Posts Tagged ‘fútbol’

Toronto, un Mundial paralelo

Jueves, Junio 3rd, 2010

Fans miran soccer en los baresSí, ya sé. Le ganamos 5 a 0 y a vos te quedó la sensación de que los rubiecitos canadienses en esto del fútbol no existen. Y en parte tenés razón, no te lo voy a discutir.

Pero por ahí también te imaginas que si venís a Canadá durante el mes del Mundial te la vas a pasar añorando ver el Mundial por la TV Pública porque acá no le dan ni bola.

Y ahí, mi amigo, es donde quiero iluminarte.

En Argentina nos han educado con el mito del crisol de razas, Buenos Aires ciudad cosmopolita y todo eso, pero en cuanto a multiculturalidad estamos lejísimos de Toronto, por ejemplo. Para ilustrarlo te cuento que más del 50% de la población de Toronto es considerada “minoría visible”, como le llaman acá a los que no son blanquitos. No es un error, más de la mitad, es una barbaridad. Y los podés escuchar a cada rato en la calle. Cientos de idiomas que convierten a Toronto en una Babel civilizada.

Y como bien sabrás, el fútbol es el deporte más popular en todo el mundo, excepto en Norteamérica. Por este lado del mundo, los locales están más pendientes de la Stanley Cup (la final de la NHL, la liga de Hockey sobre hielo), que del soccer, como les gusta llamarlo por acá.

Pero a pesar de los locales, el Mundial empieza a latir en Toronto, de la mano de los inmigrantes. Porque ellos no sólo traen el idioma, traen también sus costumbres y sus pasiones. Ya empiezan a aparecer banderas de todos los colores. De Italia, que son millones; de Portugal, que están agrandadísimos; de Grecia, ruidosos como nadie; de toda Europa, que sus guerras expulsaron a millones; de latinos, que hay miles y miles… Hay de todo: yanquis, coreanos, japoneses, africanos… y lo que se te ocurra. Y no importa si su equipo quedó afuera. He visto banderas irlandesas, escocesas, de Turquía, hasta de Uganda, ya contagiadas por el espíritu Mundialista.

Está claro que para los locales el fútbol, aunque creciente, no es una prioridad. Está claro que su selección no está a la altura de la pasión que existe en este país por el fútbol. Pero también está claro que el Mundial se va a vivir aquí como en ninguna otra ciudad del mundo.

Acá argentinos no son muchos, pero seguramente se harán escuchar.

Hasta la próxima.

El valor de una Medalla de Plata

Jueves, Febrero 25th, 2010

Son días olímpicos para Canadá. Atrás ya han quedado los las protestas de los grupos “anti-Juegos”, las complicaciones climáticas (demasiado “calor” para unos Juegos de Invierno) y hasta la muerte del georgiano Nodar Kumaritashvili durante su entrenamiento de “Luge”, a escasas horas de la ceremonia inaugural.

Aún en Toronto, a 4.000 kilómetros de distancia de Vancouver (sede de los Juegos), el espíritu olímpico se respira. Hasta en los lugares más inesperados uno puede encontrarse con infinidad de plasmas dedicados  a transmitir durante las 24 horas lo que para Canadá es motivo de orgullo nacional.

Y el clima se contagia. Llegás a tu casa fundido, prendés la TV y en un punto te das cuenta de que sacrificaste tres horas de sueño por mirar Eslovenia vs. República Checa en “Curling”, esa gélida versión de nuestras queridas “Bochas”.

Así fue que ayer me encontraba mirando la final del “Bobsleigh” de minas (ya sé, no me lo digas… estoy muy mal…). Canadá tenía dos equipos: el “Canadá 2″, que estaba primero, adjudicándose la Medalla de Oro, y el “Canadá 1″, que era el último que podía arrebatarle el Oro. Las cámaras estaban todas con las chicas de “Canadá 2″, esperando el resultado de sus compatriotas. “Canada 1″ finalmente se impuso, relegando a “Canadá 2″ a la Medalla de Plata.

