Lo que no viene más

por Paracaidistas, el 01/12/2009 a las 15:09

Por Federico Maya

Después de 24 años, deja de emitirse el programa que no sólo “pasaba los goles”. Se va un verdadero Godzilla, tal vez el más innovador show futbolístico en la historia del mundo. Un trampolín de ideas fenomenales que durante 1995 explotaron, mutándolo en una verdadera revolución televisiva. Aquí, un homenaje a quienes lo pergeñaron, a quienes lo trabajamos y a quienes hoy, en sus últimos días, lo siguen sosteniendo.

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Ya no importa quién, en esa guerra de malo vs. malo vs. malo, es el más feo. Ni los K, ni Torneos y Competencias, ni Clarín dejaron de embolar al público con sus dardos mediáticos que parecen no voltear a nadie. Pero el primer muerto célebre de esa guerra pegó, hace horas nomás, su última gran bocanada de oxígeno. Y no muchos se dieron cuenta. Y fueron aún menos los que la presenciaron.

Tan sólo el 2,6 por ciento del total de hogares de Capital y Gran Buenos Aires eligieron este domingo Canal 13 para disfrutar del antes clásico show futbolístico que hoy agoniza, reducido y desarmadísimo. Créase o no, Fútbol de Primera no llegó a 3 puntos de rating.

Y a riesgo de ofender a amigos, conocidos y admiradísimos referentes, que supieron trabajar mucho más en él que mis míseros 20 meses, y sin el aburrimiento de una necrológica recopilativa, quiero rescatar como televidente, ese lugar que hoy no ocupo tanto como me gustaría, aquel impresionante cóctel de locura y fútbol que, a fines del ‘95, metía 4 goles de arco a arco en el primer tiempo.

A las transmisiones de TyC Max se sumaba un largamente olvidado Fernando Niembro, pero no fue él quien se sumaría a la lista de privilegiados anfitriones que ostentaba el ciclo. Su turno llegaría 14 años después, y a casi nadie le llegó el chisme. También, y en partidos de menor relieve, estrenaba tonada (con “A”) el ascendente tanto en relevancia periodística como en graduación de lámpara facial, Mariano Closs. Un puñado de debutantes se sumaban a Nelson, Fabbri, Elio Rossi, José Jozami y el resto del equipo que comandaba la dupla Macaya – Araujo.

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Fue un fenomenal Adrián Paenza, finalmente, el mejor “refuerzo” imaginable. A los pocos envíos, ya eclipsaba en conocimiento, visión y dicción a un tibio pero no del todo intrascendente “Tátele”. El histrionismo Araujiano, ya encaminado hace rato a la inmortalidad, completaba un trío de conductores, justamente y valga la redundancia, completo.

Torneos estrenaba un conjunto nuevo. Y vestía muy bien. Los avances tecnológicos comenzaban a llegar, tanto para informar como para adornar. El primer Telebeam, creíble o no, era una herramienta para discernir las jugadas un poco mejor. Llegaban las primeras imágenes en material fílmico, editadas para un programa de TV. Hasta los creativos se animaron a jugar con dibujitos animados de un árbitro ciego, o unas plumas revoloteando cada vez que un jugador la mandaba a cualquier lado. Tan arriesgado como impactante.

En ese período, hicieron ese programa que todos los productores soñamos alguna vez hacer. Además de, en una suerte de estreno exclusivo y mundial, pasar los goles de tu equipo, intrigaba entreteniendo. Se mostraba una jugada incompleta antes del corte (¿Fué gol o no?) . Se aprovechaba al máximo esa jugarreta de “los goles te los paso yo sólo”. Y el nacimiento de “Lo que Viene”. Y andá a fumarte el corte. Fabuloso. Ni ganas de ir a calentar la pizza al microondas. Un palazo en la cabeza a las viejas estructuras de poca dinámica y tendencia a aburrir de esa vieja tele (Esa que en 2010 está volviendo por la falta de todo).

