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El retiro de un Gigante… y algunas cositas más…

Miércoles, Octubre 28th, 2009
El segundo gol de Angel en el estadio de los Giants. Si descubris la pelota sos mago. Por suerte esta historia se termina.

El segundo gol de Angel en el estadio de los Giants. Si descubris la pelota sos mago. Por suerte esta historia se termina.

Sucedió este domingo en Nueva York, bajo una lluvia implacable; hasta charcos debajo de los arcos había. El Toronto FC, el equipo del que el destino me llevó a ser cauteloso simpatizante, se jugaba la clasificación contra el local RedBull, por lejos el peor equipo de la temporada regular. Toronto se jugaba la vida en lo que los fans llamaron durante la semana previa “el partido franquicia”. Si ganaba, quedaba con muy buenas posibilidades de meterse por primera vez entre los ocho equipos que accedían a los playoffs.

Al minuto nomás, el RedBull de Juan Pablo Angel (2 goles – ver video), destrozó las ilusiones de los canadienses. Y atrás del primer gol vinieron cuatro más, postergando un año más las aspiraciones de Toronto y catapultando a su técnico por la puerta grande (para asegurarse de que se fuera… no te vayas a creer que por acá no pasan esas cosas…) En palabras del Bolillo Gómez, “un resultado saca-técnicos”.

El partido también significó el “colgar las botas” de Albert Celades (ex selección, Barcelona, Madrid y Celta entre otros), quien junto al Huevo Toresani y el rumano Lacatus, es uno de los pocos futbolistas de la historia en hacer toda su carrera con el mismo flequillo (si te acordás de algún otro, por favor hacémelo saber por este medio, me enriquece).

La despedida de Pele. Del debut no hablo.

La despedida de Pele. Del debut no hablo.

Fue un 5 a 0 inolvidable para enmarcar el retiro del estadio de los NY Giants como escenario para jugar al soccer. Ese estadio alberga una pequeña parte de la historia del fútbol. Ahí jugó el Cosmos en sus épocas de gloria. Ahí mismo se retiró Pelé. Fue sede del Mundial ’94, y tumba de la Bulgaria del gran Hristo Stoitchkov (“Dios sigue siendo búlgaro pero el referí era francés”) a manos de la Italia de Roberto Baggio.

Para la próxima temporada, el RedBull inaugurará un nuevo estadio con césped natural, como a mí me gusta, como se debe, y como le gusta a Juan Ramón Carrasco. Desde este espacio lo reclamábamos hace algunos días, (ver nota). Atrás han quedado por fin los días de las líneas, números y logos de fútbol americano que no hacen más que confundir a los respetables humanos que sólo queremos ver un partido de fútbol, por malo que sea. Ya quedan cada vez menos en la MLS; uno a uno los iremos derribando.

Celebro que la MLS haya accedido a nuestro pedido; es increíble el poder que tiene la voz de Maestros del Fútbol, también en Norteamérica.

Ladran, Sancho, señal que cabalgamos…

Un día de fútbol en la MLS

Lunes, Septiembre 14th, 2009

Me gustaría que así fuera el paraíso. Es el día perfecto: sol, 25 grados, sin viento. Para quedarse mirando el lago. O para ir a la cancha. A ver al Toronto FC, el único equipo canadiense de la MLS.

Me tomé el tren. Un tren espectacular, asientos cómodos, que nadie rompe. Aire acondicionado. Nadie viaja colgado, jugándose la vida. Mucha gente. Todos llevan la camiseta del Toronto FC. Muchos tienen la bufanda, a pesar del calor. Una pareja de viejitos. Familias enteras. Chicos. Alguna embarazada. Gente de todas las razas. Todos conviven en paz.

Camino hasta el estadio. Atravieso el estacionamiento, que termina a 10 metros de la cancha. No hay trapitos que cobran protección. Algunos llegan en bici. Las atan a 5 metros de la puerta de entrada. Nadie intenta robarlas.

Hay juegos. Música. Parece una kermese. Veo un stand de Playstation. Hay cola para jugar. Todos se ríen, la pasan bien. A eso vinieron.

Las promotoras trabajan en la entrada a la cancha.

Las promotoras trabajan en la entrada a la cancha.

Hay promotoras. Nadie les falta el respeto. Pueden hacer su laburo tranquilas.

Aparece uno con una pelota. Una Adidas, nuevita, de las caras. Empieza a hacer jueguito y varios desconocidos se prenden. Hoy son sus mejores amigos.

Hay revendedores. Estos están en todos lados.

El estadio se va llenando. Hoy también se va a llenar. Pero la entrada es ordenada. Nadie te empuja. Nadie te manguea. Nadie intenta colarse. Nadie te palpa de armas. Nadie te confisca el cinturón. ¿Para qué?

Debajo de la tribuna hay un stand de Kia. Hay una cupé roja, como la camiseta del Toronto FC. Brilla. Nadie intenta rayarla, o romperle un vidrio. O hacerle el estéreo.

Adentro la cancha es una fiesta. Las tribunas llenas, casi todos sentados. Pero hay “ambiente”, como dicen los gallegos. Gritan los goles. Cantan. Y putean al referí. Como en cualquier lugar del mundo. No hay alambrado. Sólo un cordón de patovicas de Seguridad.

Venden cerveza. 6 dólares el vaso. Estos tipos toman mucho. Pero nadie se pelea.

Un tipo tira un petardo. Lo marca uno de seguridad. Enseguida aparecen 3 canas y se lo llevan.

Toronto va ganando 3 a 1. Faltando 2 minutos les hacen un gol. 3 a 2. Los alcanzapelotas siguen ahí. Nadie les da la orden para que se esfumen.

Termina el partido. La conferencia de prensa es ordenada. No hay codazos con los colegas. No tengo que andar persuiguiendo a técnicos enojados que intentan conservar su cargo una semana más.

La salida también es ordenada. Algunos se quedan tomando cerveza con amigos. Comentando el partido. Tal vez sean desconocidos.

Algunos tomaron de más. Se gastaron sus buenos mangos para mamarse. Gritan. Se los huele. Pero nada más. Nadie mata a nadie.

Lo que vi ayer no fue una ilusión. Así se vive un día de fútbol en la MLS.

Y sueño con el día en que esto pase en Argentina.