Si tenés miedo comprate un perro
Jueves, Diciembre 3rd, 2009
Si hay algo difícil de ocultar es el miedo. Uno puede ocultar el fastidio, la desazón, el enojo, el dolor y hasta la alegría. Pero el miedo no. Es casi imposible. Por eso a los tres minutos del partido ante Racing, hasta el relator del partido había notado el sentimiento de los jugadores de Banfield.
Y no es fácil ganar aunque lo parezca. Que el temblor en las piernas, que el dolor de estómago, que el dormir poco, que el perder la confianza….Todo atenta contra la búsqueda del objetivo y hace que el camino sea traumático, casi como una procesión por un sendero sinuoso a un lugar desconocido. Y si, no es fácil…
Si tomamos en cuenta los dos planteles que pueden ser campeones (me parece que el resto está descartado) hay varios jugadores que ya han experimentado la alegría del triunfo final. En Banfield, tenemos a Sebastián Mendez, campeón con Vélez y San Lorenzo, a Ariel Broggi, Santiago Ladino, Maximiliano Bustos y Walter Marcelo Bustamante campeones con la V, a Marchant con el Boca de Bianchi, a Ervitti, que logró el título con el San Lorenzo de Pellegrini y a los uruguayos Fernandez y Silva, campeones con Defensor Sporting y Nacional respectivamente.
Por el lado de Newell’s, están el arquero Sebastián Peratta, campeón con Vélez, Rolando Schiavi, con Boca y Estudiantes, Lucas Bernardi ganó la copa de la Liga con el Mónaco francés, Diego Mateo ascendió a primera con Racing de Santander de España, Sanchez Prette se consagró en la Libertadores con Estudiantes, Jorge Achucarro se cansó de ser campeón en Cerro Porteño y Joaquín Boghossian fue el artífice de la clasificación de Progreso a la copa Libertadores del año próximo tras ganar la liguilla en Uruguay.
Parecen muchos jugadores acostumbrados a dar la vuelta olímpica pero hay un detalle fundamental: ninguno salió campeón con el equipo en el que actualmente juegan. Si bien Newell’s se llevó en cinco oportunidades, ninguno de estos jugadores actuaba en el apertura 2004, cuando de la mano de Américo Gallego el rojinegro se consagró por última vez. Por el lado de Banfield viene un detalle que puede ser definitorio: el taladro nunca fue campeón en primera división. Y eso pesa más que un collar de sandías… Porque cuando un equipo da la vuelta olímpica no sólo la dan los jugadores, sino también la gente, los dirigentes y la consagración es de todos, del que hizo los goles, del que los evitó, del que pagó los sueldos al día, del que dirige, del que consiguió la concentración y el campo de entrenamiento y también de la gente.
Quién puede olvidar las reacciones de la gente de Gimnasia el día que perdieron el campeonato por aquel gol de la chancha Mazzoni con la camiseta de Independiente…
Banfield perdió con Racing no sólo un partido sino la oportunidad de depender de si mismo a tres fechas del cierre del torneo, de la misma manera que no pudo en la final de 1951 en la que el atómico, Mario Boyé, los privó de la consagración. Ahora deberá esperar que esa misma sensación neutralice a Newell’s ante el flojo Arsenal. Tiene un partido de esos que parecen ganados antes de jugarlos y ahí es cuando los fantasmas aparecen en toda su dimensión. Veremos como reacciona ante esa prueba de fuego. Banfield, también enfrenta a otro de los que se caen a pedazos: Huracán.
En la carrera por el campeonato, Newell’s aparece mejor parado. Habrá que ver como reacciona siendo líder y como asimila Banfield el golpe recibido el domingo, a sabiendas ya de que si los rosarinos ganan sus tres partidos, habrán perdido una oportunidad histórica. Y vaya uno a saber si no tendrán que esperar otra media década para que se repita, tal cual les ha pasado.
El miedo paraliza, y eso parece inevitable. La única alternativa es superarlo y a eso mismo refiere el título de la nota. Por eso, dicen que en el sur del Gran Buenos Aires los teléfonos de los criaderos caninos no paran de sonar…