No hay nada que hacerle. No hay vuelta que darle. El hombre es un timorato, que le tiene miedo a su sombra. Porque una cosa es el espíritu conservador y otra asustarse al ver al rival, al borde del KO, y levantar el pie del acelerador. Demasiado caballero el espíritu, en un deporte que se privilegia el triunfo como ningún otro.
Lo ocurrido en la tórrida Tucumán fue casi surrealista. Enfrente un equipo endeble, taciturno, irresoluto, errático y que sólo entusiasma a unos cuantos periodistas vende humo. La tabla de posiciones no engaña a nadie y la ubicación de Atlético Tucumán es la adecuada. Está último.
Ñubels al influjo de la solidez técnica de Formica arrinconó al local hasta que el entrenador leproso decidió poner fin a tanta inequidad. El silencio atroz se convirtió en esperanza, primero y en alegría después en los hinchas locales al ver como daban el resultado esperado los cambios. No en su equipo, sino en el visitante.
La cuerda se le fue acabando al motor de Bernardi y los leprosos, fieles exponentes de lo que pregona el coach, fueron buscando su lugar cerca de Peratta. “A ver si se corren, que en el fondo hay lugar…” debe haberse escuchado en el banco del visitante. Igual, igual que el chofer del ómnibus…
Triste, muy triste panorama para un equipo que no se anima a crecer y lo paga caro. Muy caro y en cuotas. La primera perdiendo con rivales impresentables en el torneo doméstico, la segunda al perder el campeonato y la tercera al rifar la clasificación en la Copa Libertadores. La cuarta, en la tarde-noche tucumana…
El sábado pasado en Rosario hubo un tsunami futbolístico. De esos que pocos, yo por ejemplo, esperan que suceda. Y lo padeció él, por qué no decirlo, equipo candidato a ceñirse la corona de campeón del Clausura. Fue tanta la diferencia exhibida por ambos contendientes en la cancha que el resultado del primer tiempo fue una mentira, como los índices medidos por el INDEC.
Porque de haber sido de tres o cuatro goles más a favor de la Lepra no hubiera extrañado a nadie, salvo a los hinchas que llegaron de Buenos Aires y a algún comentarista de la TV, que haya visto cómo se presentaron esos cuarenta y cinco minutos. En ellos quedó comprobado que el deporte inventado por los ingleses en castellano se escribe con F. Sí, con F de Formica. A su influjo Ñubels fue una máquina que no tardó en dar por tierra la defensa expuesta por su rival.
El pelilargo volante-delantero fue el solista de la orquesta. De sus pies brotaron los acordes que deleitaron a los hinchas leprosos. Ese día el Loco Bielsa, si vio el vídeo, debe haber sacado pecho por la actuación del equipo de sus amores.
Estoy convencido que entre las profesiones u oficios más fáciles de realizar en la vida, aparte de ser político o gremialista, figuran la del director de orquesta y la del director técnico de fútbol. Usted se preguntará el porqué. Porque en ambos casos quienes empuñan la batuta lo hacen para dirigir a profesionales que conocen a full su metier. Entonces sólo es cuestión que el Maestro elija a la formación adecuada para interpretar a Wagner o a Bach.
Y estoy seguro que descartará de plano a los ejecutantes de bombo, de siku o de charango, sin que esto ponga en duda su grado de perfección como ejecutantes.
Simplemente no lo hará porque no tienen inserción posible. Porque a pesar de sus esfuerzos desafinarían en el concierto. Y ¿esto sucede en el fútbol? Casi siempre, es la respuesta. Hay excepciones a esta regla a pesar de que el fútbol es un juego, al que juegan sólo más aptos técnicamente destacándose de un grupo que trabaja como futbolistas. Entre estos últimos debemos destacar a quienes, convertidos en maratonistas, corren sin sentido alguno por las bandas y “copan” el medio sin criterio alguno. Y como no son los indicados para el puesto; recuerde a los ejecutantes del charango en un concierto; no tardan en perder el rumbo y la emprenden contra los que lucen otro color de camiseta.
Y ése es el caso de mi equipo. La Lepra exhibió en algunos pasajes del torneo pasado y en su debut en la Copa Libertadores un desconcierto tal que pone los pelos de punta, que hace transpirar las manos de impotencia al hincha, que obliga a convivir con un exceso de adrenalina a quien se expone a ver al equipo dirigido por el señor Roberto Sensini, un ex ídolo del Club.
