Eso de andar jugando con minas…

por Jorge Gérardin, el 16/12/2009 a las 10:36 pm

Si leíste mi nota anterior y te dejé el ánimo por el piso (ver nota), primero te pido perdón. Y ahora que estoy de mejor humor te paso el antídoto. Ya te conté lo que es jugar en otro idioma (ver nota), jugar al futivolley con brasucas (ver nota), y como dudo de que alguna vez hayas pasado por esta experiencia, hoy te voy a contar lo que es jugar al fútbol con minas.

Antes que nada vamos a aclarar los tantos. Porque vos seguro que alguna vez fuiste a alguna fiesta, ponele en una quinta, te mamaste y terminaron todos en la pileta. Después, así de la nada, apareció una número 5 y se armó un picado, minas incluidas. Si querés agregá alguno en pelotas, como condimentar un poco la cosa.

O si no en la playa. Playa amplia, tipo Claromecó, algo así. Con Aníbal Hugo y todo. Lo mismo: picado playero y se prenden las minas. Transpirás un rato, hasta que una mina se fractura el dedo gordo por pegarle de puntín y se suspende todo. Está bien, te divertiste, corriste un poco, pero con esto no me podés decir que jugaste con minas. Una idea tenés, pero con eso no te puedo aprobar. Todavía te falta.

Cuando te digo jugar con minas me refiero a jugar en serio. De once, con botines, canilleras, redes, referí, jueces de línea, firmando planilla y todo eso.

Imaginate: entrás a la cancha con tu equipo, estás precalentando, mirás a los contrarios y ves que en el otro equipo hay una mina. Al principio pensás que es una masajista, o por lo menos la novia de alguno. Pero la mina tiene botines y canilleras. Te ponés a contar, porque te parece raro y resulta que son once. Y, si, la mina juega. Por este lado del mundo esas cosas pasan.

Lo primero que te voy a pedir es que por esa mina te saques el sombrero. Por el sólo hecho de entrar a una cancha solita, rodeada de 21 animales (sin contar la terna arbitral), ya la mina demuestra que tiene unos huevos del tamaño de un Botero.

Segundo, te pido que no la subestimes. Me ha tocado jugar con algunas minas por las que entregaría a varios de mis amigos en parte de pago, en caso de que me los aceptaran. Es que acá hay minas que juegan bien, en serio. Les enseñan a ser criteriosas. No vas a ancontrar a muchas que gambeteen o que se la morfen. Juegan en equipo.

Si me preguntás a mí, te digo que prefiero tenerlas de mi lado, porque cuando jugás contra ellas es jodido. Imaginate si te una mina te hace un caño. No vas a ser tan animal de salir a partirla como lo harías con un tipo. Tampoco le vas a tirar el cuerpo para que termine cuadriculada contra el alambrado. Queda feo. Entonces, a veces vas flojito y por ahí la mina -que ella sí va con todo porque va a chocar contra un tipo-, te tira al carajo. Imaginate el papelón, lo que se te cagan de risa tus compañeros, los contrarios y hasta el referí.

Minas SoccerEn cambio, cuando la tenés en tu equipo es distinto. Por lo general ocupan puestos periféricos. La columna vertebral siempre son los tipos: arquero, los centrales, el cinco, el enganche y un 9 que la meta. Si vienen minas las ponen arriba, por las puntas, o de carrileros. De laterales no porque si las pasan te empiezan a llover los centros. Otra ventaja es que vos se la das y la pelota te vuelve; la mina no va a tratar de disputarte el liderazgo, entendés? Nunca vas a tener una discusión en el entretiempo, ponele: “Vos, boluda, seguilo al 3, porque se junta con el 11 y nos cagan a centros!!!”, para que encima te conteste: “Escuchame, pelotudo, ¿por qué no callás y en vez de criticar te ocupas de tomar al pelado de ellos, que se está haciendo un picnic por tu lado?”, como te podría contestar cualquier compañero barbudo.

No, eso con las minas no pasa. Dentro de la cancha son prolijas, sumisas, respetuosas. La verdad que da gusto jugar con minas. Pará, por favor, porque ya te veo la cara y ya sé lo que me vas a decir… Por favor, no me vengas con la pregunta boluda de si nos cambiamos en el mismo vestuario y esas cosas, porque acá no estamos para hablar boludeces sino para discutir el tema con altura, con enfoque científico, te diría.

