Archive for Octubre, 2009

La causa del significante

Lunes, Octubre 26th, 2009

lamborghini222Hay muchas formas de entrar en la historia de un país. Pero supongamos que existen dos, generales, relacionadas con las circunstancias de la memoria: una, a través de la resonancia de la acción (héroes, estadistas, opositores, guerreros, criminales, caudillos…); otra, por el simbolismo del representado -en la síntesis suprema- en un nombre o apodo, donde confluyen la noción de lo contemporáneo y la carga simbólica de las características del sujeto, en ese plus nominal que lo representa, y a la vez flota -pervive- en el habla hasta el agotamiento del olvido. En el segundo caso, la permanencia pende de algunas abstracciones llamativas al momento de analizar las características de lo humano, llámense memoria popular, incorporación al habla vulgar como síntesis de una acción determinada, y demás casos producto del análisis de la lingüística y la sociología.

La literatura atraviesa varios siglos proponiendo ideas (o refutándose) entre las distintas circunstancias en que a tiempo se ufana y arrepiente del inevitable transcurrir. Pueden ensayarse varias sentencias similares, por ejemplo: la literatura es la forma inacabada en la que hace memoria el habla. Esa relación del hombre con el juego (representarse en la escena donde todavía no es), es donde varios estilos literarios trazan épocas, límites y desordenan las estructuras del pensamiento establecido como normal o necesario. El capricho de aproximaciones hacia lo que es la literatura puede extenderse en una escena simple y más que probable: tres escritores en la noche, embriagados de certezas, piensan en trascender aún cuando sus obras queden olvidadas en la última biblioteca del mundo.

A qué viene, dirá el lector. A qué vino, piensa el que escribe. Supongamos que lo escrito aquí no es más que la expresión de ciertas preferencias y ni siquiera eso. Apenas capricho. Y la dualidad asiste a la conformación de una visión del conjunto: lo escrito que se escribe y continúa en el que lee que a la vez comenta (otra vez se escribe) para deshacerse de lo que en él se inscribe. Otro juego, alegre y distendido, en un acto de conjunto, siempre listo a repetirse ni bien haga forma el texto en la imagen de una pantalla.

En la construcción de la ficción argentina -que sobrevive a todos los tirones y lastres de la realidad-  se aplicó un reducido grupo de escritores. Casi bicentenarios, en períodos que comprenden 50 ó 40 años, quedaron pocos hombres de letras como estigmas, cuyas voces atraviesan ése esfuerzo necio en la insistencia conocido como historia argentina, obstinada en encumbrar como éxito soluciones tardías a síntomas letales de lo que no remedia. Hay un pase de posta en el último período de esa narración involuntaria, y corresponde al traslado de lo poético a la prosa despiadada, un salto que va de Jorge Luis Borges a Osvaldo Lamborghini. Del salvaje desprecio por el reconocimiento popular a los ídolos deportivos del primero, siguió el trastocamiento de los valores académicos invadidos por el psicoanálisis lacaniano y su conjetura infinita, interminable -y también injusta-, que hace tierra en el segundo. En los dos, el corte “se hace” en malentendidos y resignificaciones. Ya Borges contestaba desconocer qué era Vilas, pateando el tablero de la supuesta sabiduría mediática. Mientras que Lamborghini fue el primero en dar lugar geométrico a ése otro nominado por hazañas de carambola y dinero: Maradona.

En el fin de semana, Perfil.com reproduce una columna de Martín Kohan titulada La causa justa (título de una novela breve de Lamborghini, escrita en Barcelona, 1983), dice el escritor y docente:

De estos mismos asuntos trata La causa justa, aquel cuento de Osvaldo Lamborghini: de un partido de fútbol, de chuparla o no chuparla, de llevar la palabra al acto, del carácter nacional y popular. Lo que a Maradona le ha estado faltando en todo esto es una especie de Tokuro, el japonés intransigente del cuento de Lamborghini, que impone la obligación de cumplir con la palabra dada más allá de la circunstancia de ser puto o no ser puto.

