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Estudiantes se ganó el respeto del mundo futbolístico

Sunday, December 20th, 2009

veron trofeo mundial de clubesHistórico lo realizado por Estudiantes de La Plata en la final del Mundial de Clubes ante el Barcelona. ¿Pero cómo es eso de histórico, dirá usted, si perdió 2 a 1 y no fue campeón? ¿Qué tiene de brillante el subcampeonato si al fin y al cabo fue doblegado por un equipo que no jugó bien pero que tuvo más resto físico gracias al recambio de jugadores?

Por eso, justamente. Y por mucho más. Las apuestas, a priori, estaban 7 a 1 a favor del equipo catalán. Y en definitiva, los que apostaron por los dirigidos por Josep Guardiola, se llevaron su premio. Pero si la justicia y la lógica existieran en este impredecible y maravilloso deporte, entonces el ganador debería haber sido el Pincha.

El primer tiempo de Estudiantes fue sencillamente sensacional, porque siempre trató de poner la pelota en el piso y tuvo un orden táctico impecable, cortando el circuito creativo de Barcelona en el mediocampo y anulando a Messi, Henry e Ibrahimovic. Como habrá sido de eficaz el trabajo del Pincha, que Messi comenzó el partido por la banda derecha para hacer su acostumbrada diagonal hacia el medio, pero nunca lo logró. Frustrado, se tiró al medio y allí tampoco pudo prevalecer. Todo el Barcelona, en realidad, fue un mar de dudas e imprecisiones en esa primera mitad. Y fue justo que se fueran a los vestuarios con el partido 1 a 0 a favor de Estudiantes. 

Pero en el complemento, cansado y con un gol a favor, Estudiantes le cedió espacios y la pelota a Barcelona. Un gran error. Pero cuando las piernas no responden, resistir es una estrategia válida. Entonces, se dedicó a aguantar y tratar de sorprender con un contragolpe. Y estuvo a tan solo dos minutos de hacer historia. ¿No lo hizo acaso pese a la derrota? Claro que sí.

El tiempo suplementario fue otra película. Y el mayor recambio de jugadores que tiene el equipo catalán, hizo la diferencia. Aunque el resultado marca fielmente la ínfima diferencia que existe entre el equipo más poderoso del mundo y un conjunto sin nombres rutilantes, salvo Verón. Porque la diferencia, justamente, estuvo en las individualidades, no en el juego vistoso que muchos argentinos aclaman del Barcelona, quizás por ese morbo tan nuestro de criticar siempre lo propio.

Messi hizo el gol del triunfo, que a la postre le dio el título a Barcelona. Y muchos ahora volverán a hablar del mejor jugador del mundo, de su magia, de su grandeza. Sin embargo, ante Estudiantes, Messi volvió a ser una sombra como en la Selección nacional.

Y por cierto, Messi no debería haber convertido ese gol, porque tendría que haber sido expulsado por el árbitro Benito Archundia sobre el final del tiempo reglamentario, tras un planchazo. Era segunda amarilla y roja. Pero al mexicano le pesó la responsabilidad. Claro que las excusas son para los mediocres. Y Estudiantes no debe caer en eso, porque jugó con hombría y se ganó el respeto de todo el mundo futbolístico, demostrando que se le puede jugar de igual a un plantel plagado de estrellas. Los euros, en definitiva, forman planteles que terminan prevaleciendo por sus individualidades, pero que no siempre llegan a convertirse en un equipo de fútbol.

Claro que más allá del gran partido jugado ante Barcelona, la duda y la bronca quedarán instaladas durante mucho tiempo en toda la familia Pincharrata. ¿Qué hubiera pasado si el árbitro expulsaba a Messi, el rosarino no convertía el gol del triunfo y la definición llegaba a través de los penales? Quizás se hubiera escrito otra historia. Aunque nunca lo sabremos, gracias a un arbitraje más que, como en la Supercopa Europea y en la Champions League, vuelve a darle una mano al equipo más poderoso del mundo. ¿La necesita?

A 25 años de un recuerdo imborrable, Independiente campeón de la Copa Intercontinental de 1984

Wednesday, December 9th, 2009

independiente intercontinental 1984En el arco, Carlos Mario Goyén; en la defensa, Néstor Rolando Clausen, Hugo Eduardo Villaverde, Enzo Héctor Trossero y Carlos Alberto Enrique; en el mediocampo, Ricardo Omar Giusti, Claudio Oscar Marangoni y Ricardo Enrique Bochini; en la delantera, Jorge Luis Burruchaga, José Alberto Percudani y Alejandro Esteban Barberón. Acá están, estos son los nombres de aquel equipo dirigido por José Omar Pastoriza que un 9 de diciembre de 1984 se consagró campeón Intercontinental. Si, un día como hoy, pero hace 25 años, Independiente vencía 1 a 0 a Liverpool en el estadio Nacional de Tokio y volvía a convertirse en el mejor del mundo.