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Las imágenes eran cada vez mejores (el BetaSP, hoy casi vetusto casette de lata o noticiero, era un boom tecnológico de la época). Planos cercanos y bien ilustrativos, edición agresiva, recursos llamativos (¿quién musicalizaba con acid jazz en 1995?). Una perfecta revolución. Seguramente, junto con el fenómeno Cuatro Cabezas, el otro gran hito en cuanto a innovar la mal y bien llamada caja boba. Todo cortesía de cerebros jóvenes y poco funcionales a los viejos mandamientos, y más cercanos a los aires de cambio de la neoprivatización (Por ejemplo, Telefé y Artear sólo tenían 6 añitos). Pensando la tele como una peli. Ni hablar de la masiva estructura de producción. Ovación de pie. A mis 17 años conocía el programa perfecto.

Aunque, en esa metralla de creatividad, llegada con palabras entendibles, nuevos chiches y hasta efectivos artilugios de fidelización al televidente, a ese Aquiles no se le notaba el talón. Y nadie la vió venir.

Como corolario de las genialidades, un desopilante muñeco diseñado en 3D (hermano del mismo padre de aquel De la Rúa dibujito que bailaba en la mesa de Hadad), con trenzas y chiva rastas, bautizaba como Marcelingui a Marcelingui, le espetaba “Nono” a Don Enrique, y hasta se metía en un festejo de un gol de Tchami para invitarlo a salir de joda esa noche. Con la muy graciosa voz, en un agudo pitch, de Gonzalo Bonadeo. Lo llamaron Hueso. Y te mataba de risa. Una especie de Pájaro Fisu versión 2.0, con chistes muy bien guionados, salvo en ésa entrada adonde se desbarrancó todo.

Que a los jugadores de San Lorenzo les dicen “hamburguesas” porque se venden más que los panchos.
Y Ruggeri con el derecho a réplica. Por un rato FDP fue Tribuna Caliente (y según testigos, el control aún más caliente que Venus y Playboy juntos). Y Paenza no cortó lo que tenía que cortar, porque no quiso. Y chau Paenza. Y chau Huesito. Y Bonadeo peleado con Macaya, Paenza, y chau. Y chau humor. Y chau perfección.

Cuando terminaba el 96 y mi secundaria, al año del HuesoGate, en el galpón con subsuelo de Salta y Cochabamba, sólo quedaba algún que otro dibujo de esa sonrisa dreadlock. Pinchado en el corcho de una pared, donde algunos comenzábamos a tener nuestro Disney criollo. Un metegol, premios Chamigo viejos, charlas de fútbol con tipos famosos, domingos en el campo de juego y hasta teléfonos de tus ídolos. A los 18. Que en Google esperen, que yo los llamo.

Ya no me importaba si el show era o no perfecto. Me obnubilé, arranqué mi carrera al lado de esos monstruos que no paraban de idear, y paradójicamente me olvidé del producto que me abrió la cabeza de productor. Que aunque siguió siendo diferente al resto, su violenta irreverencia quedó en intento. Bien intentado, mejor que cualquier otro.

Con el Apertura, terminará hasta nuevo aviso Fútbol de Primera. Ése que a mi gusto, hace casi 15 años, fue lo mejor que me dió la tele en 31. Ese que muchos productores, relatores, formatos y dueños después, se nos muere por una pelea de malos. Y yo lo voy a extrañar.

5 Comentarios to “Lo que no viene más”

  1. KUN Says:

    Mis recuerdos de Fútbol de Primera son los últimos por mi edad. No conocía al personaje Hueso ni la historia con Bonadeo. El “Fútbol para todos” lo mató, ya sobró este torneo.

  2. Jorge Says:

    Nunca creí que Fútbol de Primera hubiera nacido con fecha de vencimiento… Se va un clásico; se va el programa que todos esperaban para ver los goles y escuchar razonamientos sobre el porqué de los resultados de la fecha

  3. Amadeo Says:

    Me parece perfecto que futbol de primera se vaya a pique.. porque teniamos que esperar hasta las 22 para ver los goles.. y verlo en otros canales solo despues de las 24 ??…. es ilogico…se habian apropiado del futbol… que aunque a muchos no les guste es para todos… un saludo. muy bueno todo fede.

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