Creo, es mi opinión de periodista y socio de Ñubels, que repetir fórmulas en cada partido hasta el hartazgo, chocando con la misma piedra –a esta altura ya convertida en la Cordillera de los Andes- muestra una tozudez y una falta de lectura adecuada de los acontecimientos que orilla con el surrealismo.
Porque ¿para qué plantar en el medio un doble cinco si el rival no lo tiene al excelso Messi entre sus titulares? Y ¿por qué sacrificar a carrileros que le tiran los centros al gigante uruguayo a la altura del hígado? Y más aún ¿por qué repetir la fórmula con la que se fracasó ante Arsenal, San Lorenzo y Emelec?
¿No es más fácil probar con jugadores más aptos, que literalmente jueguen y hagan jugar, que en confiar en aquellos que hicieron del sacrificio su religión? Y parece que no. Que quienes juegan están destinados a presenciar desde el banco los desatinos de los autitos chocadores en cancha.
Y estoy seguro que el director de la orquesta incluye como solista de violín al más destacado entre sus pares y no al que más le cuesta sacar una nota al instrumento en cuestión.
Convencido además que los Formica y los Sánchez Prette son solistas, que necesitan del andamiaje adecuado que los haga lucir toda su técnica. Que Sperdutti, Estigarribia y que Vangioni, como jugadores dúctiles que son pueden y deben aportar más, aún lesionados y con calzado 3 números más chicos que sus pies, que quienes trabajan de carrileros o de volantes centrales. ¿Es tan difícil ver los vídeos de cómo le fue a Ñubels frente a Argentinos Juniors o frente a Arsenal o al modesto y efectivo Emelec cuyo conductor, Pablo Pérez, fue literalmente excluido de Ñubels?
En la Argentina hay una densa bruma de melancolía que cubre, asfixia y hasta anula los sentidos de una buena parte de sus habitantes. Yo creo que los más perjudicados son los hinchas y dirigentes de algunos clubes “grandes” de fútbol. Así como en las elecciones “viven” Perón y Evita en las boletas de un partido “grande”, el pasado se apodera y enseñorea de las plantillas de los más importantes clubes del fútbol vernáculo.
Se renueva el crédito a fulano, porque nadie puede desconocer que él fue el artífice del campeonato de 1998 o del 2001 o del 2003 cuando la realidad que no se quiere ver es que estamos en 2010 y el tiempo pasó para ese crack como para el resto de los mortales. Y hoy el impiadoso espejo nos devuelve la imagen de un borracho, de un fronterizo vago, o de un defensor cuyas piernas parecen medias de mujer con bolillas por el tamaño de sus várices. Pero nadie se anima a decirle al “crack” que se marche a casa…
El recuerdo de aquella jornada histórica, el golazo épico de 1998 o el caño del 2001, puede más que un presente de agonía domingo tras domingo. Al ídolo nadie lo discute y se le pide, se le exige, que “los salve” como lo hizo una década atrás. La prensa, que en algunos casos también está obnubilada por la nostalgia, es cómplice por acción u omisión porque si dice que un arquero ve menos que un perro por el traste está violando “códigos”. Y me pregunto ¿qué códigos? ¿Los de la mafia siciliana? ¿Rompiendo acaso el pacto de silencio, la omerta? Si poner en palabras lo que todos callan es romper pactos mafiosos, llegó la hora mis queridos amigos de repensar el fútbol de este bendito país.
Luego de unas merecidas vacaciones estoy de regreso y lo hago con algo de sangre bajo mis uñas de tanto rascarme mis partes pudendas. Y traigo para ustedes esta inquietante pregunta del título. Porque el año en curso arranca con varios enigmas, en el fútbol de AFA y en el Banco Central, entre otros…
Pero sólo me detendré en el primero de los nombrados. Los cimientos en los que se edificó y se consolidó la leyenda de los 5 Grandes de la Argentina hoy lucen con más grietas que el Palacio de Gobierno de Haití tras el terremoto. Sí, así es. La estructura de ayer es sólo un cartón pintado de un endeble decorado de un teatro de barrio.
Atrás quedó la opulencia y los miembros del quinteto hoy se conforman con participar en Copas de Verano, si es que los invitan. Como los circos de antaño llevan su trouppe a la Costa, a Mendoza o a Salta para ensamblar al grupo y armar equipos de jerarquía para “luchar arriba” como les gusta decir a los DT.
