Racing se plantó en el Monumental con actitud de equipo grande y fue superior a su rival. Pero perdió con el peor River de la historia y desaprovechó los resultados adversos de los equipos que están en la lucha por evitar el descenso. Aquí, las sensaciones encontradas.
-Mirada positiva: El equipo de Vivas mostró sus intenciones desde el minuto cero: presionar, atacar y buscar la ventaja. De no ser por la pésima labor de Diego Abal, hubiese tenido la gran posibilidad de ponerse 1-0 a los 7 minutos, cuando Rubén Ramírez, después de demorar una eternidad para definir, cayó empujado por Paulo Ferrari. A pesar del revés arbitral, Racing siguió siendo dueño de la pelota y se metió en terreno de River permanentemente, con un Lugüercio iluminado, bien acompañado por Grazzini. Pero pagó cara su falta de precisión a la hora de la estocada final, algo que ya es un mal permanente de este equipo.
Luego se notó que Abal había afinado su vista, por lo que pudo ver la mano de Lucero en la barrera. Si bien llegó el 0-1 y minutos después el posterior golazo de Abelairas, la Academia no se deprimió como suele hacerlo sino que salió a matar en la segunda etapa. Al Payaso le salían todas, pero sus compañeros no hicieron demasiado para capitalizar las heroicas jugadas del ex Estudiantes. El resto lo hizo Daniel Vega, de gran actuación.
-Mirada negativa: Si bien Racing demostró que ya cambió el chip y que a partir de la llegada de Vivas abandonó esos complejos de equipo pequeño, también es cierto que ayer cayó ante uno de los peores equipos del campeonato. River presentó a un central como Facundo Quiroga, que retornaba después de nueve meses de inactividad, a un Matías Almeyda que si bien sabe a lo que juega no deja de ser un muchacho que estuvo cuatro años alejado de las canchas, al insípido Barrado, al cuestionado (por ser generosos) Bou y al casi debutante Funes Mori. Rodeados de futbolistas (excepto Buonanotte), que en otra época riverplatense podrían haber tenido la camiseta puesta… comprándola en Rivermanía.
Si bien los errores del árbitro y la suerte del rival (con una llegada ganaba 2-0) conspiraron contra las chances académicas, la realidad indica que anoche se perdió contra el peor River de la historia. Y lo que es peor, no se le pudo convertir siquiera un gol.
-Mirada realista: Este Racing de primaveras efímeras no se encuentra muy lejos de este River. Todo lo contrario. Basta con repasar la formación para darse cuenta de que sólo algunos jugadores pueden ser titulares en un equipo con pretensiones de algo más que luchar por salvarse del descenso. ¿Quiénes no pueden ponerse ni siquiera la camiseta de esta pobre Academia? Está clarísimo: Rubén Ramírez y Juan Falcón son directamente impresentables. El delantero debe tener el peor promedio de la historia en tiros al arco: en todo el torneo habrá rematado, como mucho, en 4 ocasiones. El volante es un canto a la desprolijidad, ya sea desde su físico o desde su modo de pasar el balón.
Es extraño que Vivas les haya dado tantos minutos desde su llegada, cuando Pablo Caballero (mediocre jugador pero entrenado) y Martín Wagner (corre 354 veces más que Falcón) esperan en el banco. Fundamentan esta decisión en la idea de probar futbolistas de cara al próximo torneo. Error. Estos tres puntos valen tanto como los que se puedan conseguir en el Clausura. El domingo se termina el suplicio y a partir del lunes comienza el armado del nuevo plantel. Pero como en todo calendario, domingo está antes que lunes. Y hay que ganar como sea.
Tuvieron que pasar diez fechas para que Racing lograra salir de la Promoción. Con más ímpetu que fútbol pero con la sana actitud ofensiva de los últimos tiempos, la Academia logró un triunfo de los que se pesan en oro y abandonó, al menos por ahora, la zona caliente.