Así, en menos de un minuto, las chicas de “Canadá 2″ vieron cómo la Medalla de Oro se le esfumaba de las manos. Lejos de amargarse, festejaron con ganas el histórico 1-2. Parecían ellas las Campeonas Olímpicas. Más tarde, en el momento del podio estaban más contentas que las Campeonas. Era emocionante verlas.

Y claro, ¿Cómo no vas a festejar!!!? Seguramente se pasaron una vida preparándose para ese momento. Seguramente habrán padecido privaciones o sacrificado afectos por su carrera deportiva. Hasta arriesgan sus vidas tirándose en esos trineos que van a 150 km/h.

Y fue inevitable, en ese momento, viendo a las sub-campeonas tan contentas (algo común en estos Juegos), se me vino a la cabeza el papelón del fútbol argentino en Atlanta, en aquella final perdida contra Nigeria.

Me acordé de jugadores, que vistiendo la camiseta argentina se quitaban del cuello la Medalla de Plata, como si no quisieran ser retratados en ese momento de deshonra. Es que para el fútbol argentino ser segundo es un fracaso, por más que nuestro último Mundial ganado ya se esfuma en nuestra memoria.

Sin embargo, hemos festejado el Tercer Puesto en el Mundial de Rugby, o el sub-campeonato del Mundial de Basquet de Indianápolis. No sé… será que ahí íbamos de punto…

Me pregunto si algún día el fútbol argentino festejará un sub-campeonato. No me atrevo a pronosticar qué va a pasar en Sudáfrica, pero como estamos hoy por hoy, cualquier cosa que no sea volverse en primera rueda debería ser motivo de una vueltita por el obelisco…

10.000, el número mágico del éxito

Jueves, Diciembre 24th, 2009
Malcom Gladwell, autor the "Los Fuera de Serie".

Malcom Gladwell, autor de "Los Fuera de Serie".

El tipo de la foto se llama Malcom Gladwell. Es británico, pero fue criado en Ontario (Canadá). Tiene pinta de científico loco, e imagino que su relación más duradera fue con un Pentium 4. Columnista de la prestigiosa “New Yorker” y autor de varios best-sellers de esos que la gente hace cola afuera de las librerías el día del lanzamiento, Gladwell se ha convertido en una celebridad dentro del mundo editorial.

En su libro “Outliers” (en Argentina conocido como “Los fuera de serie”), Gladwell realiza un análisis pormenorizado de porqué algunas personas llegan a ser más exitosas que otras. Es tentador abrir el libro con la esperanza de encontrar una fórmula mágica que garantice el éxito, pero lejos de complacerte, Gladwell llega a la conclusión de que casi invariablemente, todas las personas que han sido exitosas han dedicado una enorme cantidad de horas a perfeccionar sus aptitudes, habilidades y disciplina. Y además lo cuantifica.

A través de su investigación, Gladwell estima en 10.000 el número de horas necesarias para hacerse experto en alguna actividad, lo cual supone una monumental dedicación. En su libro, Gladwell cita los ejemplos de Bill Joy (el creador del Unix), de los Beatles, de Bill Gates y de Mozart (el mismo de la cancha de Racing) entre otros y explica las circunstancias que los favorecieron para que pudieran entregarse devotamente al aprendizaje. Si algo tienen en común todos estos personajes es la enorme cantidad de horas que invirtieron en su futuro éxito.

Para ponerlo en perspectiva, supongamos que sos contador y laburás 8 horas por día, 5 días por semana (no te quejes, tenés los fines de semana libres), durante 50 semanas (te dejo 2 de vacaciones), lo que daría un número aproximado de 2.000 horas anuales. No debería sorprenderte entonces, que a los 5 años de usar el Excel seas capaz de calcular la indescifrable “Hipótesis de Riemann”, sin siquiera tocar el mouse de tu máquina. El mismo concepto es válido para otras actividades, desde escritores y músicos a panaderos o plomeros-gasistas. No es casualidad que a los pilotos se les computen las “horas de vuelo”, o que el requisito para un trabajo sea “5 años de experiencia”; en este caso no se habla de horas, pero en definitiva es lo mismo: lo que cuenta es el tiempo que le dedicaste.

