¿Creemos en Dios todo poderoso?
Jueves, Octubre 8th, 2009
Tras haber tomado distancia de la realidad, ahora que el agua nos moja el cuello, empiezo a preguntarme si todos nosotros, componentes directos o indirectos del fútbol argentino, no tenemos nuestra cuota parte de culpa sobre este presente con alerta de fracaso.
Ayer miércoles Maradona –a horas del choque con Perú- seguía buscando un equipo que cuando escuché por Radio, los 11 de corrido, me dio una sensación de incredulidad que hace rato no experimentaba. “La Selección formó con (dijo el cronista de turno): Romero, Jonas Guttierrez, Schiavi, Heinze y Emiliano Insúa; Enzo Peréz, Di María, Mascherano y Aimar; Higuaín y Messi. Este equipo le ganó por 3 a 0 a la Sub-17 donde atajó Pozo. Los goles fueron marcados por Higuaín, Di María y Enzo Peréz”. Cuando acabó el informe desde la práctica de Argentina, bajé el volumen de mi radio, y me envolví en un bajón de reflexión.
Allí pensé que el arquero de hoy era el tercero de hace dos partidos; repasé la defensa y me di cuenta que a quien Maradona probó de 4, habitualmente juega de volante por el otro costado; que entre los dos centrales hay casi 70 años y velocidad restringida, y también supe que la responsabilidad de la número 3 es para el más novato de todos.
Después recalé en la línea media y pensé que este Pérez al menos no es el de la guía, que el 5 tuvo una involución desde que el técnico dijo Mascherano más 10, y que los otros dos de la mitad juegan en el fútbol portugués (país que está por quedar afuera del mundial). Con los dos de arriba me entusiasmé, aunque Higuaín hoy es suplente en el Real y Messi todavía no haya hecho con la celeste y blanca lo mismo que con la blaugrana.
Ah, ¿y Palermo? Parece que el entrenador lo tendrá como cambio salvavidas cuando el agua ya no nos deje respirar.
Ante tal nivel de improvisación, ante tanta desconfianza y desunión de cada engranaje del cuerpo técnico de la selección, me pregunto si no ha llegado la hora en que reconozcamos –más allá de los próximos resultados- el error que cometimos al pensar que Maradona podía, al creer que era el que nunca fue, al considerar que iba a poder afrontar semejante responsabilidad como máximo gerente de fútbol de una potencia mundial.
Conducir con los pies no es lo mismo que con la cabeza.
Cuando Grondona lo bendijo como D.T., tengo latente una mini encuesta casera donde consulté a los más encumbrados productores y periodistas del medio qué pensaban sobre el ídolo como entrenador de la selección. Todos –con más o menos énfasis- me respondieron que Maradona se había ganado ese derecho y que alguna vez tenía que dirigir a la Selección.
Pues bien: ¿Era el momento? ¿Está bien que por haber sido el mejor jugando, pueda conducir sin registro? ¿Esta selección tiene seguro para tal siniestro? ¿El 10 estaba tan bien como pensábamos? ¿Es tan “todo poderoso” en la cancha como en el banco? Creo que también me equivoque y quiero pagar por eso, perooooo… la pelota no se mancha.