El empate entre Rosario Central y Godoy Cruz lo ponía al equipo de Vivas de cara a una nueva chance de escaparse momentáneamente de los puestos de Promoción. Y con esa ilusión (y esa presión) salió Racing a jugar ante Tigre. Se notó en el comienzo: las piernas iban más rápido que los cerebros y el juego se diluía en cada avance. Como ya resulta una costumbre, a la Academia le costaba hilvanar jugadas de peligro a partir del juego asociado.
Pero a pesar de algunos revolcones de De Olivera, Racing pareció encontrarle la vuelta en la segunda mitad. Empujado por la gente, con el fervor como bandera, encontró en el golazo de Grazzini un premio a su búsqueda. Este es otro equipo desde ese punto de vista. No tiene complejos, no se pone colorado intentando grandes gestas con soldados heridos como único argumento. Y los resultados están a la vista: 4 triunfos en los últimos 6 partidos. Hoy, este equipo tiene reales chances de alcanzar los 20 puntos. En la undécima fecha, cuando sólo contaba 5 unidades, aquello parecía una utopía.
Para el entrenador, estos partidos resultan fundamentales para lo que viene. Son verdaderos exámenes de cara a un Torneo Clausura que define, ni más ni menos, que la permanencia en Primera. Un nuevo equipo comienza a delinearse, en medio de triunfos que descomprimen el futuro inmediato. Habrá que mirar con ojos de cirujano, extirpar lo maligno y hacer crecer los anticuerpos. Mientras tanto, poder mirar para abajo y ver a unos cuantos es bastante más que un analgésico.
No se trata de ponernos místicos ni mucho menos. Pero la victoria ante Banfield fue una experiencia religiosa. Racing no sólo le quitó el invicto al puntero y le puso emoción al torneo, sino que además fue superior a un conjunto que evidentemente sintió la presión y fue una sombra de lo que había mostrado durante las 15 fechas previas.
Los espíritus del 51 sobrevolaron el Florencio Sola. Para los memoriosos y cabuleros, no era un partido más. La única vez que Banfield había estado tan cerca de lograr un título, Racing se lo arrebató, convirtiéndose en tricampeón. Y ayer, el subestimado equipo de Claudio Vivas, ese al que la mayoría le augura un seguro descenso a la segunda categoría, se hizo fuerte nuevamente. La tan mentada guerra de grande contra chico volvió a la escena. Y el poderoso con ropaje de mendigo se alzó con tres puntos de esos que valen más que las unidades rescatadas. Ahora, los simpatizantes del Taladro tienen un nuevo motivo para alimentar su rencor. Nuevamente un cachetazo proveniente de Avellaneda los pone de cara a la realidad, 58 años después.
Porque el conjunto de Falcioni fue un fantasma deambulando por la cancha, hecho atribuible a unas cuantas causas. Cierto es que la línea de llegada está cada vez más cerca y eso aumenta el nivel de presión. No es sencillo encarar un partido como el de ayer, con la obligación de ganarlo y demostrar que el saco de candidato le queda perfecto. Pero no menos cierto es que Racing lo llevó a su mínima expresión, cerrándole los caminos y tomando las riendas del juego desde el minuto cero. Se notó en los minutos previos, en las tribunas, cuando la fiesta albiceleste contrastaba con los nervios de una parcialidad no acostumbrada a tamañas galas.
Y es allí en donde se encuentra la clave del partido. Por primera vez en mucho tiempo, este Racing mostró espíritu de equipo. Orden, agresividad, prolijidad, coherencia… Supo cuál era su juego, lo encontró rápidamente y se recuperó del empate con entereza y efectividad. La amenaza Silva se concretó, en un error compartido por De Olivera y Aveldaño. Pero quedó en eso: los defensores le ganaron siempre, lo maniataron y para el Taladro fue demasiado sin su referente principal. Sabido es que todos los caminos conducen al uruguayo, así que los piquetes cumplieron su función.
A pesar de algunos fantasmas en el equipo titular (Falcón se cansó de complicarse la vida perdiendo pelotas en la zona más caliente del juego, Lucero volvió a ser un holograma y Ramírez… qué decir de Ramírez si alcanza con verlo), la estructura de Vivas funcionó. Salida rápida, claridad en los pies de Grazzini, sacrificio en Lugüercio, solidez extrema en la defensa y una actuación para el recuerdo de Gabriel Mercado resultaron argumentos muy pesados para un candidato que fue haciéndose pequeño a medida que pasaba el tiempo.