Y en honor al rigor que exige la ciencia, debo advertirte que todo esto tiene una gran trampa. Porque te conozco y sé que sos un  tipo tan enfermo del fútbol como de las minas y podrías sentirte tentado a pensar que esto de compartir el fútbol con minas es el paraíso, porque sería como juntar tus dos pasiones. Pará. Pará acá. Hasta acá veníamos juntos pero yo me bajo acá. Todo bien, es una linda experiencia, la disfrutaste, tenés algo curioso para contarle a tus amigos, hasta por ahí sos el centro de la fiesta por quince minutos. Pero hasta acá llegamos.

No sé, seré antiguo, lo que quieras. Pero el partido terminó y cada uno a su casa. De sólo imaginarme que alguien pueda estar en la cama, con una mina al lado (ya sea novia, esposa, amiga, vecina o la raza que sea) mirando Fútbol de Primera, y encima escuchando que opinan sobre cuestiones tácticas, ahí ya empiezo a presentar síntomas de gripe aviar y porcina juntas. Imaginate discutiendo de igual a igual si el carrilero tiene que subir pegado a la línea o más adentro para no taparle la subida al 4, si hay que jugar con doble cinco o si se puede jugar con dos “9 de area” juntos.

El día que pase eso habrás perdido todo. Habrás entregado el último bastión que teníamos los hombres para que no nos rompan las bolas durante dos horas (aunque en eso los golfistas nos ganan por afano; esos se rajan todo el día). Preguntale a tu mujer si le gustaría que la acompañes cuando va al shopping y de paso le controlás cuánto gasta con la tarjeta de crédito. Andá y contame lo que te dice. Por suerte allá las minas no juegan al fútbol y vos no tenés estos problemas…

Ahora te dejo. Me hiciste acordar: me voy a controlar el resumen de la tarjeta. Decime… ¿tu mujer también gasta tanto?

Hasta la próxima.

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PD: recibí muchos mails y comentarios por la nota anterior. Confieso haberla escrito con miedo, pero me alegra saber que hay mucha gente que valora lo realmente importante. Saludos a todos.

9 Comentarios to “Eso de andar jugando con minas…”

  1. el extranjero Says:

    Che te aviso que ya no tenes las dos horitas de F’utbol de Priimera!!! se levant’o el prgrama por la “liberacion de los goles secuestrados”!!!

  2. Rafael Alvarez Says:

    Yo tenía una noviecita a los 13 o 14 años que jugaba y muy bien, pero yo me di cuenta tarde. Fue en un picado en una quinta como describís en tu relato. En la primera pelota que toca la mina me amaga por un lado y se me va por el otro. Dejaron de gastarme sólo cuando a la siguiente jugada recibe de espaldas al arco y tras una intervención de las mías pegó la nuca contra el piso….Me miraron raro hasta mis compañeros. La mina siguió jugando pero no mostró el nivel que insinuó en su primera bocha que tocó…Abrazo Jorge.

  3. Comentario publicado en Facebook - Marcelo Says:

    Por aca (españa) es muy normal que juegen mujeres y hombre mezclado en el futbol, es algo muy raro, como las marcas?, en los centros, que?, la apoyas? como es el tema…
    Un abrazo

  4. German Says:

    Que buena nota, no parece que te hubiera visto jugar de 5 y en el arco (de 9 no me acuerdo…) con tus grandes virtudes… felcitiaciones

  5. Comentario publicado en Facebook - Fernando Says:

    Lo raro es andar apoyando a un muchachito en un centro…
    Me recuerda al Pibe Valderrama y un lindo episodio con Michel.
    http://www.youtube.com/watch?v=84yUYg4RzpU

  6. Diego Says:

    paro al final…..se cambiaron o no en el mismo vestuario?

    Abrazo enorme Sapito querido!!!!!
    Y muchas Felicidades para vos y la familia.

  7. Comentario publicado en Facebook - Diego Says:

    Que groso sos Sapo, enserio!!! que groso que sos!!!!! JAJAJAJAJAJA

  8. Jorge Gérardin Says:

    Sabía que algún degenerado iba a preguntar lo del vestuario…

  9. Maxi Says:

    Sapo, me hace acordar que cuando fui a hacer la maestría a Washington, en uno de los primeros días se armó un picado en el campus. Cometí un error: fuí con la camiseta argentina. Ello implicó que me eligieran primero … PRIMERO!!! y no pararan de pasarme la pelota y corrieran a buscar una devolución que por supuesto nunca les llegaba. A los veinte minutos ya estaba atajando. El cuento viene en que jugaban un par de mujeres, y una de ellas … Sally, egipcia, hasta que la movía bastante. Tanto es así que en un torneo de fútbol (obligatorio tener mínimo tres mujeres de titulares -no olvidar que todo es “politically correct” en un campus y no se hace diferencia de género), marcó claramente la diferencia -las mujeres de los otros equipos eran bastante flojas- y salimos segundos.-

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