Mientras tanto los Feos, Sucios y Malos, título de la recordada película en la que brilló Nino Manfredi, se preparan en silencio para intervenir en las Copas reales. Sí, ésas que siguen repartiendo prestigio y algún dinero grande como la Libertadores o la Nissan.
¿Será que definitivamente la tortilla se dio vuelta? ¿Y que los “chicos” dieron en 2009 el estirón y crecieron? ¿Qué habrá que barajar y dar de nuevo? ¿Qué nacieron otros 5 que quieren desplazar al mito de antaño? Lo cierto es que habrá que acostumbrarse, y rápido, a seguir imágenes de TV de otros representantes del país en la Copa Libertadores.
Ahora se dirá que hay dos del Sur de Buenos Aires; otro de La Plata; otro de Liniers y un santafesino más un rosarino, rojinegro, que más vale no recordar sus nombres por herejes.
Se atribuye a Eduardo Lonardi (1896-1956), un militar argentino, presidente provisional de la República en 1955, una frase que resume esta situación: “lo bueno de todo esto, es lo malo que se está poniendo…”.
Y, ¿ahora usted sabe qué viene?
“Había algo raro en ellos”, afirma y sus ojos se llenan de lágrimas… “Yo empecé a sospechar que algo pasaba cuando en los tiros de esquina a favor de ellos dejaban pasar la pelota por tratar de besar y manosear el culo al arquero. El N° 9 ya le había bajado los pantalones al portero y la decidida acción de dos policías con sus perros evitó que se consumara la violación en el área…”, concluye su relato sobresaltado. “Por gente como ésta es que yo dejé el referato. Era árbitro FIFA, dirigí en un Mundial y nunca más concurrí a un estadio y me recluí en este convento de monjas”, afirma Esculapio Evo Robirosa Colque el árbitro que desató con su denuncia una auténtica gran polémica en el mundo del fútbol.
Gracias a él se supo que entre 2007 y 2008, al menos el 80% de quienes integraban la alineación titular en los partidos que el Blooming, equipo de la primera división de Bolivia, disputaba en la ciudad de La Paz tomaban Viagra disuelto en jugos de fruta para mejorar su oxigenación. “Los jugadores no sabíamos lo que realmente estábamos tomando con el jugo que nos daban…”, recuerda Flatulento Quispe Morales un fornido zaguero central. “Pero al momento del baño, al concluir el partido, todos teníamos unas erecciones increíbles. Mi pene se había convertido en una rígida vara de ébano”, explicó a la prensa.
“Parecíamos presos. Todos intentábamos tener sexo oral, escrito o grupal… Era espantoso ver cómo se masturbaban, aullando como poseídos, en la ducha… Hasta que un día de Mayo del año pasado optamos por irnos sucios a nuestras casas”, concluye con voz temblorosa.
Esta es una apretada síntesis de la vida de uno de los jugadores símbolos del plantel. “Yo, afirma sin un atisbo de vergüenza Flatulento, llegué a tener sexo hasta el martes a la tarde con mi mujer. Y Dios sabe que hasta lo intenté con mi suegra… Mi vida era una cosa de locos. Me había olvidado cómo se golpeaba a un rival… Los miraba como alguien que sólo me podía dar placer. Vea yo ya no los corría para pegarles, lo hacía para tratar de tener sexo con ellos”, admite ante la prensa un atribulado Quispe. Una generación de futbolistas sexópatas todavía reclama ayuda de la FIFA para superar su adicción. Mientras tanto, y a escondidas, siguen bebiendo esos jugos mágicos…
Hace un tiempo escribí algo sin pretensiones de ser un balance. Hoy lo voy a aggionar. Decía que a finales de Diciembre aparecen varias cosas, inevitables, para los argentinos. La primera: el aumento de precio de todo lo que necesitamos y pensábamos comprar. Esto también incluye el lugar elegido para ir de Vacaciones. Si se le dio por Brasil , la TV lo atormentará cada hora con los precios astronómicos que deberá pagar por una gaseosa. Y pondrá en evidencia ante toda la sociedad lo que ésta sospecha: usted es un pobre infeliz que gana poco dinero. Muy poco.
La segunda es menos tragicómica que la anterior: llegó el Calor. Sí el puto y húmedo calor. Y encima habrá todo lo que no había en los 11 meses anteriores: huelga de subtes; o de colectivos; o de taxis o las tres cosas juntas por lo que se verá obligado a caminar todos los días unas 129 cuadras. Y lo hará estóicamente, en el rayo del Sol, derritiéndose como una babosa en sal.