Pero es Racing y siempre se espera lo peor. A pesar del dominio, los minutos se esfumaban y ya sabemos lo que sucede. Pero no. Apareció el espíritu bielsista en una jugada que ni siquiera soñó el más optimista de los hinchas racinguistas. Que el equipo llegue al área rival en cuatro toques ya resulta cuasi insólito por estos tiempos. Que Mercado aparezca como número nueve definiendo hasta puede llegar a generar alguna lágrima de emoción. Pero que Aveldaño pase al ataque, como wing derecho y envíe un centro a lo Corbatta, no puede más que estar relacionado con una fuerza suprema, sobrenatural. De otro modo no puede (o no puedo, mejor dicho) explicarse.
Pero pasemos al tema que nos interesa y del que no debemos desviar nuestra atención. Son tres puntos de platino, con diamantes incrustados. Una linda trompada al fantasma del descenso, una esperanzadora demostración de que hay otro camino para encarar la cruel lucha por engrosar el promedio. Es cierto que aún no es un equipo confiable, pero desde el cambio de actitud iniciado por Barbas y continuado por Vivas, Racing logró 9 puntos sobre 15 posibles, tras un inicio en el que sólo había rescatado 5 sobre 33.
De espíritus y fantasmas… siempre tan esotérica esta Academia.

Caricatura de Higinio García en la Revista Racing
Crecí escuchando esa historia. Aún recuerdo las sobremesas interminables en el Restaurante “La Güeya” de Lanús, propiedad de mi viejo, mi tío y de Walter, hijo de Higinio García, recordado marcador central del Racing tricampeón. Con mis seis años, me prendía a la charla futbolera y si estaba Higinio, siempre se escuchaban palabras similares: Sportivo Cereijo, Evita, Boyé, Banfield…
No sé si habrá sido así, porque el tiempo agiganta las leyendas y porque Walter era bastante exagerado, pero varias veces me comentó que su padre había sido figura en las finales y que eso Evita no se lo había perdonado. Por eso, él era antiperonista. A muerte. La cuestión es que en varias ocasiones, el niño que alguna vez fui estuvo en brazos de quien fuera protagonista de uno de los partidos más recordados en la historia del fútbol argentino, por sus tremendas connotaciones políticas: el Racing-Banfield de 1951. Para todos los que lo rodeaban, Higinio había sido crack y símbolo de mi amada Academia. Posteriormente, algunos historiadores me lo confirmaron: fue un extraordinario futbolista.
La Academia, apoyada por un fanático notable y por entonces Ministro de Hacienda Ramón Cereijo, iba tras el cetro de Primer Tricampeón del fútbol argentino. Enfrente estaba Banfield, que había despertado la simpatía de Eva Perón, por su condición de equipo pequeño que podía romper con la hegemonía de los grandes.
Empatados en puntos durante la temporada regular, alcanzaron una doble final y aquellos días fueron explosivos. No se hablaba de otra cosa. Que los jugadores de Racing habían recibido amenazas, que Evita le habría pedido al propio Cereijo que frenara el ímpetu de los muchachos albicelestes… Eran tiempos de un peronismo feroz, que creaba escenarios de antinomias en todos los aspectos de la vida social. O estabas con Perón, o eras el enemigo.
Y aquel Racing, entonces, quedó reconocido como integrante del bando opuesto (lo llamaron “La Contra”) y Banfield fue denominado primer “Campeón Moral”. Lo cierto es que el gol de Mario Boyé, en el ya desaparecido Gasómetro de Avenida La Plata, destrozó las ilusiones de los hinchas de los equipos chicos. Se dice que hasta habría provocado una importante crisis interna en aquel gobierno, ya que Cereijo era, además, administrador de la Fundación Eva Perón. Y es sabido que a la Primera Dama más famosa de nuestra historia le gustaba que sus deseos se transformaran en órdenes.