“Burruchaga la perdió en el medio, le quedó a Maranga y de primera me mete la pelota frontal, atrás de los centrales. La domino con la derecha, la adelanto otra vez de derecha y, cuando me sale el arquero, defino cruzado de zurda, mi pierna hábil. El gol que había soñado se hacía realidad”. reconoció emocionado tiempo después Percudani. No era para menos. Iban apenas 6 min de juego cuando Marangoni, desde la mitad del campo de juego, habilitó con un pelotazo largo a Percudani, para que Mandinga se escapara solo por la izquierda, ingresara al área y ante la salida del arquero Grobbelaar definiera con un toque suave. Justamente aquel gol y una actuación inolvidable, fueron las causantes por las cuales Percudani se alzó también con el premio al mejor jugador de aquella final.

percudani-festejo-intercontinental 1984Pero 1984 no fue solamente la obtención de la Copa Intercontinental en la vida de Independiente. Fue, sin dudas, el año más glorioso e inolvidable en la gran historia deportiva del club, ya que el Rojo consiguió el derecho de disputar la Copa Intercontinental gracias a la obtención de la Copa Libertadores. En aquella final Sudamericana, Independiente derrotó a Gremio de Brasil 1 a 0 en el partido de ida, que se jugó en suelo brasileño. Si, venció de visitante nada más y nada menos que al último campeón del mundo en aquel momento y uno de los mejores equipos del continente. La revancha, jugada en el estadio de la Doble Visera ante una multitud, terminó con un apretado 0 a 0. Pero poco importó que no pudiera quedarse con la victoria de local. La epopeya ya la había logrado en Brasil y así el Club Atlético Independiente se corono campeón de América por 7º vez en su historia, convirtiéndose definitivamente en el Rey de Copas.

Y entre los recuerdos, no se puede dejar de destacar que, además, aquel conjunto tuvo a varios de los jugadores que sin dudas conforman el 11 ideal de todos los tiempos del fútbol argentino: Bochini, Trossero, Clausen, Villaverde y Burruchaga están en lo top de nuestros mejores exponentes. Por eso, a 25 años de aquella Intercontinental, bienvenido sea el recuerdo de uno de los equipos más grandes de todos los tiempos. Felicidades campeón!!!

La novela de Fabbiani en River tuvo un triste y anunciado final

Friday, December 4th, 2009

fabbiani abucheadoFin de la historia de Cristian Fabbiani en River. Fin de una novela que se presentó con bombos y platillos en el verano de 2009, pero que por falta de rating desapareció sin pena ni gloria. La historia arrancó con Newell´s, la novia despechada, que no quería desprenderse del Ogro y pretendía que cumpliera su contrato. Pero en el camino aparecieron Vélez y River seduciéndolo. Y se armó el culebrón.
Fabbiani ilusionó al conjunto de Liniers y parecía que nacía un nuevo amor. Pero en una noche calurosa, un sueño pesado le dijo a su corazón que no se pusiera la camiseta de Vélez, porque no estaba enamorado de la V azulada y no sería feliz. Esa mañana se levantó con cosquillas en la panza y gritó a los cuatro vientos que su único sueño era vestir la camiseta de su gran amor: River.
Entonces, los dirigentes millonarios hicieron todo lo que estuvo a su alcance para contar con el delantero. Inclusive, maltrataron moralmente al paraguayo Santiago Salcedo, a quien quisieron incluir primero en la negociación y después le pidieron cordialmente que aceptara dar un paso al costado.
Finalmente, Fabbiani cumplió su sueño. Y el idilio con los hinchas millonarios fue inmediato. Solo tenía que jugar, hacer goles, mostrar profesionalismo y el amor sería eterno. Pero no. Fabbiani fue un ogro que no asustó ni hizo reír, que arrastró sus piernas por el campo de juego y que lentamente se fue quedando sin el apoyo de la gente. A tal punto que esos mismos hinchas que lo convirtieron en ídolo antes de jugar, lo despidieron entre insultos y silbidos tras la derrota ante Independiente por 3 a 1, en la 8° fecha, justo el día del debut de Leonardo Astrada como técnico.
Y él, en lugar de agachar la cabeza, pedir disculpas y dirigirse rápidamente a los vestuarios a pensar en cómo revertir la historia y recuperar el amor de su gente, se despachó con un gesto que enardeció aún más a los plateístas, cuando se llevó el dedo índice a la boca y los retó a que se callaran. Ahí, el Ogro terminó de romper definitivamente el idilio con la gente.
Las fechas transcurrieron, su forma física nunca mejoró, su buena técnica continuó ausente y los goles nunca aparecieron. Y las pruebas están a la vista, ya que en 16 jornadas disputadas de este torneo Apertura, Fabbiani no convirtió ningún gol.
Astrada ya comenzó a armar la versión 2010 de River. Sabe que el gran problema del equipo en los últimos años fue la falta de grandeza y actitud de sus jugadores. Sabe Astrada, mejor que nadie, que la camiseta de River no es para cualquiera. Y es obvio que pese al amor expresado, fue demasiado pesada para Cristian Fabbiani. Así, la gran novela del verano 2009 llegó a un abrupto final, sin haber cumplido siquiera un año desde su estreno. Sin dudas, un fracaso rotundo.

