De brasucas, malabaristas, serbios y YouTube
por Jorge Gérardin, el 23/08/2009 a las 6:09 am
Futivollvey en las playas de Toronto.
Antes de mudarme a Toronto, visité la ciudad para conocerla. Arreglé la fecha para coincidir con un amigo mío, un productor de documentales que vive en Montreal y viajaba para filmar. Uno de los documentales era en la playa Woodbine, al este de la ciudad. La idea era juntar a un brasuca fanático del futivolley con un canadiense enfermo del fútbol.
La playa tenía como veinte o treinta canchas de volley. En todas jugaban al volley, obvio. Excepto una. La de los brasucas, que jugaban al futivolley como si estuvieran en Copacabana. Hay que ver lo que es eso. La tienen atada los pibes. Bah, atada no, porque acá la joda es que la tenés que pasar. No existe eso de ponerla bajo la suela.
Lo hicieron jugar al canadiense. Pobre, hizo papelones. Es que además de canadiense era arquero. Se le cagaban de risa, pobre pibe. Después de un rato me dijeron a mí si quería jugar, así que me mandé. Era la primera vez que jugaba.
Al principio hice papelones, como el canadiense. A mí también se me cagaban de risa. Encima me cargaban porque era argentino. Es que es jodido, en el futivolley a vos te viene al pecho y vos, de pecho nomás, se la tenés que poner en la cabeza a tu compañero. Te quiero ver ahí. Es que toda tu vida, cuando te tiraban una pelota al pecho vos la matabas, la bajabas como si tuvieras una almohada. Es instintivo. Ahora que estás ahí, en diez minutos tenés que torcer la historia de la evolución futbolística. Y si la matás con el pecho se te cagan de risa.
Después le empecé a agarrar la mano y dejé bastante bien parado el nombre de Argentina. Hasta los brasucas lo reconocieron. Pero verlos a ellos da gusto. Las cosas que hacen esos pibes! Es como que tienen un resorte en el pecho. O cuando ya la tienen que pasar del otro lado, la tercera, que ahí le dan con lo que venga, de taquito o de chilena, si la cancha les quedó de espaldas. Unos monstruos los brasucas. Dan ganas de aplaudirlos.

Estos brasucas sí que la tienen clara...
Y también la mejor onda. Después de filmar nos quedamos hablando bastante. Yo les preguntaba dónde jugaban en el invierno. Entre tanto muerto que hay por acá me gustaba la idea de prenderme en algún fútbol indoor con brasucas. Y ahí me sorprendieron.
–No, yo no juego al fútbol –me dijo André, uno de los que mejor jugaba.
–¿Cómo que no jugás? –le pregunté incrédulo.
–No, yo juego al futivolley, al fútbol soy malísimo. Si me meten en una cancha no se ni donde pararme –confesó. Yo casí me caigo de culo, si vos vieras las cosas que hacía ese flaco!!!
Mirá, si necesitaba una confirmación era ésta, viejo! Me lo dijo clarito el brasuca. Son dos deportes distintos. Es como que un acróbata chino, de esos que se suben a una bici con una pirámide de quince chinitas encima, te diga que puede ganar el Tour de France. Es otra cosa.
Por lo menos los brasucas la tienen clara, no como los pibes de ahora. Desde que llegué a Canadá me la paso puteando a los malabaristas. Es que hay toda una generación que creció mirando por YouTube los malabares que hace Ronaldinho y se la pasan toda la tarde imitándolo. Y no te hablo los de los potreros o favelas, que por lo menos después van y la rompen; te hablo de los de Canadá que después van a jugar y son malísimos. Vos los ves entrar a la cancha y tenés que ver las cosas que hacen antes de los partidos. Si yo intento hacer lo mismo me rompo los ligamentos, o los dientes contra el piso.
Y lo peor es que se creen que son buenos. Pero el partido es la hora de la verdad, ahí se ven los pingos, como dicen los antiguos. Ahí los pendejos quieren hacer las mismas pelotudeces que hacen afuera de la cancha.
Para estos casos te doy un consejo de alguien que lleva muchos años de esto: vos quietito. No los ataques porque los pibes son hábiles, no son giles. Si te comés un amague te pintan. No, vos quietito, vas a ver que si aguantás el pibe se desnuca tratando de hacerte una bicicleta, o si tarda mucho en gambetearte los compañeros lo empiezan a putear para que la largue. Así que vos quietito. La otra que puede pasar es que lo agarre un serbio, que se pasó ocho años en la guerra de los Balcanes y tiene más batallas que partidos, y le sacuda una hostia para que –como dicen los gallegos– se vaya a tomar por culo él y todos sus malabares. Si hasta te dan ganas de aplaudirlo al serbio también…
Bueno, ahora te dejo. Estoy leyendo en Marca que a Ronaldinho los tifosis lo descubrieron en una disco y lo sacaron a patadas, lo mandaron a dormir. Ilusos los tifosis, Ronaldinho se fue al boliche de al lado. Todavía no se acostó.