Camiseta usada por Higinio García en la final
Recién en 1967, con el Estudiantes de Zubeldía, un conjunto no perteneciente al grupo de los denominados grandes lograría su primera victoria, 37 años después de comenzado el Profesionalismo. Pasaron 58 años de aquel inolvidable partido. Como nunca antes desde entonces, el Taladro se encuentra a centímetros de la gloria. Sus hinchas, generación tras generación, heredaron el odio y el resentimiento por los de camiseta celeste y blanca. Y aunque Silva y compañía nada tienen que ver con aquellos muchachos comandados por Eliseo Mouriño, los fantasmas del fracaso seguramente andarán rondando por Peña y Arenales. Les toca uno de los peores Racing de la historia. Pero les toca Racing, al fin y al cabo.

Infografía: Inés Heredia
Racing sigue haciendo historia. A partir de este inolvidable Torneo Apertura no sólo recordaremos a la Academia por sus nueve títulos en la era amateur, por ser el primer tricampeón del profesionalismo, el primer Campeón Mundial de Argentina o primer ganador de la Supercopa. También tendrá un lugar en los libros su triste hazaña de tener como goleador al gol en contra del equipo rival. Así como lo leen: transcurridas 15 fechas de este certamen, la principal carta ofensiva albiceleste es la falla de los contrincantes (ver infografía).
Para algunos, el tercer gol ante Atlético Tucumán fue obra de Adrián Lucero. Para otros, el autor fue Héctor Desvaux. De todos modos, eso no modifica las cosas, ya que Golencontra Rival seguiría liderando las posiciones con tres tantos. La nómina la completan Rubén Maldonado (el recio zaguero de Gimnasia La Plata), Leandro Sigali (expeditivo central de Godoy Cruz) y Gastón Díaz (defensor y chocador de autos alquilados, de Vélez Sarsfield).
Explicaciones al respecto hay muchas y de las más variadas. La más concreta es que Racing ataca a los tumbos, pocas veces llega con profundidad y casi nunca mano a mano con el arquero. Entonces, en el barullo, algún rival se apiada y manda a la red lo que Lugüercio y compañía envían al alambrado (o a la tribuna).
Por eso, en este Racing de delirios cotidianos, nos permitimos darle un consejo a Rodolfo Molina: hablen con el representante de Golencontra Rival e intenten contratarlo. Seguro que a De Tomaso no se le escapaba.
A cada paso, Racing demuestra que se puede estar peor. Frente a Vélez fue un manojo de energías descontroladas y a pesar de haberse puesto 1-0 sin patear siquiera al arco, terminó ampliamente superado frente a un equipo que sin transpirar pudo haberlo goleado. Las posiciones de descenso directo están cada vez más cerca y el panorama es decididamente desolador.
El gol en contra de Gastón Díaz a los 25 minutos del primer tiempo generó un festejo y una pregunta: “¿Cómo hacemos para sostener el resultado?”. Es que Racing no sólo no había pateado al arco de Montoya, sino que sufría con cada ataque de Vélez y mostraba un desorden cercano al descontrol. Y la respuesta llegó cinco minutos después en forma de pintura fiel de la realidad académica: un arquero que salta a destiempo, tirándole puñetazos al aire, marcadores centrales que miraban a los rivales y un desvío de Mercado cuando Wagner estaba preparado para sacarla tranquilamente en la línea.
Vélez lograba un empate transitorio que para cualquier hincha de Racing ya era derrota asegurada. Porque eso es lo que transmite este equipo, ya sea con Caruso o Vivas al mando: la sensación de que no podrá generarle peligro concreto al rival, de que no será capaz de lograr un circuito de juego que le permita tener posesión de la pelota para defenderse con ella. Si a eso se le suma una línea de tres defensores descoordinada, habrá que rezar para que el rival no se ilumine.
No fue el caso. El equipo de Gareca tiene con qué y sobre todo cuenta con Maxi Moralez, capaz de desentrañar cualquier maraña defensiva. En este caso se le hizo más fácil aún, porque si bien Vivas puso al tándem Lluy-Rosano para poder controlarlo, ninguno de los dos le hizo sombra siquiera. Entonces, el Enano desbordó hasta el hartazgo y cada pelota al área de Racing fue una puñalada. Daba impotencia ver cómo los atacantes locales saltaban el doble que los defensores académicos.