Si sos barra brava, tenés un viaje pago a Sudáfrica 2010

Saturday, November 28th, 2009

barras bravasEn el Reino del Revés y de los sucesos incomprensibles, todo es posible. Pero en la Argentina, las situaciones más inverosímiles son un hecho. Y a nadie sorprende ya las situaciones que se viven en todos los niveles gracias a un gobierno que pretende decidir hasta en qué momento del día debemos o podemos tomar agua, por poco. Gobernantes que nos digitan a los mayores hasta qué hora podemos comprar bebidas alcohólicas en un supermercado y que después pretenden ser exhibidos como los grandes combatientes contra la dictadura, algo que nunca fueron. Un gobierno que avaló los bloqueos a la distribución de diarios y revistas promovidos por los camioneros moyanistas. Un gobierno que dice ser democrático pero que con la flamante Reforma Política aplicará duras sanciones para aquellos medios que emitan mensajes electorales partidarios más allá de los asignados por el Estado durante las campañas, sin aclarar quién evaluará qué clase de información será considerada “partidista” y cuál análisis político, una encuesta encubierta. Un gobierno hermanado hasta el hartazgo con el dictatorial de Hugo Chávez en Venezuela, que envía a los Moyano o a los D’elía a pegarle a la gente en las calles si pretenden movilizarse y mostrar pacíficamente su descontento.

En fin, así está el país. Y, por ende, así está este fútbol argentino ultra politizado. Por eso, lo que pretende explicar este prólogo –tarea harto difícil- es que no debería sorprendernos la noticia que nos dejó a todos boquiabiertos en los últimos días, sobre la reunión de las Hinchadas Unidas Argentinas para determinar que barras bravas viajarán al Mundial de Sudáfrica.
Increíble pero real, a Sudáfrica irán barras de los equipos de Primera división, de la B Nacional, de la B Metropolitana, de la C y hasta de la D. En escala de importancia, por supuesto, quédese tranquilo. ¿Pero financiados por quién?

A esta altura ya no es un secreto que los barras están financiados por los dirigentes de los clubes, que a su vez los tienen como empleados, contratados en blanco, con aportes jubilatorios, cuit y A.R.T. por las dudas. Tampoco es una novedad que los clubes mantienen una estrecha relación con la Policía, que tiene identificado a cada uno de los barras pero que, sin embargo, los protegen y les proporcionan “seguridad” en los traslados a los estadios. Claro, todos ellos, a su vez, están protegidos por el Poder Judicial y finalmente por un alto funcionario del Poder Político. Y así estamos.

Ahora bien, insatisfechos con el viaje a Sudáfrica, las Hinchadas Unidas Argentinas van por más. Y hasta exigen reconocimientos. Y así lo explicó su líder, el kirchnerista Marcelo Mallo, quien amenazó que irán a la INADI para denunciar discriminación si no son reconocidos como ONG. “Este es un proyecto que llegó a mis manos para trabajar en contra de la violencia en el fútbol y poder erradicarla”, dijo Mallo. “En honor a aquellos tantos desaparecidos en los hechos violentos del fútbol (…) hagamos algo”, sentenció.
Lo que no explicó es qué tiene que ver la erradicación de la violencia y las muertes en el fútbol con el viaje de los barras al Mundial. ¿Viajar por el mundo y ver con sus propios ojos –si es que miran- los partidos de Argentina en el Mundial los hará menos agresivos y comprenderán las bondades de la vida? ¿Por qué ellos tienen más derecho a viajar a un Mundial que el hincha o el socio que pagan religiosamente las entradas o las cuotas y van a ver a su equipo a todos lados sin causar desmanes ni temor? ¿Por qué conjuntamente con los clubes no se inició un censo para determinar que hincha de verdad va a ver a su equipo a todos lados y así determinar una lista que viaje a Sudáfrica?

Esto último es un disparate, lo sé. Más allá de que el gobierno demuestra a cada instante que quiere seguir malgastando dinero inútilmente. Pero me pregunto, ¿es ésta última propuesta que hago más incomprensible que el financiamiento de un viaje para miles y miles de delincuentes que no hacen nada por nuestro fútbol y que, encima, tendrán la maravillosa posibilidad de estar presentes en un evento único en el mundo?

Les recuerdo que el hincha de verdad, ese que trabaja honestamente toda la semana y que a duras penas logra pagar la entrada o la cuota social, seguramente se morirá sin vivir la maravillosa experiencia de presenciar un Mundial. Claro que las “barras bravas unidas argentinas” -o como quieran llamarlas-, no. Ellos si, por obra divina de los señores “K”, estarán en Sudáfrica.

Henry reconoció la trampa y lo dejaron sólo

Monday, November 23rd, 2009

Thierry HenryQue el fútbol está lleno de tramposos, no es ninguna novedad. Que está lleno de ventajeros que ensucian al fútbol, no sorprende. Pero hay algunos tramposos ho-nestos, parece, que se arrepienten de lo que hicieron y lo reconocen. Uno de ellos es Thierry Henry, un jugador extraor-dinario, uno de los íco-nos del fútbol mundial contemporáneo. Y justo él, que ha embellecido las canchas con su juego y sus goles y ha sido siempre uno de los ju-gadores que deja claramente en evidencia que el fútbol es el deporte más lindo del mundo gracias a los habilidosos por encima de los rústicos o los mediocres que quieren sacar provecho de la trampa (el bidón a Branco, por ejemplo), está en el ojo de la tormenta.