El ámbito del deporte por supuesto no es una excepción. Suponete que jugás al fútbol desde los 6 años, 2 horas por día, 5 días por semana, durante 50 semanas, (500 horas anuales). En 20 años habrás completado las 10.000 horas, lo que sucedería a los 26 años, una edad bastante cercana a la plenitud de un futbolista. En mi caso particular, después de un rápido cálculo te puedo decir que gracias a diversas circunstancias que lo hicieron posible, llegué a las 10.000 horas más o menos a los 20 años, lo cual explica mi notable éxito en este deporte, hasta que un energúmeno me rompió el ligamento cruzado.

La generación de la PlayStation. ¿El mal presente de la selección tendrá que ver con esto?

Las nuevas generaciones dedican mucho más tiempo que antes a los videojuegos. ¿Surgirán menos cracks del deporte en el futuro?

Si le preguntás a cualquiera de mi familia, podrá atestiguar acerca de la cantidad de zapatillas, lamparitas, y paciencias que rompí en mi casa porque me la pasaba jugando al fútbol (por suerte no existía la PlayStation). Puedo imaginar que los padres de cualquier deportista de elite te pueden decir lo mismo. A “Doña Tota” seguramente todavía le duele la cabeza de los pelotazos que pegaría El Diego; los viejos de Manu Ginóbili seguro que te contarán que Manu se la pasaba con una pelota de básquet en las manos; ni me quiero imaginar lo que sería bancarse a un hijo hiperkinético como Rafa Nadal dándole a la pelotita todo el día.

Y ya que hablé de la PlayStation, si Gladwell tiene razón podemos augurar que las próximas generaciones traerán muchos más talentos de los videogames que del deporte tal como lo conocimos cuando éramos chicos. Un escenario lamentable por donde se lo mire.

En resumen, mi amigo, el trabajo que se tomó Malcom Gladwell sirve para demostrar que para los honestos el éxito llega sólo de la mano del trabajo y la disciplina. Es una sana conclusión, en especial en estos días en los que el esfuerzo como valor está bastante devaluado.

Ahora decime vos: ¿en qué invertiste esas 10.000 horas?

Hasta la próxima y felices fiestas!!!

—-

PD: Yo, por mi parte, también inicié una investigación paralela. Hasta llegué a hablar con la vieja de Tiger Woods. Me contó que Tiger de chiquito era muy tranquilo, que lo único que hacía era jugar con la niñera…

Eso de andar jugando con minas…

Miércoles, Diciembre 16th, 2009

Si leíste mi nota anterior y te dejé el ánimo por el piso (ver nota), primero te pido perdón. Y ahora que estoy de mejor humor te paso el antídoto. Ya te conté lo que es jugar en otro idioma (ver nota), jugar al futivolley con brasucas (ver nota), y como dudo de que alguna vez hayas pasado por esta experiencia, hoy te voy a contar lo que es jugar al fútbol con minas.

Antes que nada vamos a aclarar los tantos. Porque vos seguro que alguna vez fuiste a alguna fiesta, ponele en una quinta, te mamaste y terminaron todos en la pileta. Después, así de la nada, apareció una número 5 y se armó un picado, minas incluidas. Si querés agregá alguno en pelotas, como condimentar un poco la cosa.

O si no en la playa. Playa amplia, tipo Claromecó, algo así. Con Aníbal Hugo y todo. Lo mismo: picado playero y se prenden las minas. Transpirás un rato, hasta que una mina se fractura el dedo gordo por pegarle de puntín y se suspende todo. Está bien, te divertiste, corriste un poco, pero con esto no me podés decir que jugaste con minas. Una idea tenés, pero con eso no te puedo aprobar. Todavía te falta.

Cuando te digo jugar con minas me refiero a jugar en serio. De once, con botines, canilleras, redes, referí, jueces de línea, firmando planilla y todo eso.