Y a la hora de ir a buscar el empate o el descuento fue evidente la escasez de recursos con la que cuenta este plantel. Sólo cuando Fariña y Grazzini se encontraron, Racing pudo ser algo peligroso para el rival. El técnico deberá decidir si frente a Banfield los pone juntos desde el comienzo. Al menos un jugador entre los once debe tener cualidades para sostener la pelota por más de cinco segundos. Hoy por hoy, la Academia es un canto al revoleo constante y una de las soluciones puede ser el retraso de Lugüercio al puesto de volante por izquierda para poder incluir al Mágico y al juvenil volante (o Castromán) desde el minuto 0.
Las intenciones del entrenador están claras y son hasta saludables: jugar al ras del piso y atacar con mucha gente. Pero hacerlo con Rosano, Lucero y Ramírez resulta un contrasentido. Es ahí donde radica el error más grave, ya que buscar un funcionamiento con los intérpretes equivocados es, cuanto menos, peligroso.
Quedan cuatro fechas, con doce puntos en juego. “Se acabó el tiempo”, dice Vivas y está en lo cierto. Si Racing pierde frente a Banfield y Atlético Tucumán le gana a Rosario Central, estaremos en puestos de descenso directo.
Lleguemos a una conclusión a través de un método deductivo básico. ¿Quiénes publican los nombres de los posibles refuerzos de Racing para el Clausura? Los periodistas. ¿Quiénes les acercan esos nombres a los periodistas? Los informantes. ¿Quiénes forman el grueso de los informantes de los periodistas? Empresarios y dirigentes.
Desde hace unos días, diferentes medios publican a diario apellidos de futbolistas que jugarían en Racing en el próximo torneo. Más allá de que sea cierto o no (particularmente me permito desconfiar de la posibilidad de incorporaciones rutilantes), es un despropósito.
No es la primera vez que esta dirigencia echa a rodar rumores que generan booms mediáticos y desvían la atención sobre la durísima realidad del día a día. Recordar a Lothar Matthäus, por caso. La cuestión, en este caso, es que quedan cinco fechas para la finalización del torneo. Nada menos que 15 puntos decisivos, que valen lo mismo que los del torneo que viene.
¿Será posible que nunca puedan realizar gestiones sin que se hagan públicas? ¿Tan díficil es ir haciendo el trabajo de hormiga sin necesidad de venderlo a los cuatro vientos? Me parece estupendo que se aseguren a Lucas Litch. Pero hablar de grandes valores cuando hace poco más de tres meses incorporaron a Brítez Ojeda, Mosalvo, Minici y Steinert, es sentir una vez más que se nos están riendo en la cara.
Sería necio rechazar la posibilidad de incorporar a D’ Alessando, a Fabricio Fuentes, a Mariano Pavone, a Ernesto Farías, a Alejandro Gómez… Pero el lunes salen a la cancha Grazzini, Aveldaño, Caballero, Lugüercio y Lucero. Y un gol del Payaso puede valer tanto como otro del Papu: tres puntos.
El Racing de Vivas pegó a los cuatro minutos y luego se dedicó a administrar la ventaja. La voracidad ofensiva quedará para otra oportunidad. Con solidez defensiva y una notable actuación de Jorge De Olivera, la Academia se anotó un triunfazo ante Estudiantes.
Hace horas nomás, hablábamos de las tendencias suicidas de Claudio Vivas al poner en una línea de tres defensores a Gabriel Mercado, Lucas Aveldaño y Matías Cahais. El fútbol, ese deporte tan imprevisible, demostró una vez más que las palabras previas sirven solamente para llenar espacios y matar la espera. Porque el desempeño de ese grupo fue impecable. Mercado resultó impasable y realizó un par de cruces magníficos. Aveldaño fue el del Clausura, con la añorada solidez en su juego áereo. Y Cahais jugó fuerte y prolijo. Ellos tres y De Olivera fueron claves para sostener el 1-0.