Si, Thierry Henry está hoy en boca de todo el mundo del fútbol. Pero no por un gol extraordinario o una jugada antológica. No. Henry sacó provecho de dos manos bochornosas para meter a Francia en el Mundial. Pero tuvo la dignidad de reconocerlo abiertamente, de no buscar excusas y de asegurar que lo mejor sería jugar nuevamente el encuentro ante la humilde Irlanda.

¿Y que recibió a cambio? El silencio de los tramposos. De la Federación Francesa de Fútbol y de la FIFA, que desestimó el reclamo de la Federación Irlandesa de Fútbol (FAI) y anunció que bajo ningún punto de vista se jugará de nuevo el partido.
“El viernes, cuando todo empezó a ir demasiado lejos –aseguró Henry a L’Equipe-, estaba muy enojado y me hice la pregunta de si debía continuar. Lo que acaba de pasar es muy grave. Puedes perdonar, pero no siempre puedes olvidar”, sentenció en clara alusión a la FFF que lo dejó completamente sólo.

¿Y qué se puede esperar en días en los que el fútbol europeo atraviesa nuevamente un escándalo tras otro por el arreglo de partidos? ¿Y qué se puede esperar cuando leemos que, solamente en Europa, se investiga el arreglo de cientos de partidos de la mano de la mafia de las apuestas ilegales? Lo mismo de siempre, un par de arrestos y algunas sanciones para acallar las críticas y esconder muy profundo un negocio que las mismas federaciones (¿en sociedad con la FIFA?, si es necesaria la pregunta) llevan adelante en secreto y con mucha habilidad.

Los mundiales, se sabe, se juegan cada cuatros años. Y es en ese mes cuando el fútbol mueve más dinero y genera las más grandes ganancias. Por ello, la FIFA quiere a los seleccionados más poderosos y representativos en la máxima cita del fútbol mundial. Por ello, es necesario que en Sudáfrica 2010 esté Francia, el actual subcampeón del mundo, y no la humilde República de Irlanda, que sorprendió a muchos en Europa llegando hasta las instancias finales de la eliminatoria cuando nadie daba dos pesos por ellos.

De otro modo, no se entiende como el árbitro y el asistente no vieron –o no quisieron ver- una clarísima doble posición adelantada antes de la doble mano de Henry. En realidad, no es tan difícil la ecuación, teniendo en cuenta que el fútbol vive envuelto en las sospechas de negocios turbios, de intereses creados y de enriquecimientos ilícitos. Por eso no sorprende que la FIFA mire para otro lado. No vaya a ser cosa que un acto de grandeza manche la negrura absoluta con la que se manejan impunemente. Y que encima altere las ganancias que generó en el mercado de apuestas la clasificación de Francia al mundial. Si, en definitiva, nunca pasa nada y la escandalosa doble mano de Henry en unos días más se perderá en el olvido.

Lamentablemente, los oscuros personajes que manejan los destinos de nuestro querido fútbol, siguen ganando. Mientras que los tramposos de las gambetas, los tacos, las rabonas, los goles exquisitos y la honestidad brutal de reconocer que se sacó ventaja de la trampa -como es el caso de Henry-, en lugar de reconocimiento y aplausos reciben silencio, indiferencia y se quedan completamente solos. Así está el fútbol. Y así va a seguir, sin dudas…

Vamo’ arriba La Celeste

Thursday, November 19th, 2009

abreu gol y clasificacion al mundialSi. “Vamo’ arriba La Celeste/la de ayer y la de hoy”, escribió un día Jaime Ross. Y su canción se metió en las venas de los uruguayos, convirtiéndose en el himno por excelencia de la Selección charrúa. Y ahí anda Uruguay por estas horas, festejando la clasificación a la Copa del Mundo de Sudáfrica 2010, disfrutando su 11° clasificación a la máxima cita del futbol mundial y recordando con nostalgia aquellos títulos logrados en 1930 y 1950.

Tanta historia se merecía conseguir un pasaje a Sudáfrica. Y de la mano de un Maestro del Fútbol y un señor con todas las letras como Oscar Washington Tabárez, Uruguay cumplió su sueño. Nada más y nada menos que en el mítico estadio Centenario y ante 60 mil almas que cantaron, lloraron, sufrieron y se emocionaron. “No podría haber sido de otra manera, los uruguayos tenemos que sufrir mucho antes de festejar”, repite a los gritos un vecino de ochenta y tantos años que hace ya tres décadas que vive en la Argentina.

Y es verdad, porque tuvo servida en bandeja la clasificación recibiendo a la Argentina en el mismísimo Centenario. Pero los nervios y la responsabilidad lo traicionaron y terminó perdiendo ante un equipo argentino que no asusta a nadie, que fue a defenderse y terminó quedándose con la victoria.