La referencia está ajustada a la escena del conferencista de fama notable, en esa puesta en juego de la oralidad y analidad periodística. Pero hay un algo, un plus, que Kohan no ha tenido en cuenta. El texto primitivo donde se concreta en lo literario el devenido seleccionador de dudosos talentos futbolísticos, es anterior, del año 1982, y escrito por Lamborghini en Mar del Plata. Se trata de la novela Las Hijas de Hegel, más precisamente en la subdivisión III del Capítulo I, titulado Pura mierda, putas cochinadas (pregunto, ¿la pre-visión del autor nos condenó con sutil ilusionismo a sostener sus palabras para construir esa historia siempre en derrota?), cito el párrafo:

La tarde caía, soberanamente esta vez. Cojeando, según su estilo típico (era un característico), el sacristán se dirigía hacia el bar del Cholo Catánzaro para tomar su copa habitual: era un bebedor moderado, aunque esto no venga al caso, salvo para avisar –como sutilmente lo hace Shakespeare en el comienzo de Hamlet- acerca del héroe y de la pureza de sus visiones, ayunas de alcohol. Golay compró la sexta en el kiosko de Fernández, justo enfrente del bar. Cruzó la calle. Cojeando. Entró al bar y cojeó, hasta la barra. Montó ágil, ágil para su pierna y edad, en un alto taburete hexagonal, y con sus manos fuertes, poderosas, desplegó el diario: directamente se enfrascó, en la página Deportes. El caso Maradona en Barcelona no lo dejaba vivir: él estaba contra el periodismo y la opinión general. Del otro lado del mostrador, el Cholo, que estaba con la opinión general (linchar a Maradona y chau), saludó al gorrón con la cabeza y, sin preguntarle nada (¡son años!) le sirivió un vaso de blanco frío de la casa. El Cholo, que honestamente, pero lo jura por su  madre, la pura verdad: el Cholo, que honestamente se había iprometido a sí mismo, por lo más sagrado, no tocar esa tarde el tema Maradona (en Barcelona) con el Ren-golay, va, se le pone enfrente al acercarle el vino, señala con su dedo gordo y cholo, sucio, las páginas del diario, las fotos del ídolo: va y mascando, mascando su escarbadientes de mediados de enero pasado, vay le dice al glorioso asesino impune, al Sacristán Golay:

-Con la guita que ha hecho correr ese guacho, se podría haber construido otro Hospital de Niños. Encima, va a Barcelona y hace un papelón. Encima, se la agarra con nosotros, con los argentinos, y con los periodistas: ¡una vez que dicen la verdad! Encima…

-Encima –le cortó el chorro, lívido, Mistah Ren Sácristah- encima yo te voy a poner las manos «encima», voy a traer el cordel de gasa suave (se le escapó: es la pasión), te voy a romper la jeta (corrigió al vuelo), vení, la puta que te parió, maricón de mierda (exageraba para hacerle olvidar lo del maldito «¡si seré animal!» cordel de gasa suave), salí pa’fuera, vamos, salí pa’fuera, cagón, la concha de tu hermana, «encima», «encima» me vas a chupar la pija «encima», gordo culón, por algo tenés más culo que cabeza, te la debés comer doblada ahí mismo, detrás del mostrador, y el que te garcha, porque no me digas: vos sos culastrón, de paso le hace el favor a tu mujer, pobre doña Clemencia venirse a casar con un trolo como vos, y tu chongo, además, es el padre de tus hijos, además, «encima»…

Más adelante, el personaje Rengolay-sacristán, quien estrangulara a un cura párrafos antes, se completa por características miserables: analfabeto, ágrafo, capaz de fingir leer el diario, condenado a la radio y la televisión. ¿Quién es ése simbólico criminal embrutecido? ¿El pueblo argentino que dejara la palabra en los oídos del manco eterno? Pero prefiero que el lector tome dimensión de la cita por sí solo, nada de análisis de contenido con sus batallas referenciales. Lo único (o el todo de la pesadumbre intelectual) es más un señalamiento en la falla sísmica de la reverberación del lenguaje. El gorjeo de insultos, la gárgara ácida de la devaluación del otro (que posee un saber inaccesible), el acogotar al poder investido, eso primitivo, desbocado, desmadre de significados que despliega un territorio de barajas marcadas en el destino ajeno, fue algo por encima de pronósticos iluminados u horóscopos celestiales. Así como aparece el Diez (el muy bien diez súper escolarizado en la consagración deportiva), también ocurre la construcción del vindicador, o vengador ante los gritos del reproche popular, que no tiene otro recurso más que la violencia entre todas las violencias que ejerce (siendo él violentado en la falta, como desposeído del lenguaje).

El grado de verdad con que acosan los falsarios de la realidad argentina pone en juego la diminuta trascendencia del insulto. Como descarne, con sólo comparar, releyendo dónde, cuándo se parapetó un héroe ausente de eternidad en el discurrir del novelista se instala la terrible dimensión con que actúa la negación de la miseria.