De todas maneras, el tempranero golazo de Pablo Lugüercio hizo que se quemaran los papeles. Si bien en esos cuatro minutos Racing había mostrado la intención de ir a buscarlo, no resultan una muestra suficiente como para analizar un cambio de actitud. Sí estuvo muy marcada la línea de tres en el fondo, aunque el sistema no fue un 3-4-3 sino un 3-4-2-1 con el Payaso y Castromán enlazando a los volantes con Juan Ignacio Sánchez Sotelo (jugó muy mal y sorprendió muchísimo su inclusión entre los titulares). Y si bien el equipo se mostró bien parado en la mayoría de los avances de Estudiantes, es para trabajar la posición de Braian Lluy y Adrián Lucero que por momentos no fueron ni volantes ni laterales y dejaron avanzar a los rivales hasta la línea de fondo. En cambio, por si hacía falta, Wagner demostró que es el mejor compañero para Yacob en la mitad de la cancha. No sólo lo releva, sino que potencia las características del volante central, que hoy por hoy es el símbolo del equipo.
Casi nada de lo previsto en las vísperas sucedió. Ni Racing fue un tembladeral defensivo ni un voraz atacante. Si bien De Olivera tuvo que responder en varias ocasiones (impresionante la tapada a Salgueiro en el tercer minuto de descuento), enfrente estaba el campeón de América, con todos sus titulares, por lo que resulta lógico tener situaciones de riesgo en contra. Y por otra parte, a pesar de haber tenido dos chances claras para aumentar el resultado en la primera mitad, luego la Academia resignó su presencia en el campo rival cuando podría haber intentado liquidarlo aprovechando los espacios que dejaban los defensores pincharratas.
A pesar de que en algunos momentos revolotearon los fantasmas carusianos de aquellas infartantes batallas del torneo pasado, Racing terminó consiguiendo un triunfo justo. Una nueva victoria, la segunda en tres partidos. Seis puntos sobre nueve posibles, tras un arranque de cinco sobre 33. Para Vivas, una nueva lección del mundo Racing: podés ser ofensivo o defensivo o ambas a la vez. Vas a sufrir igual.
En su segundo partido como entrenador de Racing y a pesar de ausencias importantes en defensa, Claudio Vivas planta su esquema predilecto: el 3-4-3. Durante lo que va del torneo, el equipo mostró su mejor cara cuando fue a buscar los partidos, aunque repasando la actualidad de quienes formarán la retaguardia, no se puede sentir otra cosa que vértigo.
Evitemos hablar con el diario del lunes (martes, en este caso): la apuesta de Vivas es suicida. No tanto por el esquema o por el escaso tiempo que llevan trabajándolo. Sino por los elegidos para llevarlo a cabo. Sostengo, desde hace un tiempo, que el 3-4-1-2 es el sistema más apropiado para este Racing huérfano de laterales. Caruso, a pesar de haberlo declarado como su predilecto y de haber contado con tiempo de rodaje suficiente, no se animó a usarlo. Pero una línea de tres conformada por Marcos Cáceres, Matías Martínez y el Lucas Aveldaño del torneo anterior dista casi sideralmente de otra compuesta por Gabriel Mercado, Matías Cahais y el Aveldaño de los horrores de este Apertura.
Y ahí radica el porqué de este vértigo. Cahais y el ex Rafaela han sido, por escándalo, los peores futbolistas de la Academia en lo que va del torneo. Tal vez, además, encabecen el ranking de los más bajos rendimientos teniendo en cuenta a los 20 equipos. El caso de Mercado requiere de otro análisis: no jugó nunca en su posición natural, aunque desde el lateral derecho mostró falencias indisimulables.
A favor de la apuesta del entrenador: con Caruso, Racing echó mano a todos los sistemas habidos y por haber tendientes a defender el cero en su arco. Y los pésimos resultados están a la vista. Desde ya, resulta preferible morir con la sensación de haberlo intentando todo. Es en ese sentido en el que la intención de Vivas aparece como saludable. A Racing no le queda otra que sumar. En realidad, no le queda otra que ganar, a pesar de que el rival sea el campeón de América.
