trolo como vos, y tu chongo, además, es el padre de tus hijos, además, «encima»…

Más adelante, el personaje Rengolay-sacristán, quien estrangulara a un cura párrafos antes, se completa por características miserables: analfabeto, ágrafo, capaz de fingir leer el diario, condenado a la radio y la televisión. ¿Quién es ése simbólico criminal embrutecido? ¿El pueblo argentino que dejara la palabra en los oídos del manco eterno? Pero prefiero que el lector tome dimensión de la cita por sí solo, nada de análisis de contenido con sus batallas referenciales. Lo único (o el todo de la pesadumbre intelectual) es más un señalamiento en la falla sísmica de la reverberación del lenguaje. El gorjeo de insultos, la gárgara ácida de la devaluación del otro (que posee un saber inaccesible), el acogotar al poder investido, eso primitivo, desbocado, desmadre de significados que despliega un territorio de barajas marcadas en el destino ajeno, fue algo por encima de pronósticos iluminados u horóscopos celestiales. Así como aparece el Diez (el muy bien diez súper escolarizado en la consagración deportiva), también ocurre la construcción del vindicador, o vengador ante los gritos del reproche popular, que no tiene otro recurso más que la violencia entre todas las violencias que ejerce (siendo él violentado en la falta, como desposeído del lenguaje).

El grado de verdad con que acosan los falsarios de la realidad argentina pone en juego la diminuta trascendencia del insulto. Como descarne, con sólo comparar, releyendo dónde, cuándo se parapetó un héroe ausente de eternidad en el discurrir del novelista se instala la terrible dimensión con que actúa la negación de la miseria.

Predicciones y poluciones

rendiciónmalvinasSeré breve. Luego de la lluvia, en la tormenta que desató el sufrimiento futbolero, Argentina tiene un sombrío pasaje a la exclusión mundialista. Para ejecutarlo, deberá transitar los 90 minutos que le corresponden en el Estadio Centenario de Montevideo. Hoy, 12 de octubre, lamentable feriado en homenaje a los depredadores españoles que invadieron América, traigo a la mesa de la reflexión lo siguiente:

-Nada de lo que ha mostrado el equipo maradónico se asemeja a la tradicional garra charrúa del fútbol uruguayo.

-La defensa argentina no puede marcar a los rivales ni con un lápiz labial.

-Messi tiene menos luces que el lado oscuro de la luna (muestra cierta falta cerebral: si no le ponen la pelota delante de las narices es incapaz de participar en un movimiento táctico, de ahí que sea tan morfón y agacha cabeza).

-Los otros 10 (Mascherano + 9) tienen menos ganas que Riquelme.

-Todos saben (jugadores, dirigentes y cuerpo técnico) que Maradona es un pobre y ausente, psiquiátrica y judicialmente inimputable.

-Uruguay cuenta con un verdadero equipo de fútbol, capaz de jugar de igual a igual, y de contra. ¿Quién necesita ganar? Con dos líneas de cuatro, un enganche, y Forlán arriba, la goleada está asegurada.

Cabe esperar que el Poder Ejecutivo tenga la sana coherencia de hacer accesible el Mundial de Sudáfrica a toda la población, Fútbol para Todos Internacional, pero sin la casaca argentina. De esa manera, todos los jugadores y proto jugadores, pueden ver en directo qué es jugar fútbol hoy.

Y por último. El culo de Palermo funciona una, dos, tres veces. También pateó tres penales al arco iris, una misma noche, con la misma camiseta. Habrá que esperar al 2014, en Brasil, donde pueden ganar Uruguay, Alemania o Inglaterra… O mejor esperar al 2018, por ahí -para ese entonces- la AFA desapareció con toda su dirigencia parásita.

La nada expansiva

PalermoFaltan dos partidos para que la Selección Argentina de Fútbol revele el misterio de su pase al próximo mundial. ¿Importa el rival? No señores, el rival es un accidente. Con un técnico que no realizó ningún tipo de curso que lo avale como tal (el mismo instituto dependiente de AFA le regaló el diploma sin siquiera hacer acto de presencia en una sola clase), cuya trayectoria al frente de equipos solamente de Argentina tiene más derrotas que empates o triunfos, ¿importan los rivales? La historia del deporte de alto rendimiento presenta casos similares, y sin navegar a distancia, Guillermo Vilas jamás pudo dar prueba de su eficacia como coach. Qué extraño, recuerdo a Willy, gran opacado mediático frente al Diego, representado como símbolo del triunfo, caída y resurgimiento social. Todo un emblema con su impronta entre transgresora e infantil. Bien, la selección tiene un técnico especializado en la derrota, un maestro del humo fuera de la cancha, pero que en su interior lució una habilidad incomensurable. Fuera de escena, demuestra una incapacidad supina para el manejo grupal, incentivo sobre objetivos, y dudo mucho que tenga un plan sobre una constante de trabajo planificado en base a un objetivo táctico de máxima, como puede ser un estilo de juego.

Ayer, una agrupación de jugadores nativos vistió la casaca nacional. Enfrente tuvo a once turistas africanos de dudosa calidad técnica, torpes desplazamientos y hasta poseedores de una brújula desmagnetizada respecto al arco rival. Tanto es así, que Palermo concretó dos goles e Insúa gambeteó a siniestra. ¿Rejuvenecieron o fueron iluminados con maradonismo inyectable? Todo lo contrario. Ante el combinado de Ghana hasta el devastado Huracán estaba en condiciones de lucirse.

