Miseria Redonda

por Omar Genovese, el 29/09/2009 a las 13:04

Estampilla del milenio

Estampilla del milenio

Pensé en escribir sobre la estrategia que Estudiantes de La Plata utiliza para dar cátedra de fútbol, dejando en una mueca del pasado aquellas primeras clases caraterizadas por el uso indiscriminado del hacha más que de la tiza. Las tres flechas de lanza que se invierten para atacar y luego, para defender, un dibujo táctico en que la pelota circula del centro a los costados y de allí al centro hasta encontrar el espacio para rematar al arco. Pensé, escribí, y ya lo hice, sin quererlo, o queriendo ser breve porque pasa otra cosa con el fútbol argentino que deja un olor a incertidumbre, a interrogantes siniestros.

Ya pasó un tercio del campeonato breve y hay dos equipos que juegan eso que puede definirse como fútbol. Uno campeón del país, el otro de América. Pero nada más. El resto configura una nube de torpezas y desaciertos reñidos con la práctica deportiva. Un solo ejemplo: el clásico de la sexta fecha entre Racing e Independiente sostuvo la atención en cómo los jugadores de uno y otro se pifiaban torpemente al buscar el choque o patada alevosa, lo que en apariencia daba una etrusca sensación de gambeta casual. El subcampeón del torneo corto anterior supo demostrar por qué el champagne es una bebida y el gatorai otra: Cappa reclamaba jugadas de la final que perdieran ante el mismo rival, veía otro partido, hacía muecas de dinero, cuando en la cancha sus jugadores trataban de determinar de qué color eran los gajos de la pelota. A esto lo llamo muecas de desesperación: la del nadador al borde del ahogo, la de quien se protege con las manos ante el disparo contra su cuerpo. Lo terrible aún ocurre, sin importar el giro dramático de la representación. Cierto ex dirigente del fútbol me dijo hace dos años: el fútbol argentino es un frigorífico de exportación. Alcanza con ver las estadísticas de quiénes hacen goles, o qué equipos cosechan triunfos, la veteranía gana por sobre el detritus que circula disfrazado de deportistas de elite. Hoy, la selección clase B que jugará un amistoso contra nadie, se integra con lo mejor que no está en el top ten europeo, y más de un hincha espera que juegue mejor que los millonarios extraditables, abriendo una esperanza en la posible formación que permita otro mundial para todos. Redondeando lo que la mayoría de los jugadores maltrata: el fútbol nativo de primera división es el tedio consagrado. Horripilantes, improvisados, los dos millonarios forman con veintidós animales incapaces de hacer algo inteligente en conjunto o individualmente.

Con un fútbol de ausencias, también el pintoresquismo muta, y es lo que llama mi atención. Desde que Fóbal pa Todos copó la parada televisiva estableciendo cómo se reparte el mazo de setecientos millones, la paz anida en el espíritu deportivo que se ejecuta en la tribuna. ¿Cómo? Sí señores, la Guardia Imperial no tira petardos sino rollos de papel con algún canuto de cartón de más peso. ¿Qué fue de la pirotecnia expansiva? Nadie, en seis fechas, produjo incidentes más o menos graves durante y después de los partidos. ¿Cómo? Sí señores, la paz está con nosotros. Pero no es un milagro y esto pone en evidencia que en el reparto de la diosa fortuna del Estado Nacional, la lista de cada club ha considerado las arcas de los barras bravas profesionales. ¿Se tratará de una paz armada? ¿En qué se entretendrá tanta energía y fuerza de choque? ¿O tan sólo están tomando impulso para una escalada incontenible? ¿Cuál será el detonante para que semejante naturaleza retome la senda del control escénico? Pero éste cronista improvisa pensamientos de maldad suprema, donde el cruce político siembra plantas repletas de espinas venenosas: ante la entrada en crisis del sistema de subvención piquetera la fuerza paralela de los barras se presenta como un freno posible. Es sabido que el sindicalismo dispone de fuertes vínculos con ese entorno extradeportivo. Incluso, que la muerte de un hincha de Tigre en cercanías de Chicago obedeció a una vendeta política por el manejo de la protección policial en los estadios. Hoy, uno de los implicados en el hecho juega al custodio de Messi representando al paternalismo de la AFA. La fuerza sindical dispone de un sólido panel militante sosteniendo el aliento de las tribunas, reservorio de pretorianos a la hora de dirimir internas o posiciones en multitudinarias marchas de apoyo. La caja de unos defenderá la caja de otros, y el clientelismo se escudará en la falange futbolera.

Del Fútbol para Todos en la cajita boba al Fútbol para una Minoría sentada, ordenada, de etiqueta, como si de un desfile de modas se tratara. Lo popular será recuerdo de otro país en donde más de catorce millones de pobres quedan confinados en el barro, la mierda y la ignorancia del poder.

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