Entonces: ¿Preferible un suicida que se inmola a uno que muere por cobarde? Toda la vida. Acabo de gritar los goles de River, por razones tan obvias como tristes. Atlético Tucumán estaba generando un caldo de cultivo en el Monumental que amenazaba con terminar en otro triste hall violento. Pero Chiche Sosa se enamoró del 1-0 a favor y a falta de 25 minutos sacó a Emanuel Gigliotti (delantero y autor del gol) y puso a Matías Escobar (volante central). Hizo retroceder a Juan Pablo Pereyra y dejó a Luis Rodríguez luchando por migajas como único delantero. La sana intención de ir a buscarlo, la misma que le estaba dando un gran resultado, se transformó en una timidez que se lo terminó deglutiendo. Se le vino el estadio encima, lo cachetearon tres veces en siete minutos y ya no hubo tiempo de recuperarse.
Los mensajes de los equipos dominantes llegan claros: no es época de planteos mezquinos. Por estos tiempos, Racing tiene al mando a un húsar, a un fundamentalista del fútbol de ataque, que hoy evidencia sus tendencias suicidas. Quizás haya llegado el momento de defender una causa a pesar de intérpretes y coyunturas. Quizás la historia de esa camiseta celeste y blanca a rayas, estaba esperando algo así.
1,124. Esa cifra es la que hunde a Racing en puestos de Promoción, con el incipiente peligro que supone la recuperación de Chacarita y Atlético Tucumán. 1,124: el resultado que se obtiene al dividir 100 puntos por 89 partidos jugados. La herencia maldita, eso que es presente pero también es pasado. Eso que hoy nos duele y que comenzó allá por agosto de 2007. Aquí, un informe sobre los últimos 5 torneos disputados por Racing. Los que valen para el Promedio.
Apertura 07: Gustavo Costas había tomado el equipo tras un interinato de Miguel Micó y el fracaso del retorno del Paso a Paso. Le había ido bien en el salvataje, ya que logró 3 victorias en fila para un cierre de torneo decoroso. Con la expectativa generada en torno a los campeones mundiales sub 20 del plantel (Maxi Moralez, Gabriel Mercado, Matías Sánchez y Claudio Yacob) y una delantera formada por Facundo Sava y Gonzalo Bergessio, las perspectivas eran buenas. Llegó la Pretemporada en Paraguay, el arribo de Hilario Navarro, Marcos Cáceres, José Salcedo y Erwin Ávalos y el hincha se ilusionó.
Duró muy poco: Bergessio se fue antes del inicio del torneo, Maxi la rompió en el debut ante Olimpo (2-0 en Bahía) y salió volando hacia Rusia. Y el equipo se desmoronó rápidamente. De aquel plantel se dice que fue perjudicado por la preparación en tierras guaraníes. Que Costas disfrutaba mucho de la noche pero aportaba poco durante el día. Lo cierto es que la interna del grupo se puso caliente y tras varios amagues de renuncia el técnico decidió seguir, conmovido por el pedido de los hinchas antes y después del triunfo ante Arsenal. Pero algo se había roto. Y tras la vergonzosa derrota en La Paternal ante Huracán (0-3, con escándalo de Maximiliano Estévez incluido), Costas se fue. Quedaba un solo partido. Lo dirigió Miguel Micó, Racing derrotó 1-0 a Colón en Avellaneda y De Tomaso se frotó las manos: tenía técnico barato para el próximo torneo.
El balance final arrojó un 13° puesto, con 25 puntos obtenidos.
Clausura 08: La aventura Micó comenzó mal. Ya en la Pretemporada en Salta presentó su renuncia, cansado de que se le fueran los jugadores y de que el plantel no cobrase sus sueldos. Al final, continuó al frente, pero rápidamente empezó la debacle. Racing no sólo no ganaba, sino que directamente no pateaba al arco. Eran tiempos de Reinaldo Navia, de José Chatruc, del Chanchi… Era imposible generar algo con ese equipo. Maxi Moralez había vuelto, pero parecía que en Rusia le habían realizado un transplante de talento.