Claro que como Ecuador no tuvo respuestas para ganarle al Chile de Marcelo Bielsa en la última fecha de las Eliminatorias Sudamericanas, Uruguay encontró el consuelo del repechaje ante Costa Rica. Y en San José, en el partido de ida, dio la sorpresa con un gol de Diego Lugano. Tenía la fiesta preparada, solo faltaba ganar con contundencia de local y desatar el delirio de todos los uruguayos en las calles de Montevideo, Canelones, Maldonado, Colonia, Durazno, Tacuarembó y en cada uno de sus departamentos. Pero no. Tuvo que sufrir una vez más, como sigue explicando a los gritos mi vecino.

Será que la victoria (clasificación al Mundial, en este caso) se festeja el doble cuando está cargada de dramatismo. Quizás. Tabárez hizo ingresar a Sebastián Abreu cuando el partido estaba 0 a 0 y Uruguay no podía romper el cerrojo defensivo de Costa Rica. Y el ex jugador de San Lorenzo y River metió a los 24 minutos del segundo tiempo el frentazo que puso el 1 a 0 y desató la locura de todos. Si hasta el propio Tabárez dejó de lado por un instante su imagen de hombre intachable y festejo con sus puños cerrados elevados al cielo al grito de “Vamos carajo. Vamos Uruguay, nomás”.

Pero La Celeste tenía que sufrir. Y vaya si lo hizo. Apenas 4 minutos después del gol de Uruguay, Walter Centeno puso el 1 a 1 y enmudeció a todo un país. Otra vez los fantasmas, otra vez el miedo de quedarse afuera de una Copa del Mundo como en el ’58, ’78, ’82, ’94, ’98 y 2006.

Pero no. Esta vez no. Esta vez, La historia dijo presente en el Centenario e hizo justicia. Esta vez, los recuerdos de aquella final ante Argentina en 1930, cuando Dorado, Cea, Iriarte y Castro le dieron la victoria por 4 a 2, pesaron con más fuerza. Esta vez, los goles de Schiaffino y Ghiggia que le dieron el triunfo 2 a 1 frente a Brasil en la final de 1950 y que inmortalizaron aquel inolvidable “Maracanazo”, brillaron esplendorosos en la noche de Montevideo.

Una Copa del Mundo se merece a los más grandes seleccionados del planeta. Y Uruguay, un bicampeón mundial con tanta historia, tenía la obligación de clasificar a Sudáfrica. Y lo logró.

Mi vecino sigue gritando que los uruguayos nacieron para sufrir. Y ahora le pregunta al cielo hasta cuándo resistirá tanta angustia su corazón. Hace 30 años que escucho lo mismo. Y no creo que se vaya a morir ahora, cuando solo faltan 7 meses para que vuelva a ver a su amada Celeste jugar un Mundial.

Cappa no puede renunciar

Thursday, November 12th, 2009

angel-cappa-huracanNo se le ocurra, Don Angel. Que ni se le cruce por la cabeza bajar los brazos ahora. No vuelva a pensar en renunciar y dejar su cargo de técnico-maestro que tiene en Huracán y que tan bien le ha hecho al fútbol argentino este último año. No nos prive del único equipo que no traiciona sus convicciones –aún sin delanteros, sin jugadores de renombre y muchísimos juveniles- y siempre intenta jugar al fútbol en su expresión más pura: el toque y la circulación del balón en lugar del centro como único recurso, la pelota al pie, la triangulación y la pared para llegar al gol por encima del pelotazo largo para que un delantero sorprenda apareciendo a espaldas de los defensores. No nos prive de ninguna de esas variantes, en realidad, porque cuando el objetivo es el gol en el arco de enfrente, cuando la idea es jugar con la belleza con la que fue inventado este deporte, cuando la sangre que corre por las venas de un equipo busca la grandeza y no obtener un resultado desde la mediocridad de la especulación o apostando solamente al contragolpe, por ejemplo, entonces si son válidas todas esas variantes.

No deje sin poesía al fútbol argentino, Don Angel. Por favor. Estamos cansados de equipos sin alma, de esquemas ultra defensivos, de conjuntos que convierten un gol y enseguida renuncian al ataque y se meten todos atrás apostando únicamente al contraataque.
Los jugadores de Huracán le imploraron que se quede y le demostraron con sus palabras que todavía hay materia prima para sacar adelante al fútbol argentino de esta mediocridad en la que vive desde hace varios años.

Pelee por sus ideas, sino le dará la razón a los que consideran al fútbol un deporte sin belleza ni improvisación, donde la táctica y la estrategia dibujada en un pizarrón y practicada hasta el cansancio en los entrenamientos en forma de repetición como un ejercicio mecánico, son más importantes que la libre expresión de los habilidosos y sus gambetas, o que el toque y el traslado de la pelota producto del entendimiento y la conexión entre los jugadores.

