Orlando Javier Verón, el hombre que odiaba el fútbol
Miércoles, Noviembre 25th, 2009
Otro personaje más de los que están en mi imaginación llega a maestros del fútbol. Es muy querible aunque no lo parezca, se los garantizo.
Orlando Javier Verón volvía a su casa como todos los días, arrastrando su pierna derecha y con el cansancio habitual y la mirada torcida de siempre. -Manga de putos-, murmuró cuando pasó frente al “picado” que estábamos jugando en la cortada donde vivíamos y siguió caminando hacia su casa.
Desde muy chico sentí curiosidad por saber más sobre él, era huraño y mal llevado pero, por sobre todas las cosas, odiaba profundamente el fútbol. Y era un odio especial, no era una cuestión de gusto deportivo, ni nada que se le parezca. Nunca me dijo cual era el motivo de semejante odio, es más, casi nunca había podido cruzar más de cuatro o cinco palabras con él, pero de algo estaba seguro: había alguna razón oculta. Y estaba dispuesto a develarla.
Era difícil calcular la edad de Verón, pero siempre pensé que me llevaba al menos diez años. Vivía con sus padres en una casa al fondo a la cual se entraba por una puerta de chapa que en algún momento fue celeste, justo en diagonal a la mia. Su mamá, Clara, una mujer muy dulce, ama de casa, siempre vivió pendiente de su único hijo. Su padre Raúl, en cambio, era una persona desagradable, casi nunca saludaba y según se decía en el barrio, “le había levantado la mano” más de una vez a su hijo.
Por las mañanas, Verón salía con varios bolsones de papel higiénico a cuestas, cual si fuera un equeco. Ese era su trabajo, entregaba los enormes bolsones en todas las fábricas del barrio y en zonas más alejadas. Cuando su recorrido era corto, lo hacía a pie, con ese andar cansino causado por una pequeña renguera en la pierna derecha y acentuado por su extraña postura al observar las cosas. Lo hacía de costado, meneando su cabeza, como desconfiado.
Un día, tras confirmar que le tocaba el recorrido más corto, decidí seguirlo. No se bien para que ni que es lo que buscaba. La cuestión es que me mantuve unos 50 metros por detrás de él, hasta que llegó a la fábrica que estaba frente a la plaza. Al salir de allí, y ya con dos bolsones menos, se dirigió a increpar a unos chicos de unos doce años que estaban improvisando un partido con dos buzos como postes. -Vayan a laburar, manga de vagos infelices- les gritó Verón. Los chicos, que al parecer ya lo conocían, no atinaron ni siquiera a contestarle. Al llegar a la esquina, me vio caminando por la vereda de enfrente. Me crucé al instante ya que temí que fuera peor que pensara que lo estaba siguiendo.
-Te puedo hacer una pregunta Verón?- le dije sin siquiera saludarlo.
-Bueno, pero rápido, que estoy trabajando, no ves?- me apuró
-¿Por qué odiás el fútbol?
-Porque el fútbol es de putos y yo no soy puto.
-Pero por qué decís eso?
-Porque si, un tipo que está todo el día jugando al fútbol o mirando fútbol en la tele, no tiene tiempo de pensar en las minas. Y a mi me gustan las minas- soltó Verón antes de mirarme bien de costado e irse raudamente y sin saludar.
¿Por qué se habrá justificado con el tema de las mujeres?, pensé y decidí volver a casa. Una cuadra antes de llegar, la vi a Clara, la mamá de Verón, saliendo del almacén. -Es mi oportunidad-, me dije y la encaré sin dudarlo un instante.
-Perdóneme Clara, le puedo hacer una pregunta sobre su hijo
-Si claro querido-, me respondió con su dulzura habitual.
-¿Por qué odia el fútbol?-, disparé.
Clara giró la cabeza, tal como su hijo solía hacer y su gesto cambió rotundamente. Antes de que ensayara una disculpa, me hizo una seña con su mano derecha para que la siguiera, no para el lado de su casa sino para la otra esquina. Caminó media cuadra sin decir una palabra, hasta que repentinamente le empezaron a brotar.
-Mi hijo jugaba al fútbol cuando era pibe. Y jugaba muy bien, estaba en las inferiores de Huracán, pero un día tuvo un accidente que lo marcó para siempre. Había vuelto de entrenar en el club y en el camino se encontró con Andrea, la de la otra cuadra y vinieron charlando. Tenían trece años en aquel entonces, habían empezado primer año en la escuela número 3, la de acá a la vuelta. El Orlandito estaba loco por ella y me había dicho que el día anterior le había propuesto ser su novia. A mi me gustaba tanto esa chica…
El relato de Clara era algo confuso, pero tenía algo en común con el de su hijo: mezclaba mujeres y fútbol. -Y ahí lo vino a buscar Carlos, el grandote de la otra cuadra viste. En ese momento él jugaba en Barracas y siempre lo venía a buscar para jugar a la pelota al Orlando ahí en la cortadita donde juegan ustedes, pero ese día fue el último-. Una lágrima corrió por la mejilla izquierda de Clara, pero no interrumpió su relato. -Cuando empezaba a oscurecer salí para decirle al Orlando que entrara a bañarse para que no se haga tarde la hora de comer y justo presencié lo peor. Carlos pateó una pelota con todas sus fuerzas y le pegó en la cara al Orlando. Él cayó para atrás y se dio la nuca contra el cordón. De ahí le quedó el problemita en la pierna y el tema ese que te mira de costado, ¿viste?
-¿Pero el Carlos que le pegó el pelotazo es el que ahora es el marido de la Andrea de la que estaba enamorada Verón?
-Si, querido, cuando el Orlando salió del hospital, después de casi tres meses, lo primero que hizo fue preguntar por la Andreita y los amigos le dijeron que se había puesto de novia con el Carlos. Y él nunca más tuvo una novia, por eso odia el fútbol….desde ahí él terminó la escuela pero no quiso seguir estudiando ni nada…ese pelotazo le cambió la vida para siempre…Bueno querido, te dejo que debe estar por venir el Orlando y le tengo que preparar la comida.
Le di un beso a Clara, me despedí de ella y decidí volver a casa. Mientras caminaba pensaba en ese desdichado pelotazo y en como a la gente que uno ve diariamente le pasan cosas que le cambian la vida y que quizás uno nunca lo sepa. Iba camino a sacar alguna conclusión, cuando al llegar a la esquina me topé con el mismísimo Verón, quien iba de regreso a su casa con dos bolsones aun a cuestas. -Eran los de la sodería, no me quisieron pagar y todavía me deben los dos anteriores-, dijo ante mi pregunta.
Cuando estaba entrando a casa se me ocurrió invitar a Orlando Javier Verón a la cancha de Platense, para ver si cambia un poco la suerte….¿Vendrá?




