Ñubels me pone los pelos de punta
Viernes, Enero 29th, 2010Estoy convencido que entre las profesiones u oficios más fáciles de realizar en la vida, aparte de ser político o gremialista, figuran la del director de orquesta y la del director técnico de fútbol. Usted se preguntará el porqué. Porque en ambos casos quienes empuñan la batuta lo hacen para dirigir a profesionales que conocen a full su metier. Entonces sólo es cuestión que el Maestro elija a la formación adecuada para interpretar a Wagner o a Bach.
Y estoy seguro que descartará de plano a los ejecutantes de bombo, de siku o de charango, sin que esto ponga en duda su grado de perfección como ejecutantes.
Simplemente no lo hará porque no tienen inserción posible. Porque a pesar de sus esfuerzos desafinarían en el concierto. Y ¿esto sucede en el fútbol? Casi siempre, es la respuesta. Hay excepciones a esta regla a pesar de que el fútbol es un juego, al que juegan sólo más aptos técnicamente destacándose de un grupo que trabaja como futbolistas. Entre estos últimos debemos destacar a quienes, convertidos en maratonistas, corren sin sentido alguno por las bandas y “copan” el medio sin criterio alguno. Y como no son los indicados para el puesto; recuerde a los ejecutantes del charango en un concierto; no tardan en perder el rumbo y la emprenden contra los que lucen otro color de camiseta.
Y ése es el caso de mi equipo. La Lepra exhibió en algunos pasajes del torneo pasado y en su debut en la Copa Libertadores un desconcierto tal que pone los pelos de punta, que hace transpirar las manos de impotencia al hincha, que obliga a convivir con un exceso de adrenalina a quien se expone a ver al equipo dirigido por el señor Roberto Sensini, un ex ídolo del Club.
Creo, es mi opinión de periodista y socio de Ñubels, que repetir fórmulas en cada partido hasta el hartazgo, chocando con la misma piedra –a esta altura ya convertida en la Cordillera de los Andes- muestra una tozudez y una falta de lectura adecuada de los acontecimientos que orilla con el surrealismo.
Porque ¿para qué plantar en el medio un doble cinco si el rival no lo tiene al excelso Messi entre sus titulares? Y ¿por qué sacrificar a carrileros que le tiran los centros al gigante uruguayo a la altura del hígado? Y más aún ¿por qué repetir la fórmula con la que se fracasó ante Arsenal, San Lorenzo y Emelec?
¿No es más fácil probar con jugadores más aptos, que literalmente jueguen y hagan jugar, que en confiar en aquellos que hicieron del sacrificio su religión? Y parece que no. Que quienes juegan están destinados a presenciar desde el banco los desatinos de los autitos chocadores en cancha.
Y estoy seguro que el director de la orquesta incluye como solista de violín al más destacado entre sus pares y no al que más le cuesta sacar una nota al instrumento en cuestión.
Convencido además que los Formica y los Sánchez Prette son solistas, que necesitan del andamiaje adecuado que los haga lucir toda su técnica. Que Sperdutti, Estigarribia y que Vangioni, como jugadores dúctiles que son pueden y deben aportar más, aún lesionados y con calzado 3 números más chicos que sus pies, que quienes trabajan de carrileros o de volantes centrales. ¿Es tan difícil ver los vídeos de cómo le fue a Ñubels frente a Argentinos Juniors o frente a Arsenal o al modesto y efectivo Emelec cuyo conductor, Pablo Pérez, fue literalmente excluido de Ñubels?