Corazón rojo, corazón sangrante
Sábado, Noviembre 14th, 2009
Foto de Luis Bardamu
Hoy se cumplen 100 años del atentado que realizara Simón Radowitzky contra el Cnl. Ramón L. Falcón, jefe de la policía federal, quien días antes de su muerte ordenara a sus tropas de asalto disparar contra una manifestación anarquista desarmada.
A Radowitzky, de 18 años, le valieron penosas condiciones de detención durante 21 años (en un principio fue condenado a muerte y al demostrar que era menor de edad, encarcelado en el penal de Usuahia con perpetua, luego conmutada por Yrigoyen), la expulsión del país, iniciando un derrotero por Uruguay y Brasil, que lo llevó a servir del lado de la República en la Guerra Civil española, para terminar sus días trabajando en México, en una fábrica de juguetes. Siempre fue anarquista, y murió como tal.
El mismísimo Falcón fue socio fundador del club Gimnasia y Esgrima de La Plata. Antes, formó parte de la oficialidad del General Roca en sus campañas de exterminio de lo que hoy se denominan pueblos originarios, pero a quienes sus contemporáneos llamaban salvajes, menos que animales.
Como hincha de Estudiantes de la Plata, el detalle anterior justifica la bandería de quien escribe, en ambos sentidos. Pero no puedo seguir escribiendo sobre ello. Hay algo que interrumpe la mansedumbre del acto de escribir, cierta interferencia estética, deportiva y casi endocrina. Señores, Argentina pierde 2-1 con España. Peor: perdió durante todo el partido y si no fuera por un penal de Messi, la cosecha deportiva era CERO.
El equipo rojo jugó manteniendo la estructura sólida de un mediocampo tan rápido como la delantera. Gente en el medio, y a salir jugando. Mientras el seleccionado del ex jugador (y nunca técnico de fútbol) Maradona vivió en el caos durante 90 minutos. Los idiotas que transmiten (TyC Sports) vieron (sólo ellos) una recuperación del juego argentino en el segundo tiempo. Magia, espejismo, alucinaciones por tomar mate amargo durante la transmisión. Mientras tanto, el rejunte deportivo patrio se fue de la cancha con toda la defensa amonestada (dos de ellas en tono naranja).
En sí, el equipo no aparece porque no está. Porque Maradona sabía con los botines, pero no desde el banco. Hay muchísimos factores que ignora el seleccionador, y uno determinante: no alcanza con la viveza o ver qué pasa, usar el olfato.
Argentina pierde el tiempo sin ideas futbolísticas, por más que el corazón de algunos de sus jugadores se ofrezca generoso, latiendo enrojecido, manando sangre. Y, para mejorar, ya no hay tiempo ni transfusión que alcance.
Que Maradona, Heinze y Bilardo se dediquen a otra cosa, menos a perjudicarle la vida a los nuevos jugadores. Si están obstinados en negar sus actualidades decadentes, que se queden en casa. Lo popular tuvo un brillo fugaz, como la fama, y eso en nada garantiza el manejo de una estrategia (qué concepto extraño, ¿no?). El fútbol argentino necesita gente inteligente, cuya integridad sepa poner distancia al negocio que todo lo mancha y deforma.
Ah, y las ideas… ¿quién tiene ideas para dirigir un amontonamiento de frustraciones?
Seré breve. Luego de la lluvia, en la tormenta que desató el sufrimiento futbolero, Argentina tiene un sombrío pasaje a la exclusión mundialista. Para ejecutarlo, deberá transitar los 90 minutos que le corresponden en el Estadio Centenario de Montevideo. Hoy, 12 de octubre, lamentable feriado en homenaje a los depredadores españoles que invadieron América, traigo a la mesa de la reflexión lo siguiente: