La soberbia no le permite a Laverni ser un convidado de piedra
Friday, October 30th, 2009
La expresión “convidado de piedra” alude a una obra de teatro de Tirso de Molina titulada El burlador de Sevilla y convidado de piedra. El convidado de piedra es quien, en una reunión, no interviene en ella y pasa desapercibido o es ignorado por los anfitriones. Esa debería ser la función de un árbitro en un partido, impartir justicia sin que se note su presencia, sin intervenir en el espectáculo, pasando inadvertido y siendo ignorado por los protagonistas, los hinchas y los periodistas. Claro que este no es el caso de Saúl Laverni.
“Laverni nos metió la mano en el bolsillo”, dijo Esteban Fuertes sobre el desempeño del árbitro en el partido que Independiente le ganó 3 a 2 a Colón y en el que expulsó al delantero Sabalero por un supuesto codazo a Walter Busse. Y no se equivoca, aunque haya sido involuntariamente. Porque decir supuesto codazo, en realidad, es no comprometerse con la verdad, ya que no existió contacto alguno y el que tendría que haber sido amonestado era el jugador del Rojo por teatralizar. Pero no, Saúl Laverni volvió a mostrar su soberbia habitual y su falta de interpretación para arbitrar y expulsó a Fuertes. Otra vez quiso ser el protagonista del espectáculo y lo logró, como el último domingo en el Superclásico entre River y Boca, cuando cobró penal sobre Diego Buonanotte pese a que el volante se llevó claramente la pelota con la mano y después no expulsó a Ariel Ortega por una trompada a Julio César Cáceres.
¿Hasta cuándo los árbitros van a seguir ocupando el centro de la escena cuando en realidad deberían pasar desapercibidos? ¿Hasta cuándo habrá que soportar la falta de criterio para arbitrar y la soberbia de algunos de ellos? ¿Por qué es tan dispar la interpretación del reglamento por parte de los jueces? ¿No hay acaso entes que regulan a los árbitros? Las preguntas se suceden una tras otras a medida que transcurren los campeonatos, pero nada cambia. Nunca.
Fue tan paupérrima la actuación de Laverni, que en una jugada en la que debió ser expulsado Ignacio Piatti, por ejemplo, no le mostró ni siquiera la tarjeta amarilla cuando impactó con los tapones de punta sobre la pierna de un jugador de Colón. Y en otras jugadas claras no amonestó por reiteración de faltas.
Nadie le quita a Independiente el enorme orgullo de haber debutado con un triunfo en su nuevo estadio Libertadores de América, sin dudas un ejemplo de la arquitectura moderna. Nadie desmerece los tres puntos conseguidos por el equipo de Américo Rubén Gallego, que lo mantiene en la lucha por el título a sólo 3 puntos de los líderes Banfield, Estudiantes y Newell´s. Pero no merece el Rojo quedarse con una victoria deslucida por las irregularidades de un arbitraje para el olvido. Otro más. Y van…
Tiene derecho Colón a quejarse por la inexplicable expulsión de Fuertes, porque cuando empezaba a encerrar a Independiente en su arco y se acercaba al empate, se quedó injustamente con 10 hombres. Y todo se hizo cuesta arriba. Encima en un gran contragolpe, Piatti puso el 3 a 1 y liquidó el partido. Tiene derecho Colón a quejarse, porque pese a estar 2 goles abajo y con un jugador menos, sobre el final descontó. Tiene derecho Colón a quedarse con la duda, la bronca, la impotencia de saber qué hubiera pasado si Fuertes no era expulsado. Tienen derecho los jugadores Sabaleros a enojarse, porque una victoria los hubiera mantenido en la cima del Apertura. Claro que nunca lo sabrán, fundamentalmente por la necesidad de protagonismo de un árbitro llamado Saúl Laverni.
Está bien perder, en definitiva, si el rival fue superior. El gran poeta estadounidense Walt Whitman escribió: “Todos dicen: es glorioso ganar una batalla. Pues yo digo que es tan glorioso perderla. ¡Las batallas se pierden con el mismo espíritu que se ganan!” Y hubiera estado bien si Independiente le ganaba a Colón por los méritos conseguidos por sus jugadores. Por eso, no se merecía Colón un arbitraje bochornoso que opacara el gran presente futbolístico que está atravesando. No se merecía tampoco Independiente que una noche inolvidable que terminó coronada por una gran victoria, se viera opacada por estas irregularidades. No se merecían ni Colón ni Independiente quedar en un segundo plano cuando son los jugadores los protagonistas del espectáculo. No se merece el fútbol argentino, al fin y al cabo, sufrir más daños como los ocasionados por Saúl Laverni. ¿No tenemos bastante ya con las mentiras y los secretos que rodean a la Selección argentina?