Eso sí acordándose, a cada paso, de la madre del gremialista que dispuso el paro sorpresivo. Además al estar todas las calles cortadas, le será más fácil entrar o salir del Laberinto de Creta, que avanzar 300 metros en la zona del Congreso.
Y la tercera es que un buen día su televisor se quedó sin Fútbol. Sí terminaron todos los torneos y hasta el cuadrangular que tanto lo entretenía de la Liga de Empleados Públicos de Nepal. Entonces sólo habrá “especiales” del porqué ganó quien ganó. De cómo se preparó Banfield o si Newell´s perdió porque sólo 6 jugadores de campo y el arquero se persignaron al ingresar a la cancha en los 2 últimos partidos.
O conozca sobre los mejores goles del Ascenso. O del descenso, como guste. Y comienza la ronda, prepárese porque dura hasta entrado Febrero, de las listas de los interminables fichajes que piensan realizar los 5 0 6 grandes. Y asistirá a delirios trasnochados sobre si viene o no Messi a San Martín de Tucumán, por ejemplo. O si Del Piero se retirará en El Porvenir…
Y la última es la más preocupante de todas: perderá hasta Marzo el control remoto del televisor. Sí señor. Sólo deje de leer por unos segundos este comentario y gire su cabeza a la derecha (hágalo sin que lo vea nadie del gabinete K). Sí, descubra a su mujer, o a su hija o a su amante de cabecera desparramada en short en “su” sillón disfrutando de Casa Club TV o de Utilísima o del Canal de Música. Una amplia sonrisa en sus rostros denota el poder que ejercen al tener el control remoto en su diestra haciendo zapping por las series.
Ánimo lector… Por 90 días cocineros que dicen “se necitan” invadirán su espacio. Y hay para todos los gustos. Italianos que aún hablan en cocoliche; pseudo franceses aputarrados a los que usted se los entregaría a Schiavi para que los ponga en vereda; viejas que se hacen las jóvenes y hasta una blonda enrulada que habla en cagastellano lo torturarán a diario con el uso del cardamomo, el cremor tártaro o con la ralladura del jenjibre. ¿Dónde quedó el 3-4-1-2? Es sólo un mal recuerdo, aplastado por los utensilios de cocina.
Pero todo pasa y todo llega amigo. “Laisser diré, laisser passer”, según los franceses, porque cuando se apague el último cohete o la última cañita voladora ya estará en un nuevo año. Ése en el que redoblará su apuesta por su equipo, en mi caso por Newell´s y se ilusionará como un niño al recuperar el control remoto esquivo.
Y bueno, hasta que esto suceda le deseo que viva una hermosa, tranquila y próspera Navidad en paz junto a sus afectos.
Si a usted le cuesta dormir de noche sólo tiene que repetir una vieja receta del genial Groucho Marx. Lo ideal es contar ovejas, sostenía Groucho, y si éstas están en su cuarto, mucho mejor…
Pero la revista médica “Lobotomía Up” en su número de Noviembre pasado, informa que según un estudio realizado por un calificado grupo de neurólogos de la Universidad de Essex una de la mejores, y más efectivas por cierto, maneras de combatir el insomnio crónico es escuchar a los comentaristas de los partidos del finalizado Torneo Apertura de fútbol que se transmiten por la TV de la Argentina.
Los científicos ingleses comprobaron que sobre 1.114 pacientes insomnes expuestos a los comentarios poéticos de uno de ellos, un barbado de voz grave, sólo 7 llegaron despiertos al final del primer tiempo tras consumir copiosamente bebidas energizantes.
Se sospecha que antes este periodista transmitía procesiones en honor a la Virgen de San Nicolás por radio, de allí lo ameno de sus comentarios.
Mientras tanto crecen los rumores que las multinacionales de la industria farmacéutica, fabricantes de ansiolíticos e hipnóticos, hicieron llegar sus quejas al Canal 7 y a las oficinas de la AFA. La caída de las ventas, sostienen, representó un 68,5% en este semestre.
El arquero alemán Jens Lehmann, recordado por dejar afuera a la Selección argentina en los penales del Mundial 2006 con su famoso “machete”, volvió a ser protagonista de un curioso y oloroso hecho dentro de un campo de fútbol.