Por fuera de exógenos y nativos, el grupo que armará Maradona (pegado a la línea de cal), deberá enfrentar un enemigo propio, interno, feroz y hasta invencible: la soberbia de la conducción técnica y dirigencial. Con mucho menos que dos dedos de frente, el mínimo razonamiento lógico dicta que si quieren entrenar a un buen equipo, enfrenten -al menos- a Vélez con sus titulares. Háganle goles y sáquenle la pelota al equipo de Gareca. Si Messi -y los 10 fantásticos que lo acompañen- lograran, al menos un empate en 1, recién ahí cabría una esperanza de jugar fútbol.

Por el momento, busquen una buena bolsa negra para meterse en la cabeza: la vergüenza siempre queda del lado del hincha.

Miseria Redonda

Estampilla del milenio

Estampilla del milenio

Pensé en escribir sobre la estrategia que Estudiantes de La Plata utiliza para dar cátedra de fútbol, dejando en una mueca del pasado aquellas primeras clases caraterizadas por el uso indiscriminado del hacha más que de la tiza. Las tres flechas de lanza que se invierten para atacar y luego, para defender, un dibujo táctico en que la pelota circula del centro a los costados y de allí al centro hasta encontrar el espacio para rematar al arco. Pensé, escribí, y ya lo hice, sin quererlo, o queriendo ser breve porque pasa otra cosa con el fútbol argentino que deja un olor a incertidumbre, a interrogantes siniestros.

Ya pasó un tercio del campeonato breve y hay dos equipos que juegan eso que puede definirse como fútbol. Uno campeón del país, el otro de América. Pero nada más. El resto configura una nube de torpezas y desaciertos reñidos con la práctica deportiva. Un solo ejemplo: el clásico de la sexta fecha entre Racing e Independiente sostuvo la atención en cómo los jugadores de uno y otro se pifiaban torpemente al buscar el choque o patada alevosa, lo que en apariencia daba una etrusca sensación de gambeta casual. El subcampeón del torneo corto anterior supo demostrar por qué el champagne es una bebida y el gatorai otra: Cappa reclamaba jugadas de la final que perdieran ante el mismo rival, veía otro partido, hacía muecas de dinero, cuando en la cancha sus jugadores trataban de determinar de qué color eran los gajos de la pelota. A esto lo llamo muecas de desesperación: la del nadador al borde del ahogo, la de quien se protege con las manos ante el disparo contra su cuerpo. Lo terrible aún ocurre, sin importar el giro dramático de la representación. Cierto ex dirigente del fútbol me dijo hace dos años: el fútbol argentino es un frigorífico de exportación. Alcanza con ver las estadísticas de quiénes hacen goles, o qué equipos cosechan triunfos, la veteranía gana por sobre el detritus que circula disfrazado de deportistas de elite. Hoy, la selección clase B que jugará un amistoso contra nadie, se integra con lo mejor que no está en el top ten europeo, y más de un hincha espera que juegue mejor que los millonarios extraditables, abriendo una esperanza en la posible formación que permita otro mundial para todos. Redondeando lo que la mayoría de los jugadores maltrata: el fútbol nativo de primera división es el tedio consagrado. Horripilantes, improvisados, los dos millonarios forman con veintidós animales incapaces de hacer algo inteligente en conjunto o individualmente.

Con un fútbol de ausencias, también el pintoresquismo muta, y es lo que llama mi atención. Desde que Fóbal pa Todos copó la parada televisiva estableciendo cómo se reparte el mazo de setecientos millones, la paz anida en el espíritu deportivo que se ejecuta en la tribuna. ¿Cómo? Sí señores, la Guardia Imperial no tira petardos sino rollos de papel con algún canuto de cartón de más peso. ¿Qué fue de la pirotecnia expansiva? Nadie, en seis fechas, produjo incidentes más o menos graves durante y después de los partidos. ¿Cómo? Sí señores, la paz está con nosotros. Pero no es un milagro y esto pone en evidencia que en el reparto de la diosa fortuna del Estado Nacional, la lista de cada club ha considerado las arcas de los barras bravas profesionales. ¿Se tratará de una paz armada? ¿En qué se entretendrá tanta energía y fuerza de choque? ¿O tan sólo están tomando impulso para una escalada incontenible? ¿Cuál será el detonante para que semejante naturaleza retome la senda del control escénico? Pero éste cronista improvisa pensamientos de maldad suprema, donde el cruce político siembra plantas repletas de espinas venenosas: ante la entrada en crisis del sistema de subvención piquetera la fuerza paralela de los barras se presenta como un freno posible. Es sabido que el sindicalismo dispone de fuertes vínculos con ese entorno extradeportivo. Incluso, que la muerte de un hincha de Tigre en cercanías de Chicago obedeció a una vendeta política por el manejo de la protección policial en los estadios. Hoy, uno de los implicados en el hecho juega al custodio de Messi representando al paternalismo de la AFA. La fuerza sindical dispone de un sólido panel militante sosteniendo el aliento de las tribunas, reservorio de pretorianos a la hora de dirimir internas o posiciones en multitudinarias marchas de apoyo. La caja de unos defenderá la caja de otros, y el clientelismo se escudará en la falange futbolera.

Del Fútbol para Todos en la cajita boba al Fútbol para una Minoría sentada, ordenada, de etiqueta, como si de un desfile de modas se tratara. Lo popular será recuerdo de otro país en donde más de catorce millones de pobres quedan confinados en el barro, la mierda y la ignorancia del poder.