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Julio, maldito Julio

Martes, Julio 27th, 2010

El peor mes y el peor rival en la vida de Maradona. Lo que nadie contó de la reunión. Por Federico Maya.

26/07/10, 16:15 Estoy hablando con él. Mirá, estamos muy mal. La verdad que Grondona es un hijo de remil putas.
En segundos, el texto transitó de un Blackberry a otro. Del mismísimo chalet de “Die” a la redacción de un canal de TV. Y ahí se terminó la historia. Dos movileros de TyC Sports intentaban balbucear una conclusión en la puerta del complejo de AFA. Uno de ellos había estado en la casa donde finalizó la Aventura Maradona, y su cara de terror era inocultable.

No hacían falta conferencias de prensa, reuniones de Comité Ejecutivo ni giros inesperados. El argentino más famoso de la historia acababa de besar el pasto, tumbado a traición por un Goliat del Siglo XXI, que aguardó su turno pacientemente en vez de atacar a brutos manotazos.

Maradona se atacaba de furia y llanto a pocas cuadras de la guarida de su calmo verdugo, quien ya garabateaba el certificado de defunción para el ex-técnico del Seleccionado.

Los pobres informes desde la puerta del predio no llegaban a graficar más que un gramo de la pesada verdad. La reunión duró apenas diez minutos. Los ciento veinte restantes fueron un embate desesperado de Maradona contra el más frío y gigante iceberg que se le pudo haber plantado: el plan perfecto de Grondona.

Gastón Granados había cedido el ring: su casa de campo. El campeón llegó a la pelea con el dueño del hotel. Lo esperaba el retador, hacía media hora. A juzgar por el resultado, lo esperaba hacía mucho más. No hubo largas introducciones. Solito, el Diez apagó su teléfono. Julio ya lo había hecho, pese a que no le gusta.

Maradona fue mano y jugó sus cartas. 15 puntos cuidadosamente pensados y puntillosamente repasados post-goleada alemana y hasta en el avión que lo trajo de Caracas. Paciente, Grondona escuchó Ruggeri, Real Envido y Truco. Una decena y media de fuertes pisadas. Luego lo entendería Diego. Ni con su pierna derecha pudo haber dado peor paso.

Como corresponde, el de Sarandí respondió primera y jugó segunda. Y fueron Mancuso y Signorini. Uno casi afuera, el otro ni por la puerta. Así, con un mazazo al corazón y otro al bolsillo, el Vicepresidente del Mundo, en pleno inicio de la batalla definitiva, flanqueaba y derrotaba al soldado que descuidó su retaguardia. Diego había jugado demasiado con la tranquilidad calculadora del “hombre AFA”, y a horas nomás de la contienda, hasta le indicó por dónde atacar. Fue el momento de la ofensiva.

No había más lugar para los socios comerciales de Maradona. Su ladero ya no calentaría los asientos del banco de suplentes, ni su confidente siquiera el pasto de las canchas de entrenamiento. Muy parco y manso, Don Julio indicó un plan de desaparición paulatina de Mancuso, sin presencia ni consejo oficial. Y un desterramiento total para Signorini. Pelusa sufrió el peor remedio para el enfermo de soberbia. Lo llevaron donde se lleva a un peleador caliente, y perdió la cabeza en pleno truco. O peor, en pleno póker.

El sangrante boxeador atacó como la lógica indica y los libros desaconsejan. Sin mirar, y sin salida. A cada piña del 10, había un escudo del “presi”. Diego sabía que el mismo Gobierno que lo apoya, es socio ganancial de quien lo miraba impávido. El Jefe contaba con más cartas (FIFA, prohibición de intervenciones estatales, sanciones, pérdida de Copa América en año eleccionario) en su poderosa manga. Y, vaya si eso define a un ganador, ni siquiera le hacía falta jugarlas.

La especulación es inevitable. Las fichas, seguramente, comenzaron a caer. Como en las de Hollywood. El plan del malvado, tal vez estaba pergeñado desde la secuencia inicial del film. Y el desarrollo, recién ahora, hacía que este final tuviera sentido.

El esfuerzo de Maradona en pegar la última piña había sido tan exagerado, que el envión lo dejó mal parado. Sabiendo que el 0-4 lo dejaba en deuda, y sin crédito para mantener a los suyos, dejó pagando a la inusualmente generosa AFA (léase Julio Humberto) que anunciaba la renovación de votos. Y visitó Venezuela. Y publicó “Si me tocan un utilero, me voy” en la cara de Grondona. Pegó sabiéndose Maradona. No sabiendo a quién le pegaba. Sin parecer saber que la derrota duele más cuando el partido se cree ganado.

Como alguien que no entiende lo que le está pasando, Maradona gritó y pataleó. Grondona se hizo el enojado. Diego se fue primero. Salió cegado a las dos y cuarto. Ya no prendería su celular. El anfitrión lo llevó de regreso a su casa, donde ni su novia pudo frenarle las lágrimas. El galán de la peli, a centímetros del beso, no se quedaría con la chica.

Besó la lona, cuando todos le daban la pelea por puntos. Quedó sin trabajo cuando pensó que ya nadie se lo sacaría. Pero la crisis de angustia y llanto de las 3 de la tarde no respondía a eso. Y Diego sabía por qué. Su peor derrota, su peor miedo, finalmente se convirtió en realidad. Alguien, en 49 años, lo había sometido, y por primera vez. Y lo peor de todo: él mismo le había entregado las armas para hacerlo.

La dejó chiquita en todo tipo de finales. Ingleses, alemanes e italianos lloraron su talento. La cocaína, la ruina y hasta la misma muerte cedieron ante su entereza. Pero ante Grondona, cayó con todo el peso que sus triunfos adeudaban.

26/07/10 16:15 Estoy hablando con él. Mirá, estamos muy mal. La verdad que Grondona es un hijo de remil putas.
El mensaje era claro. Al final Diego aprendió la lección que su pérfido profesor tanto quiso.

Puede todavía llamar desde ese mismo Blackberry, y desde su humillación a estrenar. Puede aún dirigir a su amada Selección. Pero sólo, diezmado y sin volante para maniobrar. Sólo hará lo que quiere, haciendo lo que menos quiere. Cediendo, cuando su inachicable orgullo le impide apenas pensarlo. Sin quererlo, pero dentro de la Ley de la Vida, cedió su cinturón de Campeón Eterno de los Mortales.

Nadie dice que no tendrá revancha. Pero no fue vencido por un tapado cualquiera. Perdió Dios. Perdió fulero. Y al perder, entronizó a su último gran rival como el hombre más poderoso de todos. El 2 fue Alemania, el 26 Grondona. Maldito Julio, pensará Diego Armando Maradona.