Esta vez el portero del Stuttgart, urgido por sus necesidades fisiológicas, terminó orinando detrás de un cartel de publicidad, en el medio de un partido por la Champions League.
El N° 1 salió eyectado de su arco durante un ataque de su equipo y, mirando de reojo el juego, se refugió detrás de una de las vallas publicitarias para poder orinar tranquilo. Cuando termina, y sacude con su mano derecha enguantada su miembro, se levanta y corre como poseído hacia el arco pues el conjunto rival, el Unirea, había recuperado la pelota y estaba llegaba con peligro.
El Stuttgart ganó 3 a 1. Y según una publicación sensacionalista rumana tras ese hecho los delanteros y volantes del Unirea no se acercaron más al área del conjunto alemán, debido no a una buena actuación de su defensa, sino al persistente olor a orina que invadía el arco donde se encontraba Lehmann.
Se especula que el árbitro, al concluir el encuentro, puso en una bolsa de polietileno la pelota ayudándose con un palo del córner porque el olor a meado que emanaba de ella era insoportable. Desde el vestuario, según informó uno de los líneas que pidió mantener su nombre en el anonimato, habría pedido autorización a sus superiores para prenderle fuego.
El DT del Stuttgart discutió con 2 fotógrafos que resultaron salpicados por el chorro y se habría comprometido a obligarlo a usar pañales descartables desde el próximo encuentro.
Hace 27 años el multifacético Alberto Sordi escribió, actuó y dirigió una joyita del cine italiano. Il Albertone le dio forma a una comedia dramática que conmovió a la platea. Y cuya trama dio que hablar. Es que Io so che tu sai che io so oYo sé que tu sabes que yo sé, como fue traducida para el mercado hispano descorría el velo que separa, que divide, la realidad conocida e idílica de la cruel realidad.
En el filme el personaje interpretado por Alberto Sordi, es el de un empleado jerárquico de un Banco al que la vida le sonríe. Posición económica buena, poder y una familia ideal es su mundo. Pero por error él descubre la verdad. Todo es una burda fachada. Porque su amada mujer lo engaña; su hija adolescente es una drogadicta que orilla la promiscuidad y que él, aparte de cornudo, tiene los días contados por un cáncer que le ocultaban.
Y usted hasta esta altura dirá ¿qué miércoles tiene que ver con el fútbol esta película? Le pido, le ruego que no se vaya sin leer este texto. Hace unas 48 horas, en la tarde-noche de un día domingo, a Guillermo Lorente le pasó lo mismo que en 1982 le había sucedido a Fabio Bonetti, aquel personaje de Sordi.
En una hora el presidente de Newell´s descubrió varias cosas que lo devastaron. Ante unas 40.000 personas se le reveló lo peor. Por ejemplo, que un partido de fútbol no necesariamente dura 90 minutos. Imagino su sorpresa al descubrir que el segundo episodio disputado en el Coloso del Parque duraría, según la prensa, la mitad del tiempo regular.
Y lo peor estaba todavía por suceder: su equipo preso del desconcierto, como quien descubre la infidelidad de su mujer, caería derrotado, humillado por un rival que ese día emboscó, atacó y mató al fútbol con la anuencia del réferi. Pero reivindicó al teatro, con actuaciones inolvidables de varios de sus integrantes. Los calambres, tirones, desgarros, síncopes, infartos y cólicos renales afectaron a una buena parte de la plantilla haciendo las delicias de un puñado de hinchas que se trasladaron desde Buenos Aires.
Vio Lorente cómo a ese panorama desolador se le sumaban, como actores invitados, las delirantes actuaciones como pseudo-matones de dos de sus empleados quienes discutían, desde fuera del campo de juego, con el árbitro. Y cómo su arquero fuera de sí insultaba al trío en cuestión. Comprobó que un día, ese nefasto día domingo, el 70% de los integrantes del equipo que pelea el campeonato Apertura se olvidó la letra. Sí él los vio, no le contaron que durante unos 60 minutos se limitaron a tararear la música. Y se dio cuenta que con eso no alcanza para triunfar en éste ni en ningún deporte.
Sufrío el escarnio posterior de enterarse que ese árbitro fuera designado, y luego bajado, para controlar el encuentro que podría consagrar campeón a Banfield, el equipo que pelea el título con el suyo. Y Lorente no atinó a mirar a sus pies… porque como Sordi se dio cuenta, de manera accidental, que siempre estuvo parado en las arenas movedizas de AFA.