Sucede que muchos entienden el fútbol como aquellos estudiantes que se aprenden de memoria una lección y el día del examencappa repiten todo como loros. Una, dos y hasta tres veces salen victoriosos, pero llega un día en que el profesor –o la vida misma- le presenta una dificultad y no saben cómo resolverla. Eso le sucede a los mediocres. En cambio, aquellos que se permiten volar y analizan, interpretan, razonan, se preguntan, se responden y se cuestionan terminan teniendo una y mil soluciones frente a los obstáculos. Eso les sucede a los inteligentes, a los hombres distintos que arriesgan y se la juegan sin miedo al fracaso.

Y así en la vida como en el fútbol, los equipos que se forman desde el conocimiento de sus habilidades y no de la mecanización, terminan ofreciendo una imagen que los distingue por sobre el resto. Aunque pierdan, aunque se estrellen contra el fracaso, esos equipos que priorizan el buen juego y la belleza de sus movimientos terminan dejando su sello.

Eso sucede con Huracán, pese a que en este Apertura ocupa el 18° puesto en la tabla de posiciones y solo ganó dos partidos en 13 fechas. Eso sucede con Huracán, el campeón del último torneo Clausura. Si, porque aunque en los libros figure que Vélez fue el campeón, la gente lo que recordará por siempre será el “tiki-tiki” del Huracán de Cappa y los nombres de Javier Pastore y Mario Bolatti, entre otros.

Y los padres les contarán a sus hijos, y sus hijos a sus hijos, que hubo un equipo que arrancaba aplausos, que jugaba con una belleza impensada y que en la final del campeonato –frente a otro gran equipo- fue estafado por un árbitro llamado Gabriel Brazenas, que le anuló un gol legítimo por supuesta posición adelantada y que convalidó un gol de Vélez pese a una clarísima infracción sobre su arquero. Mire si habrá sido grande la vergüenza del Colegio de Árbitros, que Brazenas no volvió a dirigir todavía.

Por todo eso, Don Angel, y por los que amamos el fútbol en su más pura expresión, no se vaya. Los juveniles de Huracán necesitan formarse con su filosofía y sus conocimientos. Y el fútbol argentino se merece un técnico de su talla, un hombre con su grandeza…

En el Sur no llovió, fueron las lágrimas de emoción de los hinchas de Banfield

Tuesday, November 3rd, 2009

banfield puntero festejo silvaUn sólo invicto tiene el torneo Apertura. Y es Banfield. El líder del campeonato junto a Newell´s continúa con su marcha triunfal, le ganó a Estudiantes de La Plata 2 a 1 y se convirtió, definitivamente, en uno de los candidatos al título.
Bienvenida la audacia de Banfield. Bienvenidas las ganas, el sacrificio y el hambre de gloria del equipo de Julio César Falcioni. Bienvenida la humildad de un plantel que conoce sus limitaciones, que es consciente que está compuesto por hombres que no valen millones de dólares pero que juegan como si fuera así. Bienvenida la desfachatez de Walter Erviti y la potencia goleadora de Santiago Silva. Bienvenida la entrega. Y bienvenido el coraje para sacar chapa de candidato en el partido en el que tenía que hacerlo, nada más y nada menos que ante el campeón de América.
No fue sencillo en ningún momento para Banfield construir esta victoria importantísima ante el equipo de Alejandro Sabella. Ni en el comienzo del partido, cuando se puso en ventaja a los 10 minutos gracias a un zurdazo cruzado de Silva que se metió junto al palo izquierdo. Ni después de la expulsión de Enzo Pérez tan solo 3 minutos después. De hecho, Estudiantes mostró toda su jerarquía cuando se quedó en inferioridad numérica y en el segundo tiempo hizo todos los méritos para quedarse con la victoria.
Pero fue sobre el cierre de los primeros 45 minutos cuando el Pincha dijo acá estoy y con un derechazo tremendo de Juan Sebastián Verón desde 35 metros, estableció el empate.
Banfield acusó el golpe, pero nunca renunció a su orden táctico ni a su propuesta futbolística. Esos, sin dudas, fue sus mayores méritos. Y cuando Estudiantes más inquietaba el arco defendido por Cristian Lucchetti, Erviti se escapó por la derecha, dejó en ridículo a Germán Ré con un gran enganche adentro del área y definió alto para poner el 2 a 1. La lluvia caía intensamente sobre el estadio Florencio Sola, o al menos eso parecía. Pero no, eran las lágrimas de todo el pueblo banfileño que está viviendo uno de los mejores momentos de su historia. Desde el silencio y la humildad, Falcioni está construyendo un gran equipo que respeta una idea futbolística y deja todo en la cancha por conseguirlo. Un equipo compuesto por hombres que tienen un sueño y dejan todo por hacerlo realidad. Una antonimia de lo que ocurre con la Selección argentina, por ejemplo, donde jugadores que cuestan millones y millones de dólares no mostraron actitud ni en los momentos más difíciles de las eliminatorias y se clasificaron al Mundial de Sudáfrica entrando por la ventana.
En fin… Banfield le ganó a un rival directo en la lucha por el título, se afianzó como líder, mantiene la valla menos vencida del campeonato y es el único invicto después de 12 fechas superando el inicio de los torneos Metropolitano de 1970 y Apertura 2005, donde fue invencible en las primeras 9 fechas.
El Taladro tiene ese no sé qué. ¿Será la suerte de campeón? ¿Será la humildad, el sacrificio y el hambre de gloria que tienen que tener los campeones? Faltan 7 escalones todavía para llegar a la gloria. Y no será nada sencillo, porque en el camino aparecerán San Lorenzo, Vélez, Independiente, Racing, Huracán, Tigre y Boca. Pero como en aquella gran película llamada “La sociedad de los poetas muertos”, el famoso “Carpe Diem” (vive o aprovecha el momento) a Banfield le sienta de maravilla. Y así lo sienten sus hinchas que lloran de emoción. Y está bien. Tienen derecho a ilusionarse y fundamentos de sobra para sustentar el sueño de ver a Banfield campeón.

