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por Nicolás Saralegui, el 25/10/2009 a las 15:05

Resulta una ardua tarea determinar sensaciones y encontrarse con las palabras justas para definir el estado actual de los racinguistas. Ya sea para hablar del partido ante Lanús como para definir el accionar dirigencial ante la contratación de un nuevo entrenador.
El empate dejó uno de esos sabores difìciles de catalogar. Si se tiene en cuenta la racha de cuatro derrotas consecutivas, la calidad del rival, el gol tempranero tras un error propio y el tornado de versiones que se vivió durante la semana, el punto es sano. Si se mira la tabla de los descensos, si se piensa en la localía, en que el Lanús de estos días es pariente lejano del de sus mejores producciones, el punto es amargo. Y si se toma conciencia de que el equipo hubiera ingresado en descenso directo si Atlético Tucumán lograba una victoria, el punto es triste.
Barbas hizo lo que prometió. Y eso, por estos días, ya es un milagro. Puso en cancha un equipo ofensivo, con Castromán, Grazzini, Lugüercio y Velázquez. Nada para reprocharle desde la actitud previa de ir a buscar el partido. Buscó cambiar. Pero el resultado, en el primer tiempo, fue exactamente el mismo: un equipo desconectado, que unía sus líneas (separadas a veces hasta por 30 metros) con pelotazos sin sentido. Como si el destino ya estuviera sellado, sin reparar en nombres o en esquemas tácticos.
Al infantil error del debutante Nicolás Sainz (se lo notó crudo, como si todavía no fuese su momento) se le sumaba el pobre desempeño de un mediocampo con el que Lanús hacía y deshacía a su antojo. Si bien la actitud de Castromán fue buena y mostró algunos movimientos interesantes, quedaron expuestas dos cosas: que Falcón no puede jugar en el estado en que se encuentra y que Grazzini no tiene las condiciones como para hacerse cargo del juego de Racing. Pareciera que al Mágico le caen mejor esos minutos basura del partido en el que todo está definido, ya se para un lado o para el otro.
Por eso el cabezazo de Yacob fue tan importante. Para descomprimir un poco una situación que se torna casi insostenible. Y para demostrar que, aunque sea en escasas cantidades, Racing cuenta con jugadores de jerarquía y el nuevo proyecto debe apoyarse en ellos. Al volante central se le sumó Marcos Cáceres, otro de los que mostró que entiende lo que significa jugar en este club y en este momento. En otros casos, como el de Matías Cahais, se nota una falta alarmante de amor propio: es capaz de correr 50 metros para desbordar y a la vez sacarse la pelota de encima. Como si sólo jugara para cumplir.
Así se fue el partido, con una Academia desvencijada y harapienta que repta en lugar de correr, que sufre en lugar de jugar y que pelea en lugar de pensar.
El equipo se fue entre algunos silbidos, pero por sobre todas las cosas envuelto en silencio. Como si al hincha le costara definir este momento. Más aún cuando minutos después el Presidente anuncia, con bombos y platillos, la contratación de Lothar Matthäus en medio de esta pobreza extrema en la que está sumergida la institución.
Y abrir el diario el domingo y encontrarse con que tal vez no llegue, y luego conectarse a alguna página de información deportiva y leer que si su mujer se encuentra a gusto se queda… Es demasiado. Porque ellos confiaron en una gestión diferente y hoy se encuentran, sólo unos meses después, con que pareciera que no hay remedio para un mal que lo único que hace, es dejarnos sin palabras.

Octubre 25th, 2009 at 15:39
yo vote a Molina y jamas imagine este delirio, es lo mismo que cuando trajeron a Maradona, una payasada. Parece que ser presidente en Racing, produce un efecto contagioso de delirio del que no zafa ninguno por mas normal que parezca. Por eso mismo la mayoria lo votamos, porque parecia el mas normal de todos, pero bueh, se ve que es algo que va mas alla de la logica…como ser hincha de racing
saludos
Octubre 25th, 2009 at 18:13
Es dificil no ilusionarse con el arribo de Matthaus (siempre vivimos de ilusiones). Pero también no parece ser el mejor escenario para el arribo del alemán. Un plantel de regular para abajo, un promedio que asusta hasta a los más optimistas y la posibilidad de traer solo 4 refuerzos recien para el proximo torneo. Ahora, ¿porque los DT´s argentinos no quieren venir a Racing? ¿No es un club grande de la Argentina? Basta señores, con Matthaus o sin él, hay que recuperar urgente esa grandeza que quedó en el camino…