Imaginate: entrás a la cancha con tu equipo, estás precalentando, mirás a los contrarios y ves que en el otro equipo hay una mina. Al principio pensás que es una masajista, o por lo menos la novia de alguno. Pero la mina tiene botines y canilleras. Te ponés a contar, porque te parece raro y resulta que son once. Y, si, la mina juega. Por este lado del mundo esas cosas pasan.

Lo primero que te voy a pedir es que por esa mina te saques el sombrero. Por el sólo hecho de entrar a una cancha solita, rodeada de 21 animales (sin contar la terna arbitral), ya la mina demuestra que tiene unos huevos del tamaño de un Botero.

Segundo, te pido que no la subestimes. Me ha tocado jugar con algunas minas por las que entregaría a varios de mis amigos en parte de pago, en caso de que me los aceptaran. Es que acá hay minas que juegan bien, en serio. Les enseñan a ser criteriosas. No vas a ancontrar a muchas que gambeteen o que se la morfen. Juegan en equipo.

Si me preguntás a mí, te digo que prefiero tenerlas de mi lado, porque cuando jugás contra ellas es jodido. Imaginate si te una mina te hace un caño. No vas a ser tan animal de salir a partirla como lo harías con un tipo. Tampoco le vas a tirar el cuerpo para que termine cuadriculada contra el alambrado. Queda feo. Entonces, a veces vas flojito y por ahí la mina -que ella sí va con todo porque va a chocar contra un tipo-, te tira al carajo. Imaginate el papelón, lo que se te cagan de risa tus compañeros, los contrarios y hasta el referí.

Minas SoccerEn cambio, cuando la tenés en tu equipo es distinto. Por lo general ocupan puestos periféricos. La columna vertebral siempre son los tipos: arquero, los centrales, el cinco, el enganche y un 9 que la meta. Si vienen minas las ponen arriba, por las puntas, o de carrileros. De laterales no porque si las pasan te empiezan a llover los centros. Otra ventaja es que vos se la das y la pelota te vuelve; la mina no va a tratar de disputarte el liderazgo, entendés? Nunca vas a tener una discusión en el entretiempo, ponele: “Vos, boluda, seguilo al 3, porque se junta con el 11 y nos cagan a centros!!!”, para que encima te conteste: “Escuchame, pelotudo, ¿por qué no callás y en vez de criticar te ocupas de tomar al pelado de ellos, que se está haciendo un picnic por tu lado?”, como te podría contestar cualquier compañero barbudo.

No, eso con las minas no pasa. Dentro de la cancha son prolijas, sumisas, respetuosas. La verdad que da gusto jugar con minas. Pará, por favor, porque ya te veo la cara y ya sé lo que me vas a decir… Por favor, no me vengas con la pregunta boluda de si nos cambiamos en el mismo vestuario y esas cosas, porque acá no estamos para hablar boludeces sino para discutir el tema con altura, con enfoque científico, te diría.

Y en honor al rigor que exige la ciencia, debo advertirte que todo esto tiene una gran trampa. Porque te conozco y sé que sos un  tipo tan enfermo del fútbol como de las minas y podrías sentirte tentado a pensar que esto de compartir el fútbol con minas es el paraíso, porque sería como juntar tus dos pasiones. Pará. Pará acá. Hasta acá veníamos juntos pero yo me bajo acá. Todo bien, es una linda experiencia, la disfrutaste, tenés algo curioso para contarle a tus amigos, hasta por ahí sos el centro de la fiesta por quince minutos. Pero hasta acá llegamos.

No sé, seré antiguo, lo que quieras. Pero el partido terminó y cada uno a su casa. De sólo imaginarme que alguien pueda estar en la cama, con una mina al lado (ya sea novia, esposa, amiga, vecina o la raza que sea) mirando Fútbol de Primera, y encima escuchando que opinan sobre cuestiones tácticas, ahí ya empiezo a presentar síntomas de gripe aviar y porcina juntas. Imaginate discutiendo de igual a igual si el carrilero tiene que subir pegado a la línea o más adentro para no taparle la subida al 4, si hay que jugar con doble cinco o si se puede jugar con dos “9 de area” juntos.

El día que pase eso habrás perdido todo. Habrás entregado el último bastión que teníamos los hombres para que no nos rompan las bolas durante dos horas (aunque en eso los golfistas nos ganan por afano; esos se rajan todo el día). Preguntale a tu mujer si le gustaría que la acompañes cuando va al shopping y de paso le controlás cuánto gasta con la tarjeta de crédito. Andá y contame lo que te dice. Por suerte allá las minas no juegan al fútbol y vos no tenés estos problemas…

Ahora te dejo. Me hiciste acordar: me voy a controlar el resumen de la tarjeta. Decime… ¿tu mujer también gasta tanto?

Hasta la próxima.

——

PD: recibí muchos mails y comentarios por la nota anterior. Confieso haberla escrito con miedo, pero me alegra saber que hay mucha gente que valora lo realmente importante. Saludos a todos.

Enfermera, negra y del Chelsea

Jueves, Diciembre 10th, 2009
Africa, anfitrión del próximo Mundial. El continente de las miradas tristes.

Africa, anfitrión del próximo Mundial. El continente de las miradas tristes.

Hoy no te voy a hablar de fútbol. Bueno, está bien, un poco. Pero igual no es el tema central. Porque no todo es fútbol en la vida. Por este lado del mundo las euforias de los playoffs se han disipado y antes de que empiece la locura del Mundial tenemos tiempo para hacer un poco de reflexión. Y para eso te traigo una anécdota de cuando vivía en Winnipeg.

Es de noche. Mi mujer empieza con contracciones. Ya estábamos sobre la fecha, así que teníamos todo preparado. El bolsito y todo eso. Mi mujer hace una llamada; habla con una enfermera telefónica de esas que te hacen diez mil preguntas y decide si tenés que salir rajando al hospital o no. Le dijo que sí.

Así que nos tomamos un taxi y en 20 minutos llegamos a Health Sciences Hospital de Winnipeg. Pasamos toda la noche en la guardia esperando que mi mujer dilatara, pero nada.

A eso de las 6 o 7 de la mañana nos pasan a una habitación común. Todo seguía igual, nada de dilatación, pocas contracciones, tampoco complicaciones… en fin, tedioso y aburrido. Por lo menos teníamos tele, que a la mañana no es gran cosa pero aunque sea el noticiero te salva.

3 de la tarde y todavía sin novedades. Mi mujer trata de dormir y yo por fin capturo el control remoto. Empiezo a subir 27…28…29… y en el 30 escucho la siempre emocionante “Zadok the priest”, de George Frideric Handel. Sí ya sé, por ahí no te dice nada, pero si te digo que es la emblemática cortina de la Champions ahora la cosa te va cerrando. El Canal era TSN, la empresa hermana de ESPN en Canadá. Estaba por empezar un partido de la Champions en vivo. Salvado –pienso–. Durante las próximas dos horas por lo menos tengo fútbol.

En el momento en que ponen la gráfica con la formación de los equipos, aparece una enfermera. La que estuvo durante la mañana ya se fue; esta recién empieza. Es una negra enorme, altísima; no me pelearía nunca con ella. Le estimo el peso: debe andar entre los 90 y 100 kilos. A mi mujer no le da ni bola. Tiene los ojos clavados en la tele.

–Oh! –dice sonriendo. –Juega el Chelsea. Es mi equipo –me dice orgullosa.
–Sí, son buenos –le digo diplomático.

La negra me pregunta si me gusta el soccer. Por supuesto. Me pregunta de dónde soy. De Argentina. Oh! Argentina, Crespo es uno de mis favoritos; el que no me gusta es el técnico, ¿cómo se llama? Mourinho –le apunto. Sí, ese…Mourinho…es muy antipático…

Así es que nos ponemos a hablar de fútbol con una negra de 1,90 que me podría matar con sus manos. El poder de unir a la gente que tiene el fútbol es impresionante. Simpática la negra, no como el resto de las enfermeras canadienses.

