La misma impavidez, el mismo desorden
Saturday, November 14th, 2009
El estadio Vicente Calderón fue el escenario del amistoso entre España, una de las mejores selecciones del mundo, y la Argentina, el cuarto clasificado de Sudamérica al Mundial de Sudáfrica que sigue sin encontrar el rumbo.
Desde el inicio, la clave fue la actitud, esa enorme deuda pendiente del seleccionado nacional. Era el momento de presionar, de mostrar entrega y sacrificio. Pero no. Rápidamente España se adueño de los espacios y del control de la pelota. Busquets, Xavi Hernández, Xabi Alonso y Andrés Iniesta fueron demasiado en el mediocampo para Maxi Rodríguez, Javier Mascherano, Fernando Gago y Angel Di María. Presión, velocidad en la salida y precisión en los pases para buscar en profundidad a los delanteros David Silva y David Villa, fueron las claves del equipo de Vicente Del Bosque.
Es cierto que por nombres la Argentina nada tiene que envidiarle a España. Pero si tiene que admirar –y entender- que La Furia es un equipo, algo todavía desconocido en este seleccionado de Diego Armando Maradona. Quizás por ello, España se convirtió en la primera selección en la historia en lograr la clasificación a una Copa del Mundo con 10 victorias consecutivas, con 28 goles a favor y solo 5 en contra. Mientras que la Argentina entró por la ventana, ocupando el cuarto lugar detrás de Brasil, Paraguay y Chile.
La Selección nacional volvió a mostrar la misma impavidez y el mismo desorden táctico. Sobre todo en la defensa. Sigue preocupando la falta de coordinación en la marca, en los cierres y en los relevos. Pero más preocupa la falta de identidad, porque Maradona continúa probando variantes que generan más dudas que certidumbre. Gabriel Heinze y Martín Demichelis, la dupla de centrales, son una invitación constante para los rivales. Y Fabricio Coloccini como lateral por derecha y Cristian Ansaldi marcando por izquierda, son una muestra del desconocimiento. Falta un Daniel Passarella, un Oscar Ruggeri, un Juan Simón, un Roberto Ayala. Falta un caudillo en el fondo, un jugador con personalidad para ordenar. Claro que en este aspecto, no todo es responsabilidad de Maradona. ¿Hay un jugador de esas características, que entienda la responsabilidad y el privilegio que significan vestir la camiseta argentina?
Por eso no sorprendió que después de una gran jugada colectiva, cuando apenas se jugaban 15 minutos, Xabi Alonso pusiera el 1 a 0. Villa habilitó a Silva y el delantero de Valencia sacó el remate que desvió Sergio Romero. Pero Alonso, muy atento, le ganó a Ansaldi y le dio la ventaja a España. Rapidez y concentración ante una defensa argentina plagada de dudas.
Todo fue de España en esos primeros 45 minutos. Y si no se fue a los vestuarios ganando 2 a 0, fue porque el árbitro irlandés no cobro un claro penal de Coloccini que desvió con su brazo un remate de Villa que llevaba destino de gol. Era penal y roja para el defensor.
Un partido de preparación es, justamente, el momento indicado para que los entrenadores prueben variantes sin miedo al fracaso, porque no hay nada importante en juego. Pero lejos de jugársela, en el complemento Maradona hizo ingresar a Carlos Tevez por Gonzalo Higuaín, quien había sido el hombre más peligroso de Argentina. Si el cambio era delantero por delantero, era el momento de sacar a Lionel Messi, otra vez ausente sin aviso. O sacar a Maxi Rodríguez o Angel Di María, adelantar a Coloccini o Ansaldi y jugar con tres en el fondo. Pero no. Encima el árbitro otra vez volvió a ayudar a la Argentina, cuando a los 14 no cobró un claro penal de Gago sobre Iniesta.
Así y todo, y gracias a que España sintió el cansancio de la primera mitad, la Selección se las ingenió para ganar el mediocampo y empezar a merodear el área de España. Y en la mejor jugada del seleccionado, Maxi se escapó por la derecha y fue derribado en el área por Raúl Albiol. Penal que Messi convirtió en gol.
Pero España es un equipo con todas las letras. Sus jugadores tienen hambre de gloria. Y cuando un argumento ya no funciona, tiene variantes para que la obra otra vez vuelva a ser un éxito y la gente se pare para aplaudir. Álvaro Negredo ingresó por David Silva y Jesús Navas por David Villa. Y ahí sí, todo volvió a ser de España ante la inexpresividad del equipo argentino.
Uno, dos, cinco, diez y hasta quince toques utilizaba España para llegar al arco nacional. El “ole, ole, ole…” bajaba de las tribunas del Calderón. Y el gol, por decantación, llegó. Demichelis, en un partido para el olvido, estiró alevosamente su brazo cometiendo penal. Y Xabi Alonso, una de las figuras de La Furia, marcó el 2 a 1. Justicia. Por el juego mostrado por España y por los desastrosos fallos del árbitro que le impidieron sellar la victoria mucho antes.
La argentina dio otro paso en falso. Uno más. Fue bueno lo mostrado en esos primeros 20 minutos del segundo tiempo, cuando España levantó el pie del acelerador. Pero otra vez faltó audacia. Otra vez faltaron a la cita hombres como Messi –fundamentalmente-, Mascherano, Heinze o Demichelis. Otra vez las falencias defensivas fueron alarmantes. Otra vez nos quedamos con las ganas de ver a Pablo Aimar. Y una vez, Maradona prefirió mirar para otro lado en lugar de reconocer que se jugó mal. “El resultado más justo hubiera sido el empate”, dijo Diego. Y elogió a Messi: “Me pone contentísimo que agarre la pelota y se haga dueño del equipo. Va entendiendo que el equipo lo necesita”.
Indudablemente, la visión de Maradona y la realidad van por caminos diferentes. Y eso, a 7 meses del Mundial de Sudáfrica, no le sirve a la Selección argentina. Maradona debe usar su experiencia y su mágica presencia para despertar a estas estrellas que con la camiseta argentina, apenas si brillan como una tenue lucecita. Ojalá lo logre…
