Vamo’ arriba La Celeste
Thursday, November 19th, 2009
Si. “Vamo’ arriba La Celeste/la de ayer y la de hoy”, escribió un día Jaime Ross. Y su canción se metió en las venas de los uruguayos, convirtiéndose en el himno por excelencia de la Selección charrúa. Y ahí anda Uruguay por estas horas, festejando la clasificación a la Copa del Mundo de Sudáfrica 2010, disfrutando su 11° clasificación a la máxima cita del futbol mundial y recordando con nostalgia aquellos títulos logrados en 1930 y 1950.
Tanta historia se merecía conseguir un pasaje a Sudáfrica. Y de la mano de un Maestro del Fútbol y un señor con todas las letras como Oscar Washington Tabárez, Uruguay cumplió su sueño. Nada más y nada menos que en el mítico estadio Centenario y ante 60 mil almas que cantaron, lloraron, sufrieron y se emocionaron. “No podría haber sido de otra manera, los uruguayos tenemos que sufrir mucho antes de festejar”, repite a los gritos un vecino de ochenta y tantos años que hace ya tres décadas que vive en la Argentina.
Y es verdad, porque tuvo servida en bandeja la clasificación recibiendo a la Argentina en el mismísimo Centenario. Pero los nervios y la responsabilidad lo traicionaron y terminó perdiendo ante un equipo argentino que no asusta a nadie, que fue a defenderse y terminó quedándose con la victoria.
Claro que como Ecuador no tuvo respuestas para ganarle al Chile de Marcelo Bielsa en la última fecha de las Eliminatorias Sudamericanas, Uruguay encontró el consuelo del repechaje ante Costa Rica. Y en San José, en el partido de ida, dio la sorpresa con un gol de Diego Lugano. Tenía la fiesta preparada, solo faltaba ganar con contundencia de local y desatar el delirio de todos los uruguayos en las calles de Montevideo, Canelones, Maldonado, Colonia, Durazno, Tacuarembó y en cada uno de sus departamentos. Pero no. Tuvo que sufrir una vez más, como sigue explicando a los gritos mi vecino.
Será que la victoria (clasificación al Mundial, en este caso) se festeja el doble cuando está cargada de dramatismo. Quizás. Tabárez hizo ingresar a Sebastián Abreu cuando el partido estaba 0 a 0 y Uruguay no podía romper el cerrojo defensivo de Costa Rica. Y el ex jugador de San Lorenzo y River metió a los 24 minutos del segundo tiempo el frentazo que puso el 1 a 0 y desató la locura de todos. Si hasta el propio Tabárez dejó de lado por un instante su imagen de hombre intachable y festejo con sus puños cerrados elevados al cielo al grito de “Vamos carajo. Vamos Uruguay, nomás”.
Pero La Celeste tenía que sufrir. Y vaya si lo hizo. Apenas 4 minutos después del gol de Uruguay, Walter Centeno puso el 1 a 1 y enmudeció a todo un país. Otra vez los fantasmas, otra vez el miedo de quedarse afuera de una Copa del Mundo como en el ’58, ’78, ’82, ’94, ’98 y 2006.
Pero no. Esta vez no. Esta vez, La historia dijo presente en el Centenario e hizo justicia. Esta vez, los recuerdos de aquella final ante Argentina en 1930, cuando Dorado, Cea, Iriarte y Castro le dieron la victoria por 4 a 2, pesaron con más fuerza. Esta vez, los goles de Schiaffino y Ghiggia que le dieron el triunfo 2 a 1 frente a Brasil en la final de 1950 y que inmortalizaron aquel inolvidable “Maracanazo”, brillaron esplendorosos en la noche de Montevideo.
Una Copa del Mundo se merece a los más grandes seleccionados del planeta. Y Uruguay, un bicampeón mundial con tanta historia, tenía la obligación de clasificar a Sudáfrica. Y lo logró.
Mi vecino sigue gritando que los uruguayos nacieron para sufrir. Y ahora le pregunta al cielo hasta cuándo resistirá tanta angustia su corazón. Hace 30 años que escucho lo mismo. Y no creo que se vaya a morir ahora, cuando solo faltan 7 meses para que vuelva a ver a su amada Celeste jugar un Mundial.