De ahí en más, una cosa lleva a la otra y nos ponemos a hablar de otros temas: que cúando llegaron, que por qué se vinieron, y todo eso. Entonces te ponés el cassette (qué antiguedad) y repetís lo mismo que ya contaste cien veces y volverás a contar otras mil.

Y llega el momento en que ya le contaste todo y de puro curioso y como correspondiendo a su interés, entonces le preguntás vos: hace cuánto que estás acá. 18 años. De dónde venís. De Sudán. Por qué te viniste… Silencio… más silencio… y finalmente: “No quiero hablar de eso”. En un segundo y por una pregunta pelotuda le arruiné el día a la negra simpática que tal vez hace 18 años que trata que el olvido cicatrice sus heridas.

Desde ese día tomé como regla general que a los negros africanos no les pregunto por qué se vinieron, excepto que por iniciativa de ellos me lo quieran contar. Es que los que vienen de Africa, salvo que sean del Norte (marroquíes, tunecinos, argelinos o egipcios, por ejemplo) o sudafricanos, que vienen por las de ellos y con guita, lo más probable es que lleguen como refugiados. Y si viniste como refugiado es porque estuviste en peligro de muerte, vos o alguno de tu familia; o por ahí te pasaste meses hacinado en un campo de refugiados rezando por la llegada de la ayuda humanitaria. No tenemos ni idea de lo que se vive ahí adentro. Andá a saber porqué la pobre negra se habrá tenido que ir de Sudán. Yo no quiero ni saber.

Esta es sólo una de las mil historias que conocí gracias al fútbol (aunque hoy es difícil decir gracias). O por lo menos la de alguien a quien ya no le quedan más lágrimas para contar su historia.

Estoy leyendo “Dispatches from the Edge” (reportajes desde el límite, más o menos), un libro autobiográfico de Anderson Cooper, el flaquito canoso de la CNN. Voy por el capítulo del hambre en Nigeria. Dan ganas de llorar.

Perdoname que te haya amargado el día, pero en todo el mundo estas cosas siguen pasando. Si estás leyendo esta nota es porque alguien se preocupó por que te enseñen a leer; tenés computadora o acceso a ella; tenés luz eléctrica, que te sorprendería saber cuánta gente en el mundo no tiene, y sobre todo tenés libertad. Hay gente que no tiene nada de eso y la pasa mal en serio. Por eso me despido con un consejo de amigo: no te quejes tanto por lo que no tenés; disfrutá lo poco o mucho que tengas y sobre todo merecételo.

Hasta la próxima.

El retiro de un Gigante… y algunas cositas más…

Miércoles, Octubre 28th, 2009
El segundo gol de Angel en el estadio de los Giants. Si descubris la pelota sos mago. Por suerte esta historia se termina.

El segundo gol de Angel en el estadio de los Giants. Si descubris la pelota sos mago. Por suerte esta historia se termina.

Sucedió este domingo en Nueva York, bajo una lluvia implacable; hasta charcos debajo de los arcos había. El Toronto FC, el equipo del que el destino me llevó a ser cauteloso simpatizante, se jugaba la clasificación contra el local RedBull, por lejos el peor equipo de la temporada regular. Toronto se jugaba la vida en lo que los fans llamaron durante la semana previa “el partido franquicia”. Si ganaba, quedaba con muy buenas posibilidades de meterse por primera vez entre los ocho equipos que accedían a los playoffs.

Al minuto nomás, el RedBull de Juan Pablo Angel (2 goles – ver video), destrozó las ilusiones de los canadienses. Y atrás del primer gol vinieron cuatro más, postergando un año más las aspiraciones de Toronto y catapultando a su técnico por la puerta grande (para asegurarse de que se fuera… no te vayas a creer que por acá no pasan esas cosas…) En palabras del Bolillo Gómez, “un resultado saca-técnicos”.