Predicciones y poluciones

Lunes, Octubre 12th, 2009

rendiciónmalvinasSeré breve. Luego de la lluvia, en la tormenta que desató el sufrimiento futbolero, Argentina tiene un sombrío pasaje a la exclusión mundialista. Para ejecutarlo, deberá transitar los 90 minutos que le corresponden en el Estadio Centenario de Montevideo. Hoy, 12 de octubre, lamentable feriado en homenaje a los depredadores españoles que invadieron América, traigo a la mesa de la reflexión lo siguiente:

-Nada de lo que ha mostrado el equipo maradónico se asemeja a la tradicional garra charrúa del fútbol uruguayo.

-La defensa argentina no puede marcar a los rivales ni con un lápiz labial.

-Messi tiene menos luces que el lado oscuro de la luna (muestra cierta falta cerebral: si no le ponen la pelota delante de las narices es incapaz de participar en un movimiento táctico, de ahí que sea tan morfón y agacha cabeza).

-Los otros 10 (Mascherano + 9) tienen menos ganas que Riquelme.

-Todos saben (jugadores, dirigentes y cuerpo técnico) que Maradona es un pobre y ausente, psiquiátrica y judicialmente inimputable.

-Uruguay cuenta con un verdadero equipo de fútbol, capaz de jugar de igual a igual, y de contra. ¿Quién necesita ganar? Con dos líneas de cuatro, un enganche, y Forlán arriba, la goleada está asegurada.

Cabe esperar que el Poder Ejecutivo tenga la sana coherencia de hacer accesible el Mundial de Sudáfrica a toda la población, Fútbol para Todos Internacional, pero sin la casaca argentina. De esa manera, todos los jugadores y proto jugadores, pueden ver en directo qué es jugar fútbol hoy.

Y por último. El culo de Palermo funciona una, dos, tres veces. También pateó tres penales al arco iris, una misma noche, con la misma camiseta. Habrá que esperar al 2014, en Brasil, donde pueden ganar Uruguay, Alemania o Inglaterra… O mejor esperar al 2018, por ahí -para ese entonces- la AFA desapareció con toda su dirigencia parásita.

La nada expansiva

Jueves, Octubre 1st, 2009

PalermoFaltan dos partidos para que la Selección Argentina de Fútbol revele el misterio de su pase al próximo mundial. ¿Importa el rival? No señores, el rival es un accidente. Con un técnico que no realizó ningún tipo de curso que lo avale como tal (el mismo instituto dependiente de AFA le regaló el diploma sin siquiera hacer acto de presencia en una sola clase), cuya trayectoria al frente de equipos solamente de Argentina tiene más derrotas que empates o triunfos, ¿importan los rivales? La historia del deporte de alto rendimiento presenta casos similares, y sin navegar a distancia, Guillermo Vilas jamás pudo dar prueba de su eficacia como coach. Qué extraño, recuerdo a Willy, gran opacado mediático frente al Diego, representado como símbolo del triunfo, caída y resurgimiento social. Todo un emblema con su impronta entre transgresora e infantil. Bien, la selección tiene un técnico especializado en la derrota, un maestro del humo fuera de la cancha, pero que en su interior lució una habilidad incomensurable. Fuera de escena, demuestra una incapacidad supina para el manejo grupal, incentivo sobre objetivos, y dudo mucho que tenga un plan sobre una constante de trabajo planificado en base a un objetivo táctico de máxima, como puede ser un estilo de juego.

Ayer, una agrupación de jugadores nativos vistió la casaca nacional. Enfrente tuvo a once turistas africanos de dudosa calidad técnica, torpes desplazamientos y hasta poseedores de una brújula desmagnetizada respecto al arco rival. Tanto es así, que Palermo concretó dos goles e Insúa gambeteó a siniestra. ¿Rejuvenecieron o fueron iluminados con maradonismo inyectable? Todo lo contrario. Ante el combinado de Ghana hasta el devastado Huracán estaba en condiciones de lucirse.

Por fuera de exógenos y nativos, el grupo que armará Maradona (pegado a la línea de cal), deberá enfrentar un enemigo propio, interno, feroz y hasta invencible: la soberbia de la conducción técnica y dirigencial. Con mucho menos que dos dedos de frente, el mínimo razonamiento lógico dicta que si quieren entrenar a un buen equipo, enfrenten -al menos- a Vélez con sus titulares. Háganle goles y sáquenle la pelota al equipo de Gareca. Si Messi -y los 10 fantásticos que lo acompañen- lograran, al menos un empate en 1, recién ahí cabría una esperanza de jugar fútbol.

Por el momento, busquen una buena bolsa negra para meterse en la cabeza: la vergüenza siempre queda del lado del hincha.