La soberbia no le permite a Laverni ser un convidado de piedra

Friday, October 30th, 2009

saúl laverniLa expresión “convidado de piedra” alude a una obra de teatro de Tirso de Molina titulada El burlador de Sevilla y convidado de piedra. El convidado de piedra es quien, en una reunión, no interviene en ella y pasa desapercibido o es ignorado por los anfitriones. Esa debería ser la función de un árbitro en un partido, impartir justicia sin que se note su presencia, sin intervenir en el espectáculo, pasando inadvertido y siendo ignorado por los protagonistas, los hinchas y los periodistas. Claro que este no es el caso de Saúl Laverni.
“Laverni nos metió la mano en el bolsillo”, dijo Esteban Fuertes sobre el desempeño del árbitro en el partido que Independiente le ganó 3 a 2 a Colón y en el que expulsó al delantero Sabalero por un supuesto codazo a Walter Busse. Y no se equivoca, aunque haya sido involuntariamente. Porque decir supuesto codazo, en realidad, es no comprometerse con la verdad, ya que no existió contacto alguno y el que tendría que haber sido amonestado era el jugador del Rojo por teatralizar. Pero no, Saúl Laverni volvió a mostrar su soberbia habitual y su falta de interpretación para arbitrar y expulsó a Fuertes. Otra vez quiso ser el protagonista del espectáculo y lo logró, como el último domingo en el Superclásico entre River y Boca, cuando cobró penal sobre Diego Buonanotte pese a que el volante se llevó claramente la pelota con la mano y después no expulsó a Ariel Ortega por una trompada a Julio César Cáceres.
¿Hasta cuándo los árbitros van a seguir ocupando el centro de la escena cuando en realidad deberían pasar desapercibidos? ¿Hasta cuándo habrá que soportar la falta de criterio para arbitrar y la soberbia de algunos de ellos? ¿Por qué es tan dispar la interpretación del reglamento por parte de los jueces? ¿No hay acaso entes que regulan a los árbitros? Las preguntas se suceden una tras otras a medida que transcurren los campeonatos, pero nada cambia. Nunca.
Fue tan paupérrima la actuación de Laverni, que en una jugada en la que debió ser expulsado Ignacio Piatti, por ejemplo, no le mostró ni siquiera la tarjeta amarilla cuando impactó con los tapones de punta sobre la pierna de un jugador de Colón. Y en otras jugadas claras no amonestó por reiteración de faltas.
Nadie le quita a Independiente el enorme orgullo de haber debutado con un triunfo en su nuevo estadio Libertadores de América, sin dudas un ejemplo de la arquitectura moderna. Nadie desmerece los tres puntos conseguidos por el equipo de Américo Rubén Gallego, que lo mantiene en la lucha por el título a sólo 3 puntos de los líderes Banfield, Estudiantes y Newell´s. Pero no merece el Rojo quedarse con una victoria deslucida por las irregularidades de un arbitraje para el olvido. Otro más. Y van…
Tiene derecho Colón a quejarse por la inexplicable expulsión de Fuertes, porque cuando empezaba a encerrar a Independiente en su arco y se acercaba al empate, se quedó injustamente con 10 hombres. Y todo se hizo cuesta arriba. Encima en un gran contragolpe, Piatti puso el 3 a 1 y liquidó el partido. Tiene derecho Colón a quejarse, porque pese a estar 2 goles abajo y con un jugador menos, sobre el final descontó. Tiene derecho Colón a quedarse con la duda, la bronca, la impotencia de saber qué hubiera pasado si Fuertes no era expulsado. Tienen derecho los jugadores Sabaleros a enojarse, porque una victoria los hubiera mantenido en la cima del Apertura. Claro que nunca lo sabrán, fundamentalmente por la necesidad de protagonismo de un árbitro llamado Saúl Laverni.
Está bien perder, en definitiva, si el rival fue superior. El gran poeta estadounidense Walt Whitman escribió: “Todos dicen: es glorioso ganar una batalla. Pues yo digo que es tan glorioso perderla. ¡Las batallas se pierden con el mismo espíritu que se ganan!” Y hubiera estado bien si Independiente le ganaba a Colón por los méritos conseguidos por sus jugadores. Por eso, no se merecía Colón un arbitraje bochornoso que opacara el gran presente futbolístico que está atravesando. No se merecía tampoco Independiente que una noche inolvidable que terminó coronada por una gran victoria, se viera opacada por estas irregularidades. No se merecían ni Colón ni Independiente quedar en un segundo plano cuando son los jugadores los protagonistas del espectáculo. No se merece el fútbol argentino, al fin y al cabo, sufrir más daños como los ocasionados por Saúl Laverni. ¿No tenemos bastante ya con las mentiras y los secretos que rodean a la Selección argentina?