Tras ocho fechas sin victorias, Micó volvió a las Inferiores. Claudio Cristofanelli, su ayudante, dirigió en el empate ante Vélez y Juan Manuel Llop arrancó con el pie derecho con el gran tiro libre de Franco Sosa que estampó el 1-0 ante Arsenal. Pero le seguía costando muchísimo. A pesar de una leve mejoría en cuanto al juego, Racing pasó otro gran período sin ganar: esta vez fueron siete fechas, con cinco empates y dos derrotas. El triunfo ante Huracán le dio la esperanza de evitar la Promoción en la última fecha. Pero a pesar de hacer un buen papel contra Colón en el Cementerio de los Elefantes, el 0-1 lo condenó a medirse con Belgrano. El parto terminó bien: fue empate en Córdoba y 1-0 en Avellaneda. Un año más en Primera.
Racing salió último, con una magra cosecha de 15 puntos.
Apertura 08: La decadencia de Blanquiceleste hacía que las cosas resultaran insoportables. Los refuerzos, caso Leandro González, cada vez eran de menor calibre. No llegaban delanteros y la decisión del técnico de no contar con Facundo Sava hacía que la gente comenzara a perder la paciencia. Después de largas gestiones consiguieron incorporar a Pablo Lugüercio, una máquina de errar goles en los primeros partidos.
A pesar de un inicio flojo, Racing se enderezó, al compás del notable momento de Moralez. Fue la época del “vamos vamos los pibes” y de momentos de un fútbol rápido y preciso que sorprendía a propios y extraños. Ese equipo bajó al por entonces imbatible San Lorenzo de Miguel Russo con una clase de juego en el Cilindro. A 5 fechas del final y con 20 puntos en su haber, Llop declaró que con 25 estaba hecho. Sus palabras parecieron desinflar al plantel, que sólo logró dos escasas unidades sobre 15 posibles. Y otra vez se colocó en la zona roja.
La Academia finalizó en el puesto 14, con 22 puntos.
Clausura 09: Las nuevas autoridades renovaron su confianza en Llop. En realidad, tuvieron que pagar una promesa de campaña ya que por aquellos días pre-electorales, el equipo pasaba por un gran momento, por lo que ningún candidato (excepto Daniel Lalín) quiso adquirir el costo político de hablar de otro entrenador. Luego, en el período de la transición, el rendimiento cayó notablemente y… promesas son promesas, Llop siguió en el cargo.
El 0-4 ante Independiente en el Torneo de Verano fue un mal presagio que lamentablemente se cumpliría más tarde. La dirigencia se lo perdonó, como también las acusaciones realizadas a Carlos Granero (amigo y mano derecha de Llop) por supuesto soborno a Cristian Sánchez Prette y por sobreprecio en el préstamo de Federico Nieto. Llegaron Rubén Ramírez (excedido de peso) y Lucas Castroman (lesionado) como los nombres más importantes. Pero el entrenador casi no los vio en cancha ya que tres derrotas en fila (clásico incluido) acabaron con su estadía.
Llegó Ricardo Caruso Lombardi con su aura de milagrero y tras un mal arranque (1-1 ante Argentinos Juniors, 1-4 contra Tigre en Victoria), confirmó su status de salvador. Fueron tiempos de lucha, corazón, goles feos y suerte que, combinados, generaron la mejor campaña de Racing en los últimos tiempos y una sola derrota en 14 partidos. Sorteos, canjes, atajadas de Migliore, goles de pelota parada… La revolución Caruso había encontrado su molde exacto y los hinchas volvían a juntar bronce para otra estatua.
30 puntos y quinta ubicación. Hasta las copas estaban cerca…
Apertura 09: Pero el personaje se comió al entrenador y los dirigentes durmieron la siesta eterna. Llegaron 12 jugadores, en su mayoría provenientes de clubes del ascenso y con escasa experiencia en Primera División. El resto es conocido: la renuncia de Caruso tras la derrota con Boca, el escándalo Matthäus, el interinato de Barbas y la llegada de Claudio Vivas. En resumen: 13 partidos disputados, ocho puntos y un triste 19° puesto en la tabla.
Así se llega al número maldito: 1,124. Poquito más de un punto por partido. Poquito más de un empate en cada jornada. Poquito.