Sensini, el chofer del ómnibus

por Jorge Álvarez Pieroni, el 05/03/2010 a las 9:43 am

No hay nada que hacerle. No hay vuelta que darle. El hombre es un timorato, que le tiene miedo a su sombra. Porque una cosa es el espíritu conservador y otra asustarse al ver al rival, al borde del KO, y levantar el pie del acelerador. Demasiado caballero el espíritu, en un deporte que se privilegia el triunfo como ningún otro.
Lo ocurrido en la tórrida Tucumán fue casi surrealista. Enfrente un equipo endeble, taciturno, irresoluto, errático y que sólo entusiasma a unos cuantos periodistas vende humo. La tabla de posiciones no engaña a nadie y la ubicación de Atlético Tucumán es la adecuada. Está último.

Ñubels al influjo de la solidez técnica de Formica arrinconó al local hasta que el entrenador leproso decidió poner fin a tanta inequidad. El silencio atroz se convirtió en esperanza, primero y en alegría después en los hinchas locales al ver como daban el resultado esperado los cambios. No en su equipo, sino en el visitante.
La cuerda se le fue acabando al motor de Bernardi y los leprosos, fieles exponentes de lo que pregona el coach, fueron buscando su lugar cerca de Peratta. “A ver si se corren, que en el fondo hay lugar…” debe haberse escuchado en el banco del visitante. Igual, igual que el chofer del ómnibus…

Triste, muy triste panorama para un equipo que no se anima a crecer y lo paga caro. Muy caro y en cuotas. La primera perdiendo con rivales impresentables en el torneo doméstico, la segunda al perder el campeonato y la tercera al rifar la clasificación en la Copa Libertadores. La cuarta, en la tarde-noche tucumana…

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