Mediocridades, mentiras y poco fútbol en un clásico fácilmente olvidable

Monday, October 26th, 2009

ibarra y ortega

A veces el miedo de perder hace que los equipos pierdan de vista el objetivo fundamental de intentar ganar. Eso volvió a pasarle, como tantas otras veces, a River y Boca. Fue un clásico chato, demasiado chato en realidad. Salvo por algunos muy breves pasajes del partido, poco y nada ofrecieron los dos. Y el punto, al fin y al cabo, no les sirve de nada, porque Boca quedó ahora a 6 unidades del nuevo líder Colón de Santa Fe, mientras que River suma 7 puntos, está 16° y a tan solo 2 unidades del fondo de la tabla.

Encima, al esquema defensivo de River y a las limitaciones ofensivas de Boca, hay que sumarle la olvidable labor de Saúl Laverni. ¿Hasta cuándo los grandes partidos del fútbol argentino van a ser arbitrados por jueces que no están a la altura de las circunstancias? Laverni le regaló un penal a River que si Roberto Abbondanzieri no hubiera atajado, habría cambiado radicalmente la historia del partido. Es cierto que Luciano Fabián Monzón derribó ilícitamente a Diego Buonanotte adentro del área, pero primero el volante de River se llevó claramente la pelota con la mano. Laverni tendría que haber cobrado tiro libre para Boca y amonestar a Buonanotte, que sumado a la tardía tarjeta amarilla que le sacó al volante de River en el segundo tiempo hubiera significado la justa expulsión por doble amonestación. Claro que eso no es todo, porque si Laverni estaba tan convencido de que había sido penal, debería haber hecho honor a la imagen de hombre recio que siempre intenta dar y el penal tendría que haber sido ejecutado nuevamente porque Abbondanzieri se adelantó más de un metro. Después, bien expulsado Cristian Villagra por doble amonestación y también Julio César Cáceres por una infantil trompada a Ariel Ortega, que increíblemente no recibió la misma sanción cuando fue él quien primero golpeó al defensor de Boca. Errores cometemos todos, pero horrores, solo los mediocres que desarrollan su profesión con una soberbia desmedida, que los hace sentir superiores al resto de los mortales. Por eso hoy, se sigue extrañando a Horacio Elizondo, por ejemplo.

En definitiva, hubo un tiempo para cada uno. River maniató a Boca en la primera mitad con una asfixiante marca en la mitad de la cancha y, casi sin proponérselo, tuvo las situaciones más claras de gol, como una de Nicolás Domingo apenas iniciado el partido, el penal que no fue pero que Abbondanzieri, adelantándose, se encargo de atajarle a Ariel Ortega y el magnífico tiro libre de Marcelo Gallado que se metió en el ángulo superior derecho del arco del Pato y le dio la victoria parcial a River.

En el complemento, Boca siguió teniendo el control de la pelota, pero le sumó marca en la mitad de la cancha. Encima, la expulsión de Villagra abrió espacios que Nicolás Gaitán supo aprovechar. A partir de ahí, todo fue de Boca que buscaba pero no lograba lastimar, hasta que Juan Román Riquelme frotó la lámpara y con un pase sensacional habilitó a Martín Palermo para que el goleador de Boca marcara el empate y sumara así su octavo gol oficial ante River con la camiseta de Boca. River se recluyó muy atrás y apostó al contragolpe. Solo llegó una vez, pero bien pudo haber sido el gol de la victoria si un remate cruzado de Matías Abelairas no se estrellaba en el palo. Después lo tuvo Cristian Chávez, pero demoró una eternidad en definir y desperdició una chance muy clara. Hubiera sido muy injusto, en definitiva, que cualquiera de los 2 se quedara con el triunfo, más allá de que Matías Almeyda y Leonardo Astrada hayan querido auto convencerse después del partido que River tendría que haber ganado el Superclásico por 3 a 0. Seguramente, el cansancio y la presión que genera jugar un partido de esta magnitud, los confundieron y les hicieron recordar algún clásico de otra década.

¿Cuándo van a dejar de mentirle a los hinchas los jugadores y los técnicos? ¿No es más saludable y honesto reconocer que se ofreció muy poco por el espectáculo y que se jugó mal? ¿No es de hombres aceptar que el empate fue justo en lugar de mentirle a la gente y venderle castillos de arena? En realidad, es una utopía pedir que en un fútbol argentino que cada día está más enviciado por la mentira y la falsedad, aparezca algún hombre que pretenda cambiar la historia. Y así estamos. Y así seguiremos. Y así nos va.