El partido también significó el “colgar las botas” de Albert Celades (ex selección, Barcelona, Madrid y Celta entre otros), quien junto al Huevo Toresani y el rumano Lacatus, es uno de los pocos futbolistas de la historia en hacer toda su carrera con el mismo flequillo (si te acordás de algún otro, por favor hacémelo saber por este medio, me enriquece).

La despedida de Pele. Del debut no hablo.

La despedida de Pele. Del debut no hablo.

Fue un 5 a 0 inolvidable para enmarcar el retiro del estadio de los NY Giants como escenario para jugar al soccer. Ese estadio alberga una pequeña parte de la historia del fútbol. Ahí jugó el Cosmos en sus épocas de gloria. Ahí mismo se retiró Pelé. Fue sede del Mundial ’94, y tumba de la Bulgaria del gran Hristo Stoitchkov (“Dios sigue siendo búlgaro pero el referí era francés”) a manos de la Italia de Roberto Baggio.

Para la próxima temporada, el RedBull inaugurará un nuevo estadio con césped natural, como a mí me gusta, como se debe, y como le gusta a Juan Ramón Carrasco. Desde este espacio lo reclamábamos hace algunos días, (ver nota). Atrás han quedado por fin los días de las líneas, números y logos de fútbol americano que no hacen más que confundir a los respetables humanos que sólo queremos ver un partido de fútbol, por malo que sea. Ya quedan cada vez menos en la MLS; uno a uno los iremos derribando.

Celebro que la MLS haya accedido a nuestro pedido; es increíble el poder que tiene la voz de Maestros del Fútbol, también en Norteamérica.

Ladran, Sancho, señal que cabalgamos…

Un día de fútbol en la MLS

Lunes, Septiembre 14th, 2009

Me gustaría que así fuera el paraíso. Es el día perfecto: sol, 25 grados, sin viento. Para quedarse mirando el lago. O para ir a la cancha. A ver al Toronto FC, el único equipo canadiense de la MLS.

Me tomé el tren. Un tren espectacular, asientos cómodos, que nadie rompe. Aire acondicionado. Nadie viaja colgado, jugándose la vida. Mucha gente. Todos llevan la camiseta del Toronto FC. Muchos tienen la bufanda, a pesar del calor. Una pareja de viejitos. Familias enteras. Chicos. Alguna embarazada. Gente de todas las razas. Todos conviven en paz.

Camino hasta el estadio. Atravieso el estacionamiento, que termina a 10 metros de la cancha. No hay trapitos que cobran protección. Algunos llegan en bici. Las atan a 5 metros de la puerta de entrada. Nadie intenta robarlas.

Hay juegos. Música. Parece una kermese. Veo un stand de Playstation. Hay cola para jugar. Todos se ríen, la pasan bien. A eso vinieron.

Las promotoras trabajan en la entrada a la cancha.

Las promotoras trabajan en la entrada a la cancha.

Hay promotoras. Nadie les falta el respeto. Pueden hacer su laburo tranquilas.

Aparece uno con una pelota. Una Adidas, nuevita, de las caras. Empieza a hacer jueguito y varios desconocidos se prenden. Hoy son sus mejores amigos.

Hay revendedores. Estos están en todos lados.

El estadio se va llenando. Hoy también se va a llenar. Pero la entrada es ordenada. Nadie te empuja. Nadie te manguea. Nadie intenta colarse. Nadie te palpa de armas. Nadie te confisca el cinturón. ¿Para qué?

Debajo de la tribuna hay un stand de Kia. Hay una cupé roja, como la camiseta del Toronto FC. Brilla. Nadie intenta rayarla, o romperle un vidrio. O hacerle el estéreo.

Adentro la cancha es una fiesta. Las tribunas llenas, casi todos sentados. Pero hay “ambiente”, como dicen los gallegos. Gritan los goles. Cantan. Y putean al referí. Como en cualquier lugar del mundo. No hay alambrado. Sólo un cordón de patovicas de Seguridad.

Venden cerveza. 6 dólares el vaso. Estos tipos toman mucho. Pero nadie se pelea.

Un tipo tira un petardo. Lo marca uno de seguridad. Enseguida aparecen 3 canas y se lo llevan.

Toronto va ganando 3 a 1. Faltando 2 minutos les hacen un gol. 3 a 2. Los alcanzapelotas siguen ahí. Nadie les da la orden para que se esfumen.

Termina el partido. La conferencia de prensa es ordenada. No hay codazos con los colegas. No tengo que andar persuiguiendo a técnicos enojados que intentan conservar su cargo una semana más.

La salida también es ordenada. Algunos se quedan tomando cerveza con amigos. Comentando el partido. Tal vez sean desconocidos.

Algunos tomaron de más. Se gastaron sus buenos mangos para mamarse. Gritan. Se los huele. Pero nada más. Nadie mata a nadie.

Lo que vi ayer no fue una ilusión. Así se vive un día de fútbol en la MLS.

Y sueño con el día en que esto pase en Argentina.

Por acá lo llaman soccer

Viernes, Agosto 14th, 2009
El SOCCER llena estadios. También en Canadá.

El SOCCER llena estadios. También en Canadá.

Qué le vamos a hacer… es así. Estoy en Toronto (Canadá) y acá los gringos lo llaman SOCCER, vaya uno a saber porqué. No te digo que los canadienses son como los yanquis, porque ese es otro tema y da para más largo, pero en esto del soccer van juntos.

Y te da bronca, porque cuando te preguntan a qué jugás, si vos le decís FUTBOL enseguida agarran para el otro lado, para el fútbol americano. Entonces tenés que estar aclarando, y le decís con orgullo, como tratándolos de estúpidos o ignorantes: “el fútbol real, el original”. Hasta se lo decís con bronca, como diciendo esto es mío, porque ustedes, gringos imperialistas, que se apoderan de todo, hasta del fútbol se apropiaron. Y de puro jodidos, nomás, porque encima lo usan para un deporte que se juega con las manos. Si hasta hacen entrar cada tanto a un pobre tipo que se la pasa en el banco para que patee y le saque las papas del fuego. Mirá lo que llegaron a hacer estos tipos para blanquear el afano del nombre!

Pero tampoco te da para entrar con los tapones de punta con cualquier persona que recién conocés, que te cae bien, o que no te conviene pelearte. No, esa te la guardás para cuando la cosa está jodida.

Entonces, para simplificar, o para evitar conflictos, decís que jugás al SOCCER. Lo decís bajito, resignado, con vergüenza, suena a confesión. Es que ahí entregás todo, traicionás la historia, tus raíces. Es como si te forzaran a ponerte la verdeamarela. Y ahí te miran con lástima, como diciendo: “Pobre, juega a ese jueguito simpático en el que se hacen goles con la cabeza”. No, si te da ganas de matarlos!!!

Pero a veces también te pasa que te encontrás con europeos, que acá hay de todos lados. Y ahí nada de SOCCER, ahí es FUTBOL, con todas las letras, o FOOTBALL a lo sumo. Tocás de primera, la empatía es instantánea. Te relajás, sabés que hablas de igual a igual sin traicionar a nadie, que aunque hables otra lengua la palabra FUTBOL te une. Hasta con un inglés te pasa, mirá lo que te digo, con un inglés! Si hasta ellos se ríen de los gringos.

La única excepción es con los tanos, que ellos le dicen CALCIO. Pero esa está permitida, porque el calcio es parte de tu historia. Te dicen calcio y te acordás del ‘90, del cabezazo de Cani, de las lágrimas del Diego, de los goles del Bati en la Fiore… qué se yo, hasta del Galgo Dezotti en el Cremonese.

Tengo miles de anécdotas, pero este café no alcanza para todas. Paso a paso, como dice el filósofo Mostaza, te voy a ir contando qué gusto tiene esto de vivir el fútbol desde lejos, en este lugar inhóspito.

Y ahora te dejo, me voy rajando porque hoy dan Liverpool – Cienciano por la Sudamericana.