10.000, el número mágico del éxito
por Jorge Gérardin, el 24/12/2009 a las 1:34 pm

Malcom Gladwell, autor de "Los Fuera de Serie".
El tipo de la foto se llama Malcom Gladwell. Es británico, pero fue criado en Ontario (Canadá). Tiene pinta de científico loco, e imagino que su relación más duradera fue con un Pentium 4. Columnista de la prestigiosa “New Yorker” y autor de varios best-sellers de esos que la gente hace cola afuera de las librerías el día del lanzamiento, Gladwell se ha convertido en una celebridad dentro del mundo editorial.
En su libro “Outliers” (en Argentina conocido como “Los fuera de serie”), Gladwell realiza un análisis pormenorizado de porqué algunas personas llegan a ser más exitosas que otras. Es tentador abrir el libro con la esperanza de encontrar una fórmula mágica que garantice el éxito, pero lejos de complacerte, Gladwell llega a la conclusión de que casi invariablemente, todas las personas que han sido exitosas han dedicado una enorme cantidad de horas a perfeccionar sus aptitudes, habilidades y disciplina. Y además lo cuantifica.
A través de su investigación, Gladwell estima en 10.000 el número de horas necesarias para hacerse experto en alguna actividad, lo cual supone una monumental dedicación. En su libro, Gladwell cita los ejemplos de Bill Joy (el creador del Unix), de los Beatles, de Bill Gates y de Mozart (el mismo de la cancha de Racing) entre otros y explica las circunstancias que los favorecieron para que pudieran entregarse devotamente al aprendizaje. Si algo tienen en común todos estos personajes es la enorme cantidad de horas que invirtieron en su futuro éxito.
Para ponerlo en perspectiva, supongamos que sos contador y laburás 8 horas por día, 5 días por semana (no te quejes, tenés los fines de semana libres), durante 50 semanas (te dejo 2 de vacaciones), lo que daría un número aproximado de 2.000 horas anuales. No debería sorprenderte entonces, que a los 5 años de usar el Excel seas capaz de calcular la indescifrable “Hipótesis de Riemann”, sin siquiera tocar el mouse de tu máquina. El mismo concepto es válido para otras actividades, desde escritores y músicos a panaderos o plomeros-gasistas. No es casualidad que a los pilotos se les computen las “horas de vuelo”, o que el requisito para un trabajo sea “5 años de experiencia”; en este caso no se habla de horas, pero en definitiva es lo mismo: lo que cuenta es el tiempo que le dedicaste.
El ámbito del deporte por supuesto no es una excepción. Suponete que jugás al fútbol desde los 6 años, 2 horas por día, 5 días por semana, durante 50 semanas, (500 horas anuales). En 20 años habrás completado las 10.000 horas, lo que sucedería a los 26 años, una edad bastante cercana a la plenitud de un futbolista. En mi caso particular, después de un rápido cálculo te puedo decir que gracias a diversas circunstancias que lo hicieron posible, llegué a las 10.000 horas más o menos a los 20 años, lo cual explica mi notable éxito en este deporte, hasta que un energúmeno me rompió el ligamento cruzado.

Las nuevas generaciones dedican mucho más tiempo que antes a los videojuegos. ¿Surgirán menos cracks del deporte en el futuro?
Si le preguntás a cualquiera de mi familia, podrá atestiguar acerca de la cantidad de zapatillas, lamparitas, y paciencias que rompí en mi casa porque me la pasaba jugando al fútbol (por suerte no existía la PlayStation). Puedo imaginar que los padres de cualquier deportista de elite te pueden decir lo mismo. A “Doña Tota” seguramente todavía le duele la cabeza de los pelotazos que pegaría El Diego; los viejos de Manu Ginóbili seguro que te contarán que Manu se la pasaba con una pelota de básquet en las manos; ni me quiero imaginar lo que sería bancarse a un hijo hiperkinético como Rafa Nadal dándole a la pelotita todo el día.
Y ya que hablé de la PlayStation, si Gladwell tiene razón podemos augurar que las próximas generaciones traerán muchos más talentos de los videogames que del deporte tal como lo conocimos cuando éramos chicos. Un escenario lamentable por donde se lo mire.
En resumen, mi amigo, el trabajo que se tomó Malcom Gladwell sirve para demostrar que para los honestos el éxito llega sólo de la mano del trabajo y la disciplina. Es una sana conclusión, en especial en estos días en los que el esfuerzo como valor está bastante devaluado.
Ahora decime vos: ¿en qué invertiste esas 10.000 horas?
Hasta la próxima y felices fiestas!!!
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PD: Yo, por mi parte, también inicié una investigación paralela. Hasta llegué a hablar con la vieja de Tiger Woods. Me contó que Tiger de chiquito era muy tranquilo, que lo único que hacía era